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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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Pero él no estaba entre el populacho, ¿verdad? Lo cierto es que él era quien había encontrado una forma de salir del planeta. Él era quien lo había hecho posible.

Suponía que eso tenía que contar de algún modo.

Ahí, deslizándose sobre su cabeza. La nave de trasbordo cruzó su cénit y luego se hundió entre las sombras. Sintió un chispazo de alivio al ver que todavía seguía allí. Su órbita estaba vedada de forma muy estricta, ya que entraba dentro de lo posible que cualquier desviación provocara un ataque de los sistemas de defensa superficie-órbita. Aunque Khouri y Volyova habían hundido las garras en muchas ramas del Gobierno, todavía había ciertos departamentos en los que solo habían podido influir de modo indirecto. La Oficina de Defensa Civil era uno de ellos, y también uno de los más preocupantes, encargado como estaba de las defensas para evitar una repetición del incidente Volyova. La Oficina tenía misiles superficie-órbita de respuesta rápida equipados con cabezas explosivas abrasivas, diseñadas para eliminar una nave estelar de la órbita antes de que se convirtiera en una amenaza para la colonia en general. Las naves más pequeñas de los ultras habían sido capaces de esquivar y meterse bajo las redes de los radares, pero el trasbordador de traslado era demasiado grande para tales subterfugios. Así que había habido negociaciones y tráfico de influencias entre bambalinas, y el resultado era que los misiles de la Oficina se quedarían en sus bunkeres siempre que la nave de trasbordo o cualquier otro trasbordador transatmosférico no se desviase de unos pasillos de vuelo muy bien definidos. Thorn lo sabía y confiaba en que los varios sistemas de vuelo de las naves también lo supieran, pero seguía sintiendo un momento irracional de alivio cada vez que la nave de trasbordo volvía a aparecer.

Su teléfono portátil repicó. Thorn sacó el voluminoso objeto del bolsillo del abrigo y enredó con los controles a través de unos guantes de gruesos dedos.

—Thorn.

Reconoció la voz de uno de los operadores de la Casa Inquisitorial.

—Mensaje grabado de la Nostalgia por el Infinito, señor. ¿Se lo transmito, o quiere coger la llamada cuando esté en órbita?

—Transmítalo, por favor. —Esperó un momento y oyó la tenue charla de los repetidores electromecánicos y el siseo de la cinta analógica mientras se imaginaba la oscura maquinaria telefónica de la Casa Inquisitorial moviéndose para servirlo.

—Thorn, soy Vuilleumier. Escucha con atención. Ha habido un ligero cambio de planes. Es una historia muy larga, pero nos estamos acercando a Resurgam. Tendré coordenadas de navegación actualizadas para la nave de trasbordo, así que no tendrás que preocuparte por eso. Pero ahora quizá estemos contemplando un viaje de ida y vuelta de mucho menos de treinta horas. Quizá incluso podamos acercarnos lo suficiente para que no nos haga falta utilizar la nave de trasbordo y los podamos traer directamente a bordo de la Nostalgia. Eso significa que podemos acelerar los vuelos entre la superficie y la órbita. Solo necesitamos quinientos vuelos del trasbordador y habremos evacuado el planeta entero. Thorn, de repente da la sensación de que hay una posibilidad. ¿Puedes organizar las cosas en tu lado?

Thorn bajó la vista y miró al populacho inquieto. Khouri parecía esperar su respuesta.

—Operador, grabe y transmita esto, ¿quiere? —Esperó un intervalo decoroso antes de responder—. Soy Thorn. Mensaje comprendido. Haré lo que pueda para acelerar el proceso de evacuación cuando sepa que tiene sentido. Pero entre tanto, ¿me permitirías insertar una nota de precaución? Si puedes reducir el tiempo total de viaje por debajo de las treinta horas, genial. Lo respaldo de forma incondicional. Pero no podéis acercar la nave estelar demasiado a Resurgam. Incluso si con eso no matáis del susto a la mitad del planeta, tendréis que preocuparos por la Oficina de Defensa Civil. Y hablo de preocuparos de verdad. Ya hablaremos más tarde, Ana. Tengo cosas que hacer, me temo. —Miró al populacho y observó un alboroto donde un minuto antes reinaba la calma—. Quizás algunas más de las que me temía.

Thorn le dijo al operador que enviara el mensaje y que lo avisara si se recibía una respuesta. Se volvió a meter el teléfono en el bolsillo, donde yació pesado e inerte como una porra. Luego empezó a bajar gateando y resbalando para volver con el populacho, levantando polvo a medida que descendía.

—Estamos fuera de la Luz del Zodíaco, Antoinette.

—Bien —dijo ella—. Creo que ya puedo empezar a respirar otra vez.

A través de las ventanillas de la cubierta de vuelo, la abrazadora lumínica todavía se cernía enorme, extendiéndose en ambas direcciones como un gran acantilado oscuro, cincelada por algunos sitios con extraños afloramientos mecánicos, desfiladeros y prominencias. La bodega de atraque que acababa de dejar el Ave de Tormenta era un rectángulo cada vez más pequeño de luz dorada en la parte más cercana del acantilado. Las enormes puertas dentadas ya comenzaban a cerrarse. Pero aunque las puertas se estaban sellando, todavía había espacio suficiente para que partieran navíos más pequeños. Antoinette los vio con sus propios ojos y en los varios monitores tácticos y esferas de radar que atestaban la cubierta de vuelo. Mientras las mandíbulas blindadas se deslizaban hacia el cierre, pequeñas naves básicas de ataque, poco más que triciclos blindados, eran capaces de deslizarse entre sus dientes. Salían zumbando, a lomos de cohetes de fusión de antimateria catalizada de alto consumo. A Antoinette le hacían pensar en esos parásitos que le limpian la boca a un enorme monstruo submarino. En comparación, el Ave de Tormenta era un pez de buen tamaño por derecho propio.

La salida había sido la más difícil que había hecho jamás, técnicamente hablando. El ataque por sorpresa de Clavain exigía que la Luz del Zodíaco mantuviera una deceleración de tres gravedades hasta su llegada a menos de diez segundos luz de la Nostalgia por el Infinito. A todas las naves de ataque de la actual oleada se les había obligado a realizar la salida bajo las mismas tres gravedades de propulsión. Salir del estacionamiento de una nave ya era una operación técnica delicada, sobre todo cuando las naves que partían iban armadas y cargadas de combustible. Pero hacerlo bajo una propulsión continua era un orden de magnitud más difícil todavía. Antoinette ya lo habría considerado un trabajo descomunal si Clavain hubiera exigido que salieran a media gravedad, igual que hacían los pilotos del borde al llegar y salir del Carrusel Nueva Copenhague. ¿Pero tres gravedades? Eso era puro sadismo.

Pero lo había conseguido. Ahora tenía un espacio despejado a lo largo de cientos de metros en todas direcciones, y mucho más que eso en la mayoría.

—Corta el tokamak a mi señal, nave. Cinco… Cuatro… Tres… Dos…, y ¡ya! —Tras años de condicionamiento, Antoinette tensó el cuerpo, anticipándose al pequeño golpe seco que iba a sentir en las posaderas y que siempre indicaba el cambio de los cohetes nucleares a la fusión pura.

No se produjo.

—Consumo de fusión sostenido y regular. Verde en todo el panel. Tres gravedades, Antoinette.

La joven alzó una ceja y asintió.

—Coño, qué suave.

—Puedes agradecérselo a Xavier, y quizás a Clavain. Encontraron un fallo técnico en una de las subrutinas más antiguas de la gestión de motores. Era el responsable de una ligera incompatibilidad de propulsión durante el cambio entre modos de propulsión.

Antoinette cambió a una visión menos magnificada de la abrazadora, algo que le mostrara toda la longitud del casco. Chorros de naves de ataque improvisadas (sobre todo del tamaño de triciclos, pero había hasta pequeños trasbordadores) surgían de cinco estacionamientos diferentes situados por todo el casco. Muchas de las naves eran señuelos, y no todos estos tenían combustible suficiente para acercarse a menos de un segundo luz de la Nostalgia por el Infinito. Pero incluso sabiendo eso no dejaba de ser un espectáculo impresionante. La enorme nave parecía estar sufriendo una hemorragia de chorros de luz.

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