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Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]

Электронная книга - «Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]». Краткое содержание книги:

Tras ser herido en un campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial, Holger deja de ser un moderno soldado para encarnarse en un caballero armado, exiliado en un mundo de brujería y magia donde se libra una sangrienta guerra. La hechicera Le Fay utilizará su espada contra Caos; la doncella-cisne querrá que ayude a su apacible pueblo. Al principio, él se negará a servir a ambas en un intento de retornar a la realidad, pero la Tierra era su exilio: es aquí, bajo el ardiente aliento del dragón, donde deberá luchar y morir…
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—¡No! —exclamó Holger escupiendo al suelo.

—Espera, espera un momento, querido —dijo Alianora, tomándola del brazo con repentina ansiedad—. Pregúntale si se refiere a un concurso de acertijos.

Asombrado, Holger se lo preguntó y el gigante asintió.

—Como sabes, los grandes nos sentamos en nuestros salones durante la noche interminable invernal de nuestra patria un año tras otro, siglo tras siglo, y pasamos el tiempo con pruebas de habilidad. Pero, sobre todo, nos gustan los acertijos. Para que te deje pasar, tendrás que contarme tres nuevos de los que no pueda responder a dos, para que pueda utilizarlos yo —su rostro bestial se volvió hacia el este, ansioso—. Sin embargo, sé rápido.

Los ojos de Alianora se encendieron.

—Hazlo, Holger. Acepta el trato. Puedes vencerle.

El gigante no parecía comprenderlo, pero desde luego Holger sí lo hizo. Una criatura tan grande no podía oír demasiado la gama humana de frecuencias.

—No puedo pensar en nada —respondió Holger con voz de falsete.

—Sí puedes —le replicó Alianora, aunque su confianza mermó algo. Se quedó mirando el suelo y escarbándolo con un dedo—. Y si no puedes, pues bien, que me tenga. Sólo me quiere para comerme. Holger, tú significas mucho para todo el mundo para correr el riesgo de morir en una pelea por mí.

En su confusión, los buscaba. ¿Pero qué acertijos conocía? Unos cuantos, como el que planteó Sansón a los filisteos. Pero seguramente, a lo largo de los siglos, el ogro los habría oído. Y él, Holger, no era lo bastante brillante como para inventar un juego tan rápidamente.

—Prefiero luchar por alguien a quien conozco, como tú, que… —empezó a decir, pero el enorme monstruo le interrumpió con un gruñido.

—¡Date prisa!

Holger tuvo una idea repentina.

—¿No puede soportar el sol? —preguntó a Alianora en el tono de falsete que impedía que el gigante lo escuchara.

—No —contestó ella—. Los rayos brillantes convierten su carne en piedra.

—Ja—ja —chilló Hugi—. Si entretienes su mente para que venga el amanecer sin que se dé cuenta, podremos coger su bolsa de oro.

—Eso no lo sé —contestó Alianora—. Pero he oído que los tesoros ganados con trampas están malditos, y que el hombre que los gana muere pronto. Pero Holger antes de una hora tendrá que huir del amanecer.

—Creo… que… sí —dijo Holger, volviéndose hacia el coloso, que empezaba a gruñir con colérica impaciencia—. Contenderé contigo.

—Pues hagámoslo ahora —dijo el gigante con sonrisa sádica—. Quizá otra noche… bueno, ata a la moza para que no pueda escapar. ¡Deprisa!

Holger se movió con toda la lentitud que pudo. Mientras ataba a Alianora las muñecas, susurró con voz aguda:

—Si sucede lo peor, puedes deshacer este nudo.

—No, no escaparé, pues se volvería contra ti.

—Tendrá que luchar conmigo de todos modos —dijo Holger—. Deberías salvar tu vida —añadió, tratando de obtener un tono heroico, aunque era difícil conseguirlo con la voz de falsete.

Arrojó algunos palos más al fuego y se volvió hacia el gigante, quien se había sentado metiendo las rodillas bajo la peluda barbilla.

—Vamos a ello —dijo.

—Muy bien. Te alegrará saber por tu honor que soy el campeón de acertijos de nueve reuniones de pedernal —dijo el gigante mirando a Alianora y lamiéndose los labios—. Un delicioso bocado.

Antes de que se diera cuenta, Holger había levantado su espada:

—¡Retén tu lengua! —rugió.

—¿Prefieres luchar? —gritó, sacando los enormes músculos.

—No —contestó Holger, controlando sus nervios. ¡Pero que ese hipopótamo se atreviera a mirar así a su Alianora…! De acuerdo. Primer acertijo. ¿Por qué un gallina cruza el camino?

—¿Cómo? —preguntó el gigante quedándose con la boca abierta hasta que sus dientes brillaron como rocas húmedas—. ¿Eso es lo que me preguntas?

—Así es.

—Pero si eso lo sabe hasta el niño más niño. Para llegar al otro lado.

Holger sacudió su cabeza de cabellos amarillos:

—Falso.

—¡Mientes! —gritó el mamut, levantándose a medias.

Holger comenzó a mover su espada, produciendo un sonido sibilante.

—Tengo una respuesta absolutamente buena —dijo—. Debes encontrarla.

—Nunca he oído nada semejante —se quejó el gigante, Pero se sentó y empezó a acariciarse la barba con una mano inmunda—. ¿Por qué cruza una gallina el camino? ¿Por qué va a hacerlo sino para llegar al otro lado? ¿Qué intención mística se oculta aquí? ¿Qué pueden representar una gallina y un camino?

Cerró los ojos y comenzó a columpiarse hacia atrás y adelante. Alianora, acostada y atada cerca del fuego, lanzó a Holger un grito de alegría.

Tras un tiempo interminable de viento frío y estrellas todavía más frías, Holger vio que se abrían los ojos del monstruo. A la luz de la hoguera brillaban como dos lámparas de color sangre, profundos bajo las cejas cavernosas.

—Tengo la respuesta —dijo con voz aterradora—. No se diferencia del acertijo con el que Thiazi asombró a Grotnir hace 500 inviernos. Mira, mortal, una gallina es el alma humana, y el camino es la vida que debe cruzarse, desde la zanja del nacimiento hasta la de la muerte. En esa carretera hay muchos peligros, no sólo las roderas de las fatigas y el espejismo del pecado, sino carretadas de guerra y pestilencia conducidas por bueyes de la destrucción; mientras por encima gira ese alto halcón de Satán, dispuesto siempre a lanzarse. La gallina no sabe por qué cruza el camino, sólo que al otro lado los campos que ve son más verdes. Lo cruza porque debe hacerlo, lo mismo que debemos hacerlo todos.

El monstruo se le quedó mirando con aire satisfecho, pero Holger sacudió la cabeza:

—No, te equivocas de nuevo.

¿Cómo? Vaya, tú… —empezó a decir el ogro, levantándose del todo.

—¿Entonces prefieres luchar? —dijo Holger—. Estaba seguro de que no tenías capacidad intelectual.

—¡No, no, no! —aulló el gigante iniciando un pequeño temblor de tierra. Se quedó paseando un rato para conseguir suficiente control de sí mismo y sentarse de nuevo—. El tiempo nos presiona, así que renuncio a ésta y te pido la respuesta. ¿Por qué realmente cruza una gallina el camino?

—Porque dando la vuelta por el otro lado la distancia es más larga —dijo Holger.

Durante varios minutos el gigante estuvo lanzándole maldiciones. Pero Holger se sentía contento con eso; su único objetivo era ganar tiempo, si era posible tiempo suficiente para que los primeros rayos de sol cayeran sobre su enemigo. Cuando finalmente el titán pudo hacer una protesta coherente, Holger había reunido argumentos suficientes acerca del significado de los términos «pregunta» y «respuesta» para que se estuvieran gritando el uno al otro durante media hora. ¡Fue una bendición que en la universidad hubiera seguido el curso de semántica! Consiguió gastar diez minutos sólo en reconstruir la teoría de los tipos de Bertrand Russell. Finalmente, el gigante se encogió de hombros.

—Dejémoslo pasar —dijo siniestramente—. Habrá otra noche, amigo mío. Pero pienso que esta vez no me ganarás. ¡Vamos a ello!

Holger tomó aliento.

—¿Qué es lo que tiene cuatro patas, plumas amarillas, vive en una jaula, canta y pesa 400 kilos?

El ogro golpeó el suelo con el puño y varias rocas saltaron.

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