Secretos en el tiempo
- Автор: Хоффман Кейт
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Secretos en el tiempo». Краткое содержание книги:
Después de haber crecido como hija única, Keely McClain descubrió con asombro que no sólo tenía un padre, sino que también tenía seis hermanos mayores. Pero antes de nada debía descubrir qué había sucedido hacía tantos años. Y, al investigar su pasado, encontró una familia… y un amante…
Rafe Kendrick sólo tenía un objetivo en la vida: vengarse de los Quinn, y no estaba dispuesto a permitir que nada ni nadie lo distrajera… Hasta que se enamoró locamente de la nueva camarera del pub de los Quinn. Aún así, decidió poner su plan en marcha… fue entonces cuando descubrió que la mujer que había en su cama también era una Quinn.
– Puedes ir sola -contestó él-. Yo te voy preparando la bañera. Está en la cocina, para cuando estés lista -añadió justo antes de darse la vuelta y marcharse.
Keely salió de la cama, se vistió deprisa y metió los pies en las botas. Llegó al salón, se puso la chaqueta de abrigo y salió de la cabaña.
La nieve que había empezado a caer al anochecer había seguido cayendo y tapaba casi un lateral del coche de Rafe. Seguían cayendo copos, tan gordos que casi no se veía. Descartó la idea de echar a correr calle arriba hasta parar a algún coche que pasara. Rafe la estaría vigilando por la ventana y le daría alcance antes.
Llegó al pozo donde Rafe había tirado las llaves y se preguntó cómo podría recuperarlas. Si lo conseguía, podría meterse en el coche y largarse en ese mismo instante.
Pero aunque encontrara un palo suficientemente largo, le costaría tiempo pescarlas. Y Rafe iría a buscarla si tardaba en volver. Además, con la nieve que había, seguro que se quedaría atascada en la carretera. Quizá debía resignarse a oír lo que tuviera que contarle. Después de escucharlo, la llevaría de vuelta a Boston y fin de la historia.
– Fin de la historia -murmuró Keely. ¿De verdad quería eso?, ¿alejarse de Rafe Kendrick y no volver a verlo? Tenía que decidirse. Cuando su padre y sus hermanos descubrieran la relación entre sus problemas y las manipulaciones de Rafe, lo odiarían de por vida. Y Rafe ya odiaba a los Quinn. De modo que se verían en medio de una guerra terrible si no tomaba una decisión. Pero eso era tanto como presumir que tenía algún tipo de futuro junto a Rafe. Cuando quizá fuese más sensato apostar por un futuro con los Quinn.
Keely volvió a la cabaña. Una vez dentro, se quitó las botas y entró en la cocina.
– Sigue nevando -comentó.
Rafe tenía un cubo en la mano. Estaba echando agua caliente en la bañera. Le apetecía mucho. Sería la forma de quitarse el frío de la mañana. Pero tendría que bañarse al aire libre. Keely se preguntó si se trataría de otro jueguecito de Rafe.
– Construí una ducha en la parte de atrás de la caseta, pero hace frío y hay corriente. Así que espero que te valga con esta bañera. Además, recuerdo que te gustaba bañarte – dijo mientras echaba otro cubo. Luego señaló hacia la encimera-. Ahí tienes jabón, champú y toallas. Y un cubo para aclararte. Estaré en la otra habitación si necesitas cualquier cosa.
– Gracias -dijo Keely, sorprendida por el gesto de generosidad. Luego se quitó la chaqueta-. Puedes quedarte si quieres. Ya has visto todo lo que hay que ver. Y así me puedes echar más agua caliente -añadió, pero Rafe se dio la vuelta cuando empezó a desvestirse.
Después de desnudarse, se metió en la bañera y se hundió hasta que el agua humeante le llegó a la barbilla.
– Qué maravilla -susurró con los ojos cerrados, apoyando la cabeza contra el borde de la bañera. Luego se quedaron en silencio hasta que Keely abrió un ojo y encontró a Rafe mirándola con expresión desasosegada-. ¿Me lo cuentas ahora?
– ¿El qué?
– Lo de tu padre.
– ¿Estás dispuesta a escucharme?, ¿sin condenarme de antemano?
– Haré lo que pueda -contestó Keely mirándolo a los ojos.
Rafe agarró una silla y se sentó cerca de la bañera. Apoyó los codos sobre las rodillas, se echó hacia delante. Tras unos segundos de silencio, arrancó a hablar.
– Recuerdo el día que vinieron a casa a decirnos que mi padre estaba muerto. Habían avisado por radio desde el barco y el comisario vino a darnos la noticia. Al principio no teníamos detalles, pero luego, cuando el barco atracó, vinieron algunos amigos de mi padre y nos explicaron que se había enredado con una cuerda y se había caído por la borda. A partir de ese momento, sospeché que había pasado algo raro. No podía ser cierto. Mi padre no habría cometido un error tan tonto.
Rafe siguió explicando la repercusión de la muerte de su padre, el entierro, las crisis de su madre, el escaso dinero del seguro, insuficiente para las facturas médicas de Lila.
– Cuando era adolescente, mi madre hablaba sin parar sobre la muerte de mi padre y un día dijo algo de Seamus Quinn y un asesinato. Al principio pensé que estaba delirando, pero me quedé intrigado. Nunca se me olvidó y cuando fui mayor y tuve algo más de dinero, empecé a investigar. Hace unos meses conseguí localizar por fin a uno de los tripulantes que estaban con mi padre en aquel barco. Y me dijo lo que de verdad ocurrió en el Increíble Quinn.
Keely oyó atentamente el resto de la historia. Rafe la contó con frialdad, como si estuviera recordando la muerte de un desconocido y no la de su padre. Cuando terminó, soltó un largo suspiro.
– Así que ya ves por qué tengo que saber lo que pasó. La muerte de mi padre cambió mi vida: me convirtió en la persona que soy. Y a veces no me gusta mucho esa persona. Siento… una rabia interior de la que me gustaría liberarme. Si averiguo la verdad, quizá lo consiga.
– ¿Aun a costa de arruinar la vida de otro hombre? -preguntó Keely.
– ¿De qué lado estarías si no se tratase de tu padre? -contestó él.
Consideró la respuesta unos segundos y no le quedó más remedio que reconocerlo: en cualquier otro caso, apoyaría a Rafe cien por cien.
– Pero el hecho es que Seamus es mi padre. Y si consigues lo que quieres, puede que no llegue a conocerlo nunca.
– Cuando empecé con esto quería venganza. Pero ahora solo quiero la verdad. Si puedes entender esto, Keely, yo entenderé que tú estés del lado de tu familia.
Keely asintió con la cabeza. Luego extendió una mano.
– Pásame el champú.
Rafe se levantó y agarró el bote. Keely se sumergió en el agua para humedecerse el pelo y volvió a salir. Esperó a que Rafe le entregara el champú, pero este empezó a lavarle el pelo él mismo.
– No creo que mi padre lo asesinara – dijo-. Lo conozco. No es posible. Y no conseguirás convencerme de lo contrario.
– Espero que tengas razón -contestó Rafe mientras le frotaba el pelo.
Keely volvió a cerrar los ojos y se abandonó a aquella caricia relajante. Aunque era un acto muy corriente, le resultaba sensual, tan íntimo que la hacía sentirse más unida a Rafe que haciendo el amor incluso.
– Siento lo de anoche -murmuró él.
– Lo sé.
Keely echó la cabeza hacia atrás y Rafe le aclaró el pelo. Luego dejó el cubo en el suelo y se secó las manos en los vaqueros.
– En fin, supongo que debería ir recogiendo. El quitanieves no tardará en pasar y estoy seguro de que quieres volver a Boston.
– ¿Cómo vamos a volver? Tiraste las llaves del coche.
Rafe abrió un armario de la cocina y sacó un aro con llaves.
– Siempre guardo una copia aquí. Por si acaso.
– Y yo tratando de encontrar la forma de recuperar las llaves del pozo -Keely no pudo evitar sonreír.
Explotó una burbuja de jabón. Ya no estaba tan segura de si quería regresar a Boston tan rápido. Algo, desde el fondo del corazón, le decía que podía ser la última vez que viera a Rafe.
Tenía razón: debía elegir entre él y su familia. Pero no estaba preparada para tomar esa decisión todavía.
Si se marchaban ya, apenas le quedaría un par de horas para disfrutar de su compañía.
Keely cerró los ojos. Pero tampoco cambiarían mucho las cosas por retrasar la vuelta.
– De acuerdo -dijo por fin-. Me alegraré de estar de vuelta en Boston.
Capítulo 8
Rafe plantó el pie con fuerza sobre la alfombra que había nada más entrar y notó que el tobillo ya no le dolía apenas. Equilibró el peso de los leños que llevaba en brazos al tiempo que se quitaba las botas. Mirando por encima de los leños, encontró a Keely donde la había dejado una hora atrás: acurrucada en el sofá frente a la chimenea con un ejemplar antiguo de Grandes Esperanzas de Dickens.