MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos
- Автор: MOLINA MAURICIO ARANGUREN
- Язык: испанский
- Жанр: Биографии и мемуары
Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:
Mi vida se parti� en dos: antes y despu�s del secuestro de pap�. Ahora ten�a un solo norte: encontrar a los secuestradores del viejo en la guerrilla.
Mi hermano Manuelito y mis primos Hernando y Panina no estaban. Fidel s�lo me encontr� a m�, me dio un rev�lver 38 recortado y me dijo: �Hermano, Conrado fue el guerrillero que secuestr� a pap�, el mismo que lo sac� de la finca. El juez penal lo va a soltar y no hay m�s de otra: �Lo vamos a matar! Nos corresponde en nombre de la aut�ntica justicia moral, actuar como jueces y aplicar el castigo: su ejecuci�n�.
Tres d�as atr�s, hab�amos denunciado a Conrado Ram�rez, que se paseaba por el pueblo, vestido de civil con camisa y pantal�n blanco, llevaba un sombrero barbisio de color negro y beb�a desenfrenado en el bar �La Cantina�, al frente del almac�n Singer, en la plaza principal de Segovia. Con mi hermano Fidel fuimos al batall�n y le informamos al Ej�rcito que de inmediato lo captur� y lo puso a �rdenes de un juez.
Fidel fue el primero en querer declarar en su contra, pero el juez lo inhabilit� con un rebuscado y absurdo argumento: �Usted es hijo de la v�ctima. Su declaraci�n est� viciada por el dolor y no sirve�. A m� s�lo me dijo que por ser menor de edad no me pod�a tomar ninguna declaraci�n. Buscamos a los trabajadores de la finca, a los mismos orde�adores que Conrado amenaz� con un fusil cuando secuestr� a pap�, pero ten�an pavor de declarar en contra de un guerrillero. Las FARC controlaban la regi�n y en Segovia la mayor�a de los cargos p�blicos eran ejercidos por gente suya camuflada en los partidos pol�ticos tradicionales. Conrado Ram�rez hab�a trabajado en la finca de mi padre y el d�a del plagio iba encapuchado, pero los trabajadores lo reconocieron. Nos juraban en privado que Conrado era uno de los responsables, aunque jam�s lo dir�an ante el juez, un reconocido militante de las FARC que se escond�a en el Partido Liberal. Lo que yo bautic� como guerrilla institucionalizada. La ausencia de justicia fue el detonante de lo que suceder�a horas m�s tarde: La primera ejecuci�n extrajudicial de la Autodefensa en nombre de una aut�ntica justicia que no existe a�n en Colombia, pues hoy los fiscales y jueces act�an por dinero o presiones pol�ticas.
Eran casi las seis de la tarde y ya estaba oscureciendo cuando dejaron libre a Conrado. Fidel y yo no �bamos a permitir que se escapara. Lo est�bamos vigilando. Mi hermano cargaba una pistola y yo, el rev�lver 38 recortado. Dispuestos a vengar el secuestro de pap�, lo seguimos hasta la calle principal del pueblo repleta de hospedajes, miscel�neas y ventas ambulantes de ropa, en casetas instaladas al borde de la acera. El guerrillero entr� a las residencias Fujiyama y de inmediato Fidel me dijo: �Carlitos, �ste aqu� se muere. P�ngame atenci�n. Yo me hago en la esquina de arriba y usted en la de abajo. Conrado tiene que salir en cualquier momento. Si sale para su lado, le toca a usted; si sale hacia arriba, a m�. �Listo?�. Fidel se acomod� y yo me ubiqu� en la esquina que me correspond�a. Ten�a tanto miedo que me sudaban las manos, y en mi mente s�lo repet�a un deseo: �Dios m�o, que no salga para ac�, que no salga para ac�. Afortunadamente camin� hacia el lado de Fidel. Mi hermano ejecut� al sinverg�enza ese la misma noche que fue dejado en libertad. Nos toc� correr mucho para escondernos, pero no tuvimos ning�n inconveniente a la hora de volver. La muerte de Conrado le encant� al pueblo entero y a los militares, m�s. Trataron de investigar qui�n hab�a sido pero todos guardaron silencio y algunos hasta lo celebraron. Como sucedi� en la obra maestra del teatro espa�ol del siglo XVIII Fuenteovejuna. F�lix Lope de Vega relata c�mo en el pueblo de Fuenteovejuna un hombre comete un asesinato en contra del enemigo de todos, y cuando la justicia les indag� a sus habitantes qui�n fue, contestaron todos a una, �Fuenteovejuna, Se�or�. As� sucedi� con el pueblo de Segovia.
Quince d�as despu�s, llegamos a la base del Ej�rcito y nos convertimos en los mejores gu�as e informantes que tuvieron las fuerzas armadas anexas al Batall�n Bombon�. Nos presentamos: un muchacho Vanegas, lamentablemente hoy preso, tres trabajadores de la finca, Fidel, mi primo Panina, H2 y yo. Como gu�as del Ej�rcito, les empezamos a mostrar qui�nes apoyaban a las FARC, d�nde guardaban la munici�n, en qu� lugar dorm�an los guerrilleros. En esa �poca posaban de civiles y guardaban el fusil en las casas, viv�an en las afueras del pueblo y los llamaban guerrilla perif�rica. Con nuestros datos los capturaban y algunos lograron ser procesados. No sum�bamos en la Autodefensa m�s de diez personas. En ese momento nuestra peque�a organizaci�n era legal y a�n no era delito defender la propia vida en Colombia.
Nuestra venganza continu� despu�s de la muerte de Conrado. Uno a uno fueron ejecutados los secuestradores de mi padre. Obtuvimos informaci�n que nos condujo a saber qui�nes participaron de manera directa. La segunda ejecuci�n fue la del negro Clemente, que se realiz� en una carretera entre Segovia y la vereda El Ca�averal. La tercera fue la de un alias Morti�o, otro guerrillero que particip� en el secuestro. La cuarta fue la de Miguel Gonz�lez. Este sinverg�enza era un trabajador de la finca de pap�. Fingi� no saber nada, pero desde tiempo atr�s incitaba a la guerrilla para que secuestrara al viejo. Con su intenci�n buscaba quedarse con la finca �El Hundidor�. La quinta ejecuci�n fue la de alias �Man�, el vigilante de mi padre, aquel que m�s lo maltrat� y le dec�a: �Oligarca hijoeputa�.
La captura de un guerrillero nos conduc�a a otro, y poco a poco descubrimos lo que realmente sucedi� con mi padre. Confirmamos que lo hab�an matado a sangre fr�a cuando pactamos con un comandante guerrillero la entrega de informaci�n clave. Gilberto Aguilar, alias �Monta�ez�, fue el comandante que decidi� volte�rseles a las FARC y nos entreg� a los dem�s secuestradores de pap�. Monta�ez ingres� despu�s a las filas de la Autodefensa y hoy est� preso. Lo conoc�amos desde que mi hermano Manuelito hac�a caminatas juveniles y sin malicia con el Cuarto Frente de las FARC. Su testimonio fue fundamental para encontrar a los autores intelectuales, entre los que estaba Gilberto Gallego, el presidente del sindicato de trabajadores de la Frontino Gold Mine. Fue un caso muy sonado en aquella �poca. Gallego era due�o del teatro municipal donde proyectaban pel�culas de corte comunista y all�, a la salida del teatro, en plena plaza se le dio de baja. Recuerdo que los sindicatos paralizaron a Segovia durante tres d�as. Luego vino la s�ptima ejecuci�n, otro sindicalista gestor del secuestro de mi padre. Ellos eligieron a mi padre como un candidato para plagiar. �As� fue como nos arruinaron la vida!
Quedaron algunos que despavoridos huyeron, pero a m� nunca se me olvida lo que hicieron. Por eso, cinco a�os m�s tarde, retuve durante tres a�os a la familia de otro de los gestores intelectuales del plagio. Al final decid� devolverlos porque todo indicaba que ya hab�a muerto. Nadie sab�a de �l.
Otros tres guerrilleros que estaban el d�a que se llevaron a pap�, murieron de viejos. A uno m�s lo mat� las FARC por indisciplinado. El pen�ltimo lo vine a encontrar hace poco tiempo; le estoy hablando de 1995, casi 15 a�os despu�s de la muerte de mi padre. El tipo era recluso de la c�rcel de Bellavista, en Medell�n, y no fue complicado ejecutarlo. Pusimos a un bandido a robar en el municipio de Barbosa, que ingres� por el techo de una casa efectuando el mayor ruido posible, se rob� una plata. Pretend�amos que lo capturaran para enviarlo a la c�rcel, pero la Polic�a nunca lo cogi� y nos toc� mandarlo nuevamente a robar. Esta vez s� lo detuvieron. Logramos que lo mandaran a la prisi�n de Bellavista y pagamos 5.000 pesos para que lo cambiaran de celda. All� cumpli� su misi�n, aunque se le fue la mano: le meti� treinta pu�aladas al secuestrador. Como a los dos a�os, sacamos a ese muchacho de la c�rcel.
As� transcurrieron los primeros a�os despu�s de la muerte de pap�. Iniciamos la respuesta a una guerra que nos desataron, y nuestro sentimiento antisubversivo creci� antes que apaciguarse. �ramos unos pistoleros vengadores con una causa por la justicia. �As� de sencillo!