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Enamorado de Gracie

Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:

A los catorce años, Gracie se había enamorado de chico mayor que ella, Riley. Tan grandes habían sido las locuras que había hecho para atraer su atención que ni siquiera después de tantos años la gente del pueblo de Los Lobos la dejaba olvidarse de su enamoramiento de adolescencia.
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
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Cuando volvió a quedarse a solas, apretó el botón del interfono.

– ¿Sí? -dijo Diane.

– Quiero donar el dinero para el ala infantil del hospital -le anunció-. A nombre de mi madre. Se produjo una breve pausa. Riley se imaginó a su imperturbable secretaria completamente boquiabierta.

– Los llamaré inmediatamente.

– Bien.

Riley dio la vuelta en su silla para mirar el retrato su tío. Seguía odiándolo y jamás cedería en sus deseos de venganza. Sin embargo, por primera vez su vida, Riley comprendió lo que habría sentido al ser un hombre que tenía dinero suficiente para resolver los problemas de todo el mundo.

Gracie dio la vuelta al molde con un rápido momento para poder sacar el pastel.

– Impresionante -dijo Pam-. Yo ni siquiera puedo sacar con facilidad las magdalenas de los moldes. Termino utilizando un cuchillo, con lo que siempre tienen los bordes rotos.

– Es sólo práctica -comentó Gracie, mirando con orgullo el pastel.

– ¿Cuántos pisos va a tienen éste? -quiso saber Pam.

– Cinco.

Pam se inclinó sobre la encimera y olió el postre

– No sé lo que les pones en la mezcla, pero tus pasteles siempre huelen estupendamente

– Gracias.

– Y has preparado cientos de flores -dijo Pam, señalando las bandejas de adornos.

– Sí. Ahora viene lo más difícil -comentó, consultando al mismo tiempo el reloj-. ¡Vaya! -exclamó-. Tengo que darme prisa. El padre del novio va a venir a recogerlo dentro de seis horas. Es un fastidio que todo el mundo se case en fin de mana.

En aquel momento, su teléfono móvil empezó a sonar. Inmediatamente el cuerpo se le puso en estado de alerta. Cada vez que sonaba, no hacía más que preguntarse si sería Riley. Tras mirar rápidamente a la pantalla, comprobó que no reconocía el número.

– ¿Sí?

– ¿Gracie Landon?

– Sí.

– Hola, me llamo Neda Jackson. Trabajo como freelance para varias revistas de novias y me han encargado que haga un artículo sobre usted. Quieren que tome fotografías de su trabajo. También haremos una entrevista. Esperan que el artículo cubra un total de seis páginas.

– Yo… Estoy muy emocionada -dijo Gracie casi sin palabras.

– Yo también -replicó Neda-. Sin embargo, no tenemos mucho tiempo. ¿Qué le parece a principios de la semana que viene?

– Genial. Estoy haciendo dos pasteles en estos momentos. ¿Está usted en Los Ángeles?

– Sí.

– Estupendo. Le pondré en contacto con las novias y veré si puede usted hacer las fotos este fin de semana.

– Perfecto.

Neda le dio a Gracie su número de teléfono y confirmó la hora de la reunión. Cuando colgaron, Gracie empezó a gritar de alegría y a dar vueltas por la cocina.

– Deduzco que eran buenas noticias -dijo Pam, riendo.

– Mejor que buenas. En lo que se refiere a mi trayectoria profesional, esto puede ser el empujón definitivo.

Capítulo 15

Aquella tarde cuando regresó a su casa, Gracie aún se sentía flotando. Tenía que preparar más adornos y parecía que los realizaba mejor en un lugar tranquilo, sin que Pam la estuviera observando.

Colocó sus suministros en el comedor y luego sacó los dibujos de los tres pasteles que tenía que preparar. Cinco minutos más tarde, tenía la lista de decoraciones preparada. Era un desafío, pero estaba segura de que podría realizar la tarea sin problemas. Iba a tener que hacerlo, dado que la suerte le había sonreído con aquel artículo.

– Un artículo de seis páginas -dijo en voz alta, tan sólo para poder escuchar aquellas maravillosas palabras.

Con el de People se había hecho conocida para todo el mundo, pero con un artículo en una importante revista para novias le daban publicidad para un montón de posibles clientes. Habían tomado en su nombre la decisión de expandirse.

Empezó a trabajar en las hojas, que fue dando forma hasta convertir en los pétalos individuales de las flores. Según sus cálculos, le harían falta unas trescientas sesenta hojas. Cuando las tuviera hechas, tendría que convertirlas en flores. Menos mal que disfrutaba trabajando por las noches.

Estaba completamente sumida en su trabajo cuando escuchó el sonido del motor de un coche en el exterior. Se puso de pie y se dirigió a la puerta principal justo en el momento en el que alguien llamaba a la puerta.

No era una persona cualquiera. Era Riley.

– Hola -dijo él-. Pasaba por aquí y vi tu coche.

– Me alegro de que te hayas detenido. ¿Qué te ha traído por aquí?

– Un par de cosas.

Riley cerró la puerta y, tras tomarla entre sus brazos, la besó. Gracie cerró los ojos y se perdió en aquel beso. Aquél día estaba resultando muy agradable.

– Puedes pasarte cuando quieras -susurró ella.

– Lo haré, pero ésa no es la única razón. Quería invitarte a cenar.

– ¿De verdad?

– Sí. Me ha llamado Mac y me ha sugerido que saliéramos los cuatro a cenar. Pensé que sería divertido.

Lo primero que Gracie pensó era que no había ido a ver a Jill y que podrían charlar durante la cena. Lo segundo fue…

– ¿Divertido? ¿Tú crees? ¿Los dos saliendo á cenar en parejitas? ¿Y en público? ¿Tienes idea de lo que diría la gente? Eres candidato a la alcaldía de esta ciudad y yo estoy tratando de llevar una vida normal. Nada de eso va a ocurrir si salimos a cenar.

– ¿Significa eso que no?

– Por supuesto que no. Sólo estaba advirtiéndote de lo que pasará. ¿A qué hora debería estar lista?

– Estás haciendo esto apropósito, ¿verdad? Estás tratando de acobardarme.

– En absoluto. Bueno, tal vez un poco. Sin embargo, la gente hablará. Ahora, ven conmigo. Tengo que trabajar. Me estoy retrasando y eso no es bueno -dijo. Echó a andar hacia el salón seguida de Riley. Una vez allí, le indicó las sillas-. Siéntate. Tengo que hacer hojas.

– Hacer un pastel supone un gran trabajo -dijo Riley mientras tomaba asiento,

– Dímelo a mí. ¡Oh! A ver si adivinas lo que ha ocurrido. Como nunca lo adivinarías, te lo diré yo. Hoy he recibido una llamada de teléfono -anunció. Rápidamente, le contó a Riley la entrevista con Neda Jackson-. No me lo puedo creer. ¿Sabes 1o que esto va a suponer para mi negocio?

– Lo va a hacer despegar.

– Exactamente.

– He visto tu calendario, Gracie. Estás al límite. ¿Significa esto que estás lista para la expansión?

– No lo sé. Si consigo mucho más trabajo, voy a tener que contratar a alguien. Así que supongo que sí, aunque odio tener que dejar de controlarlo todo. Me encanta hacer todos los pasteles a mí sola.

– El día tiene un número de horas muy concreto. Parece que vas a tener que tomar una decisión muy importante para tu carrera.

– ¿Tengo que hacerlo?

– No, si no quieres.

Gracie suspiró. Sabía qué Riley tenía razón. Durante los últimos cinco años, había ido construyendo su negocio basándose en el boca a boca. Las cosas se iban a poner mucho más complicadas. No podía hacer más pasteles de los que ya hacía, lo que significaba que, o empezaba a rechazar encargos o contrataba a alguien.

– Supongo que tendré que ampliar el negocio.

– Bien dicho. ¿Dónde vas a poner la tienda? ¿Aquí?

– Ni aunque me pagaran. Los Lobos no representa mi idea de diversión. Regresaré a Los Ángeles.

– En eso estoy contigo. Al menos en lo de dejar Los Lobos.

– Te recuerdo que, cuando ganes las elecciones, tú serás el alcalde, Tu: mandato será de cuatro años.

– El testamento dice que tengo que ganar, no que tenga que ejercer como alcalde.

– ¿Serías capaz de dejarlo todo? ¿Y el banco? ¿Lo venderías?

– No. Lo cerraría.

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