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El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]

Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:

Cuando EL MARTILLO DE LUCIFER, el cometa gigante, chocó contra la Tierra, hizo pedazos la civilización. Los días felices habían terminado. Estaban viviendo el fin del mundo. Los terremotos eran tan fuertes que no podían medirse con la escala de Ritcher. Las olas marinas alcanzaban alturas incalculables. Las ciudades se convirtieron en océanos, y los océanos en nubes. Era el principio de la nueva Edad del Hielo. Y el final de los gobiernos, los planes, los hospitales y el derecho. Y sobre ellos, igual que otro martillo del demonio, la más terrible selección del hombre hecha por el hombre que jamás se había producido.
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Una voz autoritaria habló en el tono convincente del orador profesional.

—«Y esta buena nueva del reino deberá ser predicada en todo el mundo, para que todas las naciones sean testigo. Y entonces llegará el fin. Cuando veáis así la abominación y desolación de que habló el profeta Daniel, quedaos en el lugar sagrado: entonces dejad que quienes están en Judea huyan a las montañas.» —El tono de voz cambió, pasando de la lectura a la prédica—. Amigos, ¿no habéis visto lo que ahora se hace en las iglesias? ¿No es abominación? El que pueda entender, que entienda. ¡Y el martillo se acerca! Viene para castigar a los malvados. «Y entonces habrá una gran tribulación, como no la ha habido desde el principio del mundo ni volverá a haberla jamás. Y a menos que esos días no sean breves, ninguna vida se salvará.»

—Realmente impresiona —dijo una voz detrás de Mark. Charlie Bascomb entró en el furgón.

—El reverendo Henry Armitage les ha ofrecido la buena nueva —dijo el locutor de radio—. La voz de Dios se emite en todas las lenguas del mundo, obedeciendo al mandamiento. Sus contribuciones hacen posible estas emisiones.

—Seguro que le escuchan mucho estos días —dijo Mark—. Debe tener un montón de nuevos donantes.

Se dirigieron a Burbank y al llegar estacionaron cerca de los estudios de la Warner Brothers. Era una buena calle: muchas tiendas y establecimientos, desde los que tenían cámaras de televisión ocultas hasta restaurantes caros. La gente deambulaba por la ancha avenida. Estrellas en ciernes y personal de producción de los estudios se mezclaban con serios hombres de negocios procedentes de las compañías de seguros. Amas de casa de clase media estacionaban sus rancheras y se dirigían a las calles. Una célebre personalidad de la televisión que vivía cerca de Toluca Lake pasó cerca de ellos. Mark reconoció su nariz ganchuda.

Mientras los técnicos preparaban la cámara y el equipo de sonido, Harvey llevó a Tim Hamner a un restaurante, para tomar café. Cuando todo estuvo dispuesto, Mark se unió a ellos. Al aproximarse al reservado, oyó la voz de Randall. Harvey tenía un timbre de voz inequívoco.

—...se trata de averiguar lo que piensan ellos. Lo que yo pienso lo oculto tras preguntas neutrales y una voz neutral. Lo que usted piensa, lo oculta con su silencio. ¿Está claro?

—Totalmente —respondió Hamner. Parecía más despierto de lo que había estado durante el viaje—. ¿Qué tengo que hacer?

—Puede dar una sensación de cooperar. Por ejemplo, ayudar a Mark. Y también puede quitarse de en medio.

—Tengo un buen magnetofón —dijo Hamner—. Podría...

—Nada de lo que usted tenga nos sería de utilidad —le interrumpió Randall—. No está sindicado.

Alzó la vista y vio a Mark, que le hizo una seña de que todo estaba listo. Entonces se levantó y salió. Mark acompañó a Hamner.

—A mí me vino con la misma canción. Realmente me comió los sesos.

—Le creo. Me parece que si le estropeo una entrevista me dejará en la estacada. Y los taxis desde aquí a casa cuestan un ojo de la cara.

—¿Sabe? —le dijo Mark—. Creía que usted era el patrocinador.

—Sí. Ese Harv Randall es un tipo duro de pelar —comentó Hamner—. ¿Hace mucho que se dedica a este trabajo?

Mark meneó la cabeza.

—Es temporal, sólo trabajo para Harv. A lo mejor algún día lo haré de manera permanente, pero ya sabe cómo es el negocio de la televisión. Restringiría mi libertad.

Burbank estaba envuelta en la neblina de la contaminación.

—Veo que la Hertz ha conseguido las montañas —dijo Hamner.

Mark le dirigió una mirada de sorpresa.

—¿Cómo es eso?

Hamner señaló hacia el norte, donde el horizonte del valle San Fernando se desvanecía en una mancha marrón.

—A veces cuidamos las montañas. Yo incluso tengo un observatorio en una de ellas. Pero veo que hoy el imperio de alquiler de coches Hertz se ha apoderado de ellas.

Llegaron al furgón. Las cámaras estaban dispuestas, listas para enfocar primeros planos o vistas panorámicas. Harvey Randall ya había abordado a un hombre musculoso que llevaba casco y un mono de trabajo. Parecía fuera de lugar entre los vendedores y los hombres de negocios.

—...Rich Gollantz. Estamos construyendo el edificio Avery, allá abajo.

La voz y los gestos de Harvey Randall intentaban conseguir que las personas hablaran. Si era necesario, su imagen haciendo las preguntas podía ser filmada de nuevo.

—¿Ha oído hablar del cometa Hamner-Brown?

Gollantz se echó a reír.

—No paso tanto tiempo pensando en cometas como usted podría esperar. —Harvey sonrió—. Pero vi el «Show de medianoche» en el que dijeron que podría chocar con la Tierra.

—¿Y qué pensó al respecto? —inquirió Harvey.

—Un montón de... basura. —Gollantz miró a la cámara—. La gente siempre está diciendo algo parecido. Que si el ozono se acaba y moriremos todos Y recuerde el sesenta y ocho, cuando todos los adivinos dijeron que California se iba a hundir en el mar, y los chalados huyeron a las colinas.

—Sí, pero los astrónomos dicen que si nos alcanzara la cabeza del cometa causaría..

—Una era glacial —le interrumpió Gollantz—. Ya lo sé Lo leí en la revista Astronomía. —Sonrió y se rascó bajo el casco metálico—. Eso sí que sería algo espectacular. Piense en todos los nuevos proyectos de construcción que necesitaríamos. Y los chicos del departamento de bienestar social podrían pagar con pieles de oso polar en vez de cheques. Claro que alguien tendría que cazar primero a los osos. Tal vez yo podría conseguir ese empleo. —La sonrisa de Gollantz se ensanchó—. Sí, podría ser divertido. No me importaría tratar de ganarme la vida como un buen cazador.

Harvey trató de sonsacar más. No era probable que aquella entrevista produjera material utilizable, pero no era aquel su objetivo. Harvey estaba pescando, con la cámara como cebo. La emisora no aprobaba este método de investigación. Era demasiado caro, muy vulgar y de poca fiabilidad, según ellos. Aquella opinión era un reflejo directo de la de los equipos especializados en investigación motivacional que querían ser contratados por la NBS.

Harvey hizo algunas preguntas más sobre ciencia y tecnología. A Gollantz le gustaba estar ante la cámara. ¿Había oído hablar del lanzamiento de un Apolo para estudiar el cometa, y qué pensaba de ello?

—Me gusta. Será un buen show, con un montón de buenas fotos, y me costará menos de lo que pago por ir al cine, puede estar seguro de eso. Eh, espero que dejen subir de nuevo a Johnny Baker.

—¿Conoce usted al coronel Baker?

—No, pero me gustaría. Me encantaría conocerle. He visto las fotos en que aparece reparando el Skylab. Aquello fue un buen trabajo de construcción. Y cuando regresó a tierra, seguro que dio guerra a esos bastardos de la NASA. Sí, tendría que volar de nuevo Eh, tengo que marcharme. Hay trabajo que hacer.

Se despidió con un gesto de la mano y se marchó. Mark le siguió para cerrar la claqueta tras él.

—¿Puede concederme un momento, señor?

El hombre joven caminaba con la cabeza gacha, perdido en sus pensamientos. No tenía mal aspecto, pero su rostro era curiosamente rígido. Por un instante pareció enfadado cuando Randall interrumpió sus pensamientos.

—¿Sí?

—Estamos hablando con el público acerca del cometa Hamner-Brown. ¿Puede decirme su nombre?

—Fred Lauren.

—¿Opina algo en especial sobre el cometa?

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