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Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]

Электронная книга - «Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]». Краткое содержание книги:

Tras ser herido en un campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial, Holger deja de ser un moderno soldado para encarnarse en un caballero armado, exiliado en un mundo de brujería y magia donde se libra una sangrienta guerra. La hechicera Le Fay utilizará su espada contra Caos; la doncella-cisne querrá que ayude a su apacible pueblo. Al principio, él se negará a servir a ambas en un intento de retornar a la realidad, pero la Tierra era su exilio: es aquí, bajo el ardiente aliento del dragón, donde deberá luchar y morir…
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Holger la abrazó. En ese momento, por el rabillo del ojo, captó una mancha blanca. Levantó la cabeza y vio a Alianora montada en el unicornio. En ese momento daba la vuelta junto al matorral más cercano.

—Holger —gritaba—. Holger, querido, ¿dónde estás?… ¡Oh!

El unicornio levantó las patas delanteras y la arrojó a la hierba. Con un fuerte bufido de indignación el animal escapó. Alianora se puso de pie de un salto y se quedó mirando a Holger y Morgan.

—¡Mira lo que has hecho! —se quejó irracionalmente—. El nunca regresará.

Holger se soltó y Alianora rompió a llorar.

—¡Saca de aquí a esa puta campesina! —gritó Morgana enfurecida. Alianora estalló:

—¡Vete tú! —gritó—. ¡Bruja sucia, apártate de él!

Los dientes de la reina destellaron.

—Holger, si esa delgaducha no se va de aquí inmediatamente…

—¡Delgaducha! —gritó Alianora—. Y me lo dices tú, carne cebada. ¡Te voy a sacar los ojos!

—Las jovencitas no deberían gritar —se burló Morgana—. Se vuelven todavía más feas.

Alianora cerró los puños y se acercó a ella.

—Mejor ser una joven que tener la piel arrugada como tú.

—Realmente tienes una piel bonita —susurró Morgana—. ¿Cómo consigues ese efecto que parece que la tengas pelada por las quemaduras del sol?

—No en la tienda en donde compraste tu tez —dijo Alianora.

Holger se hizo a un lado, preguntándose lo que debía hacer para salir vivo de allí.

—Ya veo que eres una doncella—cisne —dijo Morgana—. ¿Has puesto muchos huevos últimamente?

—No. No sé cacarear tan alto como algunas gallinas viejas.

Morgana enrojeció y elevó las manos en un pase violento. —¡Mira cómo te conviertes en una gallina!

—¡Hey! —gritó Holger, dando un salto hacia adelante. No pretendía golpearla, pero uno de sus brazos se encontró con Morgana, y la reina cayó rodando sobre la hierba.

—No quería hacerlo —dijo jadeando.

Morgana se puso lentamente en pie. El color y la expresión habían desaparecido de su semblante.

—Entonces, así es como están las cosas —dijo.

—Creo que sí —contestó Holger, preguntándose si realmente quería decir eso.

—Pues bien, sigue entonces tu camino. Volveremos a encontrarnos, amigo mío. Morgana se echó a reír, pero esta vez su risa sonó horriblemente, y se agitó. De pronto había desaparecido. Se produjo una explosión cuando el aire se precipitó en el vacío que ella había dejado.

Alianora comenzó a llorar. Se apoyó en un árbol y cubrió el rostro con un brazo. Cuando Holger fue a poner una mano en su hombro, ella se lo impidió.

—Vete —murmuró—. Ve… ve… vete con tu bruja, ya que ella te… gusta tanto.

—No fue culpa mía —dijo Holger indefenso—. No le pedí que viniera.

—No pienso escucharte, vete.

Holger pensó que ya tenía bastantes problemas sin que tener que cargar con una histérica. La rodeó, la sacudió y le dijo entre dientes:

—No tengo nada que ver con esto. ¿Me entiendes? ¿Vendrás ahora como una persona mayor o tendré que arrastrarte?

Alianora se tragó las lágrimas, se quedó mirándole con unos ojos húmedos y grandes y cerró los ojos. Holger se dio cuenta de que llevaba mucho tiempo allí.

—Iré contigo —dijo ella dócilmente.

Holger volvió a sacar la pipa y estuvo fumando durante la mayor parte del camino de regreso. ¡Maldición, maldición, maldición y maldición! Allí, junto a Morgana le Fay, casi había recordado esa otra vida. Casi, pero ahora ese conocimiento había desaparecido de nuevo. Bien, era demasiado tarde. A partir de ese día, ella sería sin duda su más feroz oponente. Aunque, con toda sinceridad, probablemente era bueno que les hubieran interrumpido. El no podría haber resistido mucho más tiempo la coquetería de Morgana.

Y lo peor de todo era que deseaba no haberse resistido. ¿Quién había escrito que no hay nada tan fútil como el recuerdo de una tentación que se ha resistido?

Demasiado tarde. Tenía que seguir adelante.

Su ser enterrado iluminó fugazmente su mente consciente, y supo por qué razón se había ido el unicornio. Morgana le Fay tuvo que ser la última gota que desbordó el vaso de su sensibilidad ultrajada… o la última docena de gotas. Eso le hizo sonreír y cogió la mano de Alianora. Uno al lado del otro, regresaron al campamento.

12

Aquella noche no les atacaron, aunque Hugi dijo que sin duda se debía a que les estaban preparando algo peor. Holger se sintió inclinado a compartir el pesimismo del enano. Y ahora sólo tenían una montura para tres personas. Desde luego, Alianora podía hacer la mayor parte del viaje por el aire; pero los cisnes no son unas aves que se dejan suspender en el cielo, y no pueden adelantar demasiado. Y por muy grande que fuera su resistencia, Papillon no podría llevar encima a un guerrero de gran altura vestido con cota de mallas, a una joven, a un hombrecito y su equipo, y todo ello a su velocidad normal.

Por tanto, salieron temprano, y Alianora, tomando la forma de cisne, estudió desde la altura el mejor camino. Volvió y se sentó tras la silla, rodeando con los brazos la cintura de Holger (lo que le compensaba de muchas molestias) y guiándole. Al atardecer, esperaba que hubieran llegado al paso, y al día siguiente a los límites habitados por los seres humanos. Tenían todavía muchos kilómetros de selva que recorrer en el otro lado de la cordillera, pero había visto algunos claros, granjas aisladas y caseríos.

—Y donde habitan varios hombres, si no son malhechores, habrá tierra sagrada —un santuario al menos—, al que no se atreverán a acercarse la mayoría de las criaturas que nos persiguen.

—Pero en ese caso —preguntó Holger—: ¿cómo puede pensar siquiera el Mundo Medio en ocupar las tierras humanas?

—Con la ayuda de seres que no temen la luz del día ni al sacerdocio. Animales como tu dragón; criaturas con alma, como los enanos malvados. Pero esos aliados son pocos, y en su mayor parte demasiado estúpidos, para utilizarlos en algo más. Pienso que principalmente el Mundo Medio dependerá de los seres humanos que luchen en favor de Caos. Brujas, brujos, bandidos, asesinos, ante todo los paganos salvajes del norte y el sur. Estos pueden desacralizar los lugares sagrados y enfrentarse a los hombres que luchen contra ellos. Entonces el resto de los seres humanos huirá, y apenas quedará nada que impida que el brillo azul sea atraído sobre cientos de leguas más. Con ese avance, las esferas de la Ley se irán debilitando: no sólo en número, sino también en espíritu, pues la presencia próxima de Caos debe afectar a las buenas gentes, volviéndolas caprichosas, sin ley, e inclinadas a sus propios demonios —le dijo Alianora, sacudiendo la cabeza, turbada—. Y conforme el mal crezca, los hombres mismos que representan el bien utilizarán en su miedo medios de lucha cada vez peores, y con ello permitirán que el mal ponga una cabeza de puente.

Holger pensó en su propio mundo, donde Coventry se había vengado de Colonia, y asintió. De pronto sintió pesado el casco.

Tanto para escapar a ese recuerdo, como por cualquier otra razón, regresó a las cosas inmediatas. Los poderes de sus perseguidores no eran ilimitados, pues en otro caso ya le habrían detenido hacía tiempo. ¿Cuáles eran entonces esos límites? Curiosamente, para unos seres que se decían no tenían alma, la raza de Faerie se veía sometida a graves limitaciones físicas, por lo que debía basarse principalmente en la astucia. Salvo por ser rápidos y flexibles, ninguno de ellos podría enfrentarse a un hombre normalmente fuerte. (Con seguridad, los gigantes, los trolls y los otros seres diversos del Mundo Medio tenían una fuerza bruta superior a la de los humanos, pero Alianora decía que eran lentos y torpes.) Ninguno podía soportar el sol; de ahí que sus excursiones a los dominios humanos sólo pudieran tener lugar después de anochecer. E incluso en esos momentos debían evitar los objetos sagrados. Sus encantamientos rebotarían como bolas de billar en cualquiera que se hallara en estado de gracia. Simplemente la cantidad habitual de decencia y determinación le bastaría a un hombre para salir triunfante. Ellos, o sus maquinaciones, te podían matar; podían engañarte, dejarte confuso, convertirte en víctima; pero en un sentido último y cierto no podían conquistarte a menos que tú quisieras.

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