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El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]

Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:

Cuando EL MARTILLO DE LUCIFER, el cometa gigante, chocó contra la Tierra, hizo pedazos la civilización. Los días felices habían terminado. Estaban viviendo el fin del mundo. Los terremotos eran tan fuertes que no podían medirse con la escala de Ritcher. Las olas marinas alcanzaban alturas incalculables. Las ciudades se convirtieron en océanos, y los océanos en nubes. Era el principio de la nueva Edad del Hielo. Y el final de los gobiernos, los planes, los hospitales y el derecho. Y sobre ellos, igual que otro martillo del demonio, la más terrible selección del hombre hecha por el hombre que jamás se había producido.
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Detrás de Harvey, Mark susurró:

—Si le llaman genio con esa pinta...

Harvey asintió. El también lo había pensado.

—Dan ha estado haciendo más reconstrucciones de la órbita del cometa Hamner-Brown. También se ocupa de averiguar la fecha óptima para el lanzamiento del Apolo, dada la limitada cantidad de equipo que podemos llevar y la cantidad igualmente limitada de artículos de consumo.

—¿Artículos de consumo? —preguntó Harvey.

—Alimentos, agua, aire. Ocupan volumen. Sólo podemos ocupar un volumen determinado, así que cambiamos artículos de consumo por instrumentos. Pero los artículos de consumo significan tiempo en órbita, por lo que Dan está trabajando en el siguiente problema: ¿Es mejor efectuar el lanzamiento más temprano, con menos equipo, de manera que puedan permanecer más tiempo arriba pero conseguir menos información...?

—Información no —dijo Forrester, de nuevo en tono de disculpa—. Siento interrumpir...

—No, díganos lo que quiere decir —le pidió Harvey.

—Estamos tratando de conseguir la máxima información —explicó Forrester—, de modo que el problema consiste en si conseguimos más información teniendo más datos en un tiempo más breve o menos datos en un tiempo más largo.

Harvey asintió.

—¿Y qué datos ha obtenido sobre el cometa Hamner-Brown? ¿A qué distancia estará cuando pase por el punto más próximo?

—Cero —dijo Forrester, sin sonreír siquiera.

—¿Eh? ¿Quiere decir que se nos echa encima?

—Lo dudo. —Ahora sonrió—. La distancia es cero dentro de los límites de la predicción, lo que implica un error de al menos tres cuartos de millón de kilómetros.

Harvey se tranquilizó. Observó que todos los presentes en la sala, incluida Charlene, se tranquilizaban. Allí se tomaban en serio a Forrester. Harvey se volvió hacia Sharps.

—Díganos, ¿qué sucedería si el cometa chocara con nosotros? Supongamos que tenemos esa desgracia.

—¿Se refiere a la cabeza? ¿Al núcleo? Porque parece como si pudiéramos pasar a través de la cabellera externa, que no es más que gas.

—No, me refiero a la cabeza. ¿Qué ocurre? ¿El fin del mundo?

—Oh, no, nada semejante. Probablemente sería el fin de la civilización.

Durante un momento hubo un silencio total en la estancia.

—Pero doctor Sharps —dijo Harvey en tono de perplejidad—, usted me dijo que un cometa, incluso la cabeza, está formado principalmente por hielo esponjoso que contiene rocas. E incluso el hielo está compuesto de gases helantes. Eso no parece peligroso.

De hecho, el objetivo de Harvey era dejar constancia oficial de lo que Sharps le había dicho en privado.

—Varias cabezas —dijo Dan Forrester—. Al menos eso es lo que parece. Creo que ya está empezando a dividirse. Y si lo hace ahora, lo hará más tarde, probablemente..., quizá.

—Así que es aún menos peligroso —comentó Harvey.

Pero Sharps no le escuchaba. Dirigió la mirada al techo.

—¿Ya se están desgajando los témpanos?

—Aja —confirmó Forrester, sonriente.

Sharps reparó de nuevo en Harvey Randall.

—Usted preguntaba por el peligro —dijo—. Consideremos la cuestión. Tenemos varias masas, en su mayor parte constituidas por material que hierve para formar la cabellera y la cola: polvo fino, gases helados espumosos, con bolsas de las que ha desaparecido hace tiempo la materia realmente volátil, y tal vez algunas rocas empotradas. Un momento...

Randall miró a Forrester, que sonreía beatíficamente.

—Probablemente esa es la razón de que ya sea tan brillante. Algunos de los gases están interactuando. ¡Piensa en lo que veremos cuando realmente empiecen a bullir cerca del sol!

La mirada de Sharps volvía a ser reflexiva, perdida.

—Doctor Sharps —dijo Harvey rápidamente.

—Oh, sí, claro. ¿Qué ocurrirá si nos alcanza, lo cual no ocurrirá? Bien, lo que hace al núcleo peligroso es su tamaño y el hecho de que avanza velozmente, con enormes energías.

—¿Debido a las rocas? —preguntó Harvey. Si se trataba de las rocas podía comprenderlo—. ¿Qué tamaño tienen esas rocas?

—No mucho —dijo Forrester—. Pero eso es teoría.

—Exacto. —Sharps tuvo nuevamente conciencia de la cámara—. Esta es la razón por la que necesitamos la sonda. No lo sabemos. Pero supongo que las rocas son pequeñas, desde el tamaño de una pelota de béisbol al de una pequeña colina.

Harvey se sintió aliviado. Aquello no podía ser peligroso. ¿Una pequeña colina?

—Pero eso realmente no importa —prosiguió Sharps—. Las rocas estarán empotradas en los gases helados y el granizo. Todo ello chocaría como varias masas sólidas, no como un conjunto de pequeños pedruscos.

Harvey se detuvo a pensar en las palabras de Sharps. Aquella entrevista filmada requeriría una revisión a fondo antes de su emisión.

—Sigue sin parecer peligroso. Incluso los meteoros de ferroníquel se queman mucho antes de que choquen con el suelo. De hecho, en toda la historia hay un solo caso registrado de que alguien haya sido lesionado por un meteoro.

—Sí —intervino Forrester—. Aquella señora de Alabama. Vi su foto en la revista Life. Presentaba el moratón más grande que he visto en mi vida. Creo que hubo incluso un juicio, ya que la señora reclamaba la propiedad del meteoro porque aterrizó en su sótano.

—Mire —dijo Harvey—. El cometa Hamner-Brown entrará en la atmósfera con una violencia mucho mayor que cualquier meteorito normal, y en su mayor parte está formado por hielo. Las masas arderán con más rapidez, ¿no es así?

Dos cabezas hicieron movimientos negativos: un rostro delgado que llevaba unas gafas con aspecto de insecto y otro rostro con una poblada barba y gruesas gafas. Y Mark, apoyado en la pared, también meneaba la cabeza.

—Atravesaría rápidamente la atmósfera —dijo Sharps—. Cuando la masa supera cierto tamaño, deja de tener importancia si la Tierra tiene atmósfera o no.

—Excepto para nosotros —dijo Forrester, impasible.

Sharps se detuvo un instante y luego se echó a reír, aunque de modo contenido. Sharps hacía lo posible para evitar ofender a Forrester.

—Lo que necesitamos es una buena analogía. Hummm... —El surco en el ceño de Sharps se profundizó.

—Helado con crema, frutas, almíbar y nueces, y encima dulce en pasta de chocolate —dijo Forrester.

—¿Qué?

—Lo dicho. Un par de kilómetros cúbicos de esa pasta lanzados a velocidad cometaria.

Los ojos de Sharps brillaron.

—¡Me gusta! Lancemos contra la tierra un par de kilómetros cúbicos de helado.

Dios mío, pensó Harvey, se han vuelto majaretas. Los dos hombres se precipitaron hacia la pizarra. Sharps empezó a dibujar.

—De acuerdo: el helado. Veamos, ponemos la crema de vainilla en el centro con una capa de pasta de chocolate encima...

No hizo caso de un sonido ahogado detrás de él. Tim Hamner no había dicho ni una palabra durante toda la entrevista. Ahora estaba doblado, sujetándose el vientre, tratando de contener la risa. Alzó la vista, sofocado, con semblante serio.

—¡No puedo aguantar! —exclamó, soltando unas risotadas que parecían rebuznos de asno—. ¡Mi cometa! Dos kilómetros cúbicos de helado con pasta de chocolate...

—La pasta de chocolate será la cubierta exterior —amplió Forrester—, de manera que se calentará cuando el cometa Hammer rodee al sol.

—Se llama Hamner-Brown —dijo Tim con expresión seria.

—No, amigo, esto es un par de kilómetros cúbicos de helado con pasta de chocolate —dijo Sharps—, y el helado seguirá congelándose bajo la cubierta.

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