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Enamorado de Gracie

Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:

A los catorce años, Gracie se había enamorado de chico mayor que ella, Riley. Tan grandes habían sido las locuras que había hecho para atraer su atención que ni siquiera después de tantos años la gente del pueblo de Los Lobos la dejaba olvidarse de su enamoramiento de adolescencia.
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
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– Menos mal. Riley estaba muy guapo, pero jamás comprendió lo de “agradar a una mujer”.

Gracie tuvo que morderse la lengua para no responder.

– En realidad, sería muy tierno que los dos empezarais una relación después de todo este tiempo. Seguro que estás de broma -dijo Gracie-. Aparte del hecho de que tú deberías ser la última persona que deseara algo así, no me imagino ningún universo en el que eso se considerara normal.

– Algunas veces, uno no puede luchar contra el destino -afirmó Pam apartando la mirada.

Aquella tarde, Gracie regresó a su casa sintiéndose como si hubiera corrido una maratón. Estaba agotada y desconcertada a la vez.

No entendía su mundo, lo que no era propio de ella. En los últimos años, se había enorgullecido de vivir con normalidad. Regresar a Los Lobos había cambiado todo eso. Bueno regresar a Los Lobos y volver a relacionarse con Riley.

Aunque no le importaba está última parte, el resto no resultaba fácil de asimilar. No le gustaba haberse peleado con su familia. Se había imaginado que sería una época llena de amor y cariño, pero la verdad era que había sido todo lo contrario. Ademas, se sentía más sola que nunca.

Se recordó que había estado sola desde la muerte de sus tíos. La única diferencia era que había esperado mucho más de aquella visita.

Aparcó el coche y vio que muy cerca había aparcado un coche muy familiar. El brillante Mercedes le aceleró los latidos del corazón, pero eso fue nada comparado a lo que sintió cuando vio a Riley.

Estaba tan guapo… No podía haber muchos directores de banco que fueran tan atractivos. En aquel momento, deseó…

Mientras metía las llaves en el bolso y abría la puerta, se recordó que no sólo estaba en la ciudad solo durante unas pocas semanas, sino que no podía pasar seriamente en tener una relación con Riley.

No. Con él no. Con cualquiera menos con él. Riley pertenecía al pasado. Los dos debían ir en direcciones opuestas.

– Hola -dijo cuando se bajó del coche.

– Hola.

– ¿Llevas mucho tiempo esperando?

– Unos quince minutos. Estaba a punto de llamar al móvil

– Estaba en el hotel de Pam, trabajando. ¿Qué ocurre?

– Tenemos que hablar.

Gracie no pudo evitar esbozar una sonrisa.

– Riley, eso es lo que suelen decir las chicas. Yo creía que los hombres jurabais no decir eso nunca:

– Está vez es cierto. Tenemos que hablar sobre lo que ocurrió anoche. No utilizamos preservativo. Si no estás tomando la píldora, tenemos que hablar de lo que podría ocurrir.

Capítulo 12

Riley observó atentamente para ver cómo Gracie reaccionaba ante aquella declaración. Abrió los ojos, torció algo la boca y dejó caer los hombros. Evidentemente, aquél no era el tema del que había esperado hablar. ¿Significaba aquello que Gracie era culpable de haberle tendido una trampa en más e un sentido?

No había podido decidirse en todo el día. Quería pensar que conocía a Gracie, pero, ¿era así? Era una mujer inteligente, divertida y sensata, pero Riley había conocido a muchas mujeres antes que lo habían utilizado. ¿Era Gracie diferente o tan sólo era mejor ocultándolo?

– Entra -le dijo, conduciéndole hacia la casa.

Riley entró en la cocina detrás de ella. Gracie dejó el bolso sobre la mesa y se volvió para mirarlo. Entonces, se cruzó los brazos encima del pecho.

– Fue sólo una vez -dijo, sonando más a la defensiva qué enfadada-. Las posibilidades de que ocurra algo así son muy remotas.

Riley no podía entender cómo había podido ocurrir. Desde que creyó que había dejado a Pam embarazada, cuando sólo era un muchacho, había tenido mucho cuidado. Sin embargo, la noche anterior…

– Estoy de acuerdo que es poco probable, pero quiero saberlo.

Gracie asintió y se dirigió al enorme calendario que tenía en la pared. Contó los días dos veces. Entonces, suspiró.

– El periodo me debería venir dentro de doce días.

Riley se imaginó que sabía tanto sobre el sistema reproductivo de la mujer como cualquier otro hombre. Se enorgullecía de ser bueno en la cama, pero lo de como se hacían los niños era casi un misterio. No obstante, si recordaba correctamente lo poco que había aprendido en el instituto, la mitad del ciclo era el momento más peligroso. Maldita sea.

– ¿Cuánto tiempo después se puede averiguar que se está embarazada? -preguntó.

– No lo sé… Un par de días, tal vez. Yo jamás he utilizado una prueba de embarazo, pero he oído que son muy rápidas y que no hace falta esperar mucho. ¿No te parece que es un poco prematuro tener esta conversación? ¿No podemos esperar a ver qué ocurre?

– Claro.

Riley ya tenía toda la información que necesitaba. Esperaría hasta que Gracie tuviera el periodo o él tuviera pruebas de que estaba embarazada. Aunque no quería repetir lo ocurrido con Pam, no estaba dispuesto a apartarse de sus responsabilidades. Su padre se había marchado hacía veintiún años, pero él aún recordaba aquel día. Jamás le haría lo mismo a un hijo suyo.

– Todo parece estar contra mí -dijo ella-. Sinceramente, no puedo con más. Tengo mis pasteles, mi familia, tú, la persona que nos está siguiendo, las fotos en el periódico… No puedo con más -confesó, metiéndose en la boca un antiácido-. Pensé que regresar aquí sería fácil, pero no ha sido así. ¿Quién era ese tipo de anoche? ¿Va detrás de mí o detrás dé ti? Supongo que detrás de ti, por las elecciones. Además, tienes un debate dentro de dos días. Me siento muy mal por esto de las fotos, pero no fue culpa mía. Aun así… -añadió. Se sentó en un taburete y apoyó la cabeza entre las manos-. Estoy comportándome como una pésima anfitriona. Hay pastel en el armario y cosas de beber en el frigorífico. Sírvete tú mismo.

Aquella actitud le hizo pensar a Riley que ella no estaba implicada en el asunto. ¿Era su instinto o la entrepierna lo que le decía aquello? Incluso en aquellos momentos la deseaba.

– ¿No tienes comida de verdad? -le preguntó.

– ¿Cómo dices? -preguntó, levantando la cabeza.

– Siempre me ofreces pastel. ¿No tienes nada para preparar un bocadillo o algo para cenar?

– No tengo pan en la casa. Eso sería una locura

– Pero tienes pastel.

– Hago pasteles. Resulta muy difícil no tenerlos en la casa cuando los hago yo misma. Sin embargo, no cocino, por lo que no vas a encontrar nada especial. Creo que tengo unas cuantas latas de sopa. Y mi ensalada de atún. Eso nunca falta en mi vida.

– ¿Comes otra cosas que no sea pastel y atún?

– Claro. Ensaladas. Fruta. Y hay galletas de soja en el armario.

– No, gracias -comentó él, haciendo un gesto de asco. Entonces, se sentó a su lado en otra silla.

– Están muy buenas.

– Estás mintiendo.

– Un poco -admitió ella-. ¿Sigues enojado, conmigo?

– Jamás lo estuve.

– Sí, claro que lo estabas. Cuando yo llegué aquí. ¿Estabas pensando que…? Supongo que no sé lo que estabas pensando, pero seguro que no fue bueno. Yo no… Yo no soy la que está haciendo todo esto.

– Lo sé -dijo Riley, porque quería creerla-. He contratado a un detective privado de Los Ángeles. Va a venir mañana por la mañana para descubrir quién es ese fotógrafo. Cuando sepamos quién está tomando las fotografías, encontraremos a la persona que hay detrás.

– Me muero de ganas por llegar al fondo de todo esto. Los dos nos sentiremos mejor cuando tenemos respuestas.

¿Qué significaba aquello? ¿Que no era la persona que le había tendido la trampa? Riley quería que Gracie fuera inocente, lo que le preocupaba bastante. No quería implicarse con ella. Jamás había visto motivo alguno para pasar más de una noche con una mujer. Mantener las distancias significaba que, nadie podía traicionarle. Entonces, ¿por qué seguía allí?

– Mis hermanas tuvieron un enfrentamiento conmigo hoy. Fue horrible. Alexis cree que me estoy obsesionando contigo. Parece haberse olvidado por completo de que todo esto empezó por ella. Vivian estaba convencida de que yo lo pasé fatal en el instituto, que no encajaba socialmente y que no tengo ni amigos ni, novio. ¿De dónde se sacan todo eso? Yo era una niña completamente normal.

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