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Электронная книга - «Una terapia muy especial». Краткое содержание книги:

Noche tras noche, la fisioterapeuta Brianne Nelson fantaseaba con el apuesto desconocido que había visto en la cafetería en la que trabajaba media jornada. Lo que no sospechaba era que aquel desconocido acabaría convirtiéndose en cliente suyo…
Gracias a la generosidad de su hermana, Jake Lowell iba a disfrutar de los servicios de Brianne durante una temporada. Aunque no tenía la menor gana de volver a su empleo de policía, debía encontrar al tipo que le había disparado. Pero antes necesitaba una buena terapia, y lo cierto era que Brianne estaba consiguiendo que se sintiera mucho mejor…
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Cuando Jake la abrazó, le colocó las manos en los pechos, en lo que parecía más bien una expresión de posesión que de deseo o lujuria. Entonces, empezó a moverse dentro de ella y no tardó en alcanzar el clímax. Con un último movimiento, ella lanzó un fuerte gemido de placer y se sintió como si estuviera volando en el cielo cuajado de estrellas.

Sólo Dios supo el tiempo que pasó hasta que la respiración de Brianne retornó a la normalidad y tuvo la fuerza de voluntad necesaria como para sentarse en el pequeño asiento. Jake la tomó entre sus brazos. Se sentía tan segura allí, que le parecía imposible que hubiera tantas razones por las que él podría poner en peligro su futuro. Estaba segura de que Jake nunca le haría daño. Si era sincera consigo misma, se temía que se estaba empezando a enamorar de él, algo que no estaba planeado y que no podía durar.

De repente, se dio cuenta de que no sólo habían sido negligentes con su futuro, sino también con el hecho de no haber utilizado un preservativo. Brianne lo había permitido por lo mucho que confiaba en Jake y por el cariño que sentía por él. Las sensaciones habían sido íntimas y maravillosas, sin barreras entre su cuerpo y el de Jake…

A pesar de todo, había sido una tontería. Se habían comportado como si tuvieran toda la vida por delante en vez de un corto y glorioso verano.

Louis se metió las manos en los bolsillos de los vaqueros. Mientras miraba a lo alto del edificio, se preguntó si el detective y su amiga se estarían divirtiendo. Por el bien de Lowell, Louis esperaba que así fuera, porque sería la última vez. Una vez que cualquier mujer probaba a Ramírez, no le gustaba ningún otro.

Soltó una carcajada y encendió un cigarrillo. Sí, tendría a la pelirroja y el dinero que provenía de su último camello. Los propietarios del Eclectic Eatery habían estado encantados de empezar a trabajar con él en sus dos restaurantes. Todo había ido a la perfección hasta que aquel estúpido y su novia se habían excedido con las pastillas. Su droga no era para matar, sino para pasarlo bien. Con Lowell pisándole los talones y una testigo en el hospital, las cosas habían empeorado. Sin embargo, si los policías no lo habían arrestado hasta entonces, no tenían nada contra él.

Se encogió de hombros. Mientras tanto, se divertiría jugando con el detective. Aunque Lowell no estuviera ya tenso y preocupado por su novia, lo estaría muy pronto. Lowell pensaba seguramente que el apartamento de aquel rascacielos era el único lugar donde la hermosa Brianne estaba segura. Aquélla era una ilusión que Louis estaba deseando hacer pedazos.

Capítulo 10

Por sus años de preparación, Brianne había desarrollado una alarma interna que funcionaba espléndidamente y una facilidad innata para oír el busca, hasta en sueños.

Sin embargo, no estaba dormida cuando la máquina empezó a sonar. Estaba en la cocina. Eran las siete de la mañana y se estaba sirviendo un vaso de zumo de naranja porque no podía dormir. El bolso, en el que estaba el busca, estaba en el salón, donde ella lo había dejado caer antes de hacer el amor con Jake.

Con un suspiro, se dirigió al salón y rebuscó en el bolso hasta que encontró el dichoso busca. Se sorprendió un poco porque su cita con su primera paciente no era hasta las nueve de la mañana.

Comprobó el número y vio que era del hospital. Entonces, llamó inmediatamente. Normalmente, sus pacientes acudían a Rehabilitación para sus sesiones, pero tenía una, la señora Cohen, a la que Brianne adoraba, que estaba postrada en la cama por un injerto de piel en una pierna. Sin embargo, el médico le había recomendado la fisioterapia para que pudiera acostumbrarse al andador cuando pudiera levantarse. Lo que no entendía era por qué la señora Cohen la necesitaba tan temprano.

El teléfono del hospital no dejaba de sonar sin que nadie contestara. Decidió que tal vez la enfermera de planta podría estar con un paciente o en una emergencia. Brianne se encogió de hombros y colgó. La llamada no podía ser un error, así que decidió que aquella mañana se iría a trabajar más temprano.

Volvió al dormitorio y entró de puntillas para no despertar a Jake. Entonces, se puso unos pantalones negros y una camiseta de pico de color blanco. Después, se acercó al colchón y se tumbó al lado de Jake durante unos instantes, dejando que él la acurrucara entre sus brazos. Era tan agradable…

Olía a hombre. Brianne nunca se había sentido tan protegida como con él. Cerró un momento los ojos y le acarició la espalda, tratando de memorizar cada uno de los detalles de su cuerpo. Entonces, con todo el dolor de su alma, se levantó. Jake la buscó en sueños, lo que la hizo sonreír. Le resultaba más fácil marcharse sabiendo que él la echaría de menos.

Podría acostumbrarse a aquello tan fácilmente y también se lo podían arrebatar con tanta rapidez… bien por el hecho de que Jake no quería una relación larga o por una bala…

Tal vez, la llamada de la señora Cohen había llegado en el momento más oportuno. Habían pensado en que se despertaría al lado de él, que volverían a hacer el amor, aquella vez con preservativo… Sin embargo, hacer el amor con Jake por las mañanas era un lujo al que no se podía ni debía acostumbrar, por mucho que le hubiera gustado hacerlo.

Jake normalmente se despertaba muy temprano, pero, aparentemente, la actividad de la noche anterior lo había agotado de tal manera que, cuando abrió los ojos, vio que eran las 7.48 en el despertador. Sintió un cálido cuerpo a su lado y experimentó el deseo de volverse a hundir en ella…

Desgraciadamente, descubrió que el que estaba acurrucado contra él era Norton. Jake gruñó y se sentó en la cama. Todavía le quedaban quince minutos para estar con Brianne antes de que ella se marchara a trabajar. A pesar de que deseaba volver a hacerle el amor, sabía que debía hablar con ella. Gracias a su estupidez, la noche anterior había añadido algo más a su lista de pecados: le había hecho el amor sin protección.

Recordó todo lo que le había dicho antes de eso. Había admitido que quería hijos. Lo que no le había dicho era que nunca había podido imaginarse una familia con Linda. Sin embargo, con Brianne no le costaba ningún trabajo. Despertarse a su lado por las mañanas y dormirse entre sus brazos. Ver cómo su cuerpo cambiaba y crecía con su hijo…

¿De dónde había salido aquel pensamiento? Rápidamente saltó de la cama y fue a buscarla primero en el cuarto de baño y luego en la cocina. Desgraciadamente, no la encontró por ninguna parte. Entonces, vio una nota encima de la cafetera que no lo ayudó a tranquilizarse.

Ojalá pudiera haberme tomado una taza de café contigo, pero me llamaron del hospital esta mañana temprano. Tómate una taza en mi nombre.

Brianne.

¿Cómo diablos no había podido despertarse con una llamada de teléfono? Justo en aquel momento, el teléfono empezó a sonar.

– ¿Brianne? -preguntó, en cuanto descolgó el auricular.

– No, soy David. Si tenía que ir al hospital temprano, ¿por qué diablos no me lo dijiste? La hubiera seguido hasta allá.

– ¿Que está trabajando?

– Sí, pero yo no puedo realizar mi trabajo si tú no…

Jake colgó el teléfono con fuerza, interrumpiendo así las palabras de David.

– Lo siento, compañero -dijo, cuando ya era demasiado tarde.

Entonces, volvió al dormitorio, se puso unos vaqueros y una camiseta y, tras tomar las llaves, salió corriendo. Aquella mujer le iba a ocasionar la muerte. Y quería fallecer cada mañana y cada noche con ella entre sus brazos. Sin embargo, no podría hacerlo si ella se dedicaba a vagar por ahí, sin saber el peligro que Ramírez suponía para ella.

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