Enamorado de Gracie
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
– Es lo que conocen. Yo no vi el mar hasta que mudarnos aquí cuando yo tenía casi dieciséis.
– ¿Dónde creciste?
– En Temple y luego aquí -respondió Riley, recordando la caravana en la que había vivido con su madre-. Jamás le pregunté a mi madre por qué nos quedamos allí tanto tiempo después de que mi padre marchara. Tal vez esperaba que él regresara.
– Seis años es mucho tiempo.
– Demasiado. Entonces, nos vinimos aquí. Ella dijo que las cosas nos irían mejor porque su hermano estaba aquí. Hasta entonces, yo no había sabido que tenía un tío.
– ¿Qué ocurrió cuando lo conociste?
– Yo no lo vi; mi madre me dejó en el hotel y se fue a verlo. Cuando regresó, sabía que había estado llorando, aunque ella no quería admitirlo. No decía nada más que iba a encontrar una casita bonita en la que pudiéramos ser felices. Más tarde, supe que su hermano le había dicho que ella le había dado la espalda a la familia cuando se marchó con mi padre y que, en lo que a él se refería, mi madre no existía. Ni yo tampoco.
– Siento que tu tío fuera tan imbécil.
– Yo llevo toda la vida llamándole canalla -comentó él con una sonrisa en los labios-, pero me gusta más lo de imbécil.
– Es cierto. ¿Cómo pudo ignorar a su propia familia?
– Muy fácil -contestó Riley mientras se sentaban en unas piedras-. Yo no lo conocí jamás. Cuando yo me metía en líos, me mandaba una carta para regañarme por lo que había hecho.
– No eras tan malo.
– Yo creo que sí.
– A mí me gustabas. Tus modales de chico malo me aceleraban los latidos del corazón. ¿Cómo supiste que me gustabas?
– ¡Vaya! ¡No lo sé! Eras tan sutil al respecto…
– Tienes razón -comentó ella, suspirando-. ¿Tampoco fue a tu boda?
– No. Mi madre lo invitó, pero no quiso venir. Estoy seguro de que Pam estaba esperando un buen regalo, pero tampoco nos lo mandó. Yo no me quería casar con ella. ¿Lo sabías?
– No -afirmó Gracie-. Creía que estabas locamente enamorado de ella.
– Sólo era deseo. Hay una gran diferencia. A los dieciocho años, me gustaba tener una novia formal porque se llevaba. Cuando me dijo que estaba embarazada me puse furioso. Me había jurado fue estaba tomando la píldora y yo la creí.
– Yo jamás te dije nada -dijo Gracie algo incómoda.
– No es lo mismo. Ya te dije que no te culpo de nada.
– Pero…
– No.
– Pero…
– ¿Qué es lo que no entiendes? -le preguntó Riley, tras besarle suavemente los dedos de la mano-. Bueno, ¿de qué estábamos hablando?
– Que no querías casarte con Pam porque estabas enamorado en secreto de mí.
– No exactamente.
– Casi.
– Yo no quería casarme con Pam. Nada más.
– Recuerda que te advertí sobre ella.
– Sí, pero yo no te escuché. Sin embargo, no hubiera servido de nada. Mi madre insistió. Me dijo que tenía una responsabilidad. Quería que me comportara como un hombre respetable. Sin embargo, con dieciocho años, yo no lo veía así. Me casé con Pam y, cuando descubrí que no estaba embarazada, me marché, pero primero le dije a mi madre que había arruinado la vida y que jamás la perdonaría. Aquella fue la última vez que hablamos.
– ¿De verdad?
– Sí. Yo estaba furioso. Cuando conseguí establecerme como tú ya sabes, le envié un cheque. Ella me escribió y me pidió que fuera a verla. Yo le dije que lo haría. Jamás encontré tiempo. Al cabo del tiempo, me dijo que estaba enferma. Cáncer. Yo lo organicé todo para regresar. Ella no me dijo que era urgente, por lo que me tomé mi tiempo. Una semana antes de marcharme, me llamó el médico del hospital y me dijo que a mi madre le quedaban menos de cuarenta y ocho horas de vida. Yo tardé cincuenta en volver. Ya estaba muerta.
– Lo siento mucho -dijo Gracie, abrazándolo.
– No tiene por qué. Hace mucho tiempo de eso. Técnicamente, Yardley tenía razón. Yo no regresé para ver a mi madre cuando se estaba muriendo.
– No lo sabías.
– ¿Te parece eso una buena excusa? A mí no. Ella estaba sola. Murió sola en un hospital. El egoísta de su hijo no se molestó en darse prisa y llegar a tiempo. Y su propio hermano, que vivía en la misma ciudad, ni siquiera fue a verla. Donovan Whitefield mantuvo su palabra. Jamás perdonó a su hermana. Más tarde, encontré las cartas de mi madre, las que él le devolvió sin ni siquiera abrirlas. Ella le suplicaba que le diera dinero para el tratamiento. Lo que yo le envié no era suficiente. Por eso se 1o pidió a él. Mi tío ni siquiera se molestó en leer sus cartas.
– Lo siento -susurró Gracie, apretándose contra él. Estaba temblando.
– No importa…
– Claro que importa. Llevas muchos años cargando con esta culpa, pero no es culpa tuya. Tú no provocaste la enfermedad de tu madre ni sabías que tenías que darte prisa en regresar. Tu madre debería haber sido más sincera contigo. Además, ¿cómo pudo tu tío hacer algo así? Tal vez yo no sienta mucha simpatía por Vivian o Alexis, pero jamás les daría la espalda. Especialmente con alga así.
– Quiero que comprendas que estoy en paz con pasado.
– Es mentira. Aún sigues enfadado.
Riley se sorprendió de que Gracie lo entendiera tan bien.
– Lo superaré.
– Lo siento -repitió Gracie-. Odio al alcalde Yardley por haber tomado un trozo tan personal y lloroso de tu pasado y haberlo utilizado para hacerse parecer mejor persona. Es asqueroso.
– ¿Es también él un imbécil?
– El mayor de todos -comentó ella-. ¿Cómo ha podido hacer eso? Es horrible. Y ahora todo el mundo va a pensar mal de ti. No está bien.
– Sobreviviré.
– Lo que necesitas es ganar las elecciones. ¿Puedo hacer algo para ayudarte?
– Si se nos ocurre algún plan que te incluya a ya te lo diré.
– No me importa ir llamando a las puertas de la gente para decirle que no estoy embarazada.
– Ya veremos, ¿Por qué no esperamos hasta que estemos seguros de que no estás embarazada antes de hacer algo así?
– Sí, claro. Tienes razón -admitió Gracie. En aquellos momentos no deseaba pensar en un niño-. No creo que pudiera con algo más en estos momentos. ¿Y tú?
– Bueno, lo que yo tengo encima es diferente. Además, hoy se ha presentado mi padre a verme.
– ¿Tu padre? -preguntó ella, atónita.
– Sí, en el banco -contestó Riley, entrelazando los dedos con los de ella-. Hace veintidós años que lo vi por última vez y aún he sido capaz de reconocerlo. Supongo que eso dice algo.
– ¿Quería verte?
– No -respondió Riley con una carcajada-. Quería dinero. Ni siquiera se molestó por aparentar. Simplemente me pidió que le hiciera un cheque porque este mes va a algo justo.
– Vaya, lo siento.
– Ocurrió. Lo eché del despacho, pero estoy seguro de que volverá. Diablos, probablemente termine dándole el dinero para que me deje en paz.
– Lo siento -repitió ella, abrazándolo-. No cómo mejorar esta situación.
– No te corresponde a ti.
– Lo sé, pero a pesar de todo me gustaría arreglarlo -susurró, acariciándole suavemente el rostro-. Vente a casa conmigo.
– Ésa es una solución a corto plazo -repuso Riley.
La expresión de su rostro no cambió en absoluto.
– Es la mejor que te puedo ofrecer ahora mismo.
– No me estoy quejando.
Capítulo 14
Gracie se preguntó si se arrepentiría de camino a casa. La noche era oscura y el coche estaba sumido en un absoluto silencio. La única comunicación que existía entre ellos era que Riley le había dado la mano y le acariciaba el reverso muy suavemente con el pulgar.