Enamorado de Gracie
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
Inmediatamente, sintió que se le hacía un nudo en el estómago. Entre las piernas, sintió calor y humedad. Su cuerpo deseaba explotar.
Empezó a acariciarle la espalda también bajo la camisa, por lo que pudo sentir su piel desnuda. Los músculos se le tensaban a medida que ella iba avanzando sobre ellos. Bajó hacia las caderas y el trasero y se lo apretó suavemente.
Sí… Resultaba muy agradable… Hizo girar las caderas, haciéndose entrar en contacto con la erección. El deseo se hizo más caliente y acelerado.
Riley se apartó un poco y bajó la cabeza para poder besarle el cuello. Se detuvo un instante en el punto sensible de debajo de la oreja y empezó a mordisqueársela y a lamérsela hasta que el cuerpo de Gracie vibró de deseo. Entonces, le agarró el bajo de la camiseta y tiró. Ella se soltó lo suficiente como para que él pudiera sacársela por la cabeza.
Tras arrojar la prenda a un lado, la miró a los ojos. Ella le devolvió toda la pasión que él mismo sentía y notó que ella se rendía un poco más.
– Te deseo… -susurró. Le colocó las manos sobre la cintura y empezó a subirlas poco a poco. La anticipación se apoderó de Gracie. Los senos anhelaban el contacto, los pezones se le irguieron.
– Yo también te deseo.
– ¿Sí?
Mientras realizaba la pregunta, le rozó los pezones con los dedos. Las chispas se convirtieron en fuegos artificiales. Gracie arqueó la cabeza y, en silencio, suplicó para que él fuera más allá, para que no se parara nunca, para que…
Riley se inclinó y le tomó un pezón entre los labios. A pesar de que lo estaba haciendo a través de la tela del sujetador, las sensaciones fueron deliciosas. Se aferró a él, tanto para mantener el equilibrio como para evitar que Riley se moviera. No quería que él se detuviera nunca. Jamás. Resultaba demasiado agradable.
Él agarró el broche y le quitó el sujetador. Tras arrojarlo al suelo, volvió a concentrarse en su tarea, aquella vez sobre la piel desnuda. Gracie estuvo a punto de gritar.
– ¡Oh, sí! -gimió con los ojos cerrados.
Le rodeaba el pezón con la lengua y luego se lo chupaba. Mientras tanto, le acariciaba el otro pecho con la mano. Resultaba increíble. No, mejor aún. La necesidad y el deseo se fundieron en uno y fueron creciendo hasta que ella sólo pudo gemir de placer. Le acarició el cabello con las manos. De repente, deseaba tenerlo desnudo. Deseaba acariciarlo.
– Riley -susurró, mientras se desabrochaba el botón de los pantalones-. Quítate la ropa.
Le agradó no tener que pedírselo dos veces. Riley empezó a desabrocharse la camisa inmediatamente. Al final, decidió sacársela por la cabeza con corbata y todo. Se quitó de una patada los zapatos, se tiró de los calcetines y por fin se despojó de pantalones y calzoncillos con un fluido movimiento.
Después de quitarse la ropa, Gracie pudo disfrutar de la imagen durante unos pocos segundos antes de que él volviera a reclamarla con un beso increíble. Se aferraron el uno al otro, frotándose, acariciándose…
Riley empezó a empujarla hacia atrás. Gracie no podía dejar de besarlo para preguntarle adónde se dirigían. Entonces, cuando él volvió a acariciarle un seno, ya no importó. Ella bajó la mano para tocarle la erección justo cuando sintió que chocaba contra la mesa. Riley se inclinó sobre ella para despejar la superficie. Moldes y cubiertos salieron volando. El ruido del metal sobre el suelo resultó ensordecedor, pero a Gracie no le importó, y mucho menos cuando él la levantó y la colocó encima de la mesa.
Se abrió por completo para él, esperando que la poseyera en aquel mismo instante. En vez de hacerlo, él le colocó una mano detrás de la cabeza y otra entre las piernas. Encontró la humedad de su deseo y el lugar que a ella más le gustaba. Entonces, empezó a acariciárselo.
– Mírame -le dijo, al ver que Gracie cerraba los ojos-. Quiero ver si te gusta.
– Me gusta mucho -afirmó ella con una sonrisa.
– ¿Sí? ¿Y qué me dices de cuando hago esto?
Le apretó la parte más sensible entre los dedos los movió rápidamente, dejando sin aliento a Gracie. No pudo responder ya que, de repente, se encontró perdida en las sensaciones. El cuerpo se le tensó y sintió que el placer líquido se apoderaba le ella. No podía respirar, ni pensar. Nada más que permanecer completamente inmóvil y suplicar en silencio que él no se detuviera nunca.
No lo hizo. Riley siguió tocándola hasta que el orgasmo se hizo tan inevitable como la marea. Cerró lentamente los ojos y se aferró a los hombros le Riley, hasta que se fue acercando y acercando…
De repente, él se detuvo. Gracie abrió la boca para protestar. Le habían faltado segundos para… Riley la besó. Al mismo tiempo, se hundió en ella, reemplazando dedos con algo mucho más grande e impresionante. Gracie gimió de placer y lo envolvió con las piernas para evitar que se moviera.
Las lenguas danzaban alocadamente mientras Riley entraba y salía del cuerpo de Gracie. Las sensaciones para ella resultaban indescriptibles y empujaban su ya excitado cuerpo más allá de los límites razonables en los que el placer es la única posibilidad. Se aferró a él, deseando, necesitando y tensándose hasta que, por fin, se perdió en un violento clímax. Los músculos se le contrajeron una y otra vez. No podía dejar de gemir de placer. Riley siguió llenándola hasta que, por fin, cuando ella casi había terminado, tembló y se hundió en ella por última vez.
Gracie habría jurado que, durante un par de segundos, perdió por completo la consciencia. Cuando la recuperó, se sintió apoyada contra él, con la respiración muy acelerada. Riley la abrazaba con fuerza, como si no estuviera dispuesto a soltarla jamás. El corazón le rugía en la oreja.
– No ha estado mal -comentó con una sonrisa.
– Yo iba a decir lo mismo -comentó él, riendo. Entonces, le enmarcó el rostro entre las manos y la besó suavemente.
– ¿Has conocido peores?
– Sí.
– ¿Y mejores?
– No es posible -susurró, besándola de nuevo.
– Bien.
Gracie se sintió muy relajada y cómoda. Se sentía muy mojada. ¿Por qué no había nunca una caja de pañuelos cuando se necesitaban Normalmente, hacía ese tipo de cosas en el dormitorio, donde tenía los pañuelos, los preservativos y…?
Dios Santo…
Apartó a Riley y se deslizó sobre la mesa para ponerse de pie.
– ¿Qué pasa? -preguntó él.
– No hemos utilizado anticonceptivos.
– ¿No tomas la píldora? -replicó Riley. De repente, se había puesto muy serio.
– No.
Varias cosas ocurrieron a la vez. El olor del pastel quemado llenó de repente la cocina. Al mismo tiempo, Gracie vio cómo el humo salía del horno. Riley dio unos pasos atrás, como si quisiera así poner distancia física entre él y lo que había hecho. Entonces, alguien empezó a llamar a golpes a la puerta.
Gracie gritó y agarró su ropa.
– Espero que no sea mi madre -dijo mientras se vestía rápidamente-. No me mires así. Yo no he hecho esto a propósito.
– Lo sé.
– No todas las mujeres toman la píldora.
– Eso también lo sé.
– Entonces, no tienes ningún derecho a estar enfadado conmigo.
– No lo estoy contigo, sino conmigo.
A Gracie no le pareció que aquella contestación fuera mucho mejor.
En la puerta, alguien seguía llamando con fuerza. Entonces, se empezaron a escuchar gritos.
– ¡Gracie! ¡Gracie! ¿Estás en casa?
– Creo que es mi vecina -dijo ella, mientras terminaba de vestirse-. ¿Podrías ocuparte del horno? No quiero que salte la alarma de incendios.
Mientras Gracie salía corriendo de la cocina, Riley hizo lo que ella le había pedido.
– Hola -dijo Gracie, cuando abrió la puerta.
Esperaba que su vecina, de la que no recordaba el nombre, no se diera cuenta de nada.
– Oh, Gracie, me alegro tanto de que estés en casa. Se trata de Muffin. Se ha caído en la piscina y no puedo sacarla. No quiere acercarse a los escalones. No hace más que nadar dando vueltas y ha estado tanto tiempo ya… Por favor, ¡por favor ven a ayudarme!