La torre de cristal [Tower of Glass - es]
- Автор: Силверберг Роберт
- Год: 1990
- Язык: испанский
- Год: Mart
- ISBN: 84-270-1407-4
- Переводчик: Cristina Macia
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «La torre de cristal [Tower of Glass - es]». Краткое содержание книги:
Una de las novelas más apasionantes de la época dorada de Robert Silverberg, en “La torre de cristal” se muestran nuevamente las soberbias dotes del autor para la caracterización de sus personajes, entrando sin esfuerzo aparente en lo más recóndito de sus motivaciones.
21
Bajo la luz de un sol invernal, brillante y blanco, una docena de alfas desfilaban solemnemente por la plaza que descendía, como el delantal de un gigante, desde el regazo del edificio del Congreso Mundial, en Ginebra. Cada alfa llevaba un carrete manifestante, y lucía el emblema del Partido para la Igualdad de los Androides. Había robots de seguridad estacionados en las esquinas de la plaza. Las máquinas negras de cabeza chata estaban preparadas para rodar hacia adelante al instante, dispersando trenzas de estasis inmovilizadoras, si los manifestantes se apartaban en lo más mínimo del programa de agitación que habían entregado al portero del Congreso. Pero los miembros del PIA no pensaban hacer nada inesperado. Se limitaban a cruzar la plaza una y otra vez, con un paso que no era ni rígido ni desmadejado, sin apartar la vista de las cámaras flotantes de holovisión que pendían sobre ellos. Periódicamente, a una señal de su líder, Sigfrido Archivista, uno de los manifestantes activaba los circuitos de su carrete de manifestación. De la boquilla del carrete brotaba una espesa nube esférica de vapor azul, que se elevaba unos veinte metros y permanecía allí, bien definida por enlace cinético, mientras un mensaje impreso en grandes letras de un vivo color dorado se movía lentamente por su circunferencia. Cuando las palabras habían recorrido los 360º, la nube se disipaba, y sólo cuando los últimos jirones se habían desvanecido en el aire, Archivista hacía una señal para que otro manifestante lanzase su declaración.
Aunque el Congreso llevaba ya varias semanas en sesiones, era más que improbable que ninguno de los delegados dentro del hermoso edificio estuviera prestando atención a la protesta. Ya habían visto otras manifestaciones por el estilo. El objetivo del grupo del PIA era ser captados por la gente de la holovisión, para hacer llegar a los espectadores de todo el mundo, en nombre de la noticia, eslóganes como éstos:
22
Thor Vigilante se arrodilló junto a Lilith Meson en la capilla de Valhallavagen. Era el día de la Ceremonia de Inauguración de la Cuba; había nueve alfas presentes, y oficiaba Mazda Constructor, de la casta de los Transcendedores. Habían convencido a un par de betas para que asistieran, ya que necesitaban Entregadores. No era una ceremonia que requiriese la participación de un Preservador, así que Vigilante no desempeñaba ningún papel en ella; se limitaba a repetir para sus adentros las invocaciones de los celebrantes.
El holograma de Krug brillaba y palpitaba encima del altar. Los tríos del código genético que cubrían las paredes parecían fundirse y girar mientras el ritual se acercaba a su clímax. El olor del hidrógeno impregnaba el aire. Los gestos de Mazda Constructor, siempre nobles e impresionantes, eran cada vez más amplios, más envolventes.
—AUU GAU GGU GCU —proclamó.
—¡Armonía!—cantó el primer Entregador.
—¡Unidad!—cantó el segundo.
—Percepción —dijo Lilith.
—CAC CGC CCC CUC —recitó Mazda Constructor.
—¡Armonía!
—¡Unidad!
—Pasión —dijo Lilith.
—UAA UGA UCA UUA —exclamó el Transcendedor.
—¡Armonía!
—¡Unidad!
—Propósito —dijo Lilith.
La ceremonia terminó. Mazda Constructor bajó, enrojecido y cansado. Lilith le rozó ligeramente la mano. Los betas, agradecidos de poder marcharse, se escabulleron por la puerta trasera. Vigilante se levantó. Vio a Andrómeda Quark en el rincón más lejano, el más sombrío, susurrando alguna devoción privada de la casta de los Proyectores.
—¿Nos vamos?—dijo Vigilante a Lilith—. Te acompañaré a casa.
—Eres muy amable —respondió ella.
Su papel en la ceremonia parecía haberla dejado radiante. Tenía los ojos extrañamente brillantes, el pecho le palpitaba bajo el fino tejido envolvente, tenía las fosas nasales dilatadas. La acompañó hasta la calle.
—¿Ha llegado a tu despacho la solicitud de personal?—le preguntó Vigilante mientras caminaban hasta el transmat cercano.
—Ayer. Con una nota de Spaulding diciéndome que la cursara en seguida. ¿Dónde voy a encontrar tantos betas cualificados, Thor? ¿Qué está pasando?
—Lo que pasa es que Krug nos presiona al máximo. Está obsesionado con terminar la torre.
—Eso no es nuevo —señaló Lilith.
—Pero empeora por momentos. Se impacienta más con cada día que pasa, la impaciencia se apodera de él como una enfermedad. Quizá, si yo fuera humano, comprendería un impulso así. Ahora va a la torre dos o tres veces por día. Cuenta los niveles Cuenta los bloques que se han colocado. Persigue a los del rayo de taquiones, ordenándoles situar las máquinas más de prisa. Empieza a parecer un salvaje, sudoroso, excitado, tartamudo. Está aumentando inútilmente el número de trabajadores, e invierte millones de dólares más en el proyecto. ¿Para qué? ¿Para qué? Y luego, lo de la nave. Hablé ayer con Denver. ¿Sabes, Lilith? No hizo caso de la planta durante todo el año pasado, y ahora va allí una vez al día. La nave tiene que estar preparada dentro de tres meses para un viaje interestelar. Tripulación androide. Va a enviar androides.
—¿Adónde?
—A trescientos años luz.
—No te dirá que vayas, ¿verdad? Ni a mí.
—Cuatro alfas y cuatro betas —dijo Vigilante—. No se me ha informado a quién se está considerando. Si deja decidir a Spaulding, estoy acabado. Krug nos guarde de tener que ir.
Comprendió la ironía de su plegaria en cuanto la hubo pronunciado, y dejó escapar una breve y sombría carcajada.
—Sí. ¡Krug nos guarde!
Llegaron al transmat. Vigilante empezó a fijar las coordenadas.
—¿Quieres subir un rato?—preguntó Lilith.
—Encantado.
Entraron juntos en el brillo verdoso.
El piso de Lilith era más pequeño que el suyo, sólo un dormitorio, una combinación de sala de estar/comedor/cocina, y una especie de vestíbulo armario grande. Era evidente que se había tratado de un apartamento mucho mayor, dividido en muchos pequeños, aptos para androides. El edificio era parecido al suyo: antiguo, bien usado, con un alma cálida. Siglo XIX, pensó, aunque el mobiliario de Lilith, reflejando la fuerza de su personalidad, era claramente contemporáneo, se basaba en proyecciones desde el suelo y en pequeños objetos de arte que flotaban libremente. Era la primera vez que Vigilante visitaba su casa, aunque eran casi vecinos en Estocolmo. Los androides, incluso los alfas, no eran demasiado proclives a las visitas: las capillas servían como lugar de reunión en la mayoría de las ocasiones. Los que no eran miembros de la comunión se agrupaban en los locales del PIA, o se aferraban a su soledad.
Se dejó caer en un sillón mullido y confortable.
—¿Quieres corroerte el cerebro?—preguntó Lilith—. Tengo todo tipo de sustancias amistosas. ¿Hierba? ¿Flotadores? ¿Disruptores? Incluso alcohol. …, licores, coñacs, whiskies…
—Tienes un buen surtido de venenos.
—Manuel viene a menudo. Tengo que desempeñar el papel de anfitriona para él. ¿Tomarás algo?
—Nada —dijo él—. No me gusta la corrosión.
Ella se echó a reír y se dirigió hacia el doppler. Éste consumió su ropa rápidamente. Bajo ella, sólo llevaba un pulverizador térmico de un verde pálido que sentaba de maravilla a su piel color escarlata claro. La cubría de los pechos a los muslos, protegiéndola de los vientos de diciembre que soplaban en Estocolmo. Otra programación del doppler, y eso también desapareció. Conservó las sandalias.