Un Hotel En Hollywood
- Автор: Стил Даниэла
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Hotel En Hollywood». Краткое содержание книги:
Tanya Harris es feliz junto a su marido y sus hijos en San Francisco. Trabaja como ama de casa y guionista para la televisión, y aunque su eterno sueño es triunfar como escritora, siempre ha antepuesto su familia a sus anhelos profesionales.
Sin embargo, una llamada telefónica de su agente hará que su vida dé un vuelco: una leyenda de Hollywood, el productor Douglas Wayne, quiere que escriba un guión cinematográfico. Aceptar este proyecto significa que deberá abandonar su casa, su familia, su ciudad. No obstante, Tanya sabe que oportunidades así sólo se presentan una vez en la vida. A pesar de sus continuos viajes, Tanya no sabe cómo sellar estas grietas que la distancia ha dibujado entre ella y su familia, sobre todo con su marido, quien parece necesitarla cada vez menos…
Los tres se echaron a reír. Max no pretendía en absoluto lamentarse o excusarse. Adoraba su casa y, a pesar de su amor por el arte, habría sido tremendamente desgraciado en una vivienda como la de Douglas.
– Tengo que buscar una mujer de la limpieza un día de estos. A la última la deportaron. Fue espantoso. La adoraba. Era una magnífica cocinera y preparaba unos combinados de ginebra y ron increíbles. Ahora las bolas de polvo tienen ya el tamaño de mi perro.
Max explicó que tenía un gran danés llamado Harry y que era su mejor amigo. Le prometió a Tanya que se lo presentaría durante el rodaje. El perro siempre iba con él al trabajo y, aunque no podía llevar ni collar ni correa porque el ruido interfería en la labor del técnico de sonido, estaba perfectamente adiestrado. El perro pesaba casi setenta y cinco kilos.
– Le encanta venir a trabajar conmigo y los del catering siempre le dan su comida preferida -añadió Max-. Cuando no estamos rodando, se deprime y pierde mucho peso.
Mientras charlaban, Tanya volvió a fijarse en la sorprendente diferencia entre el director y el productor. Uno era dulce, cálido y acogedor; el otro, a pesar de estar perfectamente pulido, parecía estar hecho de aristas y bordes afilados.
Max parecía que se comprara la ropa en el mismo mercadillo en el que había adquirido los muebles de su casa. Douglas, en cambio, podría salir en la portada de GQ. Para Tanya, era fascinante estar charlando con ellos. Se preguntó cuánto tiempo pasaría Douglas en el rodaje de la película, puesto que su trabajo principal consistía en recaudar el dinero y controlar el presupuesto, mientras el de Max era lograr sacar lo mejor del reparto. No cabía duda de que ambos adoraban sus respectivos trabajos y a Tanya le entraron unas enormes ganas de empezar ya la película.
A las nueve en punto, se sirvió la cena en unas largas mesas dispuestas junto a la piscina. Cada mesa ofrecía un tipo de comida: en una había sushi de un famoso restaurante de la ciudad; otra estaba repleta de langosta, cangrejos y ostras, y la tercera mesa ofrecía ensaladas exóticas y comida mexicana tradicional. Así que había cena para todos los gustos. Las jóvenes estrellas masculinas llenaron sus platos con montones de comida. En ese momento, Douglas consiguió presentarle a Ned Bright, que se acercaba seguido de cuatro mujeres. A Tanya le recordó a su hijo Jason.
– Hola -le dijo Ned con aspecto relajado y una amplia sonrisa, al tiempo que le pedía disculpas por no darle la mano. Llevaba un plato en cada mano, uno repleto de sushi y el otro a rebosar de comida mexicana-. No me des muchas líneas, soy disléxico.
El joven actor se echó a reír y Tanya no supo si hablaba en serio. Después, se lo preguntó a Max. Era importante saber si era cierto, pero el director le sacó de dudas.
– No es disléxico, solo perezoso. Dice lo mismo a todos los guionistas. Pero es buen chico.
En aquellos momentos, Ned Bright era el nuevo descubrimiento de Hollywood y causaba sensación. Con solo veintitrés años, iba a tener el papel masculino principal, dando réplica a Jean Amber. En la última película que había rodado, había interpretado el papel de un chico ciego de dieciséis años, pero su aspecto era más bien el de alguien en la treintena. Aquel último papel había merecido entusiastas críticas y gracias a él había logrado un Globo de Oro. Al mismo tiempo, proseguía con su carrera como batería y solista de un grupo de música de Hollywood, formado por jóvenes actores. Recientemente el grupo había sacado al mercado un CD de enorme éxito. Tanya estaba segura de que sus hijos se volverían locos de alegría cuando les dijera que había conocido a Ned Bright. Cuando más tarde se lo contó a Molly, casi se desmayó de la emoción.
– Es un buen chico -insistió Max. Tanya no lo dudó, se le notaba-. Su madre siempre se pasa algunos días por el rodaje para comprobar que le tratamos bien y que se porta como es debido. El chico acaba de terminar la carrera de cine en la Universidad de Santa Bárbara; su intención es ser director después de interpretar algunas películas más. Es algo que suelen decir muchos actores, pero pocos acaban haciéndolo. Sin embargo, me parece que él habla muy en serio, así que será mejor que vigile mi puesto.
Douglas y Tanya se echaron a reír.
Buscaron tres sillas y una mesa libre y se sentaron juntos a cenar. El resto de invitados se había ido acomodando alrededor de la piscina, mientras sonaba la suave y sensual música, ideal para la ocasión. Douglas se había ocupado de que la música, la comida y el ambiente en general fueran perfectos. De ese modo, los invitados se relajaban y se relacionaban los unos con los otros abiertamente.
– Estás muy guapa, Tanya -comentó Douglas después de cenar.
Tanya estaba tumbada en una chaise longue observando las estrellas y se había cubierto los hombros con un chal de cachemir de color azul pálido -un tono que resaltaba el color de sus ojos.
– Se te ve relajada y feliz. Pareces una Madona -continuó Douglas admirándola como si fuera un cuadro-. Los momentos antes de empezar una película me encantan. Todo está a punto pero todavía no sabemos qué filmaremos ni cuál será la magia que nos rodeará. Ahora mismo, no podemos saber lo que nos aguarda. Pero una vez arranquemos, los días se convertirán en una sucesión de sorpresas. Lo adoro. Es como la vida misma, pero mucho mejor, porque aquí podemos controlar lo que sucede.
Douglas confirmaba con sus palabras lo que Tanya ya intuía: el control era algo esencial para él.
Con un helado de chocolate y un barquillo, Jean Amber se acercó a Douglas y a Tanya para charlar con ellos. Acababan de servir suflés recién hechos y pastelitos Alaska. A Max le encantaba tostar las «nubes» en las llamas de los suflés pero se quejaba de que nunca duraban tanto como él quería. El director hacía gala de un enorme sentido del humor y tenía fama de gastar todo tipo de bromas durante los momentos de descanso del rodaje. A su lado, Douglas parecía representar el papel de hombre serio y controlador y, ciertamente, prefería los rodajes tranquilos. También era de la opinión de que los descansos en el rodaje debían aprovecharse para estudiar el guión y las escenas pendientes. Douglas podría ser el director de un colegio y Max el profesor divertido, cálido y extravertido que adora a sus alumnos. Para el director, los actores siempre eran sus niños -fuera cual fuese su edad-, y esa faceta paternal de su carácter era muy valorada por los que participaban en sus películas. Su categoría extraordinaria como director y su incomparable bondad hacían que lo adoraran y lo respetaran.
Por su parte, Douglas era el que debía mostrar más rigidez y estar pendiente de los seguros y los presupuestos. Debía reconducir al director y a los actores cuando las cosas se descontrolaban y vigilar que todo se llevara a cabo según el programa previsto. La verdad era que nunca dejaba que las cosas se torciesen: llevaba las riendas de sus películas con mano firme y supervisaba meticulosamente el presupuesto. Aunque eso no impedía que disfrutase mimando a los actores. Consideraba que se lo merecían y que era el premio a un trabajo exigente. De ahí que pusiera particular interés en celebrar ese tipo de fiestas para el equipo de rodaje antes de comenzar la película, ya que era una forma de dar el pistoletazo de salida y empezar a trabajar.
En la fiesta volvían a encontrarse personas que habían trabajado juntas en anteriores filmes y que se mostraban encantadas ante la perspectiva de compartir reparto de nuevo. Parecían niños recién llegados a un campamento de verano, felices de ver a sus amiguitos del verano anterior, o asiduos viajeros de crucero que descubren que han coincidido con amigos que hicieron en otro crucero.
De hecho, coincidir con las mismas personas en el rodaje de una película era una cuestión de suerte. Sin embargo, tanto a Douglas como a Max se les daba bien reunir a un buen equipo donde primara el talento y la compatibilidad de caracteres, de tal modo que el ambiente de trabajo fuera bueno. Ambos creían que ese era un buen equipo y consideraban que Tanya era un excelente fichaje.