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MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
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Mi vida se parti� en dos: antes y despu�s del secuestro de pap�. Ahora ten�a un solo norte: encontrar a los secuestradores del viejo en la guerrilla.

Mi hermano Manuelito y mis primos Hernando y Panina no estaban. Fidel s�lo me encontr� a m�, me dio un rev�lver 38 recortado y me dijo: �Hermano, Conrado fue el guerrillero que secuestr� a pap�, el mismo que lo sac� de la finca. El juez penal lo va a soltar y no hay m�s de otra: �Lo vamos a matar! Nos corresponde en nombre de la aut�ntica justicia moral, actuar como jueces y aplicar el castigo: su ejecuci�n�.

Tres d�as atr�s, hab�amos denunciado a Conrado Ram�rez, que se paseaba por el pueblo, vestido de civil con camisa y pantal�n blanco, llevaba un sombrero barbisio de color negro y beb�a desenfrenado en el bar �La Cantina�, al frente del almac�n Singer, en la plaza principal de Segovia. Con mi hermano Fidel fuimos al batall�n y le informamos al Ej�rcito que de inmediato lo captur� y lo puso a �rdenes de un juez.

Fidel fue el primero en querer declarar en su contra, pero el juez lo inhabilit� con un rebuscado y absurdo argumento: �Usted es hijo de la v�ctima. Su declaraci�n est� viciada por el dolor y no sirve�. A m� s�lo me dijo que por ser menor de edad no me pod�a tomar ninguna declaraci�n. Buscamos a los trabajadores de la finca, a los mismos orde�adores que Conrado amenaz� con un fusil cuando secuestr� a pap�, pero ten�an pavor de declarar en contra de un guerrillero. Las FARC controlaban la regi�n y en Segovia la mayor�a de los cargos p�blicos eran ejercidos por gente suya camuflada en los partidos pol�ticos tradicionales. Conrado Ram�rez hab�a trabajado en la finca de mi padre y el d�a del plagio iba encapuchado, pero los trabajadores lo reconocieron. Nos juraban en privado que Conrado era uno de los responsables, aunque jam�s lo dir�an ante el juez, un reconocido militante de las FARC que se escond�a en el Partido Liberal. Lo que yo bautic� como guerrilla institucionalizada. La ausencia de justicia fue el detonante de lo que suceder�a horas m�s tarde: La primera ejecuci�n extrajudicial de la Autodefensa en nombre de una aut�ntica justicia que no existe a�n en Colombia, pues hoy los fiscales y jueces act�an por dinero o presiones pol�ticas.

Eran casi las seis de la tarde y ya estaba oscureciendo cuando dejaron libre a Conrado. Fidel y yo no �bamos a permitir que se escapara. Lo est�bamos vigilando. Mi hermano cargaba una pistola y yo, el rev�lver 38 recortado. Dispuestos a vengar el secuestro de pap�, lo seguimos hasta la calle principal del pueblo repleta de hospedajes, miscel�neas y ventas ambulantes de ropa, en casetas instaladas al borde de la acera. El guerrillero entr� a las residencias Fujiyama y de inmediato Fidel me dijo: �Carlitos, �ste aqu� se muere. P�ngame atenci�n. Yo me hago en la esquina de arriba y usted en la de abajo. Conrado tiene que salir en cualquier momento. Si sale para su lado, le toca a usted; si sale hacia arriba, a m�. �Listo?�. Fidel se acomod� y yo me ubiqu� en la esquina que me correspond�a. Ten�a tanto miedo que me sudaban las manos, y en mi mente s�lo repet�a un deseo: �Dios m�o, que no salga para ac�, que no salga para ac�. Afortunadamente camin� hacia el lado de Fidel. Mi hermano ejecut� al sinverg�enza ese la misma noche que fue dejado en libertad. Nos toc� correr mucho para escondernos, pero no tuvimos ning�n inconveniente a la hora de volver. La muerte de Conrado le encant� al pueblo entero y a los militares, m�s. Trataron de investigar qui�n hab�a sido pero todos guardaron silencio y algunos hasta lo celebraron. Como sucedi� en la obra maestra del teatro espa�ol del siglo XVIII Fuenteovejuna. F�lix Lope de Vega relata c�mo en el pueblo de Fuenteovejuna un hombre comete un asesinato en contra del enemigo de todos, y cuando la justicia les indag� a sus habitantes qui�n fue, contestaron todos a una, �Fuenteovejuna, Se�or�. As� sucedi� con el pueblo de Segovia.

Quince d�as despu�s, llegamos a la base del Ej�rcito y nos convertimos en los mejores gu�as e informantes que tuvieron las fuerzas armadas anexas al Batall�n Bombon�. Nos presentamos: un muchacho Vanegas, lamentablemente hoy preso, tres trabajadores de la finca, Fidel, mi primo Panina, H2 y yo. Como gu�as del Ej�rcito, les empezamos a mostrar qui�nes apoyaban a las FARC, d�nde guardaban la munici�n, en qu� lugar dorm�an los guerrilleros. En esa �poca posaban de civiles y guardaban el fusil en las casas, viv�an en las afueras del pueblo y los llamaban guerrilla perif�rica. Con nuestros datos los capturaban y algunos lograron ser procesados. No sum�bamos en la Autodefensa m�s de diez personas. En ese momento nuestra peque�a organizaci�n era legal y a�n no era delito defender la propia vida en Colombia.

Nuestra venganza continu� despu�s de la muerte de Conrado. Uno a uno fueron ejecutados los secuestradores de mi padre. Obtuvimos informaci�n que nos condujo a saber qui�nes participaron de manera directa. La segunda ejecuci�n fue la del negro Clemente, que se realiz� en una carretera entre Segovia y la vereda El Ca�averal. La tercera fue la de un alias Morti�o, otro guerrillero que particip� en el secuestro. La cuarta fue la de Miguel Gonz�lez. Este sinverg�enza era un trabajador de la finca de pap�. Fingi� no saber nada, pero desde tiempo atr�s incitaba a la guerrilla para que secuestrara al viejo. Con su intenci�n buscaba quedarse con la finca �El Hundidor�. La quinta ejecuci�n fue la de alias �Man�, el vigilante de mi padre, aquel que m�s lo maltrat� y le dec�a: �Oligarca hijoeputa�.

La captura de un guerrillero nos conduc�a a otro, y poco a poco descubrimos lo que realmente sucedi� con mi padre. Confirmamos que lo hab�an matado a sangre fr�a cuando pactamos con un comandante guerrillero la entrega de informaci�n clave. Gilberto Aguilar, alias �Monta�ez�, fue el comandante que decidi� volte�rseles a las FARC y nos entreg� a los dem�s secuestradores de pap�. Monta�ez ingres� despu�s a las filas de la Autodefensa y hoy est� preso. Lo conoc�amos desde que mi hermano Manuelito hac�a caminatas juveniles y sin malicia con el Cuarto Frente de las FARC. Su testimonio fue fundamental para encontrar a los autores intelectuales, entre los que estaba Gilberto Gallego, el presidente del sindicato de trabajadores de la Frontino Gold Mine. Fue un caso muy sonado en aquella �poca. Gallego era due�o del teatro municipal donde proyectaban pel�culas de corte comunista y all�, a la salida del teatro, en plena plaza se le dio de baja. Recuerdo que los sindicatos paralizaron a Segovia durante tres d�as. Luego vino la s�ptima ejecuci�n, otro sindicalista gestor del secuestro de mi padre. Ellos eligieron a mi padre como un candidato para plagiar. �As� fue como nos arruinaron la vida!

Quedaron algunos que despavoridos huyeron, pero a m� nunca se me olvida lo que hicieron. Por eso, cinco a�os m�s tarde, retuve durante tres a�os a la familia de otro de los gestores intelectuales del plagio. Al final decid� devolverlos porque todo indicaba que ya hab�a muerto. Nadie sab�a de �l.

Otros tres guerrilleros que estaban el d�a que se llevaron a pap�, murieron de viejos. A uno m�s lo mat� las FARC por indisciplinado. El pen�ltimo lo vine a encontrar hace poco tiempo; le estoy hablando de 1995, casi 15 a�os despu�s de la muerte de mi padre. El tipo era recluso de la c�rcel de Bellavista, en Medell�n, y no fue complicado ejecutarlo. Pusimos a un bandido a robar en el municipio de Barbosa, que ingres� por el techo de una casa efectuando el mayor ruido posible, se rob� una plata. Pretend�amos que lo capturaran para enviarlo a la c�rcel, pero la Polic�a nunca lo cogi� y nos toc� mandarlo nuevamente a robar. Esta vez s� lo detuvieron. Logramos que lo mandaran a la prisi�n de Bellavista y pagamos 5.000 pesos para que lo cambiaran de celda. All� cumpli� su misi�n, aunque se le fue la mano: le meti� treinta pu�aladas al secuestrador. Como a los dos a�os, sacamos a ese muchacho de la c�rcel.

As� transcurrieron los primeros a�os despu�s de la muerte de pap�. Iniciamos la respuesta a una guerra que nos desataron, y nuestro sentimiento antisubversivo creci� antes que apaciguarse. �ramos unos pistoleros vengadores con una causa por la justicia. �As� de sencillo!

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