El Destino Aguarda
- Автор: Джексон Лайза
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Destino Aguarda». Краткое содержание книги:
Nicole Stevenson nunca había olvidado la pasión de juventud que había compartido con Thorne… ni el daño causado por un rechazo para el que no había habido la más mínima explicación. Ahora había madurado y, sin embargo, él seguía teniendo la habilidad de hacer que se sintiera como una torpe chiquilla. Aunque, de todos modos, ¿cómo podía encajar un ejecutivo millonario en su tranquila vida de madre soltera?
– Bueno, si hay algún cambio, avísame -tocó los dedos de Randi-. Vamos -le dijo-, puedes hacerlo. Tienes un bebé que te necesita y tres hermanos que están preocupadísimos.
Fue hacia su despacho y suspiró. Había sido una noche muy larga en urgencias y la falta de sueño que llevaba días sufriendo la había hecho más complicado todavía.
Después de hacer el amor junto al arroyo y de tomarse esa comida fría, Thorne y ella habían cabalgado por las colinas a media noche y después habían regresado al rancho. No había regresado a casa hasta bien pasada la una y había dormido poco ya que había estado pensando en Thorne, moviéndose, dando vueltas y golpeando la almohada con frustración.
El día siguiente no había sido mucho mejor y la noche anterior Molly se había metido en su cama después de haber tenido pesadillas y dolor de garganta. Otra vez había vuelto a dormir mal y unas de las principales razones había sido Thorne. Había recordado besarlo, acariciarlo y hacerle el amor bajo el gélido aire. Y lo peor era que creía que podía estar enamorándose de él otra vez.
– Tonta, tonta -se dijo al doblar una esquina del pasillo. No tenía tiempo para enamorarse de ningún hombre, y mucho menos de uno que la había abandonado en el pasado. No. No podía enamorarse de Thorne. ¡No lo haría! Mordiéndose los dientes, se obligó a sacarse de la mente al sexy hermano mayor y a concentrarse en las labores que la esperaban: trabajo que poner al día, redactar informes de pacientes en el ordenador, algunas llamadas que hacer y, como siempre, preguntar cómo estaban las gemelas.
Al pensar en ellas sonrió, aunque estaba preocupada porque Molly estaba resfriada y esa mañana había tenido una tos demasiado fuerte. El problema de ser médico era que sabía qué complicaciones podría tener y que siempre estaba preocupada ante el mínimo indicio de enfermedad.
– Relájate -se dijo al entrar en el despacho, donde se quitó la bata y la colgó en el respaldo de la silla.
Para despejarse la mente, llamó a Jenny y a las gemelas. Después encendió el ordenador y comprobó su correo antes de redactar los informes de sus pacientes y devolver las llamadas de colegas que había oído en el contestador. El estómago le rugía porque hacía horas que no comía, pero lo ignoró y siguió trabajando.
Aproximadamente una hora después, se tomó un descanso y se pasó por pediatría, donde el pequeño J.R. parpadeó ante ella bajo las cálidas luces.
– ¿Qué tal estás, pequeñín? -le susurró cuando él centró la mirada en ella. Con cuidado lo levantó y lo sostuvo junto a su pecho. Los ojos se le llenaron de lágrimas al oler el aroma a bebé, lo sintió acurrucarse contra ella, ese diminuto y cálido cuerpo-. Sigue así, cariño. Tu mami se va a poner muy contenta de verte cuando despierte.
A Nicole se le caía el alma a los pies ante ese pobre bebé cuya madre estaba luchando por su vida y cuyo padre aún no habían encontrado y que era completamente desconocido. Pero J.R. tenía tíos, tres hombres fuertes que lo adoraban.
– ¿Tienes tiempo para darle de comer? -le preguntó una de las enfermeras y Nicole no pudo resistirse. Con manos habilidosas sostuvo al bebé y el biberón y sonrió mientras lo veía succionar hambriento. Era agradable tenerlo en brazos y se dio cuenta de lo mucho que deseaba tener otro hijo.
«¿El hijo de Thorne?», le preguntó su caprichosa mente. «¿Es eso lo que quieres? ¿No es el hombre del que crees que estás enamorándote? ¿El soltero que te abandonó?».
Cerró los ojos un instante y luchó contra un torrente de emociones mientras acunaba al pequeño J.R. ¿Tan malo era querer otro bebé?
«Olvídalo, tienes a las gemelas y eso ya es suficiente para una madre soltera. ¿De verdad te gustaría criar otro hijo sin un padre?».
Pero Molly y Mindy sí que tenían un padre, aunque a Paul no le importaban un comino. Apenas las llamaba, nunca iba a visitarlas, no le interesaba saber nada de ellas. Ahora se había vuelto a casar con una mujer como él, una que juraba que no quería verse atada por unos hijos. Pero era joven y Nicole suponía que cambiaría de idea.
– Ya está -dijo con voz suave cuando el bebé dejó de beber para mirarla-. Eres precioso -lo besó sobre su cabello ondulado y miró por el cristal.
Thorne estaba al otro lado, con la mirada centrada en ella y una expresión que no sabía interpretar. Vestido con un traje de chaqueta, una camisa blanca impoluta y una corbata perfectamente anudada, parecía más inaccesible de lo que había sido, más frío. El término «tiburón» se le pasó por la mente y tuvo que recordarse que él no era su tipo de hombre; esa lección la había aprendido bien.
Sin embargo, se ruborizó por haber sido sorprendida en un momento tan tierno. Tras lograr esbozar una débil sonrisa, volvió a tumbar al bebé en su cuna y vaciló cuando él comenzó a llorar.
– Shh. No pasa nada -dijo para calmarlo.
La enfermera fue hacia ellos.
– Ya me ocupo yo -dijo cuando Nicole salió por la puerta y se reunió con Thorne en el pasillo.
– No esperaba encontrarte aquí… -se metió las manos en los bolsillos de su bata blanca.
– Tenía que hacer unas cosas en la ciudad y he pensando en pasarme a ver a Randi y al bebé.
– Está mucho mejor.
Thorne esbozó una sonrisa.
– Ya lo veo. Ojalá mi hermana despertara.
– Lo hará. Con el tiempo.
– Eso espero -no parecía muy convencido-. ¿Puedo invitarte a almorzar?
Pensó en el trabajo que tenía en el despacho; ya lo había terminado casi todo y estaba hambrienta. ¿Por qué no? «Porque sería mejor si lo dejaras ahora mismo. No está enamorado de ti, tú no eres más que una distracción mientras está aquí. Pero va a marcharse, Nicole. Lo sabes. Su vida está en Denver».
– Tengo que estar en urgencias en unos minutos.
– ¿Y qué me dices de una taza de café? -su sonrisa resultaba irresistible.
– Vale, me has convencido -dijo riéndose. Juntos recorrieron los pasillos pasando por delante de carros de medicamentos, de celadores ayudando a pacientes a caminar y de toda una variedad de visitas buscando a sus seres queridos.
La cafetería parecía una casa de locos. Después de que Thorne insistiera en que debía comer algo más sustancioso, Nicole eligió un yogur de vainilla, una magdalena de arándanos y una taza de café solo mientras que él pedía un sándwich de pavo y un cuenco de sopa.
Cuando les sirvieron la comida, Thorne llevó la bandeja hasta una mesa de formica donde había unas páginas del periódico de la mañana. Varias enfermeras estaban hablando en la mesa de al lado, una de ellas acababa de comprometerse con su novio y las demás estaban mostrándole su alegría por ello; había grupos de visitas de enfermos y sus colegas estaban debatiendo la incorporación de otra unidad de traumatología.
Nicole se sentó cerca de un ficus y Thorne justo enfrente de ella. Unos cuantos compañeros le dirigieron algunas miradas de curiosidad, pero nadie los molestó.
– Esperaba que pudieras ayudarme -dijo Thorne, desenvolviendo su sándwich.
– ¿Cómo? -Nicole le dio un mordisco a su magdalena.
– Como ya te he dicho, cuando J.R. salga del hospital, necesitaremos una niñera.
Ella tragó y le sonrió.
– No me digas que los tres hermanos McCafferty juntos no pueden hacerse con un bebé.
– Estamos ocupados.
– Ya -metió la cucharilla en el yogur.
– No creo que el rancho vaya a convertirse en la película Tres hombres y un bebé.
– ¿No? -ella se rió-. Pues ahora que lo mencionas se me están ocurriendo situaciones muy interesantes. Thorne McCafferty, flamante directivo y… cambiador de pañales. Matt McCafferty, ganadero y… especialista en hacer eructar a bebés. Slade McCafferty, intrépido y…