Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]
- Автор: Андерсон Пол Уильям
- Год: 1990
- Язык: испанский
- Год: EDAF
- ISBN: 84-7640-448-4
- Переводчик: Rafael Lassaletta Cano
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]». Краткое содержание книги:
Las historias sobre la maldición que caía sobre quienes saqueaban a un gigante muerto por el sol eran absolutamente ciertas. Cuando el carbono se transforma en silicio, se produce un isótopo radioactivo; y en el proceso se ven implicadas toneladas de material.
13
Por la tarde seguían descendiendo, pero a un ritmo más lento, y con un aire más ligero que el que respiraban antes del almuerzo. La tierra boscosa, de robles, abedules y algunos abetos, revelaba indicios del hombre: tocones, segundos crecimientos, matorrales bajos que había comido el ganado, o que estaban rasurados por cerditos recién destetados, y finalmente un camino que bajaba serpenteando hasta el pueblo que Alianora esperaba pudieran llegar ese mismo día. Agotado por el encuentro que había tenido con Balamorg, Holger dormitaba en la silla. Los cantos de los pájaros lo adormecían, por lo que pasaron varios minutos antes de que se diera cuenta de que ése era el único ruido.
Pasaron junto a una granja. La casa de troncos y techo de paja y los rediles indicaban que el propietario era rico. Pero no salía de ella humo alguno. No se movía nada, salvo un cuervo que saltaba sobre los corrales vacíos y se les quedó mirando. Hugi señaló hacia el sendero.
—Por las huellas parece que condujo los ganados hacia allí hace algunos días —comentó el enano—. ¿Por qué lo haría?
La luz del sol que se filtraba entre los arcos de hojas le pareció a Holger menos cálida. Por la noche aparecieron en un claro. Por delante se extendían campos de trigo maduro, cultivados sin duda por los aldeanos. El sol se había puesto detrás del bosque, que parecía negro hacia el oeste, sobre algunas luces rojizas. Hacia el este estaban las montañas, sobre las que titilaban las primeras estrellas. La luz era suficiente para que Holger viera una nube de polvo a unos dos kilómetros del camino. Animó a Papillon y el corcel rompió a trotar fatigadamente. Alianora, que se había divertido lanzándose sobre los murciélagos que aparecían al atardecer, tomó tierra detrás del hombre y recuperó la forma humana.
—No tiene sentido alarmar a los tuyos —dijo Alianora—. Sea cual sea su problema, los ha vuelto bastante tímidos.
La narizota de Hugi olfateó el aire.
—Están llevando las ovejas y el ganado dentro de los muros —dijo el enano—. ¡Qué rancio es el olor! Pero hay algo por debajo… el sudor huele más fuerte cuando un hombre tiene miedo… y veo un espectro, o algo fantasmal.
Se recostó hacia atrás en la silla, apoyándose en el pecho de Holger cubierto por la cota de malla.
El ganado era muy numeroso. Se salía del camino y cruzaba por entre los cereales. Los muchachos y perros que perseguían a los extraviados caminaban por las ringleras de los cereales. Holger pensó que alguna emergencia les tenía que haber obligado a aquello. Tiró de las riendas al ver a varios lanceros. Entrecerrando los ojos para ver mejor en la luz del atardecer, vio que los campesinos eran gentes robustas, de tez blanca, de barba y cabellos largos, vestidos con capas de lana gruesa cosida toscamente y pantalones cruzados. Eran demasiado necios para estar histéricos, pero las voces que le preguntaron su nombre revelaban una gran inquietud.
—Sir Holger de Dinamarca y dos amigos —contestó. Era inútil explicarles la complicada verdad—. Venimos en paz y quisiéramos pasar aquí la noche.
—¿Holger? —preguntó un hombre fornido de mediana edad que parecía el jefe, bajando la lanza y rascándose la cabeza—. ¿No he oído antes ese nombre, o uno parecido?
Un murmullo surgió entre los hombres, pero nadie pudo dar una respuesta inmediata, y el ganado no daba tiempo a la reflexión. Por eso, Holger añadió rápidamente:
—Quien lleve tal nombre no soy yo. Soy un extranjero que vengo de muy lejos y sólo estoy de paso.
—Pues bien, señor, bienvenido seáis a Lourville —dijo el campesino principal—. Temo que hayáis venido en un mal momento, pero sir Yve estará contento de veros… ¡Tú, aparta de ahí a esa condenada vaquilla antes de que termine en el ducado de al lado!… me llamo Raoul, sir Olger. Le ruego perdone este tumulto.
—¿Qué problema tienen? —preguntó Alianora—. Veo que llevan a los animales dentro de la ciudad esta noche, y no me parece muy normal.
Holger escuchó que un anciano murmuraba algo sobre esos visitantes extranjeros y sus queridas escandalosamente vestidas. Otro le susurró:
—He oído hablar de ella, abuelo, es una doncella—cisne que vive un poco al norte y al oeste del territorio de Lourville. Dicen que es amable.
Holger prestó más atención a Raoul.
—Sí, mi señora, estos últimos días llevamos juntos a todo el ganado y los encerramos en la ciudad cuando oscurece. Esta noche incluso las personas se amontonarán dentro de los muros; nadie se atreve ya a ir a solas por el exterior cuando cae la noche. Anda suelto un hombre lobo.
—¿Qué dice? —ladró Hugi—. ¿Un cambia-piel?
—Ay. Muchas cosas han ido mal en estos últimos años, una desgracia tras otra en todas las casa. A mí se me deslizó el hacha y me abrió la pierna esta primavera, y lo mismo le sucedió a mi hijo mayor. Nos pasamos tres semanas en la cama, precisamente en la época de la siembra. Y no sólo una familia cuenta tales cosas. Y dicen que es así porque en el Mundo Medio, que está más allá de las montañas, la brujería es tan fuerte que su poder llega hasta aquí y lo vuelve todo del revés. Eso es lo que dicen —afirmó Raoul santiguándose—. Yo, no lo sé. El loup-garou ha sido lo peor hasta ahora. Cristo nos guarde.
—¿Y no podría tratarse de un lobo natural que ataca vuestros rebaños? —preguntó Alianora—. A menudo, he oído hablar a la gente de alguien que tenía una forma extraña, cuando en realidad sólo era un animal más grande y más astuto que la mayoría.
—Quizá fuera eso —afirmó Raoul severamente—. Aunque es difícil entender que un animal natural pueda haber roto tantas puertas o levantado tantos cerrojos. Tampoco los lobos auténticos masacran a una docena de ovejas de una vez, por mera diversión, como una comadreja. Pero la última noche el asunto se aclaró. Pier Piesgrandes y Berte, su mujer, estaban en su casa, metida seis kilómetros en el bosque, cuando el hombre gris irrumpió por la ventana y les robó al bebé que tenían en la cuna. Pie le golpeó con la podadera, y jura que el hierro traspasó las costillas del lobo sin dañarlo. Entonces Berte se enfureció y enloqueció y golpeó a la bestia con una vieja cuchara de plata que tenía de su abuela. Entonces dejó caer al bebé, por la gracia de Dios no muy mal herido, y huyó por la ventana. Y yo te pregunto: ¿es eso un animal natural?
—No —respondió Alianora, sintiéndose deprimida y asustada.
Raoul escupió al suelo y siguió hablando:
—Por eso dormiremos dentro de los muros de la ciudad mientras dure este peligro, y dejaremos que el lobo merodee por los bosques sin cuidar. Quizá podamos descubrir quién está cambiando de forma, y quemarlo —y añadió en un tono más suave—: una gran pena es esto para sir Yve, precisamente ahora que su hija Raimberge se estaba preparando para viajar hacia el oeste y casarse en Vienne con el tercer hijo del Margrave. Ruego a Dios que terminen pronto nuestras penas.
—Nuestro señor no podrá entreteneros tal como os merecéis, sir Olger —añadió un muchacho—. Piensa pasarse to— da la noche caminando por los muros por si acaso el lobo tratara de saltarlos. Y su dama, Blancheflor, está enferma en la cama. Pero su hijo e hija harán lo que puedan.
Holger supuso que debería ofrecerse voluntario para ayudar en la guarda, pero no creía que después del día que había pasado pudiera mantenerse despierto. Pidió a Alianora, que iba cabalgando lentamente por delante del ganado, que le explicara la amenaza.
—Hay dos maneras por las que los hombres toman forma animal —respondió—. La una es por magia sobre un ser humano común, como mi prenda de plumas hace por mí siempre que lo deseo. La otra es más oscura. Algunos pueden nacer con naturalezas gemelas. No necesitan de encantamientos para cambiar la forma, y cada noche el deseo de convertirse en oso, en jabalí, en lobo o en cualquier animal en que puedan convertirse… cada noche, ese deseo los abruma. Y entonces enloquecen. Pueden ser personas amables y sensatas cuando caminan como seres humanos, pero como animales no pueden dejar de hacer daño hasta que se sacia su sed de sangre, o hasta que el miedo a ser descubiertos les hace recuperar nuestra forma. Cuando son animales, es casi imposible matarlos, pues las heridas cuidan al instante. Sólo la plata les duele y un arma de plata los mataría. Pero de tales armas pueden escapar más rápido que los que tienen verdadera carne y sangre.