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El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]

Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:

Cuando EL MARTILLO DE LUCIFER, el cometa gigante, chocó contra la Tierra, hizo pedazos la civilización. Los días felices habían terminado. Estaban viviendo el fin del mundo. Los terremotos eran tan fuertes que no podían medirse con la escala de Ritcher. Las olas marinas alcanzaban alturas incalculables. Las ciudades se convirtieron en océanos, y los océanos en nubes. Era el principio de la nueva Edad del Hielo. Y el final de los gobiernos, los planes, los hospitales y el derecho. Y sobre ellos, igual que otro martillo del demonio, la más terrible selección del hombre hecha por el hombre que jamás se había producido.
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—Yo tampoco entiendo cómo lo hacen. Nunca he comprendido como logré ir en el Skylab.

—Esta misión es muy adecuada para ti —dijo Rick—. Tienes experiencia en trabajos de reparación en el espacio. Y esta vez lo van a decidir rápido, pues no hay tiempo para hacer todas las pruebas. Sería lógico que te eligieran.

Gloria asintió, así como los demás, que escuchaban atentamente. Luego volvieron a sus conversaciones. Johnny Baker engulló su cerveza, ocultando una expresión de alivio. Si a ellos les parecía lógico, probablemente también se lo parecía al Departamento Astronáutico de Houston.

—Sin embargo, os traigo algo de lo que se dice en Washington. No es oficial, pero sí de fiar. Los rusos van a enviar una mujer.

Se hizo un profundo silencio entre los presentes.

—Se llama Leonilla Malik. Es doctora en medicina, de modo que no tendremos necesidad de llevar un médico con nosotros. —Johnny Baker alzó la voz para que todos le oyeran—. Es definitivo: los rusos envían a esa astronauta, y nosotros ensamblaremos con su Soyuz. La fuente que me ha proporcionado esta información es confidencial, pero digna de toda confianza.

Drew Welling fue el único que habló.

—Tal vez piensen que tienen algo que demostrar.

—Quizá nosotros también —replicó alguien.

Rick sintió como si algo estallara suavemente en su estómago. Nadie le había prometido nada en absoluto, pero hasta aquel momento no había sido consciente de ello.

—¿Por qué de repente todo el mundo me mira?

—Se te están quemando las hamburguesas —dijo Johnny.

Rick miró la carne humeante y dijo:

—Arded, pequeñas, arded.

A las tres de la madrugada Loretta Randall oyó extraños ruidos en la cocina y fue a ver qué ocurría.

El periódico del día anterior estaba extendido sobre el suelo. El mayor de sus moldes rectangulares para pasteles estaba en el medio, lleno con una capa de harina, que se había extendido por el periódico y más allá de sus bordes. Harvey arrojaba algo al interior del molde. Parecía cansado y triste.

—¡Dios mío, Harvey! —exclamó Loretta—. ¿Qué estás haciendo?

—Hola. Mañana vendrá la señora de la limpieza, ¿no?

—Sí, claro, es viernes, pero ¿qué va a pensar?

—El doctor Sharps dice que todos los cráteres son circulares. —Harvey alzó la mano por encima del molde, con una nuez entre los dedos, que dejó caer. La harina se esparció—. Sea cual sea la velocidad o la masa o el ángulo de vuelo de un meteoro, deja un círculo. Creo que tiene razón.

La harina estaba desparramada junto con guisantes y piedrecillas. Un pesacartas había dejado un círculo del tamaño de un plato, que ya estaba casi borrado bajo cráteres más pequeños. Harvey retrocedió, se agachó y lanzó un tapón de botella en un ángulo bajo. La harina se esparció por el papel. El nuevo cráter era un círculo.

Loretta suspiró, convencida de que su marido estaba majareta.

—Pero, Harvey, ¿por qué haces esto? ¿Sabes la hora que es?

—Y si tiene razón, entonces...

Harvey echó un vistazo al globo terráqueo que había traído de su despacho, sobre el que había trazado círculos con rotulador: el mar de Japón, la bahía de Bengala, el arco de islas que señala el mar de las Indias, un doble círculo dentro del golfo de México. Si aquellos accidentes geográficos hubieran sido causados por la caída de un meteorito, los océanos habrían hervido y toda vida habría sido arrasada. ¿Con qué frecuencia se había iniciado la vida en la Tierra, para ser arrasada de su superficie y formada de nuevo?

Si pudiera explicárselo a Loretta con suficiente brevedad, ella permanecería despierta hasta el alba, aterrorizada.

—No te preocupes —dijo a su mujer—. Es para el documental.

—Ven a la cama. Mañana limpiaremos todo esto, antes de que llegue María.

—No, no lo toques, no dejes que lo quite. Quiero sacar fotografías... desde muchos ángulos...

Se apoyó en ella, vacilante, y sus caderas chocaron entre sí mientras volvían a la cama.

ABRIL: DOS

Nadie sabe cuántos objetos cuyo tamaño oscila desde varios kilómetros de diámetro hacia abajo pueden pasar cada año cerca de la Tierra sin que los apercibamos.

Dr. Robert S. Richardson, Observatorio Hale, Monte Wilson

Tina Hamner esperaba junto al furgón cuando Harvey salió del estudio. Al verle, Harvey frunció el ceño.

—Hola, Tim. ¿Qué hace aquí?

—Si entrara, sería la visita de un patrocinador, con todas las molestias que eso comporta. Pero yo no quiero molestarle, sino pedirle un favor.

—¿Un favor?

—Invíteme a un trago y se lo explicaré.

Harvey miró el costoso atuendo de Tim, que no era muy apropiado para el bar al que solía ir, por lo que decidió llevarle al Brown Derby. El empleado del aparcamiento reconoció a Tim Hamner, lo mismo que la camarera, la cual les acompañó de inmediato al interior.

—Bien, ¿de qué se trata? —le preguntó Harvey, una vez instalados en un reservado.

—Lo pasé muy bien en el JPL con usted —dijo Hamner—. Creo que he perdido el control de mi cometa. No puedo hacer nada que los expertos no hagan mejor, y lo mismo ocurre con la serie de televisión. La serie es suya, Harvey, pero...

—Tim hizo una pausa para tomar un trago. No estaba acostumbrado a pedir favores, sobre todo a personas que trabajaban para él—. Harvey, me gustaría salir en más entrevistas. Sin cobrar, naturalmente.

Qué fastidio, se dijo Harvey. ¿Qué ocurriría si le dijera que eso no es posible? ¿Hablaría con su agencia? Harvey no tenía ninguna necesidad de una prueba de fuerza en aquellos momentos.

—No siempre es tan interesante, ¿sabe? Ahora mismo estamos haciendo entrevistas al público en la calle.

—¿Y no son bastante aburridas?

—Es posible, pero a veces nos encontramos con personas que saben muy bien lo que dicen. Además, no hace ningún daño tener de vez en cuando una relación directa con los espectadores.

¡Y yo hago las cosas a mi manera, maldita sea!, pensó Harvey.

—¿Qué está buscando? ¿Puede utilizar mucho material de esas entrevistas?

Harvey se encogió de hombros.

—No voy a tirar el buen material... pero esa no es la cuestión. Lo que busco son actitudes, lo inesperado. Si supiera con exactitud lo que busco, se lo encargaría a algún otro, y...

—Siga, siga. —Tim entornó los ojos. Había visto una expresión curiosa en el rostro de Randall.

—Bien, hay extrañas reacciones que no comprendo. Empezaron después de que Johnny llamara al cometa el Martillo...

—Podría haberse mordido la lengua.

—Y probablemente aumentarán cuando emitamos el programa con la analogía del helado con pasta de chocolate. Tim, es casi como si mucha gente deseara realmente el fin del mundo.

—Pero eso es ridículo.

—Tal vez, pero esas son las reacciones que obtenemos. —Harvey pensó que sería ridículo para Tim, pero no tanto para el nombre obligado a realizar un trabajo que odia, o la mujer forzada a acostarse con un jefe asqueroso para mantener su empleo...— Mire, usted es el patrocinador. No puedo detenerle, pero insisto en que yo soy quien establece las reglas. Además, empezamos por la mañana muy temprano...

—Sí. —Tim vació su vaso—. Me acostumbraré. Dicen que uno puede acostumbrarse a ahorcar si ahorca durante bastante tiempo.

El furgón estaba lleno de instrumentos y personas. Cámaras, equipo de vídeo y una mesa portátil. A Mark Czescu le costó encontrar un lugar para sentarse. Tres personas ocupaban ahora los asientos traseros, ya que Hamner seguía empeñado en sentarse delante. Mark recordó viajes al desierto en compañía de motoristas. Primero se acomodaban cuidadosamente ciclomotores y equipo mecánica, y luego se introducía a los corredores de cualquier manera. Mientras esperaba que los demás salieran del estudio, Mark encendió la radio.

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