MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos
- Автор: MOLINA MAURICIO ARANGUREN
- Язык: испанский
- Жанр: Биографии и мемуары
Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:
-�No s� si sea un privilegio, pero veo algo y siempre lo recuerdo; para m� no pasa casi nada inadvertido en la vida, quiz� por eso retengo tan bien muchas cosas. Mi pap� me ense�� de peque�o que no se dec�a �Colombia� sino �mi Colombia�; nunca le o� decir �el pa�s�, siempre dec�a �nuestro pa�s�. �l ten�a sentido de pertenencia y repet�a que esto era nuestro y que me correspond�a cuidarlo. Quiz� de ah� venga algo de mi fascinaci�n por lo que hago y por los s�mbolos patrios. Siempre fui primero y segundo en la Normal de Menores, ic� bandera tres veces en un a�o, pocos repet�amos, y los que lo hac�amos, port�bamos el asta por el patio principal de la escuela. Me condecoraron con dos medallitas y un escudo. �Los s�mbolos me han emocionado siempre! Me aprend� el Himno Nacional completo, la estrofa que m�s me gusta es: �Bol�var cruza el Andes, que riegan en dos oc�anos, espadas cual centellas fulguran en Jun�n, centauros indomables descienden de los llanos y empieza a presentirse de su epopeya el fin�. No he olvidado el mensaje de Sim�n Bol�var.
Teresita, quien est� aqu� con nosotros, fue la primera persona que me inform� sobre la muerte de Fidel, ella era la esposa de mi hermano Ramiro. Se qued� con nosotros y ha sido la l�der de toda nuestra reforma agraria en C�rdoba, cuando Fidel regal� diez mil hect�reas de tierra y fund� un colegio. Ella adelanta otras obras sociales que se han hecho en la zona. A Ramiro, su esposo, lo mataron a los veintis�is a�os, sal�a de la feria de ganado donde trabajaba, cuando varios hombres le dispararon. Yo ven�a de la zona rural, y, cuando llegu� a la casa, en el barrio Las Vegas, de Medell�n, mam� me esperaba con el peri�dico El Colombiano. En la secci�n de sucesos breves, aparec�a el nombre de mi hermano, y do�a Rosa me dijo: �Mijo, tienen a Ramiro en la c�rcel�.
Yo le� bien y me di cuenta de que ella no entendi� la noticia del peri�dico: �Los vecinos escucharon el �tableteo�, mientras llegaban las autoridades�. Ella no logr� comprender el t�rmino �tableteo�. A m� me entr� un fr�o impresionante. Mam� cre�a que estaba detenido, cuando estaba muerto.
Despu�s fallecieron Eufracio de treinta a�os y Reynaldo de veinticuatro. Ellos tra�an unas armas del departamento del Guaviare, en el sur del pa�s. Iban a comprar unos fusiles brasile�os a unos traficantes de armas en plena selva, pero los vendedores resultaron ser guerrilla y a la hora del negocio los mataron.
El caso de mi hermanita, la menor de la casa, tambi�n le dio muy duro a mi mam�. A Rumalda no le gustaba andar con escolta en la universidad EAFIT. Uno de esos d�as, al salir de clase, como a las dos de la tarde, un grupo de guerrilleros la secuestr� y, al tratar de sacarla de la ciudad, en un descuido de los tipos, a m�s de setenta kil�metros por hora, ella abri� la puerta y se les tir� del carro. Era una Casta�o.
Do�a Rosa escuchaba de lejos el relato de su hijo, se acerc� a la silla donde estaba Carlos Casta�o y le dijo mientras le acariciaba la cabeza.
-�Ay, mi ni�o, a usted le ha tocado estar en todas las tragedias de la familia.
-�Bueno, mam�, nos vamos, porque tengo el anillo de seguridad muy disperso y no estoy tranquilo. Cu�dese, mi viejita, hasta luego, Manuelito.
Casta�o se despidi� de do�a Rosa, como si en la noche regresara; le dio un abrazo, un beso en la frente y no la volvi� a mirar. Su rostro, piel canela, curtido por los a�os, se torn� nost�lgico. Do�a Rosa se llev� continuamente su mano a la boca y giraba la cabeza de izquierda a derecha, pero conservaba la mirada fija en nosotros. Yo nunca dej� de mirarla, ten�a una bata blanca larga. Inmersa en una expresi�n de angustia. El estruendo de una escolta m�s numerosa, por lo menos veinte hombres en dos camionetas de estacas, contrastaba con el silencio de do�a Rosa en la puerta del corral, donde inclin� su cuerpo para recostarse en la madera y pensar lo que, seg�n Casta�o, siempre se pregunta al verlo partir: �Ay, Dios m�o, qui�n sabe qu� cosa mala va a pasar este a�o�.
Nos alej�bamos en silencio de la casa de su progenitora. Nuevamente Casta�o hab�a fracasado en su intento de llev�rsela m�s cerca al monte, donde podr�a visitarla seguido.
-�Do�a Rosa siempre me dijo que el gran sue�o de Fidel fue ser un hombre rico, y lo fue. Todas estas tierras por donde nos movemos ahora fueron de Fidel y, antes de morir, las regal�. Se donaron m�s de diez mil hect�reas de tierra a los campesinos. Hab�a que mostrar en las regiones que lo nuestro funcionaba, y donar la mitad de lo que �l ten�a era la mejor estrategia, �sa fue la famosa reforma agraria del 91, en C�rdoba.
Al entregarle tierra a m�s de cinco mil familias y mucho ex guerrillero reinsertado del grupo EPL, sin duda, capt�bamos fuerza social, y fuerza social es poder. Adem�s, �bamos desvirtuando el discurso de la guerrilla; ellos dec�an que nosotros �ramos unos terratenientes y una antirreforma agraria. Teresita ha estado al frente de Funpazcor, la fundaci�n para la paz de C�rdoba. Desde la muerte de Ramiro, mi hermano, ella se ha convertido en la gran canalizadora de recursos, siempre l�citos para nuestra obra social, que, a la postre, acrecienta el apoyo popular a la organizaci�n en C�rdoba.
-��Y qu� pas� con el resto de las tierras de su hermano?
-�Cuando Fidel muri�, dej� unas veinte mil hect�reas de tierra, treinta mil cabezas de ganado y unos doscientos millones de pesos guardados. La mayor parte de su fortuna estaba en obras de arte, pero casi todo se la gast� en la guerra.
Antes del secuestro de pap�, Fidel no le quitaba un peso a nadie, era un hombre rebuscador, pero despu�s todo cambi�. Mi hermano nunca busc� la guerra como una forma de hacer negocio y volverse un hombre rico, �l se la encontr� en el camino.
Lo primero que uno descubre es que ninguna guerra se financia l�citamente. �Jam�s! Generalmente, todos los ideales son nobles y, aunque no siempre son los m�s justos, tienen presentaci�n. Le voy a contar c�mo se comenz� a financiar esta guerra. A los 16 a�os, mi hermano se fue de la casa. Cuenta don Efra�n Ruiz, el mejor amigo de pap�, que un d�a Fidel se apareci� con un malet�n de mano en la carnicer�a y le dijo: ��Qu� hubo, viejo?� ��Qu� m�s, Fidel? Cont�me�, le contest� don Efra�n desde el mostrador, cuando, de manera directa, mi hermano le pidi� su ayuda: �Viejo, es que necesito que me prestes dos mil pesos, que me voy para Medell�n. No me vas a decir que no y tampoco le digas a mi pap�. �Eso no le va a gustar a don Jes�s y yo no tengo toda esa plata�. Entonces Fidel le insisti� decidido: ��Me la vas a prestar, s� o no?�
Don Efra�n no cre�a que mi hermano ser�a capaz de dejar el pueblo e irse a andar la ciudad. Pero, al verlo salir con el malet�n hacia la parada de buses escalera, sac� dos mil pesos del producido y lo sigui�. Cuando lo vio subirse al bus, que iba para Medell�n, se le acerc� preocupado, pues le daba pesar dejar ir al muchacho sin el dinero, le sonri� y le dijo: �Fidel, cre� que no era verdad, me los pagas cuando puedas�.
Cinco a�os m�s tarde, Fidel volvi� a la casa, pag� los dos mil pesos con intereses y le compr� la mitad de la finca a mi pap�; mont� el bar en Segovia y se dedic� a trabajar, de sol a sol. Se met�a a la finca a levantar el ganado y en la feria revend�a reses.
Nunca tuvo �nimos expansionistas, pero vino el secuestro y asesinato de nuestro padre, y mi hermano cambi�. Comenz� el enfrentamiento con la guerrilla y se convirti� en lo que fue, hasta el d�a de su muerte: una m�quina de hacer plata.
A partir de ese momento entend� que siempre es m�s sucio financiar la guerra que hacerla. Tuvimos una mina de oro en Amalfi, con papeles y todo, no daba oro, pero justificaba los robos de mercanc�a que hac�a Fidel en Medell�n, con un cami�n que tuvo en compa��a con don Efra�n. Un d�a robaban llantas, otro plantas el�ctricas, despu�s lotes de motobombas. Con la mina de oro se justificaba la plata y toda se le invert�a a la guerra. Rob� madera toda la que quiso, compraba una buena cantidad en efectivo a buen precio y luego mandaba a unos trabajadores en la noche y se llevaba el resto. Imag�nese que lleg� hasta tener distribuidora de maderas en Bogot�. Hac�a lo mismo con piedra �Peldar� y lleg� a producir aguardiente chiviado en su propio alambique. Era un gran tah�r y robaba jugando cartas al marcar el p�ker. Se llevaba caballos de una regi�n y los cambiaba con alguien que se los robaba en otra.