El Destino Aguarda
- Автор: Джексон Лайза
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Destino Aguarda». Краткое содержание книги:
Nicole Stevenson nunca había olvidado la pasión de juventud que había compartido con Thorne… ni el daño causado por un rechazo para el que no había habido la más mínima explicación. Ahora había madurado y, sin embargo, él seguía teniendo la habilidad de hacer que se sintiera como una torpe chiquilla. Aunque, de todos modos, ¿cómo podía encajar un ejecutivo millonario en su tranquila vida de madre soltera?
– No dicen mucho, aunque aún siguen considerando todas las posibilidades. El problema es que no tienen testigos y dado el estado de Randi, que no puede decirles lo que ocurrió, no pueden aventurarse a sacar ninguna conclusión.
– Pero tú pareces estar seguro.
Striker miró a Thorne fijamente.
– He dicho que era simplemente una teoría. No estoy seguro de nada.
– ¿Y qué pasa con el padre del bebé?
– Tengo algunas posibilidades, pero aún no he hablado con ellos.
– ¿Quiénes son?
– Hombres con los que se la vio hace aproximadamente un año. Al parecer vuestra hermana no tenía un novio formal, al menos no últimamente. Salía con gente del trabajo y con amigos que conocía del colegio, pero nadie con quien pareciera tener un romance serio. Nunca le dijo nada a nadie de este tipo, sea quien sea -dio un largo trago de cerveza.
»Pero hay unos hombres con los que salió que intento localizar. Uno se llama Joe Paterno, un fotógrafo que hizo algunos trabajos por cuenta propia para el Clarion. Después hay un abogado llamado Brodie Clanton… se dice que maneja mucho dinero en Seattle. Su abuelo fue juez. El último es una especie de vaquero al que conoció al ayudar a alguien con una entrevista.
– ¿Se llama…?
– Sam Donahue.
– Conozco a Sam Donahue -dijo Slade al situarse junto a la librería, con las caderas apoyadas contra el mueble bar y las tobillos cruzados-. De cuando montaba en el circuito. Matt también lo conoce, si es el mismo tío en el que estoy pensando. Grande. Rubio. Un tipo duro.
– Ése es.
– ¿Y salía con Randi? -Thorne no podía creérselo.
– Eso parece. Aún no he podido contactar con él.
Slade resopló y le dio un buen trago a su cerveza.
– Ha estado en la cárcel, creo.
– Así es.
– ¡Maldita sea! -exclamó Thorne.
– Cuanto más sé de nuestra hermanita, más cuenta me doy de que no la conocía en absoluto -comentó Slade sacudiendo la cabeza.
– Ninguno la conocíamos -dijo Thorne justo cuando la puerta principal se abrió para cerrarse al instante de un portazo. Matt entró en el salón y se unió a la conversación.
– ¿Ninguno qué? -preguntó quitándose los guantes y mirándolos a todos. Tenía la cara rojiza por el frío y tiró el sombrero sobre el asiento de un sillón vacío.
Slade se lo presentó a Kurt y lo puso al corriente de la conversación mientras agarraba la otra botella de cerveza y la abría.
– ¿Sam Donahue? Imposible. Ese no es del tipo de Randi.
– Vaya, así que ahora eres el experto. Dinos, ¿quién es el tipo de Randi? -preguntó Thorne, más frustrado que nunca.
– Ojalá lo supiera -admitió Matt-. ¡Maldita sea!
– ¿Qué más tienes? -le preguntó Thorne al detective.
– No mucho más, excepto que a vuestra hermana tampoco le iba tan bien en el trabajo últimamente. Aunque todo el mundo del periódico ha mantenido la boca cenada, algunos de sus compañeros creen que se había metido en un buen lío con los editores.
– ¿Cómo? -preguntó Thorne con gesto de extrañeza.
– Buena pregunta. Tengo copias de todas las columnas que ha escrito en los últimos seis meses, pero ésas son sólo las que se publicaron. Según su amiga Sarah Peeples, que escribe críticas de cine, Randi tenía escritas columnas como para dos semanas, pero que no se habían publicado todavía. Nadie las ha visto. Y se había oído que estaba trabajando en algún proyecto, aunque el periódico lo niega. El caso es que nadie ha visto copias de ello.
– Excepto tal vez Randi.
– Y ella no puede contamos nada -señaló Matt, apoyado en la librería y rodeado por el sonido del crepitar del fuego.
– ¡Escribe consejos para enamorados con el corazón roto! -interrumpió Slade.
– ¿Y? -pensó en alto Striker.
– Esperad un minuto -dijo Matt-. Has dicho que alguien podía haber impactado contra el coche de Randi, pero que nadie sabe si fue intencionado o no. Es un gran salto pasar de un accidente aislado porque la conductora se topó con una capa de hielo a hablar de… ¿qué? ¿De un intento de asesinato?
– Lo único que estoy diciendo es que puede que haya habido otro vehículo implicado y que si lo hay, el conductor es, por lo menos, culpable de haberse dado a la fuga. A partir de ahí la cosa no puede más que empeorar.
– Si es que impactó contra ella -la mirada de Matt se posó en el investigador privado. Sin duda se mostraba escéptico.
– Eso es.
– Creo que estamos suponiendo demasiado.
– Sólo valoramos todas las posibilidades -respondió Slade-. Se lo debemos a Randi.
– Dios, ojalá despertara -Matt se pasó una mano por el pelo en un gesto de frustración.
– Eso es lo que queremos todos -Thorne miró a sus hermanos-. Pero hasta que lo haga, tenemos que intentar resolver esto -y mirando a Striker, añadió-: Sigue en ello, habla con todos los que puedas. Tenemos que encontrar al padre del bebé de Randi. Y si hay alguna forma de encontrar el grupo sanguíneo del hombre con el que estaba, podríamos al menos descartar algunas posibilidades.
– Ya estoy en ello -dijo Striker.
– ¿Cómo lo haces? -preguntó Matt.
Kurt le lanzó una mirada diciéndole que mejor que no lo supiera.
– Ocúpate de ello, ¿vale? -Thorne no estaba seguro de que le gustara Kurt Striker, pero creía que el hombre haría lo que fuera por sacar la verdad a la luz. Eso era lo único que importaba. Ni siquiera le importaba si se infringía la ley un poco, no si la vida de Randi estaba realmente en peligro por alguien que le guardara rencor. ¿Pero quién?
Striker asintió.
– Lo haré. Y voy a intentar encontrar esas columnas que están desaparecidas. ¿Sabéis alguno si tenía ordenador portátil?
Slade alzó un hombro. Matt sacudió la cabeza y Thorne frunció el ceño.
– En su escritorio no hay nada.
– ¿Y cómo lo sabes? -preguntó Matt.
– Lo he visto.
– ¿Has entrado en su apartamento? -Matt miró a sus hermanos-. Ey, ¿no es eso ilegal? Randi nos matará si se entera.
– Si alguien no se ocupa primero de eso -Striker le dio el trago final a su botella.
– Esperad… -Matt miró a Thorne con incredulidad-. ¿No creéis que nos estamos precipitando? Quiero decir, ha tenido un accidente, resultó herida, pero no creo que se haya cometido ningún crimen.
– Y tampoco sabes si lo ha habido.
– ¿Pero por qué? Le caía bien a todo el mundo que conoce, según ha dicho Slade, daba consejos a los enamorados deprimidos. Eso no tiene ningún misterio, no es como si hubiera estado destapando escándalos o metida en política.
– Era más que un tema de enamorados -aclaró Slade-. Su columna era para gente soltera…
– Sí, eso ya lo sé -contestó Matt bruscamente.
– Pero el caso es que ninguno sabemos qué estaba haciendo con su vida, ¿no? -Thorne se remangó-. Ni siquiera nos contó que estaba embarazada. Existe la posibilidad de que alguien, ya sea por accidente o intencionadamente, estuviera implicado en el accidente, y tenemos que descubrir quién.
– Y un porqué -Matt agitó una mano exasperado-. ¿No necesitamos un motivo?
– No si fue un accidente y alguien se asustó y huyó -Slade se terminó su botella.
– Bueno, entonces, mirar en su ordenador y entrar en su apartamento no sería necesario, ¿verdad? -apuntó Matt.
– ¡Ey! ¡Merece la pena intentarlo todo! -Slade fue hacia su hermano-. ¿No crees que deberíamos considerarlo todo? -estaba encendido, con la mandíbula tensa, igual que cuando de niños estaban a punto de empezar a pegarse.
Matt le dirigió esa sonrisa que tanto irritaba a sus dos hermanos.
– No sabemos mucho -dijo Slade con los dientes apretados-. Kurt va a ayudarnos a llegar al fondo del asunto. ¿Tienes algún problema con eso?