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MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
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-�No s� si sea un privilegio, pero veo algo y siempre lo recuerdo; para m� no pasa casi nada inadvertido en la vida, quiz� por eso retengo tan bien muchas cosas. Mi pap� me ense�� de peque�o que no se dec�a �Colombia� sino �mi Colombia�; nunca le o� decir �el pa�s�, siempre dec�a �nuestro pa�s�. �l ten�a sentido de pertenencia y repet�a que esto era nuestro y que me correspond�a cuidarlo. Quiz� de ah� venga algo de mi fascinaci�n por lo que hago y por los s�mbolos patrios. Siempre fui primero y segundo en la Normal de Menores, ic� bandera tres veces en un a�o, pocos repet�amos, y los que lo hac�amos, port�bamos el asta por el patio principal de la escuela. Me condecoraron con dos medallitas y un escudo. �Los s�mbolos me han emocionado siempre! Me aprend� el Himno Nacional completo, la estrofa que m�s me gusta es: �Bol�var cruza el Andes, que riegan en dos oc�anos, espadas cual centellas fulguran en Jun�n, centauros indomables descienden de los llanos y empieza a presentirse de su epopeya el fin�. No he olvidado el mensaje de Sim�n Bol�var.

Teresita, quien est� aqu� con nosotros, fue la primera persona que me inform� sobre la muerte de Fidel, ella era la esposa de mi hermano Ramiro. Se qued� con nosotros y ha sido la l�der de toda nuestra reforma agraria en C�rdoba, cuando Fidel regal� diez mil hect�reas de tierra y fund� un colegio. Ella adelanta otras obras sociales que se han hecho en la zona. A Ramiro, su esposo, lo mataron a los veintis�is a�os, sal�a de la feria de ganado donde trabajaba, cuando varios hombres le dispararon. Yo ven�a de la zona rural, y, cuando llegu� a la casa, en el barrio Las Vegas, de Medell�n, mam� me esperaba con el peri�dico El Colombiano. En la secci�n de sucesos breves, aparec�a el nombre de mi hermano, y do�a Rosa me dijo: �Mijo, tienen a Ramiro en la c�rcel�.

Yo le� bien y me di cuenta de que ella no entendi� la noticia del peri�dico: �Los vecinos escucharon el �tableteo�, mientras llegaban las autoridades�. Ella no logr� comprender el t�rmino �tableteo�. A m� me entr� un fr�o impresionante. Mam� cre�a que estaba detenido, cuando estaba muerto.

Despu�s fallecieron Eufracio de treinta a�os y Reynaldo de veinticuatro. Ellos tra�an unas armas del departamento del Guaviare, en el sur del pa�s. Iban a comprar unos fusiles brasile�os a unos traficantes de armas en plena selva, pero los vendedores resultaron ser guerrilla y a la hora del negocio los mataron.

El caso de mi hermanita, la menor de la casa, tambi�n le dio muy duro a mi mam�. A Rumalda no le gustaba andar con escolta en la universidad EAFIT. Uno de esos d�as, al salir de clase, como a las dos de la tarde, un grupo de guerrilleros la secuestr� y, al tratar de sacarla de la ciudad, en un descuido de los tipos, a m�s de setenta kil�metros por hora, ella abri� la puerta y se les tir� del carro. Era una Casta�o.

Do�a Rosa escuchaba de lejos el relato de su hijo, se acerc� a la silla donde estaba Carlos Casta�o y le dijo mientras le acariciaba la cabeza.

-�Ay, mi ni�o, a usted le ha tocado estar en todas las tragedias de la familia.

-�Bueno, mam�, nos vamos, porque tengo el anillo de seguridad muy disperso y no estoy tranquilo. Cu�dese, mi viejita, hasta luego, Manuelito.

Casta�o se despidi� de do�a Rosa, como si en la noche regresara; le dio un abrazo, un beso en la frente y no la volvi� a mirar. Su rostro, piel canela, curtido por los a�os, se torn� nost�lgico. Do�a Rosa se llev� continuamente su mano a la boca y giraba la cabeza de izquierda a derecha, pero conservaba la mirada fija en nosotros. Yo nunca dej� de mirarla, ten�a una bata blanca larga. Inmersa en una expresi�n de angustia. El estruendo de una escolta m�s numerosa, por lo menos veinte hombres en dos camionetas de estacas, contrastaba con el silencio de do�a Rosa en la puerta del corral, donde inclin� su cuerpo para recostarse en la madera y pensar lo que, seg�n Casta�o, siempre se pregunta al verlo partir: �Ay, Dios m�o, qui�n sabe qu� cosa mala va a pasar este a�o�.

Nos alej�bamos en silencio de la casa de su progenitora. Nuevamente Casta�o hab�a fracasado en su intento de llev�rsela m�s cerca al monte, donde podr�a visitarla seguido.

-�Do�a Rosa siempre me dijo que el gran sue�o de Fidel fue ser un hombre rico, y lo fue. Todas estas tierras por donde nos movemos ahora fueron de Fidel y, antes de morir, las regal�. Se donaron m�s de diez mil hect�reas de tierra a los campesinos. Hab�a que mostrar en las regiones que lo nuestro funcionaba, y donar la mitad de lo que �l ten�a era la mejor estrategia, �sa fue la famosa reforma agraria del 91, en C�rdoba.

Al entregarle tierra a m�s de cinco mil familias y mucho ex guerrillero reinsertado del grupo EPL, sin duda, capt�bamos fuerza social, y fuerza social es poder. Adem�s, �bamos desvirtuando el discurso de la guerrilla; ellos dec�an que nosotros �ramos unos terratenientes y una antirreforma agraria. Teresita ha estado al frente de Funpazcor, la fundaci�n para la paz de C�rdoba. Desde la muerte de Ramiro, mi hermano, ella se ha convertido en la gran canalizadora de recursos, siempre l�citos para nuestra obra social, que, a la postre, acrecienta el apoyo popular a la organizaci�n en C�rdoba.

-��Y qu� pas� con el resto de las tierras de su hermano?

-�Cuando Fidel muri�, dej� unas veinte mil hect�reas de tierra, treinta mil cabezas de ganado y unos doscientos millones de pesos guardados. La mayor parte de su fortuna estaba en obras de arte, pero casi todo se la gast� en la guerra.

Antes del secuestro de pap�, Fidel no le quitaba un peso a nadie, era un hombre rebuscador, pero despu�s todo cambi�. Mi hermano nunca busc� la guerra como una forma de hacer negocio y volverse un hombre rico, �l se la encontr� en el camino.

Lo primero que uno descubre es que ninguna guerra se financia l�citamente. �Jam�s! Generalmente, todos los ideales son nobles y, aunque no siempre son los m�s justos, tienen presentaci�n. Le voy a contar c�mo se comenz� a financiar esta guerra. A los 16 a�os, mi hermano se fue de la casa. Cuenta don Efra�n Ruiz, el mejor amigo de pap�, que un d�a Fidel se apareci� con un malet�n de mano en la carnicer�a y le dijo: ��Qu� hubo, viejo?� ��Qu� m�s, Fidel? Cont�me�, le contest� don Efra�n desde el mostrador, cuando, de manera directa, mi hermano le pidi� su ayuda: �Viejo, es que necesito que me prestes dos mil pesos, que me voy para Medell�n. No me vas a decir que no y tampoco le digas a mi pap�. �Eso no le va a gustar a don Jes�s y yo no tengo toda esa plata�. Entonces Fidel le insisti� decidido: ��Me la vas a prestar, s� o no?�

Don Efra�n no cre�a que mi hermano ser�a capaz de dejar el pueblo e irse a andar la ciudad. Pero, al verlo salir con el malet�n hacia la parada de buses escalera, sac� dos mil pesos del producido y lo sigui�. Cuando lo vio subirse al bus, que iba para Medell�n, se le acerc� preocupado, pues le daba pesar dejar ir al muchacho sin el dinero, le sonri� y le dijo: �Fidel, cre� que no era verdad, me los pagas cuando puedas�.

Cinco a�os m�s tarde, Fidel volvi� a la casa, pag� los dos mil pesos con intereses y le compr� la mitad de la finca a mi pap�; mont� el bar en Segovia y se dedic� a trabajar, de sol a sol. Se met�a a la finca a levantar el ganado y en la feria revend�a reses.

Nunca tuvo �nimos expansionistas, pero vino el secuestro y asesinato de nuestro padre, y mi hermano cambi�. Comenz� el enfrentamiento con la guerrilla y se convirti� en lo que fue, hasta el d�a de su muerte: una m�quina de hacer plata.

A partir de ese momento entend� que siempre es m�s sucio financiar la guerra que hacerla. Tuvimos una mina de oro en Amalfi, con papeles y todo, no daba oro, pero justificaba los robos de mercanc�a que hac�a Fidel en Medell�n, con un cami�n que tuvo en compa��a con don Efra�n. Un d�a robaban llantas, otro plantas el�ctricas, despu�s lotes de motobombas. Con la mina de oro se justificaba la plata y toda se le invert�a a la guerra. Rob� madera toda la que quiso, compraba una buena cantidad en efectivo a buen precio y luego mandaba a unos trabajadores en la noche y se llevaba el resto. Imag�nese que lleg� hasta tener distribuidora de maderas en Bogot�. Hac�a lo mismo con piedra �Peldar� y lleg� a producir aguardiente chiviado en su propio alambique. Era un gran tah�r y robaba jugando cartas al marcar el p�ker. Se llevaba caballos de una regi�n y los cambiaba con alguien que se los robaba en otra.

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