Tim Hamner llegó en taxi en el mismo momento en que el furgón de Harvey se detenía ante los Laboratorios de Propulsión a Reacción. Harvey lanzó un juramento al tiempo que Tim entregaba al conductor un billete de veinte dólares y lo despedía. Pero cuando Hamner se acercó a él, Harvey le recibió con la mejor de las sonrisas.
Hamner parecía avergonzado.
—Mire, Harvey, ya sé que dije que no me metería en esto... y no lo voy a hacer. Pero conocí a Sharps en aquella entrevista por televisión.
—Sí, la vi. Sharps estuvo muy bien.
—Desde luego —convino Hamner—. Quiero verle otra vez. Llamé al JPL y me dijeron que usted vendría aquí para Celebrar una entrevista. Harvey, quisiera estar presente.
Harvey se sentía airado, pero aquella era una petición razonable por parte de un patrocinador.
—Claro que sí.
Charlene, la señorita de relaciones públicas, esperaba, y no puso el menor reparo a la inesperada aparición de Tim Hamner entre el equipo de rodaje. El despacho de Sharps no había cambiado. Había libros diversos desparramados sobre su lujoso escritorio, y en vez de una salida impresa de IBM había un gran diagrama. Harvey pensó que cambiaba el reparto, pero la obra era la misma.
—Vaya —dijo Sharps, alzando una ceja al ver a Hamner—. ¿El patrocinador viene a vigilarle, Harvey? Espero que esto no lleve mucho tiempo. Tengo que ir a los laboratorios dentro de poco.
Harvey hizo una seña a los miembros del equipo. Charlie ya estaba preparando las cosas para el rodaje y Mark iba de un lado a otro con el fotómetro. Mark se había perfeccionado mucho en su trabajo. Parecía cuajar en él. Harvey no recordaba que hubiera durado tanto tiempo en ningún otro empleo. Si ahora lo abandonara, Mark le echaría de menos.
—Estamos interesados en la sonda —dijo Harvey—. ¿Cree usted que va a salir bien?
Sharps le sonrió.
—Las perspectivas son inmejorables, gracias al senador Arthur Jellison. ¿Recuerda la conversación que tuvimos al respecto?
—Sí.
—Bien, él es el hombre. Le agradeceré toda buena publicidad que pueda dedicarle.
Harvey asintió e hizo una señal al equipo.
—Empecemos.
—Rodando —dijo Manuel.
Charlie estaba detrás de la cámara, y Mark se adelantó con la claqueta.
—Entrevista a Sharps. Primera toma.
—Doctor Sharps —dijo Harvey—. Ha habido algunas críticas a la proposición de enviar una misión Apolo para estudiar el cometa. Se dice que sería demasiado peligroso.
Sharps hizo un gesto de rechazo.
—¿Peligroso? Ya lo hemos hecho antes. Una perfecta sección propulsora y una cápsula probada. No hemos dedicado tantos meses de planeamientos como a la NASA le gusta, pero pregunte a los hombres que tripularán la nave, pregunte a los astronautas si ellos creen que será peligroso.
—¿Ya ha sido escogida la tripulación?
—No... ¡Pero hay cuarenta voluntarios! —exclamó Sharps sonriendo a la cámara.
Harvey siguió haciendo preguntas. Hablaron de los instrumentos que llevaría el Apolo. Muchos de ellos se estaban ensamblando en el JPL y el Instituto Tecnológico de California.
—Los estudiantes y técnicos están haciendo horas extras gratuitas —dijo Sharps—. Sólo para ayudar.
—¿Sin cobrar? —preguntó Harvey.
—Exacto. Hacen su trabajo normal, las cosas que tenemos contratadas, y luego dedican su tiempo libre a la misión al cometa. Sin cobrar.
Harvey pensó que aquello no estaba mal. Tomó nota de que debía entrevistar a algunos de los técnicos. Tal vez encontraría a un conserje que trabajara horas extras para ayudar.
—Parece que no pueden transportar suficiente equipo —dijo Harvey.
—Bueno, la verdad es que no podemos llevar demasiadas cosas —convino Sharps—. Desde luego, no todo lo que nos gustaría llevar. Pero ¿qué significa suficiente? Podemos llevar lo suficiente para aprender mucho.
—De acuerdo. Doctor Sharps, tengo entendido que ha hecho un nuevo diagrama de la órbita del cometa Hamner-Brown. Y que tiene nuevas fotografías.
—Las fotos las tiene el observatorio Hale. En efecto, hemos trazado la órbita. Podemos decir con seguridad que se trata de un gran cometa. Tiene el coma más largo jamás registrada a esa distancia del sol. Eso significa que queda mucho hielo en la bola de nieve. Y se acercará mucho. Primero pasará a una distancia razonable, y veremos una cola espectacular. Luego entrará en la órbita de Venus y en su mayor parte se desvanecerá, aunque parte de la cola puede ser visible durante cierto tiempo. Quiero decir visible a simple vista. Después estará demasiado próximo al sol para que podamos verlo desde aquí, pero, naturalmente, la tripulación del Apolo podrá efectuar buenas observaciones. No volveremos a verlo hasta que pase muy cerca de la Tierra en su viaje de regreso. Por entonces llenará totalmente el cielo con la cola. Estoy dispuesto a apostar que esa cola será visible a la luz del día.
Mark Czescu soltó un silbido. Manuel no hizo ninguna maniobra correctora, por lo que Harvey supo que la cinta no había registrado el silbido. También Harvey sentía ganas de silbar.
Se abrió la puerta del despacho y entró un hombre de baja estatura, de rasgos imprecisos y rechoncho, que aparentaba unos treinta años. Llevaba una barba bien cuidada y gruesas gafas. Llevaba una camisa de lana y ambos bolsillos estaban repletos de plumas y lápices de todos los colores y grosores imaginables. De su cinturón colgaba una calculadora de bolsillo.
—Oh, lo siento... Creí que estabas solo —dijo en tono de disculpa, y empezó a retroceder.
—No, no, quédate y escucha esto —le dijo Sharps—. Les presento al doctor Dan Forrester. Su trabajo oficial es programador de computadores. Está doctorado en astronomía. Normalmente aquí le llamamos nuestro genio cuerdo.