Un Hotel En Hollywood
- Автор: Стил Даниэла
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Hotel En Hollywood». Краткое содержание книги:
Tanya Harris es feliz junto a su marido y sus hijos en San Francisco. Trabaja como ama de casa y guionista para la televisión, y aunque su eterno sueño es triunfar como escritora, siempre ha antepuesto su familia a sus anhelos profesionales.
Sin embargo, una llamada telefónica de su agente hará que su vida dé un vuelco: una leyenda de Hollywood, el productor Douglas Wayne, quiere que escriba un guión cinematográfico. Aceptar este proyecto significa que deberá abandonar su casa, su familia, su ciudad. No obstante, Tanya sabe que oportunidades así sólo se presentan una vez en la vida. A pesar de sus continuos viajes, Tanya no sabe cómo sellar estas grietas que la distancia ha dibujado entre ella y su familia, sobre todo con su marido, quien parece necesitarla cada vez menos…
– ¿Tan inconcebible te parece que la gente esté felizmente casada?
Tanya lo veía como algo natural aunque también se sentía afortunada por ello. En Ross había un montón de parejas que llevaban veinte o treinta años felizmente casados. La mayor parte de sus amigos, por ejemplo. Aunque era cierto que Peter y ella daban la impresión de ser el matrimonio más sólido. También conocían a mucha gente que se había separado, pero algunos de ellos habían vuelto a casarse y formaban nuevas parejas felices. Tanya vivía en un mundo pequeño y sano, muy lejano de este en el que ahora se encontraba.
En el mundo de Douglas la gente no solía casarse, y cuando lo hacía era por razones casi siempre equivocadas: por presumir de pareja, por cuestiones de poder o para obtener algún beneficio material. El productor conocía a muchos hombres casados con mujeres a las que mostraban como un trofeo. En Marin y en el ambiente de Tanya, no había mujeres trofeo.
– Mis dos matrimonios fueron un absoluto error -dijo Douglas con sinceridad-. Mi primera esposa, con la que me casé hace treinta años, era una famosa actriz. Los dos éramos absurdamente jóvenes. Yo era un crío recién llegado que, con solo veinticuatro años, quería ser actor. La pasión por actuar se me pasó muy pronto, y la pasión por ella, también. Estuvimos menos de un año casados y, gracias a Dios, no tuvimos hijos.
– ¿Se convirtió en una gran estrella? -preguntó Tanya muerta de curiosidad.
No quería preguntarle directamente quién era pero se moría de ganas de saberlo. Aunque sabía que debía esperar a que fuese Douglas quien se lo dijera si quería.
– No -contestó sonriendo-. Nunca lo fue. Sin embargo, era una chica hermosa. Abandonó la carrera de actriz y se casó con un tipo de Carolina del Norte. Después de su boda, no volví a saber de ella. Un amigo común me dijo que había tenido cuatro hijos. Solo le pedía a la vida un marido, niños y un trozo de tierra. Supongo que consiguió las tres cosas, pero desde luego no de mí. Ni siquiera entonces era la vida que yo deseaba.
Por su manera de hablar, no dejaba lugar a dudas. Seguía sin ser su estilo de vida. Tanya no lograba imaginar a Douglas Wayne con críos.
– La segunda era más interesante, una estrella de rock de los años ochenta. Tenía un talento increíble y podría haber tenido una carrera extraordinaria.
El tono de Douglas era casi nostálgico. Tanya le miró a los ojos, pero no lograba interpretar lo que veía: arrepentimiento, dolor, quizá duelo, desilusión. Evidentemente, aquella relación se había acabado también ya que ni estaba casado ni quería estarlo.
– ¿Y qué le pasó? ¿También dejó el mundo del espectáculo?
– No, murió en un accidente aéreo durante una gira. Ella y todo su grupo. El batería pilotaba el avión, y evidentemente no era lo suyo. A lo mejor estaba fumado. Ya nos habíamos divorciado cuando murió, pero lo sentí muchísimo. Era una criatura tan dulce… Seguramente has oído hablar de ella.
Tanya se quedó impresionada cuando le dijo su nombre. Solía escucharla en su época universitaria y hasta conservaba algunas cintas antiguas de la banda. Se acordaba del accidente y de que había ocupado las portadas de los periódicos de la época. Hacía siglos que no se acordaba de aquella cantante y se le hacía muy extraño oír hablar de ella de forma tan personal. Los ojos de Douglas reflejaban su tristeza y Tanya pensó que, al fin y al cabo, era humano y había algo de ternura en su interior.
– ¿Por qué fue un error? -preguntó dulcemente Tanya.
Se estaba tomando la revancha acosándole con preguntas, con tanta curiosidad por él como la que él sentía por ella.
– No teníamos nada en común. Y el mundo de la música era una locura entonces. Tomaba muchas drogas, aunque aseguraba que no estaba enganchada. No era una adicta, solo una hermosa muchacha, salvaje y alocada. Decía que cantaba mejor cuando había fumado. No creo que fuera verdad, pero tenía una voz extraordinaria -dijo con una mirada soñadora y distante que le hizo parecer otra persona, alguien más dulce y más humano. Tanya se preguntó si habría sido el amor de su vida, si es que eso existía en su mundo-. Nos divorciamos porque no nos veíamos nunca. Ella se pasaba nueve o diez meses al año de gira. En aquel entonces, yo ya me había metido en la producción, por lo que aquel matrimonio no tenía mucho sentido. Su mala fama suponía un lastre en mi carrera. Tomar cocaína estaba de moda, o al menos era habitual. La detuvieron varias veces, lo que para mí era nefasto.
Como lo era también el número de hombres con los que se acostaba. Pero eso no se lo iba a contar a Tanya.
– Eran años locos y ella era una chica muy lanzada. A mí nunca me han gustado las drogas, y siguen sin gustarme. Para ella, en cambio, formaban parte de su vida. También quería ser madre, pero yo no me veía teniendo hijos con ella. Estaba seguro de que con seis años serían todos drogadictos. No es lo mío -insistió-. Nunca lo ha sido. Yo estaba demasiado ocupado intentando tener éxito y ganándome la vida. Produje mis primeras películas y tener una mujer en rehabilitación o en la cárcel no me habría ayudado precisamente en mi carrera. No voy a negarte que como yo, había un montón de gente. Además, sufría mucho pensando en el peligro de una sobredosis, algo que no llegó a suceder.
– ¿Así que te divorciaste de ella?
A Tanya le parecía que había sido una decisión interesada. Era alguien que perjudicaba su carrera, así que la echaba de su vida. Sus prioridades estaban claras. También tuvo la sensación de que había algo que no le estaba contando y, aunque sentía curiosidad, no quería ser entrometida. Se preguntó si esa era la razón por la que Douglas era tan hermético o si siempre había sido su carácter. Daba la impresión de que Douglas nunca -o solo muy brevemente- había tenido una relación cálida o cercana con alguien.
– En realidad, fue ella quien se divorció de mí. Me dijo que era un gilipollas estirado, pretencioso, arrogante y oportunista. Y que lo único que me importaba era el dinero. Palabras textuales. Lo cierto es que tenía razón -reconoció con una sonrisa y sin asomo de culpa o de disculpa. Así se había descrito a sí mismo muchas veces desde entonces-. Desgraciadamente, todos esos adjetivos son los ingredientes del éxito. Tienes que ser todo eso para abrirte camino en este mundo, y yo estaba decidido a producir grandes películas. Ella brillaba con luz propia y no me necesitaba.
– ¿Eso te molestaba? -preguntó Tanya con curiosidad.
Era un hombre complejo y le apetecía averiguar cuál era su personalidad.
– Sí, me molestaba -contestó-. Me molestaba no tener el control sobre nada de lo que hiciera. No escuchaba ni pedía consejo. Jamás me contaba lo que pasaba con su grupo. En aquella época, la mitad de ellos habían estado en la cárcel por culpa de las drogas. Eso no dañaba su carrera, pero sí la mía. La gente que alterna con drogadictos no llega lejos en este mundo, por lo menos no en aquellos tiempos. Hace veinte años, las cosas eran todavía más rígidas que ahora y eso que se creía que la cocaína no era peligrosa. Desde entonces, hemos aprendido mucho. Sé que tarde o temprano se habría enganchado o habría acabado en la cárcel. Quizá fue mejor que muriera.
Era muy fuerte decir algo así.
– ¿Estabas enamorado de ella? -preguntó Tanya con dulzura.
De cualquier modo, era una historia triste. La pérdida de una vida joven, y con ella, la de todos los componentes de la banda. Tanya lo recordaba con claridad.
– Probablemente no -contestó Douglas honestamente-. No creo haber estado nunca enamorado, pero tampoco es algo que eche de menos. -Y con una sonrisa apesadumbrada, añadió-: Suelo preferir cerrar un buen trato que salir con alguien. Es más fácil.
– Pero no es tan divertido -puntualizó Tanya.
– Es verdad. No tengo ni idea de por qué me casé con ella. Creo que estaba impresionado. Era una chica espectacular con una voz extraordinaria. En ocasiones todavía escucho su música -confesó.