La torre de cristal [Tower of Glass - es]
- Автор: Силверберг Роберт
- Год: 1990
- Язык: испанский
- Год: Mart
- ISBN: 84-270-1407-4
- Переводчик: Cristina Macia
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «La torre de cristal [Tower of Glass - es]». Краткое содержание книги:
Una de las novelas más apasionantes de la época dorada de Robert Silverberg, en “La torre de cristal” se muestran nuevamente las soberbias dotes del autor para la caracterización de sus personajes, entrando sin esfuerzo aparente en lo más recóndito de sus motivaciones.
Dejándose caer grácilmente, se sentó en el suelo ante él con las piernas cruzadas, y jugó con los diales de las proyecciones murales. Las texturas fluyeron y cambiaron mientras hacía reajustes al azar. Hubo un extraño momento de silencio tenso. Vigilante se sentía extraño. Hacía cinco años que conocía a Lilith, casi toda la vida de ella, y entre ellos existía una amistad tan fuerte como podía ser entre dos androides. Pero nunca había estado a solas con ella, en un silencio como aquél. No era su desnudez lo que le turbaba. La desnudez no significaba nada para él. Era, decidió, la intimidad del hecho. Como si fueran amantes. Como si hubiera algo… sexual… entre nosotros. Sonrió y decidió hablarle de sus sentimientos incongruentes. Pero ella intervino antes de que pudiera hacerlo.
—Se me acaba de ocurrir una idea. Sobre Krug Sobre su impaciencia por acabar la torre. Thor, ¿y si se está muriendo?
—¿Muriendo?
La mente en blanco. Era una idea inimaginable.
—Alguna enfermedad terrible. Algo que no se pueda arreglar tectogenéticamente. No sé qué, quizá algún nuevo tipo de cáncer. De cualquier manera, supón que acaba de averiguar que le queda un año o dos de vida, y está desesperado por enviar sus señales al espacio.
—Parece muy sano —señaló Vigilante.
—Quizá se está pudriendo por dentro. Los primeros síntomas son un comportamiento extraño, saltos obsesivos de lugar en lugar, aceleración de los planes de trabajo, molestar a la gente para que responda más de prisa. …
—¡Krug nos guarde, no!
—Guárdese Krug.
—No puedo creerlo, Lilith. ¿De dónde has sacado esa idea? ¿Te ha dicho algo Manuel?
—Sólo es intuición. Estoy intentando ayudarte a entender el extraño comportamiento de Krug, nada más. Si de verdad se está muriendo, eso explicaría…
—Krug no puede morir.
—¿No?
—Ya sabes lo que quiero decir. No debería. Aún es joven. Por lo menos le queda un siglo de vida. Y tiene que hacer muchas cosas en ese tiempo.
—¿Por nosotros, quieres decir?
—Claro —respondió Vigilante.
—Pero la torre le está consumiendo. Le quema. Imagina que muere, Thor. Sin haber pronunciado las palabras…, sin haber hablado en nuestra defensa…
—Entonces, habríamos malgastado mucha energía en plegarias. Y el PIA se reiría de nosotros.
—¿No deberíamos hacer algo?
Vigilante se apretó ligeramente los pulgares contra los párpados.
—No podemos trazar planes basándonos en una fantasía, Lilith. Por lo que sabemos, Krug no se está muriendo, ni parece que vaya a morir en mucho tiempo.
—Pero ¿y si muere?
—¿Adónde quieres llegar?
—Podríamos empezar a preparar nuestro movimiento desde ahora —dijo ella.
—¿Cuál?
—Lo que hemos estado discutiendo desde que me animaste a que me acostara con Manuel. Utilizar a Manuel para conseguir que Krug apoye nuestra causa.
—Sólo fue una idea pasajera —replicó Vigilante—. Filosóficamente, dudo que sea apropiado intentar manipular así a Krug. Si somos sinceros con nuestra fe, deberíamos esperar Su gracia y Su piedad sin hacer planes…
—Basta, Thor. Yo voy a la capilla, tú vas a la capilla, todos vamos; pero también vivimos en el mundo real, y en el mundo real hay que tener otros factores en cuenta. Como la posibilidad de que Krug muera de manera prematura.
—Bueno…
Se estremeció, tenso. Lilith hablaba pragmáticamente. Hablaba casi como una organizadora del PIA. Comprendía la lógica de su postura. Toda su fe se centraba en la esperanza de la manifestación de un milagro. Pero ¿y si no había tal milagro? Si tenían la oportunidad de propiciar el milagro, ¿por qué no aprovecharla? Pero…, pero…
—Manuel está preparado —dijo ella—. Está dispuesto a defender nuestra causa abiertamente. Ya sabes lo manejable que es. En dos o tres semanas, podría transformarlo en un cruzado. Primero le llevaré a Ciudad Gamma…
—Disfrazado, espero.
—Por supuesto. Podríamos pasar una noche allí. Se lo restregaría por la cara. Y luego…, recuerda que hablamos de dejarle ver una capilla, Thor…
—Sí. Sí.
Vigilante se estremeció.
—Puedo hacerlo. Puedo explicarle nuestro credo. Y por último, iré al grano y le pediré que abogue por nosotros ante su padre. ¡Lo haría, Thor, lo haría! Y Krug le escucharía. Krug cedería y pronunciaría las palabras. Como favor a Manuel.
Vigilante se levantó, y paseó por la habitación.
—Pero me parece casi blasfemo. Se supone que debemos esperar que la piedad de Krug descienda sobre nosotros, cuando Krug quiera. Utilizar así a Manuel, intentar modelar y forzar la voluntad de Krug…
—¿Y si Krug se está muriendo?—inquirió Lilith—. ¿Y si sólo le quedan unos meses de vida? ¿Y si el momento llega cuando ya no exista Krug? Seguiremos siendo esclavos.
Sus palabras resonaron entre las paredes, destrozándole:
cuando ya no haya Krug
cuando ya no haya Krug
cuando ya no haya Krug
cuando ya no haya Krug
—Debemos distinguir —dijo, turbado— entre el hombre de carne y hueso que es Krug, para el que trabajamos, y la presencia eterna de Krug el Hacedor y Krug el Liberador, que…
—Ahora no, Thor. Simplemente, dime qué debo hacer. ¿Llevo a Manuel a Ciudad Gamma?
—Sí. Sí. Pero poco a poco. No le descubras las cosas con demasiada rapidez. Si tienes alguna duda, consulta conmigo. ¿De verdad puedes controlar a Manuel?
—Me adora —respondió tranquilamente Lilith.
—¿Por tu cuerpo?
—Es un buen cuerpo, Thor. Pero hay algo más. Él quiere ser dominado por una androide. Está lleno de los sentimientos de culpabilidad de la segunda generación. Lo capturé con el sexo, pero lo retengo con el poder de la Cuba.
—Sexo —repitió Vigilante—. Lo capturaste con sexo. ¿Cómo? Tiene una esposa. Una esposa atractiva, según he oído, aunque no estoy en posición de juzgarlo, claro. Si tiene una esposa atractiva, ¿por qué necesita…?
Lilith se echó a reír.
—¿He dicho algo divertido?
—No sabes nada de los humanos, ¿verdad, Thor? ¡El famoso Alfa Vigilante, totalmente desconcertado!
Los ojos de Lilith brillaban. Se puso en pie de un salto.
—¿Sabes algo sobre el sexo, Thor? De primera mano, quiero decir.
—¿Que si he practicado el sexo? ¿Es eso lo que preguntas?
—Eso es lo que pregunto —respondió Lilith.
El cambio en el sentido de la conversación le sorprendió. ¿Qué tenía que ver su vida privada con los planes sobre tácticas revolucionarias?
—No —respondió—. Nunca. ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Qué puedo obtener, aparte de problemas?
—Placer —sugirió ella—. Krug nos creó con un sistema nervioso funcional. El sexo es divertido. El sexo me excita. Debería excitarte también a ti. ¿Por qué ni siquiera los has probado?
—No conozco a ningún varón alfa que lo haya hecho. O que piense mucho sobre ello.
—Las mujeres alfa, sí.
—Eso es diferente. Vosotras tenéis más oportunidades. Todos los varones humanos corren detrás de vosotras. Creo que las mujeres humanas, a no ser que estén perturbadas, no persiguen a los androides. Y tú puedes practicar el sexo con un humano sin correr riesgos. Yo no pienso aventurarme con una hembra humana: cualquier hombre que piense que estoy infringiendo sus derechos, puede destruirme al instante.
—¿Y qué hay del sexo entre androide y androide?