Viaje a la luz del Cham
- Автор: Reg Rosa
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Viaje a la luz del Cham». Краткое содержание книги:
La oposición.
Hacia las seis de la tarde, antes de irnos a Hama, Adnán me rescató del torbellino familiar y me llevó a visitar a un hombre muy importante, dijo en un susurro, un líder del Movimiento del 23 de febrero.
Era un hombre ya mayor que llevaba gafas oscuras de montura ancha y sólida, tenía el pelo blanco y lo llevaba cortado a cepillo. La chilaba gris disimulaba su enorme corpulencia y su gran barriga. Cuando estaba callado tenía la expresión grave y adusta pero al hablar se le iluminaba la cara y cobraba de pronto una gran expresividad.
Adnán me presentó como una periodista que estaba haciendo un reportaje sobre el país. Así será más fácil, me había dicho.
El líder estaba en el jardín sentado en un sillón de mimbre, bajo la sombra de los olivos entre tanta gente tomando fruta y zumos que al cabo de un rato, cuando comenzábamos a hablar, le pedí que nos alejáramos un poco para que no nos interrumpieran y nuestra conversación no fuera tan pública.
Porque tenía la impresión de que lo que me estaba contando a mí, los demás ya lo sabían.
Se levantó con parsimonia asintiendo y me pidió que le siguiera, pero no entramos en la casa sino que nos dirigimos hacia una salida del jardín, donde había una pequeña construcción junto a la verja. Era un estudio, una habitación amueblada con esmero: divanes junto a las paredes y estanterías repletas de libros. En un rincón una estufa de cerámica, frente a ella un escritorio y por todas partes viejas fotografías de compañeros de lucha, me dijo mostrándomelas una a una, compañeros que ya se fueron, que se exiliaron, que ya no volveré a ver.
– Éste es el lugar donde trabajo -añadió cambiando de conversación y dejando las fotografías-, porque mi familia es numerosa y nuestra casa no demasiado grande.
Comencé por el principio.
– Me han dicho que usted está en la oposición.
– Así es -respondió-, no me queda más remedio. Los que mandan ahora son de mi Partido pero son peor que Franco, para que usted me entienda, más sucios aún, ya no miran por el bien del país.
Y antes de que tuviera tiempo de intervenir, se apresuró a indicarme:
– Yo le diré lo que quiera, pero si pone mi nombre tendré problemas.
– No lo pondré -le dije para tranquilizarle-. Dígame, ¿cómo comenzó su vida política?
– Era todavía muy joven cuando comencé a luchar contra los franceses. Sería a principios de los años cuarenta. Había entrado en el Partido Baaz cuando acababa de fundarse. Nadie se dio cuenta entonces de la importancia que tenía ese Partido, ni los ingleses que hicieron lo imposible por dar la independencia a Siria porque no querían a los franceses en el país.
– Pero ¿no habían sido ellos los que en 1919 los llamaron para el reparto? -pregunté.
– No es exactamente así. En 1919 los franceses no se avenían a perder su influencia en la zona. Y presionaron a la recién estrenada Sociedad de Naciones, de la que ellos eran fundadores y beneficiarios primeros, y consiguieron el llamado Mandato de la Sociedad de Naciones. Pero llevaron a cabo dos políticas muy distintas. Los franceses pueden llegar a ser más crueles que los ingleses en nombre de la cultura y de la civilización.
No olvide Indochina, Argelia, África… -Se detuvo como si el que no quisiera olvidar fuera él, y después de un momento continuó-: De hecho mi vida política comenzó en 1948, cuando de un modo u otro la comunidad internacional se las arregló para que fueran los propios árabes los culpables de la pérdida de Palestina, y cuando nosotros, ocupados en nuestra recién estrenada independencia, apenas nos dábamos cuenta de lo que estaba ocurriendo. Éste ha sido un país sometido a toda clase de invasiones desde los albores de la historia, y nunca ha sido una zona estable.
– ¿Cree usted que esta situación entre dos mundos sigue influyendo en su destino?
– Mire, las tablillas y los archivos descubiertos en las últimas excavaciones demuestran que Salomón no fue un profeta como se cree sino un hombre ambicioso que quería extender su reino hasta el Yemen para asegurar la ruta de las caravanas. Hoy, aun sin rutas, la zona sigue despertando el mismo interés. Antes eran las piedras preciosas, la seda o las especias, ahora es el petróleo que ha de llegar a las industrias de Occidente, y el control de la droga. Por otra parte queremos alcanzar el avance técnico y tecnológico que posee Occidente. Pero también queremos la paz, así que Siria, igual que los demás países del Oriente Medio, teme que un día u otro, aun cuando no les beneficie tanto como a sus enemigos, tendrá que firmar el retazo de paz que les ofrezcan.
– El Partido Baaz, en sus inicios, ¿fue antioccidental?
– A Occidente le interesan los gobiernos títeres, pero somos muchos en el país que lo que queremos es otra cosa.
– ¿Cómo explica la cantidad de golpes de estado ocurridos en el país desde 1948 hasta 1970?
– En los años cincuenta había cundido entre el pueblo y la clase política una gran desesperanza por la pérdida de Palestina. Para un occidental que tiene en mente la idea de nación es muy difícil comprender lo que es la Gran Siria, esta unidad que desde tiempos inmemoriales formaban Palestina, el Líbano, Jordania y Siria, con sus distintas zonas y peculiaridades que los occidentales explotaron en beneficio propio. De ahí que la decepción de la gente fuera un buen pretexto, una ocasión que aprovecharon los militares para hacerse con el poder. Ellos fueron los que firmaron pactos para los oleoductos con los occidentales. Todos los golpes militares fueron apoyados por Occidente. No fueron golpes cruentos porque no estaban sustentados por ninguna organización: no había más que influencia inglesa, francesa y americana. Y su dinero, pero nada más. Seis golpes de estado hubo. Y fue a partir de 1956, con la aparición pública, por decirlo así, de un partido democrático y bastante liberal entre cuyos miembros había nacionalistas, cuando el objetivo se centró en la calle. En 1957 la gente ya sabía que tenía voz y comenzó a decir en voz alta lo que pensaba. Ya no había nadie que no se diera cuenta de que Palestina y la parte del norte de Siria, Alexandreta, habían sido regaladas a los sionistas y a los turcos sin consultar con el pueblo al que pertenecían. Es natural que al comenzar a entender se volvieran antioccidentales. No hacía falta trabajar contra la influencia de Occidente.
– ¿Fue una época de intensa actividad política?
– Sí, el Partido Baaz y los comunistas seguían moviendo la calle. Pero los occidentales presionaron a través de la Alianza de Bagdad para apagar las voces sirias. Fue entonces cuando apareció Nasser con su idea de la Unión, porque existía la convicción de que con esto seríamos más fuertes. Éste fue un momento de gran influencia soviética.
– Esta Unión, ¿estaba concebida como el primer paso hacia una Unión de todos los pueblos árabes?
Se detuvo un instante e hizo un levísimo gesto de impaciencia, y como si su destino fuera contar siempre la misma y única historia para intentar que la comprendiéramos los occidentales, dijo:
– Los cruzados sólo pudieron ser expulsados del país cuando se unieron los árabes y esto mismo comprendieron entonces los que forjaron la Unión. Y causó pánico en Occidente: Nasser había acabado con el canal de Suez y se estaba metiendo en el Líbano. Sin embargo se cometieron muchos errores y las cosas se complicaron. Además había un gobierno muy débil en Siria.
– ¿Habrían podido evitarse? -le interrumpí, pero ya no parecía reparar en ello y continuó:
– El 8 de marzo de 1963 -decía las fechas con la misma precisión con que mi padre recordaba los grandes logros de la República llegó al poder el Partido Baaz, con un golpe de estado al que se llamó Revolución Social que pretendía destruir las clases sociales y llevar a cabo una reforma agraria. Era un partido sin experiencia y hubo grandes problemas debidos en gran parte a que no todos los que participaron en él estaban dispuestos a apoyar la revolución.