El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]
- Автор: Нивен Ларриё, Пурнель Джерри
- Год: 1983
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-349-7
- Переводчик: Jordi Fibla Feito
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:
—No. —Casi a regañadientes añadió—: Vi su programa.
Los músculos se tensaron en las mandíbulas de Fred Lauren, de una manera que Harvey reconoció. Algunos hombres van por la vida perpetuamente airados. Los músculos que cierran sus mandíbulas y hacen rechinar sus dientes son muy prominentes.
Harvey se preguntó si habría dado con un enfermo mental. Sin embargo...
—¿Ha oído que existe una posibilidad de que la cabeza del cometa choque con la Tierra?
—¿Chocar con la Tierra? —El hombre pareció asombrado. De repente dio media vuelta y se alejó a grandes zancadas, andando con mucha más rapidez que cuando se había aproximado.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó Tim Hamner.
—No lo sé —respondió Harvey. ¿Acaso aquel hombre se disponía a cometer un asesinato? Los locos violentos son liberados constantemente, pues no hay bastante sitio en los hospitales psiquiátricos. ¿Sería Lauren uno de esos, o sólo un hombre que había tenido una discusión con su jefe?—. Bueno, nunca lo sabremos. Si no puede aguantar quedarse con las ganas de saber, será mejor que se dedique a otra cosa.
Fred no había mirado el programa anterior de Randall. Había estado mirando a Colleen que contemplaba un programa sobre un cometa... Pero algo de lo que había oído empezó a salir a la superficie. La Tierra se encontraba en medio del camino que recorrería el cometa. Y si éste chocaba, la civilización acabaría entre llamas.
El fin del mundo. Pensó que moriría, que todos morirían. Abandonó toda idea de volver al trabajo. Había un quiosco de periódicos más abajo de la calle y se dirigió rápidamente hacia él.
Hubo otras entrevistas. Amas de casa que nunca habían oído hablar del cometa. Una estrella en ciernes que reconoció a Tim Hamner por haberlo visto en el «Show de medianoche» y quiso que la filmaran besándole. Amas de casa que sabían tanto del cometa como Randall. Un muchacho explorador que tenía grandes conocimientos de astronomía.
Harvey pudo descubrir algunas tendencias. Una de ellas era sorprendente. En Burbank había una importante industria espacial, y la gente aprobaba por abrumadora mayoría el próximo lanzamiento del Apolo. No obstante, aquella unanimidad casi total era algo fuera de lo corriente incluso en aquella ciudad. Harvey sospechó que la gente quería otro vuelo tripulado y ver más a sus héroes, los astronautas, y el cometa era una buena excusa para ello. Había quienes murmuraban sobre los costes, pero la mayoría, como Rich Gollantz, pensaban que pagaban más todos los meses por un entretenimiento peor.
Estaban a punto de recoger el equipo cuando Harvey vio a una muchacha de notable belleza, y pensó que nunca estaría de más filmarla. Parecía preocupada y andaba apresuradamente por la acera, con expresión abstraída.
Su sonrisa fue repentina y muy agradable.
—No veo demasiado la televisión —le dijo—, y me temo que no he oído hablar de su cometa. Las cosas han ido bastante mal últimamente en la oficina...
—Será un cometa muy grande —dijo Harvey—. Esté atenta el próximo verano. También van a enviar una misión espacial para estudiarlo. ¿Lo aprueba usted?
Ella no respondió de inmediato.
—¿Eso permitirá aprender muchas cosas? —Cuando Harvey asintió, ella añadió—: Entonces estoy a favor, si no es demasiado costoso y si el gobierno puede pagarlo, lo que me parece dudoso.
Harvey dijo algo acerca de lo que costaría estudiar el cometa: menos que el dinero invertido en asistir al fútbol.
—Claro, pero el gobierno no tiene el dinero. Y no van a renunciar a nada, de manera que tendrán que darle a la máquina de fabricar billetes, con lo que el déficit será mayor y habrá más inflación. Naturalmente, de todos modos va a haber más inflación, así que no hay inconveniente en que estudien el cometa con nuestro dinero.
Harvey hizo unos ruidos que querían ser alentadores. La muchacha se había puesto muy seria. Su sonrisa se desvaneció y adoptó una expresión pensativa que pronto se tradujo en ira.
—¿Pero qué más da? El gobierno no escucha, nadie se preocupa. Desde luego, espero que envíen un Apolo al espacio. Así, al menos, sucede algo. No todo es pasar papeles de una bandeja a otra. —La sonrisa reapareció en el rostro de la muchacha—. ¿Y por qué tengo yo que hablarle de los problemas políticos del mundo? He de irme.
La muchacha se escabulló antes de que Harvey pudiera preguntarle su nombre.
Había un hombre de color muy bien vestido, esperando pacientemente, con el deseo evidente de aparecer ante la Cámara. Harvey se preguntó si sería musulmán, pues éstos solían vestir de un modo muy conservador. Pero resultó ser miembro del gabinete del alcalde, y quería comunicar a todo el mundo que el alcalde se preocupaba, y si los votantes aprobaban la nueva emisión de bonos para controlar la contaminación, la gente podría ver las estrellas desde el valle de San Fernando.
—No saldrá en pantalla más de cinco segundos —decía Tim Hamner—. El tiempo justo para mostrar esa encantadora sonrisa. Sólo tendrá que decir: «¿Qué es eso de Hamner-Brown?» Luego pasaremos a alguien que esté seguro de que el cometa va a convertir en añicos la ciudad.
Ella se echó a reír.
—De acuerdo. Firmaré su formulario.
—Estupendo. ¿Su nombre, por favor?
—Eileen Susan Hancock.
Hamner lo anotó cuidadosamente.
—¿Dirección y número de teléfono?
La mujer frunció el ceño. Miró el vehículo de la televisión y todo el equipo de filmación. Miró el caro traje deportivo de Hamner y el reloj Pulsar extraplano que llevaba.
—No creo que...
—Nos gusta comprobar las referencias de la gente antes de rodar —explicó Tim—. Mire, no he dicho en serio eso de que el cometa va a convertir en añicos la ciudad. No soy realmente profesional en esto. Trabajo gratis. Soy también el patrocinador del programa, y el hombre que descubrió el cometa.
Eileen hizo una mueca de asombro fingido.
—¡Qué... incestuoso! —Ambos se echaron a reír—. ¿Cómo puede ser todo eso?
—Porque tuve un buen abuelo que me dejó en herencia un montón de dinero y una empresa llamada Jabones Kalva. Invertí parte del dinero en la construcción de un observatorio y descubrí un cometa. Conseguí que la empresa patrocinara un documental sobre el cometa para que pudiera jactarme de ello. Como ve, todo es perfectamente lógico.
—Desde luego, ahora que lo ha explicado no es difícil de entender.
—Oiga, si no quiere darme su dirección.
—Oh, sí, se la daré. —Vivía en un bloque de muchos pisos, al oeste de Los Angeles. También le dio su número de teléfono. Se despidió de él con un enérgico apretón de manos.
—Tengo que irme corriendo, pero me alegro de haberle conocido. Me ha hecho empezar el día con buen pie.
Se marchó, dejando a Hamner deslumbrado y sonriendo alegremente.
—Ragnarok —dijo el hombre—. Armagedón. —Tenía una voz fuerte, persuasiva. Llevaba una barba muy poblada, con dos mechones de un blanco níveo en la barbilla, y su mirada era tierna y amable—. Los profetas de todas las tierras dicen que este día está al caer. El Día del Juicio. La guerra de fuego y hielo presagiada por los antiguos. El Martillo es hielo, y llegará envuelto en fuego.
—¿Y qué aconseja usted? —preguntó Harvey Randall.
El hombre vaciló, tal vez temiendo que Randall se burlara de él.
—Únase a una iglesia. Únase a cualquier iglesia en la que pueda creer. «En la casa de mi padre hay muchas moradas.» Los que son realmente religiosos no serán abandonados.
—¿Qué haría usted si el cometa Hamner-Brown no choca con nosotros?
—Chocará.
Harvey hizo que el hombre se volviera hacia Mark, armado con la claqueta, e hizo una señal a Charlie para que seleccionara aquella entrevista. No había sido un mal día. Disponían de varios minutos de película utilizables y Harvey había aprendido algo sobre el estado de ánimo de los televidentes.