Enamorado de Gracie
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
La puerta se abrió inmediatamente. Alexis le dedicó una sonrisa.
– Bien. Has venido. Entra.
Gracie la siguió al interior. Su hermana se dirigió al salón, en el que Vivian estaba sentada al lado de la ventana.
– ¿Dónde está mamá? -preguntó Gracie cuando entró en la sala.
– No va a venir -dijo Alexis-. Ella no sabe nada sobre esto.
– ¿Te quieres explicar? -le preguntó Gracie. No le gustaba nada de aquello.
Vivían se puso de pie y se alisó el vestido.
– La última vez que estuviste aquí le hiciste mucho dañó. Ella no nos quiso decir por qué habíais discutido, pero sigue muy disgustada. No puedes hacer esto, Gracie. No puedes ser el centro de todo.
– Tienes razón -replicó Gracie. No se podía creer que la habían llamado para atacarla-. De eso ya te encargas tú.
– Eso no es cierto. Alexis, ¿te puedes creer que haya dicho eso? Haz que se disculpe.
– Me marcho de aquí -replicó Gracie.
– No -afirmó Alexis, agarrándola por el brazo-. Espera, Gracie. Tenemos que hablar sobre esto. Por favor, estamos muy preocupados por ti. Al oír aquello, Gracie se soltó de Alexis y se dirigió al sofá. Le daba la sensación de que ya sabía lo que se le venía encima. Vivían se sentó enfrente de ella mientras que Alexis tomaba asiento a su lado en el sofá.
– Estamos muy preocupadas por Riley y por ti -dijo Alexis.
– Lo sabía. Sabía exactamente de qué me queríais hablar. De mi madre puedo aceptarlo, por ser [la quien es, pero no voy a aceptarlo de vosotras. Tengo que recordarte que tú fuiste la razón por la que tuve que relacionarme con él para empezar. Tú fuiste la que me empujó a ir a su casa y a tomar fotografías.
– Creo que mi papel fue muy pequeño.
– ¿Muy pequeño? -replicó Gracie, completamente atónita. Le daba la sensación de estar viendo en un universo en el que la lógica no existía-. ¿Vas a darme tú también la charla sobre Riley, Vivían, o quieres hablarme de otra cosa?
– No. Sólo de Riley.
– Genial. En ese caso, dejemos una cosa bien clara. No me importa lo que digáis o penséis. Yo voy a hacer lo que quiera, pero, para que conste, no estamos juntos. No hay absolutamente nada entre nosotros. Estamos…
“Acostándonos juntos”, pensó. Su ira le había hecho olvidar aquel detalle tan pequeño.
– Entonces, explica esto -dijo Alexis, mostrándole el periódico-. ¿Qué es exactamente lo que estabais haciendo?
– La perra de mi vecina se cayó en la piscina. Vino a mi casa presa de un ataque de pánico. Riley le sacó a la perra de la piscina a pesar de que el agua estaba helada. Desgraciadamente, el animal no comprendió que estaba tratando de ayudarla y le arañó. Si quieres, te puedo dar su número de teléfono. Ella os lo confirmará todo.
– ¿Y. por qué estaba en tu casa para empezar? -le preguntó Alexis, no parecía muy convencida. A Gracie le pareció que era una pregunta muy interesante. Se dio cuenta de que no tenía ni idea de qué le había llevado allí.
– ¿Y qué importa eso? Tú no puedes decirme quiénes son mis amigos.
– ¿Es que sois amigos? -preguntó Vivían-. ¿O se trata simplemente de la ilusión de una amistad? Gracie, cariño. Estamos muy preocupados por ti. En realidad, en estos momentos estás en un estado muy frágil.
– ¿Que yo estoy en un estado muy frágil?
– Sí. Yo siento tu dolor -dijo Vivían-. A pesar del hecho de que deberíamos estar hablando de mí y de mi boda, tengo la suficiente compasión como para saber lo que estás pasando. Siento que tú jamás encajas en ninguna parte.
– ¿De qué estás hablando?
– En el instituto. Se que no eras muy popular y que no encajabas. No tenías nunca amigos. Nadie tenía simpatía por ti y ahora que has regresado estás reviviendo la fijación que tenlas por Riley:
– Muy bien. Se acabó. Estoy cansada de que me utilicéis y me insultéis -afirmó Gracie, poniéndose de pie.
– Estoy tratando de ayudarte -dijo Vivian, levantándose también.
– No lo creo, pero si ésta es la idea que tenéis le ayudar a la gente, ni la quiero ni la necesito. ¿Cómo os atrevéis a emitir juicios? Para que conste, en el instituto me fue muy bien. Saqué buenas rotas, tenía amigos… Sin embargo, yo no fui al instituto aquí.
– Vivian, no estás ayudando -afirmó Alexis-. Siéntate y cállate.
– ¿Qué quieres decir con eso de que no estoy ayudando? Estoy tratando de hacerle comprender.
– ¿Qué quieres hacerme comprender? -preguntó Gracie.
Los ojos de Vivian se llenaron de lágrimas.
– Todo esto tiene que ver con Riley y contigo. ¿Y yo? ¿Y mi boda?
– Entonces, ¿esta semana vuelve a haber boda? Me sorprendes.
Vivian la miró con frialdad
– No sólo eres patética, sino que también eres una zorra
Gracie las miró a las dos.
– Está bien. Vosotras ganáis. Pensad lo que queráis. Si la opinión que tenéis sobre mí es que soy una zorra obsesionada con el hombre de mi juventud, no me importa.
Se dio la vuelta para marcharse. Al verlo, Alexis se puso de pie.
– No, Gracie. Tenemos que, solucionar esto. Somos familia.
– No te molestes -dijo Vivian, limpiándose el rostro-. Está enfadada porque no tiene un papel de importancia en mi boda- Y me alegro, Gracie. ¿Me oyes? Me alegro mucho.
Gracie se dirigió hacia la puerta y entonces, se volvió para mirar atrás.
– Yo también -dijo suavemente antes de marcharse.
Gracie se montó en su coche y se preguntó adónde podía ir a continuación. Decidió que no quería volver a su casa de alquiler. Había demasiados recuerdos. Arrancó el coche y atravesó la ciudad. Se dirigió al hotel de Pam. Cuando llegó al aparcamiento, se dio cuenta de que el coche de Pam estaba allí. A pesar de todo, el poder olvidarse de todo con sus pasteles resultaba más atrayente que la preocupación de encontrarse con la otra mujer, por lo que aparcó y entró.
Veinte minutos más tarde, cuando estaba inmersa en la tarea, Pam entró en la cocina.
Estaba tan despampanante como siempre. Sonrió y dejó un muestrario de telas sobre la encimera.
– ¿Puedo lamer los boles cuando hayas terminado? -1e preguntó con una sonrisa.
– Son huevos crudos. No creo que quieras arriesgarte.
– Tienes razón. Sin embargo, me encanta el olor que tienen tus pasteles. Si pudiera encontrar el modo le embotellar el aroma, haría una fortuna. En vez de eso, estoy rodeada de telas por todas partes. ¿Qué te parecen estas?
– Son muy bonitas las dos.
– Déjame adivinar -comentó Pam con una sonrisa-. Lo de la decoración no es lo tuyo.
– En realidad, no.
– A mí me encanta. Creo que este hotel va a ser muy divertido.
– ¿Has decidido ya cuándo va a ser la inauguración?
– Creo que el fin de semana del Cuatro de Julio. Habrá muchos turistas buscando un lugar en el que alojarse. He hecho correr la voz y ya estoy recibiendo reservas. Por supuesto, eso me obliga terminarlo todo a tiempo, pero es mejor así. Por cierto, ¿te están dando mucho la tabarra por la fotografía del periódico? Confieso que la he visto esta mañana.
– No me sorprende. Estaba en la primera página. Resulta difícil no verla.
– Lo siento. Sé que todo esto es muy pesado para ti, pero Riley estaba bien. Siempre tuvo un cuerpo impresionante.
– Estaba ayudando a mi vecina. Se le cayó la perra en la piscina.
– Eso explica los arañazos.
– Exactamente. Entonces, un tipo nos hace una foto y de repente, Riley se encuentra sumido en un escándalo. Pobre hombre.
La expresión de Pam no cambio, aunque a Gracie le pareció notar una cierta tensión alrededor de los ojos,
– Entonces, ¿no estáis…?
Como no estaba segura de si podía confiar en Pam, Gracie suspiró.
– Te juro que no había más que una piscina, un Yorkshire y una vecina desquiciada -mintió.