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Enamorado de Gracie

Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:

A los catorce años, Gracie se había enamorado de chico mayor que ella, Riley. Tan grandes habían sido las locuras que había hecho para atraer su atención que ni siquiera después de tantos años la gente del pueblo de Los Lobos la dejaba olvidarse de su enamoramiento de adolescencia.
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
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Su cuerpo era una extraña combinación de tensión y relajación. Mientras que el pensamiento de dos haciendo el amor la hacía temblar, se sentía a vez completamente tranquila. Era como si la decisión se hubiera tomado hacía un millar de años como si ella simplemente estuviera cumpliendo con su destino.

– ¿Quieres quedarte en mi casa? -le preguntó Riley, a medida que se acercaban a la gran mansión-. Podrías dejar tu coche en el garaje.

– Me parece bien.

Riley condujo el vehículo hasta las puertas del garaje y apretó el botón del control remoto. Mientras las puertas se abrían, Gracie se bajó del coche y se dirigió al lugar en el que estaba aparcado el suyo.

Cinco minutos más tarde, los dos coches estaban aparcados juntos mientras Gracie lo seguía hasta la enorme cocina. Sólo con ver aquel enorme espacio, Gracie sintió que el corazón empezaba a latirle con más fuerza.

– ¡Qué envidia me da! -suspiró.

– ¿Te apetece algo de comer? -preguntó él, mientras se dirigía al frigorífico.

Gracie lo siguió.

– ¿Tienes comida?

– Tengo las sobras de una comida preparada respondió Riley, sacando una botella de champaña-. ¿Ves algo que te guste? -añadió al ver que ella trataba de mirar por encima de su hombro.

Sin embargo, Gracie no pudo apartarlos ojos del champán el tiempo suficiente como para hacer una selección de menús.

– ¿Tenías esa botella refrescando para una de tus mujeres de usar y tirar o…?

Riley le enredó la mano que tenía libre en el cabello, tiró de ella y la besó. El gesto fue rápido, apasionado y lleno de promesas.

– La compré ayer.

– ¿Quieres decir después de que…?

– Sí. Después de que hiciéramos el amor. Compré esta botella de champán especialmente para ti.

Gracie se sintió emocionada. Ningún hombre había comprado jamás champán paca ella. Y mucho menos una botella de Dom Perignon.

Rápidamente, cerró la puerta del frigorífico con in movimiento de cadera.

– No tengo mucha hambre. De comida…

– Bien -replicó él con una sonrisa.

Riley se acercó a un armario y sacó dos copas. Entonces, le indicó la puerta con un movimiento le cabeza.

– ¿Vamos?

– Por supuesto.

Gracie lo siguió hasta la escalera. No había visto nunca aquella parte de la casa. Al llegar al segundo piso, Riley la condujo hasta una puerta que había al fondo del pasillo y la abrió.

Gracie no estaba segura de qué esperar. No sabía si Riley habría elegido el dormitorio de su tío o habría escogido otro espacio. Al mirar a su alrededor, vio que él se había decantado por un espacio neutral, lo que parecía una habitación de invitados con una enorme cama, dos mesillas de noche y una cómoda. La luz del pasillo iluminaba una alfombra que parecía ser de color crema.

Riley dejó la botella de champán en la cómoda y se dispuso a abrirla. Segundos más tarde, estaba sirviendo las dos copas.

– Jamás he tomado antes un champán tan bueno -dijo Gracie, tomando la copa que él le daba para darle un sorbo.

Las burbujas le rebotaban en la lengua, produciéndole un agradable cosquilleo. El sabor era ligero delicioso, casi dulce y adictivo.

– ¿Te gusta?

– Mucho. Desgraciadamente, no puedo incluirlo en mi presupuesto.

– Puedes reservarlo para ocasiones especiales -dijo Riley.

Entonces, dejó su copa encima del vestidor y se acercó a ella.

Al ver que él se acercaba, Gracie dejó su copa en la mesilla de noche justo antes de que él la tomara entre sus brazos.

La primera vez que habían hecho el amor, había sido de un modo casi frenético. Gracie lo había deseado con una desesperación que no le había permitido hacer mucho más que sentir. Aquella vez, tuvo tiempo de pensar y de experimentar a la vez. Trató de prestar atención a cada detalle para poder revivirlo más tarde.

Notó que incluso cuando él la besaba, lo hacía de un modo suave y seductor, que prometía mucho más. Le colocó una mano en la cadera y la otra se la enredó en el cabello. Gracie notó que lo había hecho antes. Parecía gustarle mucho tocarle el cabello.

Cuando Riley profundizó el beso, suave y delicadamente, Gracie sintió que los músculos del estómago se le contraían y que los pechos empezaban a tensársele. Estaba gozando plenamente con la pasión y la fuerza de Riley.

El le exploró la boca, tocándosela, rodeándosela constantemente. Cuando Riley se apartó de ella, fue Gracie la que se lanzó. Quería conocer cada parte de él. Sabía a champán y olía a océano, a noche y a deseo.

Cuando Riley movió la boca para poder besarle la mandíbula, ella inclinó la cabeza en la dirección opuesta para facilitarle el acceso. Fue bajando poco a poco por el cuello, mordisqueándoselo. La piel de Gracie se hizo increíblemente sensible y los senos se le hincharon aún más, de modo que ella notó los pezones erguidos y dispuestos. Deseaba que Riley le arrancara la ropa y la poseyera allí mismo, aunque también quería que él avanzara lentamente para que el momento no terminara nunca.

La indecisión se apoderó de ella. Riley le estaba lamiendo el lóbulo de la oreja, la piel del cuello y entonces se dirigió directamente hacia los senos.

Sin pensar, Gracie empezó a desabrocharse la camisa y se la quitó. Entonces, Riley se inclinó sobre ella mientras Gracie trataba desesperadamente de desabrocharse el broche del sujetador. Estuvo a punto de arrancárselo en su desesperación por ofrecérsele.

Por fin, el sujetador terminó en el suelo, encima de la camisa. Sin embargo, en vez de seguir acariciándola, Riley se incorporó.

– Eres tan hermosa -le dijo, mirándola a los ojos-. Me haces desear cosas…

– Bien.

Gracie no estaba interesada en hablar en aquel momento. Prefería la acción antes que la conversación. Desgraciadamente, Riley no pareció leerle el pensamiento. Tomó su copa y dio un largo trago. Entonces, volvió a dejarla, se inclinó sobre ella y empezó a besarle un pezón.

La combinación del calor de los labios de Riley, del fresco champán y de las burbujas era indescriptible. Le agarró por los hombros para no desmoronarse sobre el suelo. Cuando la lengua empezó a extender las burbujas sobre la piel, gimió de placer. Riley se lo tragó y luego volvió a tomar la copa.

– Tengo que ocuparme del otro pecho -dijo con una sonrisa-. Me parece lo justo.

– Claro -susurró ella, muriéndose de ganas por volver a experimentar aquellas sensaciones.

Riley volvió a repetir la misma acción con el otro pecho. Cuando se lo tragó, le lamió la piel y se la chupó hasta que ella sintió que los huesos se le desmenuzaban y que el cuerpo se le volvía líquido.

Riley se incorporó y la estrechó contra su cuerpo. Entonces, le besó la boca. Gracie no se hartaba de él. Le parecía que jamás podría estar lo suficientemente cerca, tocarle lo suficiente o sentir lo suficiente. Había tantas sensaciones, tantas promesas entre ellos. Gracie quería la oportunidad de que los dos gozaran plenamente.

Cuando él le tocó el botón de los vaqueros, ella hizo lo mismo con la camisa. Consiguieron desabrocharle el uno al otro. Entonces, Riley se despojó de la camisa y ella de los vaqueros. Gracie se bajó las bragúitas mientras él se ocupaba del resto de su ropa. Cuando los dos estuvieron desnudos, se dirigieron automáticamente hacia la cama.

Riley la besó por todas partes. Mientras ella se tumbaba de espaldas, él la fue besando y mordisqueando por todas partes, desde las orejas hasta las puntas de los dedos de los pies. Algunas veces, tomaba primero un sorbo de champán para que Gracie volviera a experimentar la erótica combinación de frío y calor, de suavidad y burbujas.

De vuelta hacia arriba, él le mordisqueó el tobillo antes de lamerle la pierna hasta la rodilla. Gracie se echó a reír. A continuación, Riley siguió subiendo, hasta llegar al muslo. Con las manos le masajeaba los músculos. Los pulgares, se iban acercando cada vez más al calor que le emanaba de entre las piernas. Riley no dejaba de observarla mientras la tocaba, con los ojos llenos de deseo y una sonrisa en los labios.

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