Por arte de magia
- Автор: Грин Дженнифер
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Por arte de magia». Краткое содержание книги:
La propuesta de Mitch estaba motivada por el deber, pero en sus ojos brillaba una pasión auténtica… ¿Podía un matrimonio forjado por el bien de un futuro hijo convertirse en un amor de cuento de hadas entre la Bella Durmiente y su Príncipe Azul?
– Si abrazarte es lo correcto, ¿crees que estaría bien que besara al novio?
– No.
– ¿No? -por la expresión de sus ojos, Nik habría jurado que le gustaba la idea. Estaba convencida de que Mitch sólo pensaba en una cosa… y no era el cachorro.
– No -repitió él firmemente-. A decir verdad, me preocupa que estando así de empapada puedas pillar un catarro. ¿Qué tal si tomas un baño caliente y te pones ropa más cómoda? Yo me ocuparé de nuestro nuevo monstruito y luego me cambiaré -al ver que ella asentía y se dirigía hacia las escaleras, agregó-: Mmm, Nik, no te olvides de lo del beso.
Nicole no pensó en otra cosa mientras se daba una ducha caliente, y cuando salió de la bañera para secarse, en medio de una nube de vapor, experimentó unos repentinos temblores. El empañado espejo revelaba que algo estaba mal en su cuerpo. Demasiados ángulos, un vientre demasiado abultado. ¿Y si Mitch la encontraba poco atractiva?
No obstante, para cuando se vistió con un jersey grueso y unos pantalones sueltos, los temblores ya habían empezado a remitir. Después de cepillarse el cabello, salió del cuarto de baño… y chocó con Mitch, que en ese momento había salido del aseo opuesto.
Tenía el cabello húmedo y llevaba puestos unos téjanos, sin camisa.
El pasillo estaba a oscuras. Nicole oyó el crujido de un trueno… O quizá era su corazón martillándole en el pecho. Mitch se había parado en seco. Igual que ella. Los ojos de ambos se encontraron. Nik sólo podía pensar en lo cerca que estaba el dormitorio…
– ¿Has dejado el cachorro, eh, en la cesta?
– Sí, estuve jugando con él hasta que se durmió.
Nicole no podía retirar la mirada de la mágica atracción magnética de sus ojos.
– ¿Tienes hambre? -le preguntó.
– No de comida.
Ella tomó aliento.
– Yo tampoco -tomó aire por segunda vez, comprendiendo que Mitch estaba tan nervioso como ella. Los dos deseaban exactamente lo mismo.
Él dio un paso hacia ella.
– Nik -murmuró con voz ronca al tiempo que alzaba una mano.
En el instante en que la tocó, se produjo una explosión de fuegos artificiales. Nicole jamás había soñado que pudiera ocurrir algo así… al menos, desde que era una niña y fantaseaba con castillos, hechizos mágicos y un caballero que pudiera robarle el corazón.
De repente, con total brusquedad, se dio cuenta de que aquellos fuegos artificiales eran reales. Mitch abrió la boca, sorprendido, y el cachorro empezó a aullar en la cocina.
– ¿Qué demonios pasa? -preguntó Mitch-. Quédate aquí mientras yo averiguo qué es lo que ocurre.
La cacofonía de estrepitosos estallidos parecía rodear la casa entera. Mitch se lanzó escaleras abajo, seguido de cerca por Nicole. Los repentinos golpes en la puerta principal hicieron que el corazón se le subiera a la garganta. Sabía que la puerta no estaba cerrada y, al ver que se abría de golpe, Mitch colocó instintivamente a Nicole detrás de sí… al menos, por un segundo.
John, Rafe y Wilma permanecían en el marco de la puerta, sonriendo como hienas… y calados hasta los huesos.
– ¿No estaríais planeando hacer algo interesante los dos solos, verdad? -dijo John socarronamente.
– ¿Pero qué diablos…? -Mitch se echó el cabello para atrás.
– Se trata de una fiesta sorpresa para los recién casados -anunció Wilma-. Traemos toneladas de comida…
– Y bebidas -añadió Rafe tras ella-. Y regalos.
La plantilla siempre la había tratado con mucho cariño y respeto, pero Nicole jamás se había esperado algo así.
Al cabo de varias horas de fiesta, que tanto a Mitch como a ella se le antojaron interminables, Rafe se acercó a la ventana y dijo:
– Por fin ha escampado. Quizá no hayáis tenido sol el día de vuestra boda, pero parece que disfrutaréis de un anochecer de primera. ¿Qué tal si bajamos todos a la playa? -tras echar un vistazo a la expresión de Mitch, Rafe se rió-. Eh, que era broma. Nos vamos ya, ¿verdad, pandilla?
Se marcharon tan «silenciosamente» como habían llegado. Cuando, por fin, Mitch y Nicole cerraron la puerta, todo volvió a sumirse en la calma.
– Estoy totalmente agotada. Aunque han hecho algo maravilloso, ¿verdad? -dijo ella.
– Sí. Debí sospechar que cometerían alguna diablura. Nos consideran familia suya, ¿sabes? -Mitch titubeó-. No sabías que te tuvieran tanto cariño, ¿verdad? -no lo planteó como una pregunta.
Nicole negó con la cabeza.
– No. Es decir, siempre he sabido que todos nos llevamos muy bien, pero…
– Eso es gracias a ti.
– Trabajamos en equipo…
– Gracias a ti -repitió él-. ¿Crees que es accidental que todos congeniemos tan bien? ¿Que es algo normal en todos los trabajos? Me parece, señora Landers, que no sabe usted cuánto la quieren los demás -al verla bostezar, Mitch sonrió-. La verdad es que te encanta hablar de ti misma, ¿verdad?
– Mmm, no.
– Ya hemos tenido bastantes emociones por hoy. ¿Cansada?
– Odio admitirlo, pero sí.
– En ese caso… ¿qué te parece si nos acostamos temprano?
De nuevo, una poderosa descarga eléctrica pareció chisporrotear entre ambos, con la intensidad del relámpago. Y, de repente, Nicole se cansó de esperar. Deseaba hacer el amor con él, como si hubiera estado esperando a Mitch durante toda su vida.
– Subiré ahora mismo -dijo.
Él le acarició la mejilla.
– Tardaré un par de minutos en acostar al cachorro y cerrar la casa. Luego me reuniré contigo.
Capítulo Diez
Conforme subía las escaleras, Mitch vio que Nicole había apagado la luz del dormitorio. De modo que había sufrido una especie de ataque de pudor, se dijo. En fin, podría amoldarse a su deseo. A él le resultaría difícil mostrarse pudoroso, pues había olvidado llevarse un pijama. Pero sabiendo que por fin podría hacerle el amor a la mujer a la que amaba, podría amoldarse a cualquier cosa.
Al llegar a lo alto de las escaleras, dudó entre dejar encendida o no la luz del pasillo. Nik deseaba el cobijo de la oscuridad, pero Mitch temía iniciar la noche de bodas tropezando con las cosas como un inútil patoso. Resolvió el problema dejando la lámpara encendida y cerrando la puerta del dormitorio, de modo que sólo un fino haz de luz se colaba por debajo. A pesar de dicha luz, sus pupilas se dilataron instantáneamente y, al principio, no pudo distinguir nada… salvo a ella. Su forma acurrucada en la cama lo incitó inmediatamente a quitarse el jersey.
– ¿Has acostado a nuestro pequeño?
Tanto su voz susurrante como el comentario hicieron sonreír a Mitch. Le gustaba que se refiriera al cachorro como «nuestro pequeño». Le hacía pensar en cómo hablarían sobre el auténtico bebé cuando naciera.
– Sí, y he colocado junto a él un despertador envuelto en una toalla. Si llora de noche, yo lo atenderé, Nik. De modo que no te preocupes -Mitch soltó el jersey, y a continuación se bajó los pantalones y los calzoncillos… moviéndose con total lentitud.
Las sombras fueron cobrando forma paulatinamente, de modo que pudo distinguir la mitad de la cama que Nicole había dejado vacía para él. Retiró la sábana y se introdujo en ella.
Topó con algo. Su codo, se dijo. Simplemente lo rozó, pero Nicole dio un salto.
– Hace frío -comentó Mitch-. Una temperatura ideal para un abrazo.
Ella reaccionó acurrucándose entre sus brazos… lo cual era una buena señal, pensó él. Y parecía llevar puesta una prenda de satén, lo cual no era tan perfecto como la desnudez total, pero constituía otra buena señal. Mitch podía notar la atrayente curva de sus senos, la suave prominencia de su vientre… y los desbocados latidos de su corazón. Unos latidos rápidos, ansiosos.
Con cuidadosa ternura, le acarició el hombro. Posiblemente para demostrar que estaba dispuesta, Nicole reaccionó al instante frotándole el cuello con la mejilla.