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Электронная книга - «Viaje a la luz del Cham». Краткое содержание книги:

“De la claridad de sus desiertos, del rumor de las aguas milenarias, de la hospitalidad de sus gentes, del descubrimiento de sus mundos recoletos, en una palabra, de lo que busqué, vi y encontré en Siria, trata este libro”, dice Rosa Regàs en el Preludio. En ese viaje de dos meses, la escritora reivindica la aventura que reside en una peculiar y personal forma de ver, de mirar y de descubrir que nada tiene que ver con el exotismo y el turismo cultural. Las calles de Damasco, los olores penetrantes de sus zocos, la forma de convivir con sus gentes, la extraña luminosidad de los atardeceres del Levante, los mágicos encuentros, se suceden e intercalan con los viajes por el país: el valle del Orontes, el vallle del Eúfrates, Palmira, Mari, Ugarit, Afamia, la otra cara del Mediterráneo, la blanca Alepo, los altos del Golán, los poblados drusos del sur, los desiertos y los míticos beduinos. En el texto se alterna la crónica de esos viajes con la reflexión sobre la situación en que se encuentra el país, su actitud frente a Occidente y frente al integrismo, el papel que desempeñan los fieles al régimen y sus opositores, la condición de las mujeres y de los niños en el mundo del trabajo, de la familia, de la religión, salpicados de pequeñas anécdotas de la vida cotidiana. Un texto rigurosamente fiel a esa mirada sugerente y sensual que recupera para el placer y la experiencia imágenes robadas al tiempo, a la distancia, a la banalización y a la manipulación. Un texto en que la autora se suma a la forma de narrar de los autores de libros de viaje que la precedieron y brinda su compañía al lector para que, paso a paso, se convierta a su vez en un viajero que avanza por ese mundo desconocido y revive y redescubre los lugares donde nació su propia civilización, morosamente descritos con sorpresa, ironía y ternura.
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Hasta que el 23 de febrero de 1966, el ala izquierda del Partido consiguió eliminar a los que no eran revolucionarios. Se cortaron las relaciones económicas, culturales y políticas con Francia, Inglaterra y los Estados Unidos, y se inició la reforma agraria. Este periodo en que dominaron los revolucionarios del Partido Baaz duró hasta el 5 de junio de 1967 cuando se produjo la invasión israelí del Golán y de Egipto. No fueron Siria y Egipto quienes invadieron, sino los israelíes con el apoyo que tuvieron desde el primer momento de los americanos y de Arabia Saudí, para deshacerse de Nasser en Egipto y del Partido Baaz de Siria.

– ¿Esto es una acusación o una suposición?

Me miró como si mi duda le ofendiera.

– Si quiere puedo mostrarle los documentos que así lo prueban.

Como si pidiera disculpas, hice un gesto indicando que no hacía falta, no sé muy bien por qué, porque nada me habría gustado más que verlos. Y él continuó:

– No hace ni dos años, en 1991, salieron a la luz una serie de cartas entre Arabia Saudí y el Iraq, países creados y apoyados por ellos para defender sus intereses, que mostraban la preparación de la invasión de Israel e indicaban que se iniciaría con el bombardeo a los aeropuertos, como así ocurrió, para continuar en los Altos del Golán. Y -añadió adelantando un poco el cuerpo para hacer más hincapié en lo que decía-, un amigo del frente popular me ha dicho que tiene documentos cruzados entre el rey Faisal y los Estados Unidos en los que queda claro que Arabia y el Iraq eran los primeros interesados en que desaparecieran los partidos de izquierda tanto en Egipto como en Siria.

– Pero ¿en el Iraq no había tomado también el poder el Partido Baaz en 1963 y se había intentado hacer una federación tripartita entre Siria, el Iraq y Egipto?

– Así es, sin embargo no se llegó a un acuerdo porque las ambiciones del Iraq siempre fueron desorbitadas.

– ¿Cuál es la visión de la guerra del Golfo desde este país?

– Supongo que se ve de forma muy distinta a la que se ve en Europa. Para nosotros es evidente que el Iraq había llegado a ser el policía de la zona y de la mano de los Estados Unidos y de los franceses había conseguido una fuerza científica y militar equivalente a la de Israel. Es posible que fueran los Estados Unidos los que, asustados por tanto poder y creyendo que era una forma de aniquilarle, le empujaran a invadir Kuwait para luego derrotarle y poner a otro en su lugar. Pero lo más seguro es que los Estados Unidos tras la invasión se vieran obligados a intervenir por razones de prestigio frente a su propio país y sobre todo a Arabia, el otro policía de la zona enemigo del Iraq, y pactaran de antemano la permanencia de Saddam Hussein. Porque temían que en caso de llegar toda esa fuerza a manos de otro la utilizara en contra de los intereses americanos en la zona. Por esto eliminaron la fuerza manteniéndolo en el poder. No cabe pensar en otra persona capaz de prestar mejor servicio a los Estados Unidos que Saddam Hussein: les vendió su país a cambio de quedarse en el poder, será él quien siga luchando contra el Irán y contra los kurdos, quien haga el trabajo sucio sin que sea necesaria la intervención de ninguna fuerza occidental.

Ningún país occidental con intereses en el Oriente Medio tendrá que ensuciarse las manos.

Yo no pude por menos de acordarme de la apuesta que habíamos hecho a raíz de la guerra del Golfo en abril de 1991, mi amigo Mario Sexer y yo. Yo defendía, como ahora el político, que si las armas que el Iraq adquirió a los países occidentales no habían servido para atacarles ni responder a sus ataques; que si la llamada coalición había detenido unilateralmente la guerra sin que hasta hoy se hayan dado explicaciones convincentes sobre ello; que si el presidente Bush habiendo animado a los iraquíes de la oposición a sublevarse contra Saddam Hussein, les había abandonado después a su suerte limitándose a echarles panes en paracaídas con el pretexto de “no injerencia” en los asuntos internos de otros países; que aun cuando una de las condiciones del alto el fuego decretado por los Estados Unidos exigía que los iraquíes no utilizaran aviones de combate ni helicópteros, no protestaron cuando Saddam Hussein los empleó contra los kurdos, etc., etc., todo hacía suponer que había un acuerdo tácito entre ellos como había dicho mi amigo, el político del 23 de febrero, cuyas sensatas palabras me llenaban ahora del regocijo que invade nuestro espíritu cuando alguien, lejano en el tiempo, en la distancia y en la historia, coincide con una de nuestras convicciones. Y me hizo albergar cierta esperanza de que quizá algún día apareciera la persona, el documento o -como dicen ahora los periódicos la “evidencia” que nos darían la razón al político y a mí, y yo además ganaría la apuesta. Siempre estamos más predispuestos a creer aquello que se conforma a nuestras convicciones.

– ¿Existe en Siria el problema kurdo? -continué con el interrogatorio.

– No, nunca lo hubo. La zona del noreste del país donde ahora se han refugiado estuvo desde siempre habitada por los asirios, los caldeos y otros pueblos, pero jamás por los kurdos. Los kurdos son un pueblo formado por un conjunto de emiratos que vivían en la zona norte del Irán y en el sureste de Turquía. Estos emiratos que son mercenarios desde hace cuatrocientos años, han luchado contra los turcos, los chiíes, los iraníes o los suníes, siempre en favor del que pagaba más. Fueron los mercenarios kurdos los que, pagados por los otomanos, realizaron las matanzas de sirios en el siglo pasado.

– ¿Cómo se vivió en Siria la derrota de la invasión de Israel?

– La derrota causó la distorsión del sistema político y social porque costó mucho aceptarla. Nosotros pensamos que no estábamos preparados para otra guerra, que antes debíamos elevar el nivel de vida de la gente, su capacidad adquisitiva y no comenzar a pensar seriamente en enfrentarnos al peligro hasta que se contara con cierto desarrollo social. La nueva situación y el cambio de objetivos transformaron las relaciones internacionales y nos volvimos hacia la Unión Soviética. Fue el tiempo de la gran presa del Éufrates, que dio agua a todo el país, el momento en que se inició el desarrollo industrial.

– ¿Por qué cree que Israel invadió los Altos del Golán?

¿Sólo por mantener una zona de seguridad como afirman ellos?

– ¿Qué dirían los franceses si España invadiera el norte de los Pirineos por tener una zona de seguridad escudándose en la ETA?

En mi opinión no eran las tierras lo que se buscaba sino el mercado de sus productos agrícolas en esta zona y, sobre todo, el agua. En los Altos del Golán nacen manantiales y ríos que Israel necesita.

– ¿Es cierto que los países árabes estarían dispuestos a olvidar el problema de Palestina a cambio de seguridad en la zona?

– Creo de verdad que si no fuera porque los palestinos han mostrado determinación en la lucha contra Israel, todos los países árabes habrían estado dispuestos a venderlos a cambio de la paz que quieren los israelíes. Esto queda claro sobre todo después de la caída de la Unión Soviética y de la guerra del Golfo, que han cambiado por completo el panorama político y han abierto la puerta a los capitales occidentales.

– ¿Cómo se abandonó el camino de desarrollo interior del país y se pasó al golpe de estado de 1970 que dio el poder a Al Assad?

– Mire, en 1967 Siria se había encerrado en sí misma y había cortado sus relaciones con Occidente, manteniendo algunas vías con la Unión Soviética para iniciar el desarrollo interior. Todo ello causó la disminución de gastos e intereses en todo el país y a los pocos años los militares pensaron que ya bastaba de tanta austeridad porque se habían acostumbrado a tener bienes y coches y no querían renunciar a nada. En esta situación toma el poder el actual presidente que, en mi opinión, estuvo aliado con los intereses occidentales desde que era un teniente y fue a Inglaterra a sus cursos de aviación.

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