Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Secretos en el tiempo». Краткое содержание книги:

Una mujer en busca de su pasado… Un hombre dispuesto a arruinarlo
Después de haber crecido como hija única, Keely McClain descubrió con asombro que no sólo tenía un padre, sino que también tenía seis hermanos mayores. Pero antes de nada debía descubrir qué había sucedido hacía tantos años. Y, al investigar su pasado, encontró una familia… y un amante…
Rafe Kendrick sólo tenía un objetivo en la vida: vengarse de los Quinn, y no estaba dispuesto a permitir que nada ni nadie lo distrajera… Hasta que se enamoró locamente de la nueva camarera del pub de los Quinn. Aún así, decidió poner su plan en marcha… fue entonces cuando descubrió que la mujer que había en su cama también era una Quinn.
1 ... 18 19 20 21 22 23 24 25 26 ... 50
Перейти на страницу:

– ¿Por?

– Por devolverme a mi madre. No suele volver a la realidad. Ha sido el mejor regalo de navidad que me han hecho en muchos años.

Keely lo miró algo confundida. Luego sonrió y echó a andar por el pasillo. Rafe la observó, asombrado por la profunda emoción que lo invadía. ¿Qué golpe de suerte le había traído a Keely McClain a su vida?, ¿qué tendría que hacer para retenerla?

– No esperaba que todos mis restaurantes favoritos estuvieran cerrados en Nochebuena -dijo Rafe.

– No importa -contestó Keely-. Podemos cenar otro día.

– Te he invitado a cenar y vamos a cenar… Todavía podemos probar en un sitio. Está cerca.

Keely se acomodó en el asiento del Mercedes. Se alegraba de pensar que cenarían con una mesa entre los dos porque, en ese momento, tenía unas ganas casi irresistibles de besarlo de nuevo. El roce de sus labios en la residencia no había hecho sino azuzar su apetito. Sentía como si cada poro de su piel estuviese cargado de electricidad. Y que si Rafe la tocaba adecuadamente, ardería en llamas.

Si no quería meterse en líos esa noche, tendría que elegir los platos de la cena en función de la cantidad de ajo. Keely frunció el ceño cuando Rafe pulsó el mando que abría la puerta de un garaje.

– ¿Qué clase de comida ponen en este restaurante? -preguntó.

– No es un restaurante. Más bien una cocina con una vista fantástica.

– Vives aquí, ¿no?

– Hago unas tortillas de miedo -Rafe sonrió.

Keely contuvo un gruñido. Sabía bien cómo acabaría la velada. Tratándose de Rafe, no tenía el menor control sobre sus deseos. El aire de Boston debía de afectarla, pensó. Tenía algo que convertía a una niña buena católica en una adicta al sexo. O quizá fueran los genes de los Quinn. Sus hermanos no eran famosos por su abstinencia sexual, de modo que por qué iba a serlo ella.

Mientras subían en el ascensor, Keely miró los números de las plantas. Por fin pararon en la planta de arriba.

– ¿Cómo conseguiste la planta de arriba? -preguntó ella tras salir al pasillo.

– Construí el edificio -dijo él, encogiéndose de hombros, mientras metía la llave en la puerta de su apartamento.

Vivía en una casa suntuosa, con el sello de un decorador de interiores en cada rincón, en los accesorios, los colores y las texturas de cada mueble estilo europeo. Nada que ver con su pequeño estudio bohemio en East Village.

Contuvo el impulso de darse la vuelta y marcharse. Había veces que tenía la sensación de que Rafe y ella vivían en mundos distintos. Él era rico, le gustaban los lujos y ejercía un poder inexplicable sobre ella. Aunque, al mismo tiempo, Keely confiaba en Rafe.

El apartamento estaba tenuemente iluminado. Keely se sintió atraída por los enormes ventanales del otro extremo del salón. Se quedó de pie mirando el puerto, la forma de la costa bordeando las luces de la ciudad.

– Es precioso -dijo.

– ¿Quieres beber algo?, ¿una copa de vino?

– Perfecto.

Rafe desapareció en la cocina. Keely se dio un abrazo y trató de contener un escalofrío. La primera vez que habían estado juntos había sido tan espontáneo que no había tenido tiempo para pensar. Pero esa noche tenía todo el tiempo del mundo para sopesar sus acciones. No habría ocasión para decisiones impulsivas.

Y la excusa de que era un ligue de una noche no funcionaría. Si se acostaba con él, tendría que afrontar las consecuencias a la mañana siguiente. Keely cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás. No podía negar su atracción hacia Rafe. Su recuerdo no había dejado de perseguirla incluso en sueños.

Se giró al oír sus pasos y forzó una sonrisa. Llevaba una botella de champán en una mano y sendas copas en la otra.

– Espero que esta vez no me lo lances a la cara -bromeó Rafe mientras le servía, para entregarle una de las copas a continuación. Sus manos se tocaron un instante y fue como tocar un relámpago: una descarga peligrosa la recorrió por dentro. Keely apretó la copa por miedo a que se le cayera. A pesar del tiempo que había pasado, seguía recordando las manos de Rafe recorriéndole el cuerpo.

– Feliz Navidad, Keely McClain -dijo tras llenarse su copa y alzarla.

– Feliz Navidad -Keely brindó con la copa de él.

– ¿Tienes hambre? -le preguntó entonces, al tiempo que le hacía una caricia en la mejilla.

De alguna manera, le pareció que no estaba hablando de comida. Pero estaba dispuesto a seguirle el juego.

– Sí. ¿Puedo ayudar?

Rafe asintió con la cabeza y Keely lo siguió a la cocina. Encendió las luces y todo eran encimeras de granito, acero inoxidable, luces halógenas. Keely miró todos aquellos aparatos ultramodernos y apuntó hacia una batidora profesional, de las que ella usaba en la repostería.

– ¿La has usado alguna vez?

– No, pero supongo que al decorador le pareció importante -Rafe sonrió mientras sacaba una sartén-. Voy a necesitar huevos y beicon. En la nevera debe de haber pimiento verde. Y algo de queso.

Keely abrió la puerta de la nevera. Esperaba encontrarla a rebosar, pero solo había productos básicos y cosas de picar.

– Vaya: se nota que cocinas mucho.

– Muchísimo. Mi asistenta hace la compra. Y como mi habilidad culinaria no va más allá de las tortillas, la lista de la compra no es muy larga.

Keely colocó los ingredientes en la encimera, luego se apoyó en el borde a mirarlo cocinar. Pero cuando fue a alcanzar los huevos, se agachó y, como si fuera la cosa más natural del mundo, le dio un beso en la boca. Esa vez se demoró, mordisqueando y saboreando sus labios antes de separarse.

– Necesitaba hacerlo -dijo Rafe sonriente mientras cascaba los huevos.

– Quería que lo hicieras -contestó ella-. Quizá podrías hacerlo otra vez en algún momento -añadió resignada a una rendición incondicional. Dios, ¿cuánto le había costado capitular?, ¿cinco, diez minutos como mucho?

– Quizá podría -dijo Rafe al tiempo que dejaba el tenedor sobre el plato con los huevos medio batidos.

Con un cuidado exquisito, la rodeó por la cintura y la elevó hasta sentarla sobre el borde de la encimera. Luego le separó las rodillas y se colocó entre medias, sin dejar de mirarla a los ojos un instante. Keely notaba que su cuerpo estaba preparado para sentir las caricias de Rafe. Y cuando este recorrió sus muslos con las manos y le levantó las piernas alrededor de su cintura, exhaló un suspiro despacio.

– Me gustan tus botas -dijo bajando las manos hacia los tobillos. Luego cambió de dirección, empezó a subir y siguió ascendiendo hasta levantarle la falda por las caderas. Metió un dedo entre las bragas y dio un tironcito del elástico-. Y esto también.

Continuó la exploración por la cintura, agarró la parte inferior del jersey y se lo sacó por encima de la cabeza. Después de dejarlo a un lado, plantó las palmas sobre sus hombros. Una oleada de fuego recorrió el cuerpo de Keely y aceleró el ritmo de sus latidos.

Rafe jugó con los tirantes del sujetador, no era capaz de pararse en un sitio concreto.

– Eres tan bonita -murmuró con voz ronca. Deslizó la lengua sobre sus labios y se retiró-. Me encanta cómo sabes. Más rica que el champán.

Despacio, con lentitud deliberada, fue moviéndose de un punto a otro, de la base del cuello a la piel bajo la oreja, pasando por el monte de sus pechos y luego uno de los pezones. Y cada vez que la tocaba con la lengua, Keely gemía de placer. Entonces bajó hasta el ombligo, se agachó al interior del muslo.

– Deja que te pruebe -murmuró-. Toda entera.

Keely se echó hacia atrás sobre la encimera, cerró los ojos y se preparó para el abordaje. Gimió cuando lo notó entre los muslos, anticipando su siguiente paso. Cuando metió las manos bajo la falda y le bajó las bragas, Keely suspiró. Rafe se retiró un segundo mientras le sacaba la lencería y la dejaba caer al suelo.

1 ... 18 19 20 21 22 23 24 25 26 ... 50
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)