El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]
- Автор: Нивен Ларриё, Пурнель Джерри
- Год: 1983
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-349-7
- Переводчик: Jordi Fibla Feito
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:
El sitio estaba maduro. Lo había reservado para una emergencia y la situación era de emergencia total. Probablemente su abogado blanco no estaría de acuerdo con su acción, pero los abogados y los funcionarios de fianzas querían pan, y en seguida. Era absurdo robar un almacén para pagar a un abogado que le defendería por haber atracado otro almacén. Algún día las cosas serían diferentes. Alim Nassor las haría diferentes.
Era casi la hora. Hacía dos minutos uno de sus hermanos se había hecho detener por una infracción de tráfico a catorce manzanas de distancia, lo cual requirió la presencia de un coche patrulla. Hacía veinte minutos que otro hermano había tenido una «discusión de familia», la hermana había llamado a la comisaría y habían enviado otro coche. Así pues, los dos coches patrulla estaban ocupados. Las zonas negras no eran patrulladas de la misma manera que los distritos de los blancos. Los negros no suscribían importantes pólizas de seguros, ni sabían influir en el Ayuntamiento.
A veces Alim ponía en funcionamiento hasta cuatro tácticas de diversión, incluyendo atascos de tráfico. Se limitaban a repartir pan entre los chicos, para que se entretuvieran en las calles. Alim Nassor era un dirigente nato. No le habían echado el guante desde su juventud, con excepción del último trabajo, cuando un policía fuera de servicio salió de una lavandería automática. ¿Quién habría pensado que aquel hermano era un cerdo policía? Todavía se preguntaba si debía haberlo liquidado o no. En cualquier caso, no lo había hecho. Corrió a un callejón y se desprendió del arma, la máscara y la pistola. Los abogados se encargarían de esas cosas. Sólo había otra prueba, que era la identificación del tendero blanco, pero había maneras de hablar con él para que no testificara..
Llegó la hora Alim bajó del coche. La máscara parecía un rostro. A cinco metros de distancia, nadie diría que se trataba de una máscara. Llevaba el arma bajo la cazadora. Cinco minutos después del trabajo, la cazadora y la máscara habrían desaparecido. Alim dejó de pensar, ahuyentó el pasado y el futuro. Cruzó la calle a su debido tiempo, pues no quería hacer nada que llamara la atención. El almacén estaba vacío.
Todo fue bien, sin problemas. Obtuvo el dinero y estaba a punto de salir cuando entró un hermano. Era un hombre al que Alim conocía desde mucho tiempo atrás. ¿Qué estaba haciendo el muy bastardo en aquella parte de la ciudad? ¡Nadie del barrio de Boyle Heights debería estar más abajo de Watts! Vaya inconveniente. Alim se dio cuenta de que el hermano le había reconocido, tal vez por su forma de andar o por cualquier otra cosa, pero sabía quién era.
Apenas tardó un segundo en tomar una decisión. Se volvió, apuntó el arma y disparó dos veces, para asegurarse. El hombre cayó al suelo. El horror se reflejaba en los ojos del tendero, y Alim disparó tres veces más. Otro atraco no hubiera molestado a nadie, pero los cerdos trabajaban a fondo cuando se trataba de asesinato. Aunque lamentable, era mejor no dejar testigos.
Salió rápidamente y no se dirigió al coche robado que estaba al otro lado de la calle, sino que caminó media manzana, se internó en un callejón y salió a otra calle. Todavía sentía en el brazo ese cosquilleo peculiar y atávico. El hombre había sido hecho para usar una porra, y una pistola es el último grito en porras. Cierra el puño, y si el enemigo está lo bastante cerca para verle el rostro, un golpe lo derribará al suelo, sin vida. ¡Poder! Alim conocía gente a la que había enviciado aquella sensación.
Su hermano, hijo de su misma madre, no sólo de raza, le esperaba en un coche que no era robado. Avanzaron al límite permitido de velocidad, lo bastante rápido para no llamar la atención, pero con suficiente lentitud para que no les detuvieran.
—He tenido que despachar a dos —dijo Alim.
Harold se estremeció, pero su voz era fría.
—Lástima. ¿Quiénes eran?
—Nadie. Nadie importante.
MARZO: DOS
La mayoría de los astrónomos conciben a los cometas como una vasta nube que rodea él sistema solar y que tal vez se extienden hasta llegar a medio camino de la estrella más próxima. El astrónomo holandés J. H. Oort, con cuyo nombre suele designarse la nube, ha calculado que ésta podría contener quizá cien mil millones de cometas.