Secretos en el tiempo
- Автор: Хоффман Кейт
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Secretos en el tiempo». Краткое содержание книги:
Después de haber crecido como hija única, Keely McClain descubrió con asombro que no sólo tenía un padre, sino que también tenía seis hermanos mayores. Pero antes de nada debía descubrir qué había sucedido hacía tantos años. Y, al investigar su pasado, encontró una familia… y un amante…
Rafe Kendrick sólo tenía un objetivo en la vida: vengarse de los Quinn, y no estaba dispuesto a permitir que nada ni nadie lo distrajera… Hasta que se enamoró locamente de la nueva camarera del pub de los Quinn. Aún así, decidió poner su plan en marcha… fue entonces cuando descubrió que la mujer que había en su cama también era una Quinn.
Las luces de la cocina la cegaban. Rafe le separó otro poco las piernas y Keely giró la cabeza hacia las ventanas. Esa esquina del apartamento daba a otro edificio alto, justo al otro lado de la calle, tanto que podía ver a las personas que vivían dentro.
– ¿Quieres tener público? -preguntó él-. ¿O prefieres que cierre las persianas?
No le dio oportunidad de responder. Se colocó las piernas de Keely sobre los hombros, se agachó y empezó a saborearla. El contacto de la lengua le produjo una descarga de placer que la hizo gritar sorprendida. Estaba segura de que cualquiera que estuviese mirando por la ventana sabría lo que estaban haciendo. Pero le daba igual. Sentir su boca sobre su sexo era devastador, podía con cualquier inhibición.
Una y otra vez, la penetró con la lengua, luego se retiraba para juguetear y chupar. Keely no estaba segura de cuándo había perdido la capacidad de pensar, pero las sensaciones se hacían más intensas por segundos. Cada vez necesitaba más liberar la tensión que la tenía al borde. No podía soportar más la tortura de su lengua. Quería aguantar, pero solo podría hacerlo si le pedía a Rafe que parara. Y eso era imposible. Estaba tan cerca… tan bien… tan…
Explotó. Keely sintió un latigazo de placer que la sacudió de arriba abajo. Tan pronto estaba a punto de caer por el precipicio como, de pronto, estaba en medio de un orgasmo arrollador. Keely gritó mientras su cuerpo temblaba espasmódicamente, pero Rafe siguió. Continuó paladeándola, bajando el ritmo para darle oportunidad de recuperarse.
Estaba dispuesto a empezar otra vez, pero Keely se echó hacia delante, le pasó las manos por el pelo y lo apartó. Rafe supo lo que quería nada más mirarla. Se levantó y, sin decir palabra, la levantó de la encimera y la llevó hacia la puerta con las piernas de Keely enredadas a su cintura.
Al pasar por la ventana, vieron a algunas personas mirándolos desde el edificio de enfrente. Keely sintió que las mejillas le ardían y escondió la cara contra el cuello de Rafe.
– Creo que les hemos ofrecido un buen espectáculo -dijo él sonriente.
Luego la llevó al dormitorio y la desnudó lentamente frente a los ventanales que daban al puerto. Cuando se despojó de su propia ropa, se unió a Keely en la cama e hicieron el amor, despacio, con dulzura, hasta que ambos se desbordaron juntos, dos cuerpos estremecidos de placer, el uno contra el otro, dos extraños abandonados a una atracción imposible de negar más tiempo.
Horas después seguían despiertos, hablando con calma sobre una almohada. Rafe jugueteaba con el colgante de Keely mientras la miraba a esos ojos verdes y dorados. Lo asombraba lo fácil que le resultaba abrirle el corazón. Hablaban de todo y nada, sin que el asunto de conversación tuviera importancia en realidad. Le bastaba con oír el sonido de su voz, verla sonreír o reírse ante una broma.
– Bueno, Keely McClain, cuéntame la verdadera razón por la que has venido a Boston.
– Ya te lo he dicho -contestó ella después de apoyarse sobre un codo, apartándole un mechón de pelo que le caía encima de los ojos-. Quería empezar de cero otra vez.
– ¿Nada más?
– No -dijo Keely-. Hay otra razón, pero no estoy segura de si debo hablar de ella.
– Después de lo que hemos compartido, no deberían existir secretos entre nosotros -la provocó él.
– Bueno… -Keely se lo pensó unos segundos-, me vendría bien hablarlo con alguien.
Se había hecho la ilusión de que había vuelto por él, pero, toda vez que reconocía que había otra razón, estaba intrigado por conocerla.
– Cuéntame.
– He venido a encontrar a mi verdadera familia.
– ¿Tu familia?, ¿no vive en Nueva York?
– Solo mi madre. Pero mi padre y mis hermanos están en Boston. Mis padres se separaron cuando yo era un bebé y nunca lo conocí. Ni a él ni a mis hermanos. En ese sentido me pasa un poco como a ti. Los dos perdimos a nuestros padres cuando éramos pequeños.
Pero el de ella estaba vivo. Y él no se había molestado en desenmascarar la verdad sobre la muerte de su propio padre.
– Así que estás trabajando en el bar hasta que consigas encontrarlos.
– No, no, ya los he encontrado -contestó Keely-. Pero todavía no me he presentado. Por eso estoy trabajando en el bar -añadió mientras se frotaba un ojo, justo antes de taparse la boca para bostezar.
Rafe empezó a sentir que se le formaba un nudo en el estómago.
– En el Pub de Quinn.
Keely asintió con la cabeza y se acurrucó contra el cuerpo de Rafe. Cerró los ojos, exhaló un suspiro delicado.
– Mi padre es Seamus Quinn. Y sus hijos son mis hermanos.
Rafe se quedó helado. Por miedo a que Keely notara su reacción, trató de hablar con calma e indiferencia.
– Así que tu nombre no es Keely McClain, sino Keely Quinn.
– Sí… Keely Quinn -murmuró adormilada.
Rafe cerró los ojos y maldijo iracundo para sus adentros. ¡Dios!, ¡no podía ser verdad! ¡No podía estar pasándole algo así! Llevaba meses planeando su venganza y la había puesto en marcha pocos días atrás. Ya no podía pararla. ¡Seamus Quinn había asesinado a su padre y pagaría por ello!
Pero Seamus no sería el único que pagara. Keely apenas tendría tiempo para conocer a su padre antes de que lo metieran en la cárcel, donde pasaría el resto de su vida. Rafe se giró para mirarla. Se había quedado dormida, con los ojos negros contra su tez delicada, los labios hinchados por sus besos.
No le había contado los detalles de la muerte de su padre porque no quería que oyera el poso de rencor que lo envenenaba. Pero, ¿cómo podría seguir adelante sabiendo cómo se sentiría Keely cuando descubriera la verdad?
Keely era una Quinn. Pero también era la única mujer que jamás le había importado aparte de su madre. Rafe salió de la cama con cuidado de no despertarla y anduvo hasta los ventanales. El puerto de Boston seguía titilando con las luces de la ciudad mientras el cielo azul iba adquiriendo tonalidades rosas y naranjas. Apretó las manos contra el cristal, tratando de organizar el desbarajuste que atormentaba su cabeza.
Se había creído afortunado por encontrarse con Keely de nuevo. Pero, después de aquella inesperada revelación. Rafe se preguntó si el hecho de acostarse con ella no sería un acto de justicia poética. Acababa de hacer el amor con la hija del asesino de su padre. Y, de pronto, ya no estaba tan seguro de querer destrozar a Seamus Quinn.
Había vivido con aquel odio demasiado tiempo. Su necesidad de ajustar las cuentas lo había consumido. ¿Cómo iba a olvidarse de todo de repente? La verdad tenía que saberse, el culpable tenía que pagar. Pero ya no era tan fácil como antes, cuando Seamus no era más que una sombra anónima tras la muerte de Sam Kendrick. De pronto era un padre con una hija que quería construir un futuro con su familia.
Pero, aunque quisiera frenarlo todo, no podría hacerlo sin dar la impresión de que estaba ocultando un delito. Y no es que hubiera inventado pruebas incriminatorias. Todo lo que estaba haciendo era legal y transparente. Tenía un testigo dispuesto a declarar. ¿Por qué no dejarlo todo en manos de la ley? Si Seamus no era responsable, quedaría en libertad. Si lo era, cumpliría la condena que se mereciera.
Rafe se giró para mirar a Keely, acurrucada en la cama bajo las sábanas. Parecía tan inocente… Nada que ver con la mujer que lo había vuelto loco de deseo hacía unas pocas horas. Le encantaba aquel contraste de sirena lasciva atrapada en un cuerpo inocente.
Pero, ¿cuánto tiempo seguiría deseándolo Keely? ¿Cuánto tiempo tenía para conseguir que Keely lo quisiera a él más que a su familia?
Capítulo 6
Keely despertó perezosamente, estirándose bajo las sábanas y entrecerrando los ojos contra el sol radiante de la mañana. Vio la silueta de un hombre alto y de hombros anchos junto a la ventana y sonrió. Rafe. Cuando las pupilas se le adaptaron a la luz y pudo enfocarlo con nitidez, admiró su desnudez, su piel suave contra los rayos que se filtraban por el cristal.