Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Caricias del corazón». Краткое содержание книги:

Pensaba que las fuerzas de seguridad no eran lugar para una mujer, pero no iba a tardar mucho en cambiar de opinión
Matt jamás había conocido a una mujer que no sucumbiera al encanto de los McCafferty. Sin embargo, la hermosa Kelly Dillinger, la policía asignada al caso del intento de asesinato de su hermana, demostró ser completamente indiferente a su atractivo. Aunque no se llevaban bien, la actitud profesional y distante de ella hería el orgullo de Matt… y le encendía la sangre.
Cuanto más se resistía Kelly, más decidido estaba él a romper las barreras. De algún modo, la atractiva detective había conseguido quebrar su dura coraza exterior para tocar su alma…
1 ... 17 18 19 20 21 22 23 24 25 ... 46
Перейти на страницу:

Con más agilidad de la que se hubiera creído poseedora, saltó al suelo.

– Si… si…

Se lamió los labios y sintió que el rubor le cubría las mejillas. ¿En qué diablos estaba pensando?

– Si se te ocurre alguna otra cosa, llámame -añadió.

Matt dudó.

– Estoy hablando del caso.

– Lo sé.

El corazón no se le tranquilizaba. En algún lugar del establo, una yegua relinchó suavemente. Kelly apartó su mirada de la de él. Dios santo. ¿Qué era lo que le ocurría? Jamás le había ocurrido algo así. Nunca. Había trabajado con docenas de hombres, había entrevistado testigos, sospechosos y víctimas con regularidad, pero jamás se había encontrado con los sentimientos que estaban batallando en aquel momento en su interior.

– Y tú mantenme al día de cómo van las investigaciones -dijo él.

«Ni hablar», pensó Kelly mientras se dirigía hacia la puerta. Sí, por supuesto que la familia estaría informada, pero algunos detalles quedarían exclusivamente en poder de las fuerzas de seguridad con el propósito de atrapar al asesino.

Como si Matt le leyera el pensamiento, la agarró por el codo y la obligó a darse la vuelta.

– Lo digo en serio -insistió-. Quiero saber lo que ocurre a cada paso de la investigación. Si hay algo que yo pueda hacer para atrapar al hijo de perra que le ha hecho esto a mi hermana, lo haré -afirmó-. No podemos dejar que ese tipo se largue sin recibir su castigo.

– Lo sé.

– De otro modo, me podría ver obligado a tomarme la justicia por mi mano.

– Eso sería un error.

– En ese caso, asegúrate que no tenga que ocurrir así. Atrapa a ese canalla.

– Lo haremos -prometió ella.

– No estoy bromeando, detective -dijo él apretándole el brazo un poco más-. Quiero que arresten a ese asesino para que reciba su castigo. Estoy harto de esperar mientras la vida de mi hermana está en peligro. O lo arrestas tú o yo lo encontraré y, cuando lo haga, no esperaré a que los tribunales decidan lo que hacer con él. Me ocuparé yo mismo.

Seis

– Simplemente no sé por qué no tienen a un hombre a cargo de la investigación -gruñó Matt mientras se sentaba a la mesa con una taza de café entre las manos dos días después.

Sólo faltaban unas pocas jornadas para el día de Acción de Gracias. Juanita, Nicole y Jenny, la canguro, habían estado muy ocupadas preparando una gran reunión a la que estarían invitados amigos y parientes. Habían decorado la casa muy profusamente para la ocasión.

El estado de Randi se había estabilizado, pero no había mejorado mucho. El pequeño J.R. se iba haciendo más grande por segundos y Mike Kavanaugh había vuelto a llamar para tratar de presionar a Matt para que le vendiera el rancho que éste poseía.

Además de todo esto, él no dormía bien. Desde el día en el que Kelly Dillinger estuvo en la casa, no había podido dejar de pensar en ella. Mientras trabajaba con el ganado, su traicionero pensamiento evocaba la imagen del rostro de la detective. Por la noche, daba vueltas en la cama y, cuando conseguía conciliar el sueño, soñaba con que la besaba, y se despertaba con una erección tan potente como cuando estaba en el instituto. Durante el día, mientras estaba en el hospital, la buscaba por todas partes, esperando encontrarse con ella, o se inventaba excusas para tener que llamarla.

Sin embargo, hasta el momento, no lo había hecho.

Resultaba completamente estúpido. Kelly Dillinger ni siquiera era su tipo. A él le gustaban las mujeres más dulces, más tranquilas, de curvas redondeadas, largo cabello rubio y dulce voz. Siempre que había pensado en sentar la cabeza, lo que no había ocurrido con frecuencia hasta que Thorne anunció que se iba a casar, Matt había pensado que le gustaría una mujer casera que no quisiera más que ser la esposa de un ranchero y la madre de sus hijos. Jamás había considerado que podría enamorarse de una mujer de carrera, armada, policía de lengua afilada y que, además, vivía demasiado lejos del rancho que él se había comprado con tantos esfuerzos. Había pagado un buen precio por aquel trozo de tierra que significaba su independencia y no iba a dejarlo por ninguna mujer, en especial por una detective.

Se recordó que, por supuesto, no se estaba enamorando de nadie. Tomó un sorbo de café que le quemó el paladar. Entonces, escupió y tosió. ¿De dónde había salido aquel traicionero pensamiento?

– Hay un hombre a cargo de la investigación -dijo Thorne-. Según creía yo, Roberto Espinoza es el jefe del equipo.

Slade se reclinó sobre la silla y observó a sus hermanos por encima del borde de su taza.

– No se trata de eso. A menos que me equivoque, yo diría que la detective Dillinger te molesta por la misma razón que Nicole a Thorne.

– ¿Y qué se supone que significa eso? -gruñó Matt. No le gustaba el cariz que estaba tomando la conversación.

– Reconócelo, hermano. Te sientes atraído por ella.

Matt miró directamente a los ojos de su hermano.

– Ni hablar. Es policía. No me interesa una mujer detective. Se trata simplemente de que está trabajando en la investigación.

Slade sonrió a Thorne, invitándolo en silencio a que se uniera a la discusión.

– Yo creo saber de qué se trata -comentó éste-. Lo que te pasa es que sientes fascinación por una figura de autoridad.

– ¿Cómo?

– Bueno, ya sabes que dicen que a las mujeres les fascinan los uniformes… Tal vez sea eso lo que te pasa a ti. Te gusta la idea de tener una mujer que te dé órdenes.

Matt lanzó un bufido de desdén.

– ¿Acaso no tenéis algo constructivo que hacer? -preguntó, aunque no se atrevía a analizar demasiado la teoría de sus hermanos.

– Sí -dijo Slade-. Supongo que es mejor que vuelva a llamar a Kurt Striker. Me dijo que regresaría a Grand Hope esta tarde. Tal vez haya averiguado algo mientras ha estado en Seattle -sugirió. Entonces, se levantó y llevó su taza al fregadero-. Le diré que venga a vernos esta noche.

– Bien -afirmó Thorne-. Cuanto antes lleguemos al fondo de todo este asunto, mejor.

«Amén», pensó Matt.

– No faltaba medicación alguna ni de los carritos, ni de los armarios ni de la farmacia -dijo Kelly lanzando un dossier sobre el escritorio de Roberto Espinoza.

– Supongo que eso significa que el agresor llevó él mismo la insulina al hospital -dedujo Espinoza. Se reclinó sobre su butaca y comenzó a mirar por la ventana.

– ¿Significa eso que el personal del hospital está limpio?

– O que el agresor es muy inteligente.

– O las dos cosas -afirmó Kelly. Apoyó una cadera sobre el escritorio y señaló el dossier-. Interrogaremos a todos los que puedan tener alguna relación con los McCafferty. Podría ser que hubiera alguien diabético. Si es así, hay que descubrir si le falta medicación.

– Está bien. ¿Y las huellas?

– Nada relevante, pero, dada la cantidad de guantes de látex que hay en un hospital, no es de extrañar. Sin embargo, la buena noticia es que Randi McCafferty está fuera de peligro y ha sido trasladada a una habitación.

– ¿Está vigilada?

– Por supuesto. Si volvieran a atacarla, los McCafferty nos demandarían sin dudarlo. Son demasiado impulsivos esos tres. Todos estuvieron arrestados cuando estaban en el instituto. Su viejo les pagó la fianza una y otra vez y, en mi opinión, eso no les ha servido de nada.

– De eso hace mucho tiempo.

– Sí, supongo -dijo Espinoza. Inclinó la cabeza y la miró atentamente-. Tienen su reputación. Rompieron bastantes corazones en esta ciudad en sus días de juventud.

– No creo que eso sea relevante para el caso.

– ¿No?

– No me irás a decir ahora que crees que necesito consejo -replicó ella. Estaba decidida a agarrar al toro por los cuernos-. ¿Qué es lo que estás tratando de hacer? ¿Advertirme? ¿Sobre qué?

1 ... 17 18 19 20 21 22 23 24 25 ... 46
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)