Casino: Amor y honor en Las Vegas
- Автор: Pileggi Nicholas
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
Según Frank Cullotta:
Tony parecía tener la obsesión de rivalizar en ingenio con el FBI, pero no era estúpido. Cada vez que tenía algo que decirte, dábamos un paseo por algún aparcamiento vacío o al borde de la carretera en el desierto. Cuando le decías algo, casi siempre se limitaba a responder con una mueca, fruncir el ceño, sonreír y con ello te comunicaba lo que pretendía que hicieras. Incluso cuando hablaba, se cubría la boca con la mano por si los federales tenían observándole con prismáticos a algún experto en leer los labios.
Llegó un momento en que el FBI se sintió tan frustrado con las escuchas telefónicas y el micrófono instalado en el Gold Rush, tan prometedor en principio, que instalaron una cámara de vigilancia en el techo de una sala situada al fondo del restaurante de Cullotta, donde sospechaban que Spilotro iba a celebrar una de sus reuniones claves. Según el propio Cullotta:
Nos llegó el chivatazo de que allí había algo y subimos al falso techo y lo arrancamos. Era como una pequeña cámara de televisión que ponía «Gobierno de los Estados Unidos» o algo así, y habían rascado el número de serie. Cogí un cabreo de mil demonios. Quería hacer añicos el maldito invento, pero Tony nos mandó llamar a Oscar para devolverlo. Creo que le gustaba la idea de ver a los federales con el sombrero en la mano recogiendo el aparato.
En cuanto el FBI constató que más de dos años de vigilancia electrónica habían fallado en la trampa tendida a Spilotro, mandaron a un agente de paisano, Rick Baken, al Gold Rush con el falso nombre de Rick Calise.
Como parte de la estratagema, Baken, unos meses antes, les había hecho la pelota perdiendo a las cartas con John, el hermano de Tony. En el curso de aquellas partidas, Baken había dejado caer que acababa de salir de la cárcel por unos robos de joyas, que necesitaba dinero en efectivo desesperadamente y que tenía la intención de deshacerse de unos diamantes robados de gran valor. El Bureau, qué duda cabe, había proporcionado a Baken el historial necesario para sostener su pasado delictivo en caso de que Spilotro hiciera alguna comprobación. Pero Baken, incluso después de conocer a Spilotro, descubrió que Herbie Blitzstein, el machaca de Tony, procuraba mantenerlo alejado de la conversación directa con el jefe.
Pasaron once meses de trabajo de tapadillo, tan infructuoso como peligroso, y los federales vieron tan frustradas sus esperanzas que pusieron en marcha una operación desesperada. Utilizando un micrófono oculto, como de costumbre, Baken acudió directamente a Spilotro diciéndole que el FBI lo había detenido, interrogado y amenazado con meterlo en la cárcel a menos que les hablara de las actividades de él.
Baken tuvo la sorpresa de comprobar que Spilotro le sugería ir a ver a su abogado, Oscar Goodman.
El siguiente paso que le tocó afrontar a Baken fue acudir al despacho de un abogado con un micrófono conectado y simulando ser un atracador. Goodman escuchó el relato de Baken durante un cuarto de hora y luego le proporcionó unos cuantos nombres de abogados a quienes podía llamar. Posteriormente, Goodman se lo pasó muy bien exagerando el incidente para aparentar que el FBI había intentado violar la prerrogativa abogado-cliente llevando a cabo una escucha entre un posible acusado y su abogado.
A medida que iba pasando el tiempo, Spilotro cada vez dedicaba menos atención a su esposa Nancy. Cuando estaban juntos, se peleaban, y el FBI escuchaba. Nancy se quejaba de que Tony había perdido el interés por ella. Lo acusaba de tener aventuras. Él nunca estaba en casa. Nunca hablaba con ella. Por la mañana, el FBI grababa el sonido del silencio mientras Tony preparaba su café y Nancy leía el periódico. Luego se marchaba a la tienda sin ni siquiera despedirse.
Alguna vez Nancy tenía que llamarlo al trabajo para pasarle un encargo; según Bud Hall, Tony siempre se mostraba grosero:
Nancy solía decir: «No sé si es algo que puede esperar, pero ha llamado fulano de tal». «Puede esperar», respondía él, con cierto sarcasmo, y colgaba. A veces le respondía en tono exasperado: «Estoy ocupado, Nancy», y colgaba. Nunca se comportaba como un caballero con ella, y Nancy se quejaba de ello a Dena Harte, la novia de Herbie Biltzstein, que llevaba las ventas del Gold Rush. Nancy contaba a Dena que Tony la pegaba y también sus sospechas de que andaba con fulana o zutana, y ésta la informaba de lo que hacía Tony.
En una ocasión, Dena llamó a Nancy, a casa, y le dijo: «Ha venido la bruja». Nancy cogió el coche a toda velocidad y en un instante se plantó en la tienda y empezó a chillar a Sheryl, la novia de Tony, llamándola coño podrido delante de todo el mundo.
Oímos los chillidos a través del hilo; aparece Tony, Nancy empieza a gritar que deje de pegarla. Le estaba dando una paliza de miedo. Llegamos a pensar que iba a matarla. Se organizó un gran barullo. Llamamos al 911 diciendo que estábamos en el restaurante alemán Black Forest y que en el Gold Rush, la puerta de al lado, se había producido una agresión. No podíamos identificarnos ante los polis pues en aquella época daba la sensación de que Tony dominaba la policía metropolitana y nosotros no queríamos poner en peligro nuestra vigilancia. Al cabo de unos minutos, llegó la policía allí y volvió a reinar la calma.
Según Frank Cullotta:
Nancy hacía su vida y Tony lo propio. La de Nancy consistía básicamente en jugar al tenis y andar todo el día vestida de blanco. Tenía a Vincent, a los hermanos de Tony y a sus familias. Una vez a la semana, Tony la llevaba a cenar fuera o a algún sitio. Él no la asustaba. Nancy le gritaba, le armaba broncas y le hacía perder los estribos.
Según me contó él, en una ocasión intentó matarlo. Habían estado discutiendo sobre cualquier tema y él le pegó un puñetazo. Nancy le apuntó con un 38 cargado en la cabeza.
– Si vuelves a pegarme, te mato -dijo ella.
– Piensa en Vincent, Nancy -respondió él.
«Me veía muerto -me dijo él más tarde-. Fui hablando con ella hasta que bajó el arma y a partir de aquel momento escondí todas las armas que tenía en casa.»
En palabras de Rosa Rojas, la mejor amiga de Sheryclass="underline"
Sheryl tenía unos veinte años, pero parecía más joven. Era mormona, del norte de Utah, una chica mona y natural. Cuando Tony la conoció, la llamaba «mi novia del campo». Era tan ingenua que cuando le pedía para salir con ella, Sheryl respondía que no a menos que pudiera llevar también a su amiga.
Sheryl y yo trabajábamos en el hospital al que acudía Tony por su problema cardíaco; allí fue donde se conocieron. Salían a cenar fuera, pero él nunca se le insinuó. La mantuvo a distancia durante muchísimo tiempo.
Antes de intimar, él se informó de todo lo referente a ella. Encargó a Joey Cusumano que investigara de dónde procedía, quiénes eran sus amigos y cuánto tiempo llevaba viviendo allí. Quiso saber todo lo referente a ella antes de comprometerse o decidir que podía confiar en la muchacha.
Aquello se produjo mucho tiempo antes de que Sheryl descubriera quién era él. La muchacha empezó a sospechar que sucedía algo raro porque siempre que salían les seguían polis de paisano. El hermano de Tony le contó que existían unos problemas legales y que lo controlaban a él por cuestiones de esas. Tony siempre nos decía que veríamos cosas sobre él en los periódicos, añadiendo que éstos a menudo se equivocaban.
Pasó mucho tiempo antes de que Tony y Sheryl se metieran en la cama. Él siempre fue un caballero. Muy discreto, muy reservado. A veces lo vi hecho una furia, pero ni una sola vez lo oí jurar o utilizar palabrotas.
Por fin, compró a Sheryl una propiedad de planta y piso entre Eastern y Flamingo, con dos dormitorios, por unos sesenta y nueve mil dólares. Estaba equipada con todo lo necesario. Frigorífico, persianas, lavadora-secadora. Tenía garaje, un pequeño patio y una puerta corrediza que conducía abajo; en la planta tenían las habitaciones y una gran sala con lo último en equipo estereofónico y aparato de televisión. Allí era donde pasaban la mayor parte del tiempo: mirando partidos por la tele y escuchando música.