Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » El mundo invertido [The Inverted World - es]
El mundo invertido [The Inverted World - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El mundo invertido [The Inverted World - es]

Электронная книга - «El mundo invertido [The Inverted World - es]». Краткое содержание книги:

Cuando Helward Mann abandona la ciudad, no tiene motivos para pensar que el mundo que se extiende más allá no sea sino el de su propio planeta de origen. De hecho, y a pesar de las semejanzas, hay pruebas —que él no puede ignorar— que lentamente contradicen todas sus convicciones. A medida que crece su experiencia en el trabajo fuera de la ciudad, se ve forzado a aceptar la razón fundamental y descarnada de esa lucha por la supervivencia. El planeta no es la Tierra. De alguna manera, el mundo en que vive —y por cierto el universo mismo en el cual existe el planeta— es intrínsecamente diferente.
El mundo está invertido: un planeta de dimensiones infinitas existe y palpita en un universo de tamaño limitado. Esta novela, de brillante originalidad, ha sido distinguida con el premio a la mejor novela de ciencia-ficción publicada en Inglaterra, y está destinada a convertirse en un clásico de la literatura imaginativa.
1 ... 30 31 32 33 34 35 36 37 38 ... 63
Перейти на страницу:

Podía ver el orbe entero.

Al Norte, el terreno era llano. Tan liso como la tabla de una mesa. Pero en el centro, la tierra se elevaba de la llanura en una espiral cóncava, perfectamente simétrica. Se iba angostando cada vez más, hacia arriba, estilizándose, llegando tan alto que era imposible ver dónde terminaba.

Era de múltiples colores. Había amplias zonas marrones y amarillas, tachonadas de verde. Más al Norte, una región azul, de un azul puro, oriental, que encandilaba la vista. Encima de todo, el blanco de las nubes en largas, tenues espirales, en brillantes enjambres, formando diseños escamosos.

El sol se estaba poniendo. Rojo al Noreste, relucía contra un horizonte imposible.

La forma del sol era la de siempre Un ancho disco chato que podía ser un ecuador. En el centro, al Norte y al Sur, se dibujaban sus polos como espirales cóncavas.

Helward había visto tantas veces el sol que ya no cuestionaba su apariencia. Pero ahora sabía que el mundo tenía también la misma forma.

CAPÍTULO NUEVE

El sol se puso y el mundo quedó a oscuras.

La presión del Sur era tan intensa que su cuerpo apenas rozaba lo que antes fueran montañas. En la penumbra, pendía verticalmente de la soga. La razón le decía que seguía en posición horizontal, pero la razón se hallaba en conflicto con la sensación.

Ya no podía confiar en la resistencia de la cuerda. Estiró los brazos, apretó los dedos contra dos pequeñas salientes rocosas (¿alguna vez habrían sido montañas?) y subió.

La superficie era ahora más lisa. Helward no podía encontrar un punto firme de donde sujetarse. Con mucha dificultad descubrió que podía hundir los dedos en la tierra, lo suficiente para lograr agarrarse por el momento. Nuevamente se arrastró hacia adelante. Era cuestión de unos pocos centímetros... pero en otro sentido, cuestión de kilómetros. La fuerza del Sur aparentemente no decrecía.

Se soltó de la cuerda y gateó con las manos. Varios centímetros después sus pies tocaron el pequeño risco que antes fuera una montaña. Presionó fuertemente y siguió avanzando.

Poco a poco fue disminuyendo la fuerza hasta que ya no fue necesario sujetarse. Helward se relajó un instante. Trató de recobrar el aliento. Al hacerlo, percibió que la presión volvía a aumentar, de modo que continuó moviéndose. Logró luego apoyarse sobre las manos y las rodillas.

No había mirado hacia el Sur. ¿Qué era lo que antes había detrás de él?

Se arrastró largo trecho hasta que se sintió capaz de pararse. Así lo hizo, inclinándose hacia el Norte para contrarrestar la fuerza. Caminó para adelante, notando que paulatinamente se reducía la inexplicable resistencia. Al rato se había alejado de la peor zona de presión, lo suficiente como para sentarse en el suelo y hacer un verdadero descanso.

Miró hacia el Sur. Todo era tinieblas. Sobre su cabeza, las nubes que antes habían chocado contra su cara ocultaban ahora la luna a la cual, por ignorancia, jamás había cuestionado. También ella tenía una forma extraña. Helward la había visto muchas veces, y siempre la había aceptado así.

Prosiguió la marcha hacia el Norte notando que la inmensa presión era cada vez menor. El paisaje que lo rodeaba era oscuro, sin rasgos prominentes. No le prestó atención. Una sola idea imperaba en su cerebro: que, antes de echarse a descansar, debía retirarse bastante como para no verse otra vez arrastrado a la zona de presión. Ahora conocía una de las verdades fundamentales de este mundo: que de hecho la tierra se movía, como había dicho Collings. En el Norte, donde estaba la ciudad, el terreno se movía con una casi imperceptible lentitud, aproximadamente una milla en diez días. Pero en el Sur se movía más rápido, y su aceleración era exponencial. Lo comprobó al ver cómo se transformaban los cuerpos de las chicas. En el lapso de una noche la tierra se había alejado lo necesario como para que sus cuerpos se vieran afectados por las distorsiones laterales a que —ellas, él no— estaban sujetas.

La ciudad no podía detenerse. Estaba condenada a avanzar toda la vida porque si se paraba comenzaría el largo y lento recorrido hasta el pasado, y eventualmente llegaría a la zona en que las montañas se hacían riscos de pocos centímetros de alto, en que una irresistible fuerza la barrería, destruyéndola.

A esa altura, mientras caminaba lentamente hacia el Norte, cruzando el terreno extraño, sombrío, no alcanzaba a comprender lo que había experimentado. Todo se oponía a la lógica. La tierra era estática, no podía desplazarse. Las montañas no se deformaban. Los seres humanos no. se achicaban hasta los treinta y cinco centímetros de altura. Las quebradas no se angostaban. Los bebés no se ahogaban con la leche materna.

A pesar de que había caído la noche, no experimentaba más cansancio que el provocado por el esfuerzo físico que realizó en la ladera de la montaña. Le parecía que el día había pasado con suma rapidez.

Había traspuesto la zona de máxima presión, pero la tenía demasiado presente como para hacer un alto. No era nada agradable imaginarse durmiendo mientras la tierra se movía debajo de uno, transportándolo ineluctablemente hacia el Sur.

Helward era un microcosmos de la ciudad. Al igual que ella, tampoco podía permitirse un descanso.

Por último lo venció el cansancio. Se tiró en el suelo duro y durmió.

Lo despertó el sol naciente, y lo primero que hizo fue pensar en la presión del Sur. Alarmado, se levantó de un salto y puso a prueba su equilibrio. La fuerza subsistía pero no era más poderosa que la de la noche anterior.

Miró hacia el Sur.

Increíblemente, allí estaban las montañas.

Eso era imposible. Él las había visto, había sentido cómo se reducían hasta convertirse en una pequeña piedra de no más de cinco centímetros de altura. Y sin embargo, era obvio que estaban ahí, escarpadas, de formas irregulares, coronadas de nieve.

Helward buscó su mochila y pasó revista al contenido.

Había perdido la cuerda y el gancho, y gran parte de su equipo había quedado con las chicas cuando las extraviara, pero aún tenía una cantimplora con agua, una bolsa de dormir y varios paquetes de alimentos deshidratados. Suficiente para subsistir un tiempo.

Comió algo. Luego se colocó la mochila.

Echó una rápida mirada al sol, decidido esta vez a no perder el rumbo.

Enfiló al Sur, hacia las montañas.

La presión crecía lentamente a su alrededor, tironeándolo para adelante. A medida que contemplaba las montañas éstas parecían perder altura. La tierra que pisaba se hacía más densa.

Sobre su cabeza, el sol se movía más rápido que lo debido.

Luchando contra la fuerza, Helward se detuvo cuando advirtió que las montañas eran sólo una línea ondulante de colinas.

No estaba equipado para ir más lejos. Dio media vuelta y se dirigió al Norte. Una hora más tarde cayó la noche.

Prosiguió la marcha en las tinieblas hasta que notó que la presión era baja. Sólo entonces descansó.

Cuando volvió la luz del día, las montañas estaban a la vista... con aspecto de montañas.

No intentó moverse sino que esperó en el mismo lugar. A medida que avanzaba el día, crecía la fuerza. Sintió que el movimiento de la tierra lo llevaba en dirección a las montañas. Mientras observaba, las vio extenderse lentamente en sentido lateral.

Levantó campamento y enfiló al Norte antes de que oscureciese. Había visto lo suficiente. Era hora de regresar a la ciudad.

Inexplicablemente, esta idea le preocupaba. ¿Debería presentar algún informe acerca de lo ocurrido?

Había cosas que no podía siquiera asimilar, ni mucho menos unir lo que había visto y vivido con un orden coherente, para describírselo a alguien.

1 ... 30 31 32 33 34 35 36 37 38 ... 63
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)