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Enamorado de Gracie

Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:

A los catorce años, Gracie se había enamorado de chico mayor que ella, Riley. Tan grandes habían sido las locuras que había hecho para atraer su atención que ni siquiera después de tantos años la gente del pueblo de Los Lobos la dejaba olvidarse de su enamoramiento de adolescencia.
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
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– ¿Cómo supiste que Mac era el hombre de tu vida?

Simplemente lo supe. Al principio, sólo éramos amigos. Bueno -comentó Jill con una sonrisa-. Para él sólo éramos amigos y yo estaba loca por él. Cuando estábamos juntos, lo pasábamos genial. Cuanto más lo conocía, más deseaba saber de él. De repente, supe que estaba enamorada de él ¿Por qué me lo preguntas? ¿Estás…?

– Buenas tardes, señoras y caballeros -dijo el moderador, interrumpiendo a Jill-. Bienvenidos al único debate electoral entre nuestro alcalde en la actualidad, Franklin Yardley, y su rival, Riley Whitefield.

– No te creas que me voy a olvidar de lo que estábamos hablando -murmuró Jill. Inmediatamente, centró su atención en el escenario.

Gracie escuchó atentamente la introducción de los dos candidatos. Franklin Yardley tenía un aspecto impoluto y elegante, como siempre, pero era mucho mayor que su rival. Riley contaba con la ventaja de la juventud; el atractivo y el misterio. Gracie estaba segura de que no era la única mujer de entre la audiencia que pensaba de aquella manera.

El moderador explicó que cada uno de los candidatos realizaría una declaración en solitario y que luego ambos responderían -a las preguntas del panel de invitados, que estaba formado por periodistas y profesores de universidad. Al final, habría una declaración final de cuatro minutos. Antes del debate, se había echado a suertes y sería Riley el primero en comenzar.

Gracie lo observó atentamente. Le pareció que estaba muy guapo. El traje oscuro le sentaba muy bien. Se había recortado un poco el cabello y se lo había apartado del rostro. El pendiente de diamantes relucía con los focos del escenario.

Gracie se preguntó si los ciudadanos de Los Lobos elegirían un candidato con pendiente.

– El alcalde Yardley lleva dieciséis años sirviendo a esta comunidad -empezó Riley con una sonrisa-. Es la mitad de mi vida. Ha visto buenos y malos tiempos de esta ciudad. Ha aprendido los entresijos de su trabajo. Yo diría que, después de tantos años, no hay sorpresas. Es un profesional y un hombre de muchas cualidades. Por mi parte, yo he pasado los últimos catorce años de mi vida recorriendo el mundo. Al final, descubrí que sólo había un lugar al que podía llamar mi hogar. Mientras el lado más sentimental de mi personalidad aprecia que Los Lobos prácticamente no haya cambiado en este tiempo, el nombre de negocios que llevo dentro me hace pensar si eso es lo mejor. Si queremos que nuestros hijos tengan educación superior para que puedan acceder a un mejor nivel de vida, necesitamos dinero para pagar los colegios. Si queremos una comunidad independiente que no esté a merced del dinero de los turistas, tenemos que crear un plan nuevo e innovador que nos lleve hacia adelante sin hacernos perder el contacto con los valores y filosofías que nos convierten en lo que somos.

– Es muy bueno -susurró Jill-. Me siento muy impresionada.

– Yo también.

Riley terminó su declaración y los presentes le dedicaron un sonoro aplauso. El alcalde Yardley habló a continuación, desgranando lo que había logralo durante sus mandatos. Al lado de Riley, parecía incómodo y fuera de lugar.

Cuando empezaron las preguntase Riley parecía tener una visión fresca e innovadora sobre cada uno de los temas, mientras que Yardley no hacía más que reiterar lo que había hecho antes. Incluso desde la distancia a la que se encontraban, Gracie creyó ver que el alcalde empezaba a sudar.

– Riley va a ganar -murmuró Jill.

Gracie se sintió muy orgullosa, como si ella tuviera algo que ver con el éxito de Riley. Cuando terminó de responder, todos los presentes se levantaron y le dedicaron una sonora ovación. Hicieron falta varios minutos para que la sala volviera a quedar en silencio. Entonces, Franklin Yardley empezó a hablar.

– Todos parecéis muy entusiasmados con mi oponente -dijo-. Sin embargo, hacen falta más que ideas para que una ciudad funcione. Hace falta práctica y experiencia. Y carácter. Todos me conocéis. Sois mis vecinos, mis amigos. Habéis estada en comités con mi esposa, habéis ido al colegio con mis hijos y habéis jugado al golf conmigo. Conocéis mis secretos, lo bueno y lo malo que hay en mi…

– Se te da muy mal jugar al póquer, Franklin -gritó alguien.

– Así es -admitió el alcalde-. Jamás se me ha dado bien. No sé mentir. Las cosas que me importan son mi familia y esta ciudad. Llevo aquí toda mi vida. Cuatro generaciones de Yardley han servido a Los Lobos Tal vez haya llegado el momento del cambio. Tal vez yo ya haya hecho todo lo que soy capaz de hacer, pero, ¿es Riley Whitefield el hombre que de verdad queréis? Es joven. Inexperto. La mayoría de vosotros sabéis que se marchó a buscar fortuna cuando su madre se moría de cáncer. Ni siquiera regresó para verla. Ése no es él ejemplo que yo quiero para mis hijos.

– Eso no fue lo que ocurrió -susurró Gracie-. Él no lo sabía.

– ¿Crees que a Yardley le preocupa ese detalle? -replicó Jill.

Gracie miró hacia el escenario, buscando alguna reacción por parte de Riley. Él permaneció sentado, con expresión tranquila.

Sin embargo, el alcalde no había terminado.

– Entonces, Riley sólo era un muchacho. Tan sólo tenía dieciocho años. Lo había pasado mal, dejando embarazada a una chica, casándose con ella para luego divorciarse. Sin embargo, las personas cambian. El muchacho se convierte en hombre. Se cambia, al menos algunas personas. En el caso de Riley no estoy tan seguro.

Gracie sintió que se le empezaba a formar un nudo en el estómago. Le daba la sensación de que todo iba muy mal.

– ¿A quién queréis como líder de esta comunidad? -prosiguió el alcalde-. ¿A un hombre en el que podéis confiar? ¿A un hombre que jamás os ha mentido? ¿O a Riley Whitefield, que es un desconocido para todos nosotros? No sólo abandonó a su madre moribunda, sino que ha regresado para aprovecharse de nuestra Gracie Landon. Ella lleva años amándolo fielmente y él la ha pagado con traición y escarnio. No sólo está embarazada en estos momentos, sino que Riley se niega a hacer una mujer decente de ella.

Capítulo 13

Gracie sintió que la sala temblaba bajo sus pies. Durante un instante, temió que, por primera vez en su vida, iba a desmayarse. Entonces, cuando la visión se le aclaró vio que Riley se había puesto de pie y que la observaba con una expresión de furia y conmoción en el rostro.

– Gracie, ¿es eso…? -le preguntó Jill.

Gracie no esperó a que Jill terminara su pregunta. Sentía que todo el mundo la estaba mirando y que hablaban sobre ella. Nada importaba. No le importaba nada más que Riley y lo que él debía de estar pensando en aquellos momentos.

– Tengo que marcharme -dijo. Se levantó y echó a correr hacia la puertas Oyó que alguien la llamaba, pero no se detuvo ni se dio la vuelta.

– ¿Es cierto? -gritó alguien-. ¿Te ha dejado Riley embarazada?

Gracie sintió que le ardía el estómago, aunque aquella vez no tenía nada que ver con la acidez. El malestar provenía de saber que había estado muy cerca de algo especial y que acababan de arrebatárselo todo.

Riley no sabía si regresar al banco. Eran más de las cinco, por lo que fácilmente podía marcharse a su casa. Sin embargo, por alguna razón, no deseaba estar solo.

El debate había sido un desastre. Yardley se había mostrado tan alegre al final que Riley había empezado a sospechar que estaba tramando algo, aunque jamás se habría imaginado de qué se trataba. Yardley le había dado en su punto más débil. Los ciudadanos de Los Lobos estarían dispuestos a perdonar muchos fallos, pero- nadie sería capaz de perdonarle que hubiera tratado mal a una leyenda de la ciudad.

¿Cómo se había enterado Yardley? ¿Se lo había imaginado o se lo había dicho alguien?

¿Cómo podía Gracie haberle hecho algo semejante? ¿Y por qué? Sería capaz de apostarse cualquier cosa a que Gracie no sentía ninguna simpatía por Yardley. ¿Por qué iba a ayudarle? ¿Por amargura con respecto al pasado? ¿Sería aquello un elaborado plan de venganza en su contra?

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