Secretos en el tiempo
- Автор: Хоффман Кейт
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Secretos en el tiempo». Краткое содержание книги:
Después de haber crecido como hija única, Keely McClain descubrió con asombro que no sólo tenía un padre, sino que también tenía seis hermanos mayores. Pero antes de nada debía descubrir qué había sucedido hacía tantos años. Y, al investigar su pasado, encontró una familia… y un amante…
Rafe Kendrick sólo tenía un objetivo en la vida: vengarse de los Quinn, y no estaba dispuesto a permitir que nada ni nadie lo distrajera… Hasta que se enamoró locamente de la nueva camarera del pub de los Quinn. Aún así, decidió poner su plan en marcha… fue entonces cuando descubrió que la mujer que había en su cama también era una Quinn.
– No te preocupes -dijo Keely-. Todo saldrá bien. Vuelve con tus hermanos, yo lavo estos vasos y les quito el polvo a las botellas.
– Gracias -Liam le dio un pellizquito en el brazo-. Eres un encanto.
Esperó hasta que regresó junto a sus hermanos antes de sacar del bolso la tarjeta de trabajo de Rafe. Él sabría qué hacer. Seguro que conocía a centenares de abogados. Y a algún contratista que les solucionara el problema del amianto en unos días, en vez de en semanas. Y alguien como Rafe no llegaba donde estaba sin tener algún contacto con la oficina de inspección. Conocería a alguien. Keely guardó la tarjeta en el bolso. Sería mejor hablar con él personalmente. Si tenía que convencerlo de algo, estaría en mejor… posición.
Se acercó a la pila situada tras la barra, agarró un trapo, fregó un vaso y lo secó. Ella también era una Quinn y contribuiría en lo que pudiera a salir de aquel problema. En cuanto hiciera un par de cosas en el bar, pediría permiso para irse y se plantaría en el despacho de Rafe para pedirle ayuda. Mientras tanto, trataría de enterarse de por qué habían detenido a su padre.
– Ninguno de nosotros sabe lo que pasó en el barco -oyó decir a Brendan-. Y papá no parece dispuesto a hablar. Conor, tienes que ocuparte de la parte legal de esto. Lo más probable es que sea una investigación federal, pero algo te podrán contar. Yo me encargaré de enterarme de qué pasa con el pub. Tengo dinero de sobra para cubrir la hipoteca y los gastos para pagar al contratista, así que eso no es problema.
– Cuenta conmigo si hace falta dinero – dijo Dylan.
– Y conmigo -añadió Conor.
– Brian, tú tienes amigos en el ayuntamiento. ¿Por qué no miras si puedes hacer algo con el inspector? No creo que podamos permitirnos estar cerrados más de una semana.
– ¿Y papá? -preguntó Sean-. ¿Y si al final lo acusan de asesinato?
Keely se quedó helada, no pudo evitar que se le escapara un pequeño grito. Pero se obligó a disimular mientras seguía lavando vasos. ¿Asesinato?, ¿estaban interrogando a su padre en relación con un asesinato?
– ¿Os ha contado algo de ese tal Kendrick? -preguntó Conor-. Según el testigo, Kendrick murió en el Increíble Quinn por culpa de papá. Se estaban peleando y Kendrick cayó por la borda. Papá jura que eso no fue lo que pasó.
No podía respirar. Tenía que haber oído mal. No podían haber dicho Kendrick, ¿no?
– ¿Sabemos algo de la familia de ese tipo? -quiso saber Brian.
– Sam Kendrick tenía una esposa y un hijo. Su viuda se llama Lila, el chico no sé. Supongo que llegarían a algún acuerdo con el seguro tras la muerte del padre. Pero no hubo ninguna investigación, que yo sepa. Me pregunto si la familia estará al corriente de la aparición de este testigo. ¿Intentamos localizarlos?
Keely sintió como si se le durmiera el cuerpo entero. El vaso que estaba sujetando se le cayó de la mano y se rompió contra el suelo sobre sus pies. Los seis hermanos se giraron hacia ella, que ya se había agachado a recoger los cristales. Pero le temblaban tanto las manos que se cortó con uno de los trozos.
En menos de un segundo, Dylan había saltado la barra. Le agarró la mano.
– Ven -dijo, poniéndola debajo del grifo.
– Lo… lo siento. Se me ha caído. No quería…
– No pasa nada -dijo él mientras le limpiaba la sangre de la mano. Agarró un paño limpio y lo apretó sobre el corte-. Ya está. No parece profundo. Dejará de sangrar en seguida -añadió al tiempo que sacaba un maletín de primeros auxilios y le daba una venda.
Pero el dolor de la mano no era comparable al del apellido que resonaba en su cabeza.
Kendrick. Seamus estaba en la cárcel porque la policía creía que había asesinado a Sam Kendrick. Y Sam Kendrick había sido el marido de Lila, la mujer a la que había conocido en Nochebuena. Lo que significaba que su padre era sospechoso de haber asesinado al padre de Rafe.
– Ten… tengo que ir al baño -murmuró al sentir que el estómago se le revolvía.
Una vez allí, a solas en los aseos, se apoyó contra la puerta y tragó saliva para no vomitar. ¿Qué debía hacer al respecto?, ¿cómo se lo diría a Rafe?
Y, de pronto, sintió como si le dieran una bofetada en la cara. Quizá ya lo supiera. Pero si sospechaba de Seamus, ¿por qué no le había dicho nada aquella noche, cuando le había contado el motivo por el que estaba en Boston? Keely trató de recordar la reacción de Rafe en aquel instante. Lo había notado algo reservado desde entonces, pero lo había atribuido a estados de ánimo pasajeros.
Que ella supiera. Rafe no tenía ni idea de la relación entre la muerte de su padre y la familia Quinn. Respiró profundo. Pero, ¿y si sí lo sabía? De pronto le surgió otra duda. Se cubrió la boca con la mano. ¿Sabía Rafe quién era ella desde el principio?, ¿formaría parte de algún plan su primer encuentro a la salida del pub?
– No -murmuró Keely. Era imposible. Aunque solo podría estar segura si hablaba con Rafe a las claras.
Keely abrió el grifo del lavabo, se echó un poco de agua en la cara y se secó con una toallita de papel. Antes de salir, se pasó los dedos por el pelo y se obligó a componer una sonrisa.
Sus hermanos seguían en el mismo sitio, discutiendo todavía qué podían hacer. Sean se acercó a ella y la acompañó a la caja.
– Liam te ha explicado lo que pasa, ¿no? En vez de esperar a recibir el cheque, mejor te pago en efectivo. Siento que no podamos seguir contando contigo, Keely. Eres una buena camarera.
– No importa. Lo entiendo. Parecéis tan preocupados… Ojalá pudiera hacer algo.
– Tranquila -contestó él-. Es un asunto de familia.
Pensó que se le saltarían las lágrimas de frustración. ¡Estaba harta de oír que era un asunto de familia! Ella también era de la familia y quería ayudar. Pero con todo lo que les había pasado ese día, no podía soltárselo también de golpe.
Quizá no se merecía formar parte de la familia Quinn. Después de todo, se estaba acostando con Rafe Kendrick. ¿Pero era Rafe el enemigo?, ¿tendría algo que ver con todo aquel lío? ¡Dios!, ¡no podía pensar!
– Creo que me voy a ir a casa, si os parece bien.
– No hay problema -dijo Sean-. Por aquí no puedes hacer mucho. Buena suerte en todo, Keely -añadió después de darle la paga.
– Gracias. Buena suerte a vosotros también. Y dale un abrazo a Seamus de mi parte – Keely se giró por el bolso y la chaqueta. Tuvo que morderse un labio para no llorar.
– Adiós, Keely -gritó Liam. Los demás hermanos se sumaron a la despedida. Ella se giró, los saludó con la mano y abrió la puerta. Cuando salió a la calle, se apretó la chaqueta para contener los escalofríos que sacudían su cuerpo.
El aire frío del invierno le despejó la cabeza. Keely intentó organizar todo lo que había oído. Pero no se libraba de su recelo iniciaclass="underline"
Rafe tenía que estar implicado. ¿Por qué aparecía por el pub si no?, ¿y por qué no le había dicho nada de su padre en todo ese tiempo? ¿Por qué era un secreto tan grande?
Keely miró los coches que pasaban. Se preguntó cómo volvería a su pensión. Tenía que haber algún autobús o una parada de metro cerca. Tendría que echar a andar hasta que la encontrara. Mientras tanto, decidiría cómo afrontar el siguiente encuentro con Rafe.
Una cosa era segura: Keely Quinn no volvería a acostarse con Rafe Kendrick en una temporada.
Capítulo 7
Keely estaba sentada en el salón de Rafe, mirando un centro de flores situado sobre la mesita de café. El portero la había dejado entrar sin problemas, como tantas otras veces desde Nochebuena. Tembló, se frotó los brazos por encima de las mangas de la chaqueta e intentó contener la aprensión que sentía.