Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Bajo El Disfraz». Краткое содержание книги:

Claudia Moore era una aspirante a reportera en busca de su gran oportunidad. Por eso cuando se enteró que había un Papá Noel que realmente hacía que se cumplieran los deseos de los niños, pensó que había llegado su momento. Pero no se le ocurrió que aquella fuera a ser una misión en la que tendría que trabajar de incógnito… ¡y vestida de duende! Pero, por si eso no fuera suficiente, pronto se dio cuenta de que se estaba enamorando del mismísimo hombre al que debía desenmascarar…
1 ... 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26
Перейти на страницу:

Pero cuando los almacenes cerraron, ella había desaparecido. Winkie le dijo que había ido a tomar un café, pero Dinkie opinaba que había ido al médico.

Mientras volvía a casa, se dio cuenta de que no sabía nada sobre Claudia Moore. Era una periodista que estaba escribiendo un reportaje sobre el Santa Claus de los almacenes Dalton. Sabía que había vivido en Brooklyn y que escribía muy bien, pero no sabía nada de su familia ni de sus amigos.

Estaba enamorado de una extraña. Incluso podría tener novio, pensó entonces, golpeando la almohada. Podría estar en un bar con él, contándole cómo jugaba con el corazón de Tom Dalton para conseguir un buen reportaje.

Irritado, se puso la almohada sobre la cara. Pero aquel estallido de autocompasión terminó cuando sonó el teléfono.

– Quién me llama a medianoche?-murmuró, descolgando el auricular-. ¿Sí?

– Dalton?

– Sí, soy yo.

– Soy LeRoy Varner. El guarda de seguridad de los almacenes.

– Pasa algo?

– Creo que debería venir, señor Dalton. Ha ocurrido algo que… requiere su atención.

– ¿Qué ha pasado?

– He pillado a una ladrona que dice trabajar aquí. Su nombre es Claudia Moore… o eso dice ella. Pero voy a llamar a la policía…

– No llame a la policía-lo interrumpió Tom-. Iré enseguida.

Tom saltó de la cama y se puso unos vaqueros y un jersey a toda prisa. ¿Qué demonios hacía Claudia en los almacenes a medianoche?, se preguntó mientras se ponía los zapatos. Aquella vez no podría esconder su delito.

¿El reportaje era tan importante como para arriesgarse a ir a la cárcel? Podía entender que un periodista se arriesgara a eso para cubrir una historia de corrupción política pero para contar una historia de Santa Claus…

Entró en el coche y pisó el acelerador, sin importarle el límite de velocidad. La plaza de Schuyler Falis estaba desierta y LeRoy esperándolo en la puerta de los almacenes.

– Dónde la ha encontrado?

– Estaba haciendo la ronda como todas las noches y encontré a esa maleante en su despacho. La he interrogado y…

– Ha dicho algo?

– Solo que lo llamase a usted. Después de eso, se ha negado a abrir la boca.

Tom se pasó una mano por el pelo.

– Yo me encargo de esto. ¿Dónde está?

– En la sala de segundad. Iba a ponerle las esposas, pero me prometió que no se movería de allí hasta que llegase usted.

Tom entró en la sala de segundad, llena de apara tos de televisión de circuito cerrado. Había otra habitación con una pared de cristal, donde Claudia esperaba con la cabeza entre las manos.

Cuando abrió la puerta ella se levantó, nerviosa.

– Qué h pasado Claudia?¿Te importa decirme qué hacías aquí a medianoche?

– La verdad es que sí me importa decírtelo Solo serviría para que te enfadases, así que sugiero que me dejes ir y te olvides del asunto.

– No puede ser, lo siento. ¿Prefieres decírmelo a mí o a la policía?

– No me asustas-replicó ella-. Y no tengo que contaste nada. Cuando llame a mi abogado, no tendré que abrir la boca.

– No, es verdad. Pero ahora mismo estás bajo arresto.

– Por favor, ¿no podemos olvidarnos del asunto? Prometo no volver a hacerlo.

LeRoy llamó a la puerta entonces, con un archivo en la mano.

– Tenía esto en la mano. He tomado las huellas.

– Huellas? ¿Puede hacer eso?-preguntó Tom.

– Claro. Nos enseñaron en la academia.

Tom tomó el archivo, el mismo que había visto en su bolso unos días antes.

– Te has llevado esto de mi despacho.

– Lo tomé prestado-dijo Claudia-. Iba a de volverlo cuando me pilló aquí Perry Mason.

– Supongo que lo necesitabas para tu reportaje.

Ella parpadeó, sorprendida.

– Mi reportaje?

– Sí. ¿No es por eso por lo que estás aquí? ¿Para descubrir qué hay detrás de Santa Claus de los almacenes? Robaste el archivo la noche que debías haber ido a Silvio’s. Lo vi. en tu bolso cuando bajaste a buscar los pendientes.

Claudia cerró los ojos.

– Estaba intentando devolverlo porque había decidido no usarlo… ¿Cómo sabes que soy periodista? ¿Te lo ha contado tu abuelo?

– No, se lo conté yo a él-contestó Tom-. Pedí un informe sobre ti. No entendía por qué una mujer tan inteligente como tú quería un empleo de paje.

– Pero…

– Ven conmigo.

Claudia intentó resistirse, pero él la tomó de la mano para llevarla al ascensor. Cuando las puertas se abrieron en la quinta planta, la apretó contra su pecho y ella no se resistió.

– ¿Qué vamos a hacer? ¿Vas a llamar a la policía? Te juro que estaba poniendo el archivo en su sitio…

– Y qué pensabas hacer después? ¿Marcharte como si nada hubiera pasado?

– No podía marcharme. Pensaba pasar la noche aquí.

– Podrías haber salido perfectamente Las puertas se abren desde dentro. LeRoy te habría dejado salir si le hubieras mostrado tu carné de empleada-rió Tom.

– No estaba encerrada aquí?-exclamó Claudia-. Pero entonces… ¿no estábamos encerrados aquella noche?

– Claro que no. Cuando te pillé en mi oficina decidí jugar un poquito. Te dije que no podíamos salir para que pasaras la noche conmigo. Quería saber qué estabas tramando.

Ella se puso colorada como un tomate.

– Me mentiste. Me manipulaste y…

– Estás enfadada conmigo porque te mentí sobre el sistema de seguridad de los almacenes? ¡Lo que tú has hecho es ilegal!

– Y lo que hiciste tú, inmoral-replicó Claudia-. Pasé la noche contigo porque pensé que no tenía elección. ¡Eso fue un secuestro! Debería hacer que te detuvieran.

– ¡No seas ridícula!

– Lo que yo hice fue por trabajo. Necesitaba ese archivo para escribir un reportaje. Lo que tú hiciste fue personal. Fue un chantaje emocional.

– Quieres tu reportaje?-replicó Tom entonces entrando en su despacho. Abrió el cajón y tiró sobre la mesa varias carpetas-. Pues aquí está todo.El dinero, las cartas de los niños, los nombres…

– No los quiero.

– Quiero que los leas. Quiero que escribas el reportaje, Claudia. Para eso has venido a Schuyler Falis, ¿no?

Hubiera querido abrazarla de nuevo, pero no es taba seguro de que dijese la verdad. No estaba seguro de que hubiera ido a devolver el archivo. La única forma de saber la verdad era ofrecerle todos los datos y ver lo que hacía con ellos.

– Me temo que este ha sido tu último día de trabajo como paje de Santa Claus. Ya tienes tu reportaje; supongo que te marcharás enseguida.

Después de decir eso, salió del despacho y entró en el ascensor. Cuando pasó al lado de LeRoy le dijo que escoltase a Claudia a la calle sin hacer preguntas. Y solo cuando estaba de nuevo en el coche se dio cuenta de lo que había hecho.

Le había dado exactamente lo que quería. Y si le interesaba el artículo más que él, nunca volvería a verla. Por un momento, pensó en volver a los almacenes y obligarla a reconocer sus sentimientos, obligarla a decir en voz alta lo que había visto en sus ojos la otra noche en su dormitorio. Pero no iba a hacerlo.

Si lo amaba, volvería. Y publicase el artículo o no, eso no cambiaría lo que sentía por ella. Amaba a Claudia Moore y era un amor que duraría toda la vida.

Capítulo 8

CLAUDIA estaba en el pasillo del hostal, con el teléfono en una mano. En la otra, el número de la editora del New York Times. Cerrando los ojos, intentó encontrar valor. los ojos, intentó encontrar valor.

¿Debía hacerlo o no? Nunca se había enfrentado a una decisión así. Después de una hora de vacilaciones, seguía sin estar segura.

El artículo debía estar en el limes al día siguiente y casi lo tenía terminado, pero… Era un buen reportaje, emocionante, la clase de artículo típico de Navidad. Tres familias que habían recibido el regalo de Santa Claus le abrieron sus puertas y sabía que era el mejor artículo de su vida, el que podría darle la oportunidad de tener un trabajo fijo en el mejor periódico del país. Decidida, marcó el número, pero Anne Costello tardó un minuto en contestar y hasta que lo hizo Claudia no estuvo segura de lo que iba a decir.

1 ... 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)