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Enamorado de Gracie

Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:

A los catorce años, Gracie se había enamorado de chico mayor que ella, Riley. Tan grandes habían sido las locuras que había hecho para atraer su atención que ni siquiera después de tantos años la gente del pueblo de Los Lobos la dejaba olvidarse de su enamoramiento de adolescencia.
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
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– Un momento -dijo en voz alta: Se volvió a sentar en la cama y miró hacía la pared opuesta-. Ésta es mi vida, no la de mi madre. Ni la de nadie. Es mía. Decido yo.

Y la decisión era seguir adelante. No tenía ni idea de lo que Riley sentía por ella, pero la decisión era firme. Si había alguna posibilidad, quería aprovecharla y si no, debía saber a qué atenerse. Si al final terminaba con el corazón roto, sería mucho mejor que pasarse el resto de su vida preguntándose o lamentándose.

Cuarenta y cinco minutos después, tras darse una ducha y vestirse, Gracie se marchó -con la intención de pasarse por el despacho de Jill. Había recibido ocho mensajes de su amiga y quería asegurarle que estaba bien y tal vez incluso contarle lo que estaba ocurriendo. Dado que el alcalde había contado detalles de su vida privada a todo el mundo, le parecía una tontería ocultarle cosas a su mejor amiga.

De repente, se dio cuenta de que estaba muy cerca de la casa de su madre. Tal vez debería pasarse a verla para recibir su dosis diaria de duras palabras. Después de eso, le diría que, a pesar de que la amaba y agradecía sus consejos, tenía que tomar sus propias decisiones y que, en aquellos momentos, dicha decisión tenía que ver con la relación con Riley. Tal vez era un error, pero sería su error. Si su familia no podía apoyarla, haría todo lo posible por comprender.

Cuando aparcó el coche delante de la casa familiar, vio que el coche de Vivian estaba delante del garaje. “Genial”, pensó Gracie. Dos por el precio de una.

Levantó la mano para llamar a la puerta y, entonces, se dio cuenta de que ésta estaba abierta. La empujó suavemente y dijo:

– Hola, soy yo-. Nada.

– ¿Mamá? ¿Vivian?

Oyó un ruido procedente de la parte posterior de la casa y se dirigió en aquella dirección. Entonces, oyó voces.

– No me puedo creer que vayas a hacer esto -decía su madre con voz más que enojada-. ¿Qué es lo que te pasa?

– Nada. No sé por qué estás tan disgustada -replicó Vivian.

– Estoy disgustada porque esta boda está costando miles y miles de dólares.

– Yo me voy a pagar mi vestido.

– Un vestido que cuesta más de tres mil dólares. Hasta ahora, tu contribución es de doscientos. Cielo, quiero que seas feliz y que tengas la, boda de tus sueños, pero no puedes cancelarla constantemente,

– Lo sé; pero es que Tom se portó muy mal anoche. Creo que no puedo estar con él.

– Muy bien. Si quieres cancelar la boda, hazlo, pero que esta vez sea para siempre. No pienso seguir así. Tal y como están las cosas me voy a quedar sin cinco mil dólares, y eso es sólo en depósitos. No tengo ese dinero. He tenido que pedir una hipoteca sobre la casa para poder pagarlo. Puedo devolver el resto, pero ¿de dónde voy a sacar esos cinco mil que he perdido? No me importaba cuando era para tu boda, pero no quiero desperdiciar el dinero sólo porque tú no eres capaz de decidirte.

Gracie dio un paso atrás. No quería seguir escuchando. ¿Por qué demonios había tenido su madre que pedir una hipoteca para pagar una boda? Era la locura, especialmente cuando Vivían no parecía estar segura de lo que quería. Por lo que parecía, la boda iba a costar más de veinticinco mil dólares. Prácticamente se podía pagar la universidad una persona con ese dinero.

– ¡Mamá, no! -empezó a gritar Vivían-. Lo siento. Sé que estoy poniendo las cosas muy difíciles. No quiero que tengas que perder el dinero y se que la boda es demasiado cara. Trabajaré más. Lo haré. Iré a hablar con Tom. Lo solucionaremos todo. No anules la boda, por favor.

– Está bien, pero no quiero más tonterias. Hay demasiado en juego.

Gracie se dio la vuelta y, sin hacer ruido, se marchó de la casa. No quería entrometerse en aquella conversación privada entre madre e hija y demás, no estaba de acuerdo con lo que estaban haciendo.

Mientras iba de camino a ver a Jill, no hacía más que recordar la conversación que había estado escuchando. Una vez más se sintió muy triste por estar al margen de todo. La cercanía que una vez había sentido con su madre y sus hermanas había desaparecido para siempre, lo que significaba que estaba completamente sola.

Riley se sorprendió disfrutando de su jornada en el banco. Después de la noche que había pasado con Gracie, le resultaba fácil ignorar las miradas y los susurros de sus empleados. Que hablaran. Él sabía que, al final, terminaría ganando la batalla.

Sin embargo, Zeke no estaba de acuerdo.

– Estamos metidos en un buen lío -dijo-. Tendré las nuevas cifras esta misma tarde, pero no van a ser tan buenas. Todo el mundo te adoraba por estar con Gracie, pero te odiarán con la misma insistencia por haberla tratado mal.

– Eso no es cierto.

– Pues eso parece.

– Mira, mi vida privada…

– Maldita sea, Riley. Si tenías.que desahogarte un poco, podrías haberlo hecho en otro condado.

Riley se levantó antes de que Zeke pudiera terminar la frase. Se inclinó por encima del escritorio y agarró a Zeke por la pechera.

– No hables así de ella -le espetó.

Zeke asintió y se apartó de él. Riley lo soltó. El primero tragó saliva y se arregló la corbata.

Bien… De acuerdo. Necesitamos las cifras -susurró, mirando a Riley con expresión de cautela-. ¿Vas a seguir viéndola?

– Sí.

– Gracie es fantástica. Mi cuñada. Siempre me ha caído muy bien, pero ya sabes que la afirmación de Yardley va a costarte muchos votos. No sabemos cuántos.

– Nos enfrentaremos a ello.

– Claro. Idearé una nueva estrategia. Déjame pensarla un par de días.

En aquel momento, Diane llamó a la puerta.

– Siento interrumpir, pero usted me dijo que le informara en cuanto su padre regresara. Está aquí.

A Riley ni siquiera lo sorprendió.

– Muy bien. Déjame terminar aquí primero.

– Tu padre. Genial. Tal vez podríamos utilizarlo en la campaña -comentó Zeke.

– No.

– Simplemente estoy diciendo que te podría hacer parecer más accesible.

– No.

Zeke abrió la boca y luego la cerró.

– Muy bien. Me pondré en contacto contigo esta tarde. Entonces, ya tendré los resultados de las encuestas y una nueva estrategia.

– Bien.

Zeke recogió sus cosas y se marchó. Segundos más tarde, el padre de Riley entró en el despacho.

– Buenos días, hijo -dijo, alegremente-. ¿Cómo estás?

– Bien -respondió Riley. Vio que su padre llevaba el mismo traje, aunque se había cambiado la camisa por otra igual de raída-. ¿Cuánto quieres? -le preguntó, antes de que su padre pudiera volver a hablar.

– He estado pensando en un par de franquicias que parecen ir muy bien. Algunas de esas tiendas de bocadillos realmente ganan mucho dinero…

– Te he preguntado cuánto quieres -le espetó Riley, interrumpiéndolo antes de que pudiera seguir hablando.

– ¿Qué te parecen unos doscientos mil?

Riley abrió el cajón del escritorio y sacó su chequera. Escribió la cantidad sin pestañear.

– Te lo agradezco mucho, hijo. Tu generosidad significa mucho para mí.

Riley le entregó el cheque.

– La próxima vez, no te molestes en venir. Limítate a enviarme una carta.

Se miraron durante unos instantes y entonces, su padre asintió.

– Si eso es lo que prefieres…

– Sí.

– ¿No quieres saber cómo te he encontrado?

– No.

– Muy bien. Oh, ¿cómo está tu madre? ¿Es feliz?

En aquel momento, Riley sintió deseos de darle un buen puñetazo. Se contuvo.

– Está bien. Gracias por preguntar -contestó, mirando hacia la puerta-. Ahora, tengo una reunión.

– Por supuesto. Gracias por el dinero.

El hombre que había sido su padre durante las primeros diez años de su vida se marchó. Riley tenía la esperanza de no volver a verlo, aunque estaba seguro de que recibiría bastantes cartas pidiéndole más dinero para sueños fallidos.

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