Secretos en el tiempo
- Автор: Хоффман Кейт
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Secretos en el tiempo». Краткое содержание книги:
Después de haber crecido como hija única, Keely McClain descubrió con asombro que no sólo tenía un padre, sino que también tenía seis hermanos mayores. Pero antes de nada debía descubrir qué había sucedido hacía tantos años. Y, al investigar su pasado, encontró una familia… y un amante…
Rafe Kendrick sólo tenía un objetivo en la vida: vengarse de los Quinn, y no estaba dispuesto a permitir que nada ni nadie lo distrajera… Hasta que se enamoró locamente de la nueva camarera del pub de los Quinn. Aún así, decidió poner su plan en marcha… fue entonces cuando descubrió que la mujer que había en su cama también era una Quinn.
Yaeger asintió con la cabeza, se levantó y estiró un brazo.
– Un placer hacer negocios contigo. Rafe no le estrechó la mano. Devolvió la atención a los patinadores y, cuando Yaeger se marchó, soltó el aire que había estado conteniendo. Estaba haciendo lo correcto. No tenía por qué seguir convenciéndose de eso. Entonces, ¿por qué se sentía tan mal?
– Keely -murmuró entonces. Era todo por su culpa. Si no hubiese aparecido en su vida, poniéndola toda del revés, no tendría la menor duda sobre el castigo que Seamus Quinn se merecía.
Toda la vida había estado centrado en el éxito, había calculado cada movimiento para adquirir dinero y poder. Había creído que así llenaría los espacios vacíos de su corazón. Y al comprobar que no era así, había decidido llenarlos vengándose. Si tampoco eso funcionaba, tendría que encontrar otra salida. Pero sabía que rendirse a Keely no podía ser la solución.
Si se permitía sentir algo por ella, tendría la sartén por el mango, todas las cartas de la baraja. No podía cambiar su vida por ella porque, antes o después, Keely se marcharía. Los psiquiatras de su madre dirían que la muerte de su padre le habían generado aquel temor profundo, el miedo al abandono. También dirían que, mientras no se enfrentara a esos miedos, nunca tendría una relación normal con una mujer.
Pero ese era el motivo por el que estaba llevando a cabo aquel plan contra Seamus Quinn. Para acabar con sus miedos y poner su vida en orden. Y si Keely se veía perjudicada de alguna manera, era problema de ella, no suyo. La verdad los haría libres a todos.
Rafe se levantó, echó un último vistazo al lago y se obligó a no pensar más en Keely Quinn. Había tomado una decisión. Esa tarde cortaría con ella. No había vuelta atrás. Perdería a una compañera de cama fabulosa, pero acabaría superándolo.
Solo esperaba no tardar mucho tiempo en encontrar a otra mujer capaz de sustituirla.
– Ven a buscarme a la salida del trabajo – Keely se acercó a darle un beso en la mejilla-. Termino a las seis. Podemos salir, picar algo y meternos en un cine… ¿Verdad que parecemos como una pareja formal? Quizá deberías marcharte de la ciudad sin avisarme. O podría encontrarte con otra mujer en la cama al volver a tu casa esta noche. Para agitar un poco las cosas, ¿no te parece?
Rafe no le siguió la broma. Estaba serio. Llevaba con aquel humor sombrío desde que habían salido de la cama por la mañana. Keely no pudo evitar preguntarse si ya estaría aburrido de la relación. Sabía que era muy probable que pasara antes o después, pero le habría gustado que fuese después en vez de antes.
Era el riesgo que asumía por entregarse a fondo a Rafe, al margen de lo que este sintiera por ella. Sí, en la cama funcionaban. La cuestión sexual había pasado de excelente a sobrenatural y nada hacía indicar que fuese a decaer a corto plazo. Aunque había disfrutado de su compañía, se había protegido. Se había puesto un escudo en el corazón para no fantasear con un futuro junto a Rafe y, sorprendentemente, le había funcionado.
– Si no te apetece que hagamos nada, también está bien -añadió Keely-. Me vendrá bien dormir unas cuantas horas. Y tengo que poner una lavadora y hacer un par de encargos. Podría volver a casa en taxi.
– ¿Cuándo vas a decírselo? -preguntó Rafe mirando por la ventana.
– No estoy segura. Puede que hoy, si encuentro el momento.
– No puedes posponerlo indefinidamente.
– Eso es asunto mío. Me decidiré cuando me decida -contestó ella, irritada por la intromisión-. Mira, sí, quizá sea mejor que no nos veamos esta noche. Estoy pagando una habitación en la pensión y no la he pisado desde hace casi una semana.
– Haz lo que quieras -respondió Rafe.
– Pues eso -Keely salió del coche y cerró de un portazo. Lo rodeó, miró en ambos sentidos y empezó a cruzar. Se giró al oír que Rafe salía del coche. Un segundo después, le había agarrado una mano y la estaba abrazando.
La besó con fuerza, a fondo, sin dejarla respirar. Y, cuando por fin la soltó, esbozó una pequeña sonrisa.
– Te recogeré después del trabajo -dijo antes de darse la vuelta y meterse otra vez en el coche.
Keely se apartó cuando arrancó. Lo miró maniobrar y alejarse por la carretera, confundida por el beso y la discusión que acababan de tener.
A veces no entendía a Rafe Kendrick lo más mínimo. Quizá era eso lo que le resultaba tan atractivo, el misterio del chico malo bajo la fachada de trajes italianos. Sus cambios constantes. Estaba viviendo al límite, sin saber qué ocurriría a continuación y eso le gustaba.
Keely subió los escalones del pub. Quizá tenía razón Rafe. Quizá era hora de hablar con Seamus. Ya conocía un poco a su padre y estaba segura de que encajaría bien la noticia.
– Voy a decírselo. Tengo quince minutos antes de que abramos y para cuando entre el primer cliente, Seamus Quinn sabrá que tiene una hija -dijo mientras tiraba de la puerta.
Keely notó que algo iba mal nada más ver a su familia reunida en un extremo de la barra. Estaban de pie, en círculo, en medio de una discusión intensa. Le recorrió un escalofrío de miedo al ver la expresión tan seria de sus rostros. Buscó a Seamus con la mirada y se asustó todavía más al no encontrarlo. ¿Le había pasado algo?, ¿estaría enfermo? Había dado por supuesto que siempre estaría ahí para cuando se decidiera a darle la noticia, pero ya no era un chaval.
Colgó la chaqueta junto a la entrada y guardó el bolso detrás de la barra. Sus hermanos, que seguían hablando acaloradamente, no advirtieron su llegada. Trató de oír de qué estaban hablando, pegando la oreja mientras se acercaba con discreción. Cuando Liam se retiró del grupo, le preguntó con el corazón a todo latir:
– ¿Todo bien?
Liam se giró hacia sus hermanos. Luego se alisó el pelo. Su rostro reflejaba una mezcla de agotamiento y preocupación.
– No -reconoció Liam.
– ¿Qué pasa?, ¿es Seamus?, ¿se encuentra mal?
– No. Está bien. Pero… -Liam hizo una pausa mientras decidía si contárselo o no-. Tiene un problema. Ha venido la policía y se lo han llevado para interrogarlo.
– ¿Por qué? -preguntó atónita Keely.
– Nada, no te preocupes -Liam negó con la cabeza-. Todo se va a solucionar. Pero hay algo más. Malas noticias.
– ¿Es que no son malas noticias que Seamus esté en la cárcel?
– El otro día tuvimos una inspección sorpresa y han encontrado amianto en el sistema de calefacción. Nos van a cerrar el bar hasta que lo depuremos. Y si cerramos no podrá pagar la hipoteca. Ya le cuesta y trabajamos gratis. Si el banco ejecuta la hipoteca, perderá el pub.
– No es posible.
– Conor dice que no se trata de una casualidad -dijo Liam en voz baja para que sus hermanos no lo oyeran-. Cree que hay alguien que va por nuestro padre. Estamos intentando decidir qué hacemos. De momento, me temo que no podemos pagarte.
– Trabajaré por las propinas.
– No es eso. Pasará una semana primero que conseguimos contratar a los encargados del servicio de depuración. Y un par más hasta que terminen el trabajo. Luego tenemos que esperar a que vuelva el inspector y eso podría ser otra semana, puede que dos. Tenemos que sacar todas las cosas y volver a meterlas luego. Puede que cerremos un mes entero.
– Puedo echaros una mano -ofreció Keely. Un mes entero sin una excusa para ver a su padre y a sus hermanos. No podía ser verdad. Tenía que encontrar la forma de seguir en contacto. Quizá debería contárselo en ese mismo momento.
– No, esto es algo de familia. Nos arreglaremos -dijo Liam-. Hoy no abrimos, pero puedes quedarte a ayudar a limpiar durante tu turno y luego recoger la paga. Tenemos tu teléfono, así que te llamaremos en cuanto las cosas se solucionen. Pero comprenderíamos si encontraras otro trabajo. Un mes es mucho tiempo. En fin, eso es todo -añadió mientras se frotaba las manos en un paño.