Caricias del corazón
- Автор: Джексон Лайза
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Caricias del corazón». Краткое содержание книги:
Matt jamás había conocido a una mujer que no sucumbiera al encanto de los McCafferty. Sin embargo, la hermosa Kelly Dillinger, la policía asignada al caso del intento de asesinato de su hermana, demostró ser completamente indiferente a su atractivo. Aunque no se llevaban bien, la actitud profesional y distante de ella hería el orgullo de Matt… y le encendía la sangre.
Cuanto más se resistía Kelly, más decidido estaba él a romper las barreras. De algún modo, la atractiva detective había conseguido quebrar su dura coraza exterior para tocar su alma…
– Nosotros sólo queremos llegar al fondo de lo ocurrido con Randi y posiblemente con Thorne tan rápidamente como sea posible -dijo Kelly-, y, por supuesto, arrestar al homicida y llevarlo a juicio.
– En ese caso, estamos todos en el mismo barco -comentó Thorne.
– Doy por sentado de que la policía ya habrá comprobado mis credenciales -dijo Kurt mirando fijamente a Kelly.
– Por supuesto que sí -afirmó Kelly-. Hemos investigado a todos los implicados en este asunto.
– Bien. En ese caso, pongámonos manos a la obra. Acabo de regresar de Seattle, que era donde Randi trabajaba. Allí, he hablado con el departamento de policía. Todo lo que yo diga aquí esta noche está limpio, es decir, de acuerdo con los procedimientos policiales. No tiene usted que preocuparse de que su profesionalidad pueda quedar comprometida.
– Establezcamos primero las reglas -dijo ella-. Si usted rompió alguna regla, no me lo va a decir y se supone que yo tengo que ignorarlo, no cuestionarlo. ¿Es así?
– Para que conste, no lo hice.
– Tomo nota -replicó Kelly, aunque sospechaba que el detective privado estaba mintiendo. Sacó un bolígrafo y un cuaderno por si acaso él decía algo que ella quisiera comprobar más tarde-. Bueno, ¿qué descubrió usted cuando estuvo en Seattle?
Kurt se metió la mano en el bolsillo.
– Para empezar, esto -dijo. Sacó un CD-. Es una copia. El departamento de policía de Seattle tiene el original.
– ¿Dónde lo encontró?
– Sorprendentemente, la puerta del apartamento de Randi McCafferty estaba abierta. Llamé. No respondió nadie y entré.
– ¿Y encontró un CD que la policía había pasado por alto? -preguntó ella con escepticismo. Quería decirle que mentía, que sabía que había entrado a la fuerza en el apartamento, pero no vio razón alguna para hacerlo. ¿No habría utilizado la misma táctica ella misma? Aunque ella lo haría con su placa de policía, y aquel tipo era un civil. ¿Qué era peor?
– No exactamente. Digamos que allí encontré la llave de una consigna.
– ¿Qué consigna? -preguntó Kelly.
– La de una estación de tren.
– ¿Y el CD estaba en esa consigna?
– Así es.
– ¿Encontró algo más?
– Hasta ahora no.
– ¿Qué contiene ese CD? -preguntó Nicole.
– El principio de un libro. El resumen del contenido y unos tres capítulos.
Thorne se irguió.
– El libro que Juanita no hacía más que mencionar. Yo creía que sólo era una tontería -dijo. Se levantó y se dirigió hacia la estantería-. Desde que era niña, Randi siempre soñó con escribir una novela. Cuando estaba en el colegio, tenía un diario y siempre estaba imaginando pequeñas historias, pero yo creía que se le había pasado todo cuando se fue al instituto y empezó a mostrar interés en los chicos y en el rodeo. Me imaginé que con conseguir su título de periodismo y comenzar a escribir en un periódico le había bastado.
– Sin embargo, creo que ella también escribía artículos para una revista -añadió Nicole poniéndose también de pie-. Estoy segura de que leí uno que era muy de su estilo y que estaba firmado por RJ. Mackay.
– Lo he comprobado. Parece que le gustaba escribir sin que nadie supiera que era ella. De vez en cuando, escribía artículos bajo seudónimo, probablemente porque no quería que su editor lo descubriera y le hiciera pasar un mal rato por ello.
– ¿De qué va el libro? -preguntó Kelly.
– Es el inicio de una novela.
– ¿No se trata de una colección de anécdotas y consejos de su columna en el Clarion? -preguntó Thorne.
– No parece. Hay una historia y yo me apuesto algo a que es una mezcla de ficción y de hechos reales -explicó Kurt.
– ¿Autobiográfica? -preguntó Matt.
– No lo creo. Ciertamente, no se trata de su vida, pero podría haberse inspirado en alguien que le escribió una carta y le pidió consejo, o tal vez en alguien a quien ella conocía personalmente. No lo sé. En este momento, todo son conjeturas. Como he dicho, el departamento de policía de Seattle tiene el CD original y el ordenador.
– ¿Pero usted tiene copias de todo? -preguntó Kelly-. Seguro que ésta no es la única.
La sonrisa de Kurt confirmó la teoría de Kelly.
– He dicho que iba a trabajar con usted, pero no que iba a revelarle todos mis secretos.
Kelly no insistió.
– Lo imprimiré -dijo Thorne.
– Ya lo he hecho -respondió Kurt.
Abrió su maletín y sacó un montón de papeles. Justo en aquel momento, Slade entró por la puerta principal. Tras frotarse las manos, entró en el salón y dio una palmada a Kurt en la espalda. Rápidamente, lo pusieron al día. A los pocos minutos, se sirvió una taza de café y, junto con sus hermanos, Kelly y Nicole, examinó las páginas del libro de Randi.
– ¿Sobre quién es esto? -preguntó Slade.
– No tenemos ni idea -musitó Matt.
Kurt levantó un hombro.
– Yo diría que los nombres han sido cambiados para proteger a los protagonistas.
Kelly estuvo de acuerdo. Los tres primeros capítulos no mostraban la redacción definitiva. La historia parecía girar en torno a un jinete de rodeo algo oscuro al que chantajeaban para que perdiera las competiciones en las que participaba. El personaje principal era un muchacho pobre de una zona marginal de la ciudad que llevaba toda su vida luchando por sobrevivir. Al final, las circunstancias lo obligaban a infringir la Ley y a verse absorbido por un mundo de drogas y crimen. El resultado era que, por mucho que se esforzaba por librarse y salir del círculo vicioso del crimen y de la dependencia, siempre fracasaba.
– Madre mía -comentó Slade, al examinar rápidamente la última página.
– Menudo melodrama -bufó Matt al terminar su parte del manuscrito y pasárselo a Thorne.
Kelly miró a Matt.
– O es una historia real que alguien no quiere que se publique.
– ¿Y quién podría saberlo? -preguntó Kurt.
– Supongo que su agente. Tal vez ya ha empezado a intentar vendérsela a las editoriales -comentó Thorne.
– Tal vez -afirmó Matt-. O tal vez no. El problema es que ninguno de nosotros sabe lo que estaba pasando en la vida de Randi, pero estas páginas no indican casi nada. Estaba escribiendo un libro. ¿Y qué? ¿Que podría estar basado en hechos reales? ¿Y qué? -repitió.
– ¿No ha encontrado ninguna nota? -le preguntó Kelly a Kurt.
– ¿Aparte de lo que había en el CD? No.
– ¿Ni libros de consulta o materiales de investigación?
– Había libros por todas partes. Cientos de ellos y un montón de revistas en una estantería. No vi nada que me pareciera significativo.
Kelly no insistió. La policía de Seattle ya había estado en el apartamento y se les había pasado por alto o no le habían dado importancia al hecho de que Randi estuviera escribiendo un libro. Tendría que comprobarlo cuando se fuera a la ciudad.
Estuvieron hablando del caso hasta que no quedó nada más que decir. Entonces, Kelly decidió marcharse.
– Os mantendré informados si descubro algo -dijo, refiriéndose al grupo en general-, y espero la misma consideración -añadió, dirigiéndose a Kurt en concreto.
– Por supuesto -afirmó, aunque Kelly no estaba segura de que pudiera confiar en él.
– Buenas noches.
Se dirigió a la puerta. Entonces, tuvo una corazonada. Se volvió a Matt y dijo:
– ¿Podría ver su dormitorio?
Matt se encogió de hombros y la acompañó a la planta superior. Allí, abrió la puerta de un pequeño dormitorio que había sido transformado en la habitación para el bebé. El niño dormía profundamente. Kelly sonrió. Matt miró a su sobrino y su rostro se dulcificó.
– Tan pequeño y hay que ver el ruido que hace -susurró. Entonces, arropó cuidadosamente al bebé.