MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos
- Автор: MOLINA MAURICIO ARANGUREN
- Язык: испанский
- Жанр: Биографии и мемуары
Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:
Por esos d�as, la vida de Carlos Casta�o giraba en torno a su matrimonio. Faltaban apenas quince d�as para casarse por segunda vez.
-�Soy bien conservador para esas cosas. Soy godito. S�lo he tenido dos mujeres en mi vida: Claudia, la madre de mis dos hijos, con quien me cas� a los dieciocho a�os; y Kenia, mi futura esposa.
Durante estas dos relaciones tuvo otra de siete a�os de duraci�n, sin matrimonio ni hijos. A Casta�o no le gusta hablar mucho de ella. �nicamente dice que la recuerda con gratitud.
Por un momento habl� a solas con Kenia, antes de abordar el helic�ptero que nos condujo desde Antioquia hasta la finca en C�rdoba. Entabl� una corta charla con ella. Entr� sutilmente en confianza al no tomar notas ni prender la grabadora. En ese instante todo lo dicho se fue a la memoria. Por eso, antes de acostarme, decid� recordar la respuesta de lo que era una pregunta obligada para ella: ��C�mo se conocieron?�
Impresionado por las duras historias que me hab�a narrado Carlos Casta�o durante el segundo d�a de encuentro, tom� la libreta y, mientras me venc�a el sue�o, descans� al escribir fragmentos de un relato de amor en medio de la guerra: �Yo conoc� a Carlos despu�s de un funeral. Hab�a muerto el pap� de una compa�era de estudio de Monter�a, y ella me pidi� el favor de que la acompa�ara donde Casta�o, pues el pap� de ella era un ganadero muy querido en la regi�n y �l deseaba darle las condolencias. Cuando conoc� a Carlos, me pareci� un se�or mayor y no se me pas� por la cabeza tener algo con �l; en cambio a �l, s�. El se�or fallecido era un viejo amigo y �l trataba de ayudar a mi amiga y a su familia en lo que fuera necesario. Con esa disculpita, me empez� a llamar a la casa. �Que c�mo segu�a?- me preguntaba. Que la cuidara, me dec�a. Siempre que �l le enviaba el chofer a ella, a la salida del colegio, le ped�a que me trajera. Como era por la tarde, en mi casa ni se enteraban. Mont�bamos a caballo y, de vez en cuando, nos invitaba a almorzar, hasta que empez� a llamarme s�lo a m�, alrededor de las seis de la ma�ana. Yo viv�a con el tel�fono inal�mbrico en mi cuarto para que no contestara mi mam�. Despu�s me invent� que ten�a un curso de ingl�s en el colegio y como supuestamente era por la tarde, comenc� a aceptar sus invitaciones m�s seguido.
Un d�a, llam� a la casa y mi mam� le contest�. Le dijo que yo no estaba y cuando ella le pregunt� ��De parte de qui�n?�, �l le dijo: �De Carlos Casta�o�. Mi mam� colg� y casi le da un yeyo cuando relacion� la voz del tel�fono con la del comandante que sal�a en la televisi�n. Casi me castigan, pero yo acud� a una excusa: le cont� que acompa�aba a mi amiga. Mam� me prohibi� que volviera pero a m� �l ya me gustaba; era tierno, chistoso y me enviaba unas flores divinas. Cada vez se hizo m�s dif�cil que yo fuera a verlo. �l me llamaba y me dec�a, como a las carreras: �Hola. �C�mo est�s? Te extra�o�. Y me colgaba. Luego me volv�a a llamar y me dec�a: �Quiero verte�. Y volv�a a colgar. Cuando por fin pude reencontrarme con �l nos vimos en el cruce de dos carreteras. �l ven�a en una camioneta y yo en otra. Se subi� al puesto del conductor, me dijo que ten�a mucho trabajo y que no se pod�a demorar. Me mir� a los ojos y dijo: �Quiero que te quedes conmigo�. Yo le pregunt�: ��C�mo as�?� Y ah� le dio un arranque raro. De pronto se me acerc�, me rob� un beso y se baj� del carro corriendo. �Yo qued� lista! Pasaron varios d�as. No me llamaba y yo esperaba que fueran las seis de la ma�ana. Mi mam� me llor� y me dijo: �Si te vuelves a ver con ese tipo, le cuento a tu pap�. Cuando volvimos a hablar, �l me propuso que me fuera con �l. Yo, sin pensarlo, le dije que s�, y me vol� de la casa. El cuento es que yo lloraba por dejar a mi familia, pero quer�a estar con �l. Esa misma noche, le enviamos una carta a mi pap� y a mi mam�, y luego los llamamos. A los tres d�as nos reunimos con mis padres en una finca y oficializamos nuestro noviazgo. Yo le dije a mi familia que quer�a quedarme con �l. Que ya era una decisi�n tomada. Mi mam� lloraba, mi pap� estaba muy molesto y s�lo le dec�a a Carlos que me cuidara pero esto se dio despu�s de mucha discusi�n.
D�as m�s tarde, �bamos a caballo por una trocha en medio de la selva del Paramillo. Se acerc�, me dio el anillo y me pidi� que nos cas�ramos.
Desde que me vol� de casa, no me he separado de �l. Me regal� a Lolita, la perrita que nos hace compa��a. Todas las noches, despu�s de orar, nos dormimos leyendo. Sea la hora que sea, �l siempre se levanta y me despierta para darme el beso de los buenos d�as. Hoy, mi mam� y mi pap� han aprendido a quererlo y tienen una excelente relaci�n con �l. Mi hermanito, ni hablar. Desde el momento en que lo supo fue el m�s feliz de todos. Dice: �Mi cu�ado es Carlos Casta�o. �No joda!�.
IV. MI INFANCIA
Le cuento que a m� no me gusta ir a la zona donde est� mi mam�, es muy lejos de la monta�a y corro riesgos, prefiero traerla a un lugar m�s cercano. Pero a la vieja no le gusta moverse de su casa, ella no cambia su ranchito y nunca le ha gustado el lujo. Yo me la he querido llevar para una casita mejor, en un clima menos caliente. �Pero nada! Es caprichosa como ella sola. A m� me gusta picarle la lengua, porque es tremenda. Ahora la va a conocer.
�Hoy si lo dej� dormir? -me pregunt� Casta�o, mientras conduc�a.
Sentado en el borde del asiento trasero de la Toyota, con mis dos manos apoyadas en las sillas delanteras, le contest�:
-�S�, aunque, para decirle la verdad, me levant� a las cuatro, a las cinco y a las seis de la ma�ana, pensando que usted llegar�a en cualquier momento.
La tranquilidad con la que se desplaza uno de los hombres m�s buscados del pa�s me sorprend�a cada vez m�s.
-��sta es zona de Autodefensa, es muy dif�cil que hasta aqu� llegue un guerrillero sin ser detectado; tenemos gente nuestra con radiotel�fonos cuarenta kil�metros a la redonda, que nos reporta si hay alg�n ret�n o un operativo militar, eso sin contar los campesinos, agricultores y ganaderos amigos que nos avisan por tel�fono cualquier movimiento inusual.
-��Estas carreteras las han construido ustedes?- le pregunt�.
-�Claro que s�. Construimos carreteras internas en las fincas y �stas van formando una gran troncal en todo el norte del pa�s. Un d�a me dio por salirme a la troncal de la Costa, s�lo un trayecto de cinco kil�metros pensaba recorrer, mientras tomaba la v�a destapada otra vez. Lo normal es que siempre me avisen si puedo pasar o no. Mis hombres acostumbran preparar la salida, pero ese d�a me fui sin avisar. Sal� a la altura del peaje. Como iba de civil y no ve�a polic�a ni ej�rcito, me atrev� a pasar. Tranquilamente baj� el vidrio, le di el dinero a la ni�a, se qued� mir�ndome y dijo: �Yo a usted lo he visto en alguna parte, �d�nde?, �d�nde?�, se preguntaba sin darme el tiquete. Me lo dio y dijo: �En televisi�n. �Claro!� �Pero �c�mo se llama usted?�, me volvi� a preguntar. Yo le sonre� y segu�; fue graciosa su reacci�n, pero lo que hicimos fue una locura, y le dije a Kenia: �Si en un peaje me reconocen, no puedo volver a salir del monte�.
Luego opt� por avanzar un poco m�s, pero tengo la mala y la buena suerte de encontrarme un ret�n de la Polic�a Vial. A los diez hombres de la escolta les hice esconder los fusiles, pues consider� menos imprudente parar en el ret�n. El polic�a se me acerc� y, al reconocerme, se qued� imp�vido. Agente, �c�mo est�? �Usted sabe qui�n soy yo, cierto?�. Le pregunt� con voz serena, y me dijo: �Claro que s�. Entonces s�lo me qued� decirle: �Me perdona, pero yo voy a ver unas tropas que tengo por aqu�, pero no voy a quedarme�.
Aunque me la jugu�, para pasar, fue un abuso y un irrespeto a la autoridad que �l representa. Lo que me impact�, despu�s, fue su r�pida respuesta: �Como ordene, comandante�.
Yo me fui de inmediato. �Qu� susto el que me dio! Desde ese d�a promet� jam�s volver a hacer una gracia de esas.
La casa de la madre del comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia es m�s sencilla y humilde de lo que cualquier persona se pueda imaginar. Sin lujos. Teniendo en cuenta que Casta�o se gasta seis mil millones de pesos en el mantenimiento de su organizaci�n, unos tres millones de d�lares, al mes, se pod�a esperar, por lo menos, algo m�s moderno para su mam�. Pero do�a Rosa no quiere m�s de lo que tiene, desea seguir siendo la misma campesina de Amalfi. Atravesamos la puerta y nos aproximamos a una casa de madera, con techo de paja, un ba�o, dos habitaciones y un corredor que conduce a la cocina. El corredor hace las veces de sala-comedor. All�, cerca de una hamaca y una hermosa mecedora, se encontraron: