Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Fashionista». Краткое содержание книги:

Sobrevivir en una revista femenina puede ser una lucha a muerte. Sobre todo, cuando tu jefa es una tirana.
Vig Morgan por fin ha conseguido dejar de ser la ayudante de la dictatorial y repelente directora, solo para verse metida en un mar de conspiradores. Pero Vig no es como las demás editoras en la super cool Fashionista. Para empezar, a ella le da igual qué diseñador viste a las estrellas del momento. Es inteligente, astuta y tan ambiciosa como cualquier persona inteligente y mal pagada, pero nunca tomaría parte en un complot para defenestrar a su jefa. ¿O sí?
Salta con Vig a las turbulentas aguas -conspiraciones, puñaladas por la espalda, libertad de expresión, coqueteos y alta costura- a las que se enfrenta cuando decide unirse a un compló de lacayos que quieren cargarse a la abeja reina, con inesperados -pero no necesariamente decepcionantes- resultados.
1 ... 23 24 25 26 27 28 29 30 31 ... 40
Перейти на страницу:

– Vamos allí.

– Pareces sorprendentemente normal -le digo, riendo.

– La única forma de lidiar con Anita es ignorarla -me explica Gavin con su pijo acento londinense-. Es más fácil tratarla cuando estás catatónico.

– ¿Por qué la aguantas?

Él se encoge de hombros. Ahora que está relajado, sus pómulos no parecen tan prominentes.

– Porque es buena haciendo su trabajo.

Yo estoy a punto de decir lo mismo de Jane, pero prevalece el sentido común.

– Estamos muy contentas de trabajar contigo.

– ¿Ah, sí?

– No juzgues Fashionista por su directora. Es más una figura decorativa que otra cosa.

Llegamos al café y, afortunadamente, hay dos mesas vacías. A pesar del aire acondicionado, hace calor.

– Yo juzgo a Fashionista por Fashionista -dice Gavin, tomando la carta-. Es una revista muy tonta.

Estoy a punto de darle una charla sobre nuestra importancia en el mercado cultural, pero no me apetece.

– Sí, es verdad. Pero estamos intentando hacerla más sustancial. Por eso nos hemos puesto en contacto contigo.

– ¿No me digas?

– Fashionista no puede convertirse de repente en una revista seria porque nuestras lectoras dejarían de comprarla. Tu trabajo nos ofrece la oportunidad de publicar algo sobre el mundo del arte, dándoles a la vez lo que quieren: caras famosas.

Gavin se queda pensativo.

– ¿Seguro que no me haréis quedar en ridículo?

– Enviaremos un fotógrafo y un redactor a tu estudio, en Londres. El fotógrafo se quejará amargamente de que no hay luz y el redactor te invitará a comer y te hará preguntas sobre tu obra. ¿Quiénes son tus influencias? ¿Quiénes son tus maestros? ¿De dónde sacas las ideas? Entrevistaremos a un crítico que defenderá tu obra diciendo que el arte tiene que evolucionar… no tienes nada que temer.

– ¿Eso es todo?

Como si estuviera leyendo un contrato, Gavin intenta buscar la letra pequeña. Pero no hay letra pequeña.

– Eso es todo.

– ¿Lo prometes?

– Soy sólo una editora, no puedo prometerte nada. Pero no hay razón para preocuparse -le aseguro-. Te dedicaremos ocho páginas y tú sólo tendrás que hacerte un par de fotografías delante de un cartel de Fashionista. ¿Crees que podrás soportarlo?

Gavin Marshall asiente con la cabeza. Está cansado del tema.

– ¿Qué pedimos? -pregunta, mirando un menú.

– La ensalada de pollo al limón está buena.

Cuando llega el camarero, los dos pedimos ensalada. Y mientras comemos, hablamos de Dorando la imagen.

Gavin es agradable y yo intento relajarme mientras me cuenta que su trabajo es un comentario sobre la espiritualidad escondida en el mundo de la alta costura.

En realidad, sus sospechas están más que justificadas. Le he dicho la verdad, pero mi imaginación no es infinita. Que yo haya pensado en ese ángulo para el artículo no significa que Jane o Dot o Lydia no hayan pensado algo completamente diferente. Y mucho más superficial.

El asunto de Jesucristo

Lydia tiene un despacho que hace esquina. Es tan grande que en él caben perfectamente siete personas. Cuando entro, Marguerite, Anna y Dot están sentadas en el sofá. Dot ha puesto los pies sobre la mesa y tiene un café en la mano. Dos de los editores senior más importantes, Soledad y Harry, con los que sólo hablo en la fiesta de Navidad, entran detrás de mí.

El ambiente es agradable, lleno de camaradería, y la gente se mira a los ojos. Este es el tipo de reunión que tienen los editores, no los redactores.

Yo estoy un poco nerviosa. Es como el primer día de colegio y tomo un donut, decidida a impresionarlos. Llevo cinco años esperando este momento.

Después de unos minutos, Lydia lleva la discusión al tema que nos importa:

– Como algunos ya sabéis, vamos a hacer algo diferente para el número de noviembre. Jane ha tenido una brillante idea.

Todos la miran, expectantes. De modo que yo soy la única que sabe de qué va el tema. Bien.

– Vamos a publicar un artículo de ocho páginas sobre Gavin Marshall, un artista inglés que expone en Nueva York en el mes de noviembre -dice Lydia, mirando a Marguerite de reojo para ver cuál es su reacción. Como Marguerite no reacciona en absoluto, Lydia esconde su decepción-. No sólo publicaremos el artículo, sino que patrocinaremos el cóctel y la fiesta tras la exposición. Como sin duda sabréis, Gavin Marshall es un artista de vanguardia que ha sido muy criticado por el uso de símbolos religiosos.

Anna, con pantalón rojo, jersey rojo y una gargantilla de lentejuelas rojas, levanta la mirada.

– Parece un poco conflictivo para Fashionista, ¿no?

Aunque es una pregunta lógica, Lydia no le presta atención. Marguerite le desagrada casi tanto como a Jane.

– No hay nada demasiado conflictivo para Fashionista. Somos una revista líder en la industria -contesta, repitiendo lo que dicen los informes de prensa.

– ¿Cómo se llama la exposición? -pregunta Dot.

– Dorando la imagen.

Marguerite casi se atraganta con un donut.

– ¿Te refieres a la exposición de Jesucristo como drag queen?

Está perpleja. Ella sabe que esa no es la clase de artículo que Fashionista debería publicar.

Pero Lydia no lo sabe. Y cree que la reacción de Marguerite es debida a que le han robado la idea.

– Pues sí, esa misma. Gavin ha reunido varios trajes de noche de alta costura y se los ha puesto a unas esculturas de Jesucristo.

Anna arruga el ceño. Aunque somos una revista líder en la industria de la moda, no está convencida de que el arte controvertido sea lo nuestro. Con muchísima razón.

– ¿Estás segura?

– ¿Que los trajes son de alta costura? Por supuesto. Tengo la lista aquí: Tom Ford, Alexander McQueen, Versace, Stella McCartney, Julien MacDonald, Chanel, Prada… todos ellos han donado un traje. Y todos estarán en el cóctel y en la fiesta que Fashionista patrocina. Es una gran oportunidad para dar una imagen de marca. Fashionista será sinónimo de vanguardia a partir de ahora. Jane quiere que hagamos todo el número de diciembre alrededor de este evento.

– ¿Qué quieres decir? -pregunto yo, asustada.

– Que haremos de Dorando la imagen la pieza central. Por supuesto, las fotografías de la exposición saldrán en el número de diciembre, pero así nos habremos adelantado a las demás publicaciones. ¿Alguien quiere sugerir algo?

– Jesucristo como imagen de moda -sugiere Soledad.

– Sandalias de tiras -dice Anna.

Harry levanta una mano.

– Túnicas.

– Podríamos publicar algo sobre otros iconos que se han convertido en sagrados. Como Jackie Kennedy, Audrey Hepburn o Grace Kelly -sugiere Marguerite.

– Excelente -asiente Lydia. Da igual de qué se trate, la mención de Jackie, Audrey y Grace siempre provoca aceptación, sea cual sea el contexto.

– Yo tengo una idea -dice Anna-. Actores que hayan interpretado el papel de Jesucristo: Willem Dafoe, Christian Bale, Victor Garber. Y el de Jesucristo Superstar… ¿cómo se llamaba?

– Ted Neely -digo yo.

– Eso. Podríamos vestirlos con interpretaciones modernas de Jesús.

A Lydia le gusta la idea.

– Podríamos llamar a Richard Avedon o Annie Leibovitz… ¡Tiembla, Vanity Fair!

– ¿Qué tal una sección de belenes? -pregunta Harry.

– ¿Cómo? -exclama Dot.

– Para mañana podría tener una lista de los belenes de nuestras estrellas.

Lydia asiente. Le encanta que los editores hagan su trabajo.

– Muy bien. ¿Alguna cosa más?

Soledad: Crucifijos. Por debajo de diez dólares, cien dólares… hasta los más caros.

Marguerite: Vacaciones en las playas de Galilea.

Harry: masajes con barro del Mar Muerto.

Yo permanezco en silencio. Sé que una persona decente advertiría a Gavin Marshall de lo que va a pasar, que su exposición va a convertirse en un circo. Pero no puedo hacerlo. He ido demasiado lejos como para detener el tren que destruirá a Jane McNeill.

1 ... 23 24 25 26 27 28 29 30 31 ... 40
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)