Bajo El Disfraz
- Автор: Хоффман Кейт
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Bajo El Disfraz». Краткое содержание книги:
Su abuelo lo miró, boquiabierto.
– ¿Y no has intentado detenerla?
– No-contestó Tom-. Quería que publicase ese artículo. Si lo hace, seguramente conseguirá un puesto fijo en el periódico. Y ella desea ese trabajo más que nada en el mundo. Quiero que sea feliz… Voy a casarme con ella, abuelo. La quiero y deseo pasar el resto de mi vida a su lado. Y espero que mi felicidad sea más importante para ti que tu pequeño secreto.
Theodore Dalton se quedó pensativo durante unos segundos.
– Apenas la conoces.
– Sé todo lo que tengo que saber. Si dejo que se vaya de mi vida, nunca me lo perdonaré a mí mismo.
– Entonces, tienes todo mi apoyo-suspiró su abuelo-. Espero que seáis tan felices como lo somos tu abuela y yo.
Tom se acercó para darle un abrazo.
– Haré lo que pueda.
– Así que yo tenía razón. No necesitabas una mujer, necesitabas una esposa…-en ese momento sonó el teléfono y su abuelo descolgó el auricular-. Es para ti. De seguridad.
LeRoy estaba al otro lado del hilo.
– Señor Dalton, he encontrado a la… a la señorita Moore. Está en los almacenes ahora mismo, en el vestuario de empleados. ¿Quiere que la detenga?
– No, yo iré a buscarla. Gracias-dijo Tom-.Abuelo, deséame suerte. Por cierto, ¿tú sabías que esto iba a pasar?
Theodore se encogió de hombros.
– Sabía que estabas preparado para un cambio en tu vida. Y sospechaba que ese cambio podría de la mano de Claudia en cuanto la vi. Supongo que por eso tu padre y yo decidimos que estabas preparado para un traslado.
Tom le dio un golpecito en el hombro, sonriendo.
– Lo estoy. En cuanto le haya comprado a Claudia el anillo de compromiso más grande de la tienda. Y en cuanto ella me diga que sí.
– Y si se niega?
– No pienso aceptar un no-contestó él-. Por cierto, gracias.
– De nada, hijo.
Tom bajó en el ascensor al departamento de joyería y se acercó a un empleado.
– Puedo ayudarlo, señor Dalton?
– Quiero el anillo de compromiso con el diamante más grande que tengamos.
– Tenemos uno de seis kilates en la caja fuerte. De color perfecto y talla antigua, montado en platino-sonrió el hombre, desapareciendo en la caja fuerte para aparecer de nuevo unos segundos después con una bandeja en la mano-. Este es un anillo muy especial.
Tom lo miró a la luz.
– Ella es una mujer muy especial. Cárguelo a mi cuenta-dijo, guardándolo en el bolsillo.
– Sí, señor. Y, por cierto, enhorabuena.
– Gracias.
Tom subió corriendo a la planta de juguetes, pero cuando entró en el vestuario solo vio tres pajes.
– Buenos días Señor Dalton!
– Me habían dicho que Claudia estaba aquí.
Dinkie señaló una puerta.
– Está ahí dentro, limpiando su taquilla. Nos ha dicho que se marcha. ¿Va a pedirle que se quede, señor Dalton?
– Les importa perdonamos un momento? Claudia y yo tenemos que hablar de un asunto privado.
Los pajes salieron a toda prisa y Tom abrió la puerta de las taquillas.
– Te he echado de menos esta mañana.
Claudia se volvió. Pero no estaba sonriendo En su rostro había una expresión indiferente, casi fría.
– Estaba…, sacando las cosas de mi taquilla. Me marcho a Nueva York esta tarde.
– Te vas? ¿Por qué?
– líe terminado el artículo y tengo mucho que hacer si quiero aceptar el puesto en el Times.
– Pero tenemos cosas que discutir…
– No tenemos nada que hablar, Tom-lo interrumpió ella-. Anoche dejaste bien claro lo que sentías.
– Sí, lo dejé bien claro. Y creo que, consideran do esos sentimientos, no deberías marcha a Nueva York. No puedo dejarte ir, Claudia.
– Tendrás que hacerlo. No pienso quedarme aquí solo para que tú lo pases bien durante unos días.
– Quiero que te quedes por nosotros. Por nuestro futuro.
Ella lo miró, perpleja.
– Pero no entiendo… Dijiste que enviara el artículo y pensé que ese era el final de…
– El final? Claudia esto es el principio. TE dije que enviaras el artículo porque quiero que seas feliz. Quiero que hagas realidad tus sueños, pero también quiero que te cases conmigo.
– Cómo?
Tom metió la mano en el bolsillo.
– Quería que esto fuera más romántico. No pensaba pedirte que te casaras conmigo en una taquilla. Pero tendrá que ser así. Además, aquí es donde empezó todo-dijo, clavando una rodilla en el suelo.
– Qué estás haciendo?
– Claudia Moore, te quiero. Sé que nos conocemos hace poco tiempo, pero en cuanto te conocí supe que estábamos hechos el uno para el otro. ¿Quieres casarte conmigo?
– Qué?-murmuró ella, confusa.
– Quieres casarte conmigo-repitió Tom
Claudia lo miró como si no entendiese bien.
– Quieres que me case contigo?
Él se levantó suspirando.
– He pedido que me trasladen a Nueva York, a las oficinas principales de Dalton. Tú trabajarás e el Times y podremos empezar una vida juntos. Será maravilloso, ya verás. Encontraremos un apartamento cerca de Central Park y…
– ¡No!
Tom la miró, atónito.
– ¿No?
– No puedo casarme contigo.
– Puedo preguntar por qué?
Claudia buscó una respuesta, tartamudeando
– Porque… no me conoces. Vine aquí para escribir un artículo y pensaba hacer lo que fuera para conseguirlo, Nunca he querido casarme con nadie. Solo he querido ser periodista y… no puedo tener las dos cosas. Más tarde o más temprano, acabarás odiando mi trabajo y me odiarás a mí.
– Puedes tener las dos cosas si nos queremos-dijo Tom.
Ella negó con la cabeza.
– Por qué el amor siempre tiene que significar matrimonio? ¿Por qué el amor no puede ser solo amor…, dure lo que dure, sin compromisos?
– Porque eso no es verdadero amor, Claudia, Eso es solo pasar el tiempo con alguien hasta que aparezca otro mejor.
– No, no, todo esto va demasiado rápido. Lo que ha pasado entre nosotros no es real. Me di cuenta anoche…
– . ¡Claro que es real!
– Y qué silo es? Queremos cosas diferentes. Yo podría mantener una relación contigo, incluso podría vivir contigo. Pero no podemos casarnos. Tú esperarás que sea una esposa normal y yo no puedo serlo-exclamó Claudia-… No puedo, así de sencillo. Lo siento… lo siento mucho.
Después tomó su bolsa y salió corriendo. Tom se quedó mirando hacia la puerta, incrédulo.
Salió a buscarla, pero la planta estaba llena de gente que le interrumpía el paso.
– La habéis visto?
Winkie señaló el ascensor y Tom intentó abrirse paso entre la gente, pero Claudia había desaparecido. Se había marchado de su vida como si nunca hubiera entrado en ella. Y Tom masculló una maldición por su torpe pedida de mano.
– Esto no ha terminado, Claudia Moore-murmuró-. Dirás que sí y nos casaremos. Aunque tarde un año, me casaré contigo.
Capítulo 9
Tom estaba mirándose en el espejo de la oficina. Llevaba puesto el traje de Santa Claus y la barba blanca y la alegre barriguita eran un tremendo contraste con su oscuro estado de ánimo. Sin Twinkie, aquello era insoportable.
Era Nochebuena y solo le quedaba un día para interpretar el papel de Santa Claus. Al menos, hasta once meses más tarde.
Miró entonces el New York Times que había sobre su escritorio. Llevaba cinco días comprando el periódico para buscar el artículo de Claudia. Incluso le pidió a la señorita Lewis que lo mirase detenidamente, pero no habían encontrado nada. ¿El editor se habría negado a publicarlo? ¿Habría decidido Claudia no enviar la historia? ¿Qué había pasado con la oferta de trabajo del Times?
Tantas preguntas y ninguna respuesta. LeRoy había encontrado su número de teléfono en Nueva York y Tom sentía la tentación de llamarla cien veces cada día, pero hasta que publicasen el artículo o hubiera pasado la Navidad, no estaba seguro de cómo reaccionaría.