Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие детективы » El verano de los juguetes muertos
El verano de los juguetes muertos - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El verano de los juguetes muertos

Электронная книга - «El verano de los juguetes muertos». Краткое содержание книги:

El inspector Héctor Salgado lleva semanas apartado del servicio cuando le asignan de manera extraoficial un caso delicado. El aparente suicidio de un joven va complicándose a medida que Salgado se adentra en un mundo de privilegios y abusos de poder. Héctor no solamente deberá enfrentarse a ello, sino también a su pasado más turbio que, en el peor momento y de modo inesperado, vuelve para ajustar cuentas.
Los sueños, el trabajo, la familia, la justicio o los ideales tienen un precio muy alto… pero siempre hay gente dispuesta a pagarlo.
1 ... 25 26 27 28 29 30 31 32 33 ... 68
Перейти на страницу:

Seguía dándole vueltas a esa misma idea, aunque era absolutamente consciente de que a Carol no iba a gustarle, y no sin razón: habían planeado hacer cosas ese fin de semana, aprovechando que Guillermo no regresaba hasta el domingo por la noche. Según Carol, necesitaban pasar más tiempo juntas. Despertar, comer, cenar y dormir juntas, como una pareja de verdad. Ruth se había quedado mirándola sin saber cómo explicarse; no podía decirle que esa retahíla de actividades en común, enunciadas en un tono más imperativo que cariñoso, le habían sonado más a condena que a otra cosa. Debía tener paciencia con Carol, se dijo, mientras atacaba la segunda tostada. Era joven, vehemente, y tendía a ser exigente cuando quería demostrar su cariño. Esa actitud, esa franqueza extrema que en principio había conseguido derribar las defensas de Ruth cuando ambas se conocieron el año anterior, se revelaba extenuante en el día a día. Carol tenía los ojos más negros que Ruth había visto en su vida y un cuerpo perfecto, fuerte sin dejar de ser femenino, esculpido a base de horas de Pilates y estrictas dietas. Era, sin duda, una mujer hermosa; no simplemente guapa, sino bella. Y por otro lado, su inseguridad, el miedo ante la posibilidad de que Ruth renegara de esa nueva sexualidad descubierta a los treinta y siete años, le daba un aire frágil que, combinado con sus rasgos extremos, resultaba irresistible. Nada era plácido con Carol, reflexionó Ruth; estallaba y se arrepentía, pasaba de los celos fríos a una pasión desbordante, se reía a carcajadas o lloraba como una niña pequeña frente a cualquier película triste. Un encanto, sí, pero un encanto que podía ser abrumador.

Al segundo café había tomado ya una decisión. Llamaría a sus padres y, si ellos no iban, pasaría el fin de semana en el apartamento de Sitges. No solía ir en verano porque el gentío la agobiaba, pero necesitaba un refugio cercano y conocido, y eso era mejor que nada. De repente la perspectiva de pasar tres días sola, haciendo lo que le diera la gana, se le antojó maravillosa y a pesar de que era temprano llamó a su madre para saber si el apartamento estaba libre, cruzando los dedos para que la respuesta fuera afirmativa. Lo fue, así que sin perder un instante envió un mensaje a Carol comunicándole sus planes, un texto breve y escueto que no admitía réplica. Dudó un segundo, sin embargo, antes de hacer lo mismo con Héctor; no tenía por qué informarle de sus idas y venidas, pero la noche anterior lo había notado preocupado. Su tono de voz denotaba inquietud, y Héctor, que tenía muchos defectos, no era un hombre que se turbara fácilmente. Jugueteó con el móvil hasta que por fin decidió hablar con él.

– ¿Hola? -respondió él, casi antes de que el teléfono diera la señal de sonar-. ¿Todo bien?

– Sí, sí -se apresuró a aclarar-. Oye, anoche me dejaste preocupada. Tienes que contarme qué está pasando.

Suspiro largo.

– La verdad es que no tengo ni idea. -Héctor le contó con un poco más de calma lo mismo que le había dicho la noche anterior: esa velada amenaza que parecía cernirse sobre él, y, quizá, sobre su familia-. No creo que ocurra nada, tal vez sólo pretendan ponerme nervioso, crear problemas, pero por si acaso… estate alerta, ¿de acuerdo? Si ves algo raro, o sospechoso, avísame enseguida.

– Claro. De hecho llamaba para decirte que me voy a Sitges este fin de semana. A casa de mis padres. De paso aprovecharé para pasar por Calafell y recoger a Guillermo el domingo por la noche.

– ¿Vas sola? -Lo preguntó más por seguridad que por otra cosa, pero al instante se arrepintió, y el tono áspero de Ruth le confirmó que había sido una intervención inoportuna.

– Eso no es asunto tuyo.

– Perdona. No… no quería meterme en tu vida.

– Ya. -Ruth se mordió la lengua para no ser desagradable-. Pues ha sonado a eso. Adiós, Héctor, hablamos el lunes.

– Sí, pásalo bien. Y, Ruth… -Se notaba que él no sabía cómo decirlo-. Lo dicho, si ves algo raro, me llamas al momento, ¿vale?

– Adiós, Héctor. -Ruth colgó enseguida, y comprobó que tenía dos llamadas perdidas de Carol. Lo último que le apetecía era discutir, de manera que optó por no verlas y empezó a preparar las cuatro cosas que quería llevarse.

Héctor tampoco perdió el tiempo. Había dormido muy poco y mal, como de costumbre, pero esa mañana la falta de sueño se tradujo en hiperactividad. Independientemente de lo que acababa de decirle a Ruth, estaba preocupado. Sobre todo porque, aunque presentía la amenaza, no sabía por dónde vendría ni qué estaba pasando realmente. Algo le decía que no era sólo él quien corría ese peligro indeterminado; que la venganza, si es que de eso se trataba, se extendería a quienes le rodeaban. Cuando la noche anterior consiguió, por fin, comunicarse con su hijo, soltó un suspiro de alivio. Guillermo estaba encantado en casa de su amigo, y por un momento Héctor estuvo tentado de decirle que se quedara allí unos días más si eso era posible, aunque no lo hizo, tenía demasiadas ganas de verlo. Entre los acontecimientos previos a su partida a Buenos Aires y el viaje en sí, hacía un mes desde la última vez. Y le echaba de menos, más de lo que habría creído nunca. En cierto modo, la relación con su hijo había ido estrechándose a medida que éste crecía. Héctor no podía presumir de haber sido un padre modelo; el exceso de horas de trabajo, por un lado, y 1a. incapacidad real para emocionarse con los juegos infantiles, por otro, le habían convertido en un padre cariñoso pero vagamente ausente. Sin embargo, en los últimos tiempos se había sorprendido con la madurez con que Guillermo aceptaba los cambios en su vida. Era un chico más bien introvertido, aunque no insociable, que había heredado de su madre la habilidad para el dibujo y de su padre un aire irónico que le hacía parecer mayor. Héctor se había descubierto pensando que no sólo quería a su hijo, de eso no tenía la menor duda, sino que además el chico le caía bien, y entre ambos había empezado a establecerse una relación que, si no era de amistad -eso le parecía absurdo-, sí tenía visos de camaradería. La separación, el tener que pasar solos algunos fines de semana completos, había contribuido a mejorar la relación entre padre e hijo en lugar de entorpecerla.

Pero la noche anterior Héctor no se había limitado a confirmar que su familia estuviera sana y salva, sino que había hecho otra llamada, a un número que aún conservaba en su agenda de cuando llevaba el caso de las chicas nigerianas. Había concertado una cita con Alvaro Santacruz, doctor en teología especializado en religiones africanas que daba clases en la facultad de historia. Su nombre había surgido como experto en la materia durante sus anteriores pesquisas, pero no había llegado a hablar con él. Ahora sentía la imperiosa necesidad de recabar la ayuda de alguien que arrojara un poco de luz al asunto, alguien que pudiera añadir cierto rigor a sus sospechas. El doctor Santacruz los esperaba, a él y a Martina Andreu, a las diez y media en su despacho de la facultad, y hacia allí se dirigió. Había quedado con Andreu un poco antes para que le pusiera al día de las novedades, si es que había alguna.

1 ... 25 26 27 28 29 30 31 32 33 ... 68
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)