Un Hotel En Hollywood
- Автор: Стил Даниэла
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Hotel En Hollywood». Краткое содержание книги:
Tanya Harris es feliz junto a su marido y sus hijos en San Francisco. Trabaja como ama de casa y guionista para la televisión, y aunque su eterno sueño es triunfar como escritora, siempre ha antepuesto su familia a sus anhelos profesionales.
Sin embargo, una llamada telefónica de su agente hará que su vida dé un vuelco: una leyenda de Hollywood, el productor Douglas Wayne, quiere que escriba un guión cinematográfico. Aceptar este proyecto significa que deberá abandonar su casa, su familia, su ciudad. No obstante, Tanya sabe que oportunidades así sólo se presentan una vez en la vida. A pesar de sus continuos viajes, Tanya no sabe cómo sellar estas grietas que la distancia ha dibujado entre ella y su familia, sobre todo con su marido, quien parece necesitarla cada vez menos…
A mediodía del viernes no había recibido ninguna llamada, así que cogió un taxi en dirección al aeropuerto. Ya había mandado a su casa al chófer de la limusina y solo llevaba consigo el equipaje de mano. Llegó al vuelo de la una y media de la tarde a San Francisco y a las tres y veinte entraba por la puerta de su casa. No había nadie, pero Tanya se sintió tan feliz que tuvo ganas de ponerse a bailar y a cantar en medio del salón. No podía contener la alegría. Abrió la nevera y los armarios y descubrió que estaban medio vacíos, así que fue al supermercado en busca de provisiones para diez días. Estaba guardando la compra cuando las mellizas llegaron a casa; dieron un grito al verla. Por un instante, hasta Megan pareció feliz. Sin embargo, inmediatamente, su cara se ensombreció y, acordándose de que se suponía que estaba enfadada con su madre, se marchó escaleras arriba. Pero, por un momento, había dejado entrever sus verdaderos sentimientos y Tanya se alegró. Molly se lanzó encima de su madre como una cría y empezó a darle abrazos y besos. La miró y volvió a abrazarla.
– Te he echado mucho de menos -reconoció.
– Yo también -dijo Tanya devolviéndole el abrazo.
– ¿Cómo ha ido? -preguntó la muchacha con interés y muerta de ganas de escuchar a su madre.
– Bien. Cené con Ned Bright y con Jean Amber la otra noche. Él es guapísimo -le confesó Tanya con una sonrisa de completa felicidad por estar de nuevo juntas.
– ¿Cuándo podré conocerle? -preguntó Molly con impaciencia.
– En cuanto vayas a visitarme -contestó Tanya mientras acababa de guardar las cosas-. Podrás venir a ver el rodaje. El director es encantador.
Unos minutos más tarde, Molly se fue a su habitación deseosa de llamar a sus amigas para contarles las noticias de su madre. Tanya todavía estaba ordenando la cocina cuando llegó Peter, que volvía a casa antes de lo habitual sabiendo que su mujer habría regresado. En cuanto la vio, la cogió en sus brazos y la besó ávidamente en la boca. Después, la sujetó muy fuerte contra su pecho. Estaban tan felices de volver a verse… Una hora antes de cenar, Peter y Tanya subieron a su habitación y echaron el pestillo a la puerta con discreción. Fue la mejor de las bienvenidas, en todos los sentidos.
Aquella noche, Tanya se encargó de la cena y preparó el plato de pasta preferido de la familia y una enorme ensalada verde. Peter asó carne en la barbacoa y todos se sentaron alegremente alrededor de la mesa. Tanya les contó la velada en casa de Douglas Wayne y nombró a las grandes estrellas que le habían presentado. Después de cenar, las chicas salieron con sus amigos y Peter y Tanya regresaron a su habitación.
Era una noche de viernes normal y Peter y Tanya se pasaron horas charlando abrazados. Antes de dormirse, volvieron a hacer el amor. Habían sobrevivido a la primera semana de Tanya en Los Ángeles y, en sus vidas, todo iba bien.
Capítulo 7
El fin de semana pasó demasiado deprisa para todos. El domingo por la mañana, Tanya se levantó deprimida y Peter tampoco parecía feliz. Aunque ella no se marchaba hasta la noche, solo de pensar que tenía que irse hacía que todos estuvieran alicaídos.
A la hora de comer, Megan perdió el control y discutió con su madre en la cocina por una camiseta que la lavadora había estropeado, una mera excusa para transmitir a su madre su enfado por que volviera a irse a Los Ángeles. Sabiendo que ese era el motivo de la furiosa reacción de Megan, Tanya intentó no perder los nervios, pero finalmente tuvo que pedirle que se comportara.
– Esto no tiene nada que ver con la camiseta, Meg -dijo Tanya sin rodeos-. A mí tampoco me apetece irme. Hago lo que puedo.
– No, no lo haces -le recriminó Megan-. Lo que estás haciendo es egoísta y estúpido. No tenías por qué escribir el guión para esa película. Reconócelo, mamá, eres una mala madre. Nos has abandonado a todos para poder escribir eso. No te importamos ni nosotras ni papá. Solo piensas en ti.
Tanya se quedó sin habla durante un rato y después notó que las lágrimas le nublaban la visión. Era duro tener que defenderse ante semejantes acusaciones y se preguntó si Megan tendría razón. Irse a Los Ángeles a escribir un guión era un acto de completo egoísmo.
– Lamento que veas así las cosas -dijo Tanya con tristeza-. Sé que es un mal año para hacerlo, pero ha sido ahora cuando he tenido la oferta y quizá no vuelva a tener una oportunidad así.
Confiaba en que lo entendieran y le perdonasen, pero quizá Megan era incapaz de hacerlo. Su rabia seguía sin amainar. Allí estaban las dos, en medio de la cocina, retándose con la mirada -la de Megan desafiante y la de Tanya desesperada-, cuando entró Peter. Había oído las palabras de Megan y venía desde el salón para exigirle que se disculpase con su madre. Pero Megan no solo no quiso hacerlo sino que afirmó que creía en cada una de las palabras que había dicho y, sin más, se marchó dando grandes zancadas escaleras arriba. Tanya miró a su marido y rompió a llorar. Peter la rodeó con los brazos.
– Solo está desahogando su rabia.
– No la culpo. Yo me sentiría igual que ella si mi madre me abandonase en mi último año de instituto.
– Estás en casa los fines de semana. Además, entre semana apenas están; llegan para cenar, llaman a sus amigas y se meten en la cama. En realidad no te necesitan -insistió intentando convencerla.
Pero Tanya siguió llorando, y a su tristeza se unía el dolor de tener que separarse de Peter.
– Les gusta saber que estoy aquí-dijo Tanya sonándose la nariz.
– A mí también. Pero estás aquí los fines de semana. Y no va a ser para siempre. Esta semana nos hemos organizado bien y antes de que te des cuenta, la película habrá terminado. ¿Y si ganaras un Oscar, Tan? Piensa en ello. Haciendo una película con Douglas Wayne, podría pasar. -El ya había ganado al menos una docena-. Por cierto, ¿qué tal es?
Aquel fin de semana, Peter le había preguntado en varias ocasiones cómo era el productor. Sabía que era un hombre atractivo y no quería pensar en que pretendiera conquistar a Tanya. Peter no era un hombre celoso, pero Hollywood era otro mundo, así que confiaba en que las intenciones del productor fueran honestas. A pesar de todo, se fiaba de su esposa.
– Es extraño. Egoísta, muy cerrado, casi diría que hermético. Odia a los niños, tiene un yate, un montón de cuadros y una casa maravillosa. Eso es todo lo que sé de él. Eso y que estuvo casado con una estrella de rock que murió en un accidente de aviación cuando ya estaban divorciados. No es precisamente un hombre afable y acogedor, pero es muy inteligente. El que me gusta mucho es el director, Max Blum. Parece Santa Claus y es muy dulce. Su novia murió de cáncer de pecho y tiene un gran danés llamado Harry.
– Realmente sabes cómo sacarles información personal, ¿eh? -comentó Peter riéndose. Había hecho una descripción muy detallada de cada uno de ellos-. Debe de ser porque eres escritora. La gente siempre te confiesa cosas que a mí tardaría un millón de años en contarme. Y además, sin que les preguntes.
La gente siempre le contaba a Tanya sus secretos más íntimos, algo que a Peter le fascinaba y había comprobado en innumerables ocasiones.
– Debo de ser empática. Además, soy madre, aunque últimamente parece que no se me da muy bien.
– No es verdad. Meg es muy dura.
Sus padres lo sabían muy bien. Megan exigía mucho de las personas a las que quería y juzgaba con mucha severidad a aquellos que le fallaban, incluidas sus amigas. Megan no solo era exigente con los demás, sino también consigo misma. Tanya creía que lo había heredado de su madre. En cambio, Molly era mucho más comprensiva y amable.
Tanya preparó la comida para todos pero Megan no se sentó a la mesa. Se despidió de su madre y se marchó a comer fuera. Probablemente no quería estar presente cuando Tanya tuviese que volver a marcharse. Cada persona se despide a su manera y a Megan no se le daban bien los adioses. Le resultaba más fácil enfadarse y salir dando un portazo que mostrar su pena entre lágrimas. Molly estuvo abrazada a Tanya hasta el último minuto y, camino del aeropuerto, la dejaron en casa de una amiga, no sin antes darle un último abrazo a su madre.