El arca de la redención [Redemption Ark - es]
- Автор: Рейнольдс Аластер
- Год: 2006
- Язык: испанский
- Год: La Factor
- ISBN: 84-9800-283-4
- Переводчик: Aitor Solar
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
—Pero a nosotros no nos has pedido ayuda —dijo Xavier.
Clavain se volvió de nuevo hacia la imagen de la nave y la examinó para ver si había habido algún cambio en los últimos minutos. Molesto, vio que el programa había comenzado a construir acrecentamientos que más parecían costras y púas, como capiteles en un flanco del casco. Maldijo por lo bajo. La nave no se parecía a nada salvo a uno de los edificios afectados por la plaga de Ciudad Abismo. Ese pensamiento se cernió sobre su mente preocupándole.
—¿Decíais? —dijo tras prestarles de nuevo atención a los jóvenes.
—Queremos ayudar —dijo Antoinette.
—Ya habéis ayudado —le dijo Clavain—. Sin vosotros es muy probable que, para empezar, no hubiéramos capturado esta nave. Por no mencionar el hecho de que me ayudarais a desertar.
—Eso fue entonces. Ahora estamos hablando de ayudar durante el ataque.
—Ah. —Clavain se rascó la barba—. ¿Os referís a ayudar de verdad, en un sentido militar?
—El casco del Ave de Tormenta puede acoger más armas —dijo Antoinette—. Y es una nave rápida y maniobrable. Tenía que serlo, para poder sacar beneficios en casa.
—Y además está blindada —dijo Xavier—. Ya viste el daño que provocó cuando salimos pitando del Carrusel Nueva Copenhague. Y hay mucho espacio en su interior. Es probable que pudiera llevar a la mitad del ejército de Escorpio y sobraría espacio.
—No lo dudo.
—Entonces, ¿qué objeción tienes? —preguntó Antoinette.
—Esta no es vuestra guerra. Me ayudasteis y os lo agradezco. Pero si conozco a los ultras, y creo que sí, no van a renunciar a nada sin crear problemas. Ya ha habido suficiente derramamiento de sangre, Antoinette. Déjame a mí encargarme del resto.
Los dos jóvenes, y se preguntó si de verdad le habían parecido antes tan jóvenes, intercambiaron miradas codificadas. Clavain tuvo la sensación de que estaban al tanto de un guión que a él no le habían enseñado.
—Estarías cometiendo un error, Clavain —dijo Xavier.
Clavain lo miró a los ojos.
—Te lo has pensado bien, ¿verdad, Xavier?
—Pues claro…
—Pues yo creo que no, la verdad. —Clavain volvió a fijarse en la imagen de la abrazadora lumínica que planeaba en la pantalla—. Ahora, si no os importa… estoy un poco ocupado.
33
—Ilia. Despierta.
Khouri se encontraba a la cabecera de Ilia, vigilaba los diagnósticos neuronales en busca de alguna señal que indicase que Volyova estaba recuperando la conciencia. La posibilidad de que pudiera haber muerto no se podía descartar, desde luego había muy pocas indicaciones visuales de que estuviera viva, pero los diagnósticos se parecían mucho a los que había visto antes de que Khouri hubiera hecho la excursión a la cámara del alijo.
—¿Puedo ayudarla en algo?
Khouri se giró de golpe, sorprendida y avergonzada al mismo tiempo. El servidor esquelético le acababa de hablar otra vez.
—Clavain… —dijo—. No creía que siguieras conectado.
—No lo estaba hasta hace un momento. —El servidor avanzó para salir de las sombras y se detuvo al otro lado de la cama, enfrente de Khouri. Se dirigió a uno de los trozos achaparrados de maquinaria que atendían la cama e hizo una serie de ajustes en los controles.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Khouri.
—Elevando su nivel de conciencia. ¿No es eso lo que querías?
—Yo… no estoy muy segura de si debería confiar en ti o destrozarte —le dijo ella.
El servidor se apartó de lo que hacía.
—Desde luego que no deberías confiar en mí, Ana. Mi objetivo principal es convencerte para que entregues las armas. No puedo utilizar la fuerza, pero sí la persuasión y la desinformación. —Luego metió un miembro debajo de la cama y le tiró algo con un gesto ágil.
Khouri atrapó un par de anteojos equipados con un auricular. Parecían los que se utilizaban a bordo de la nave, completamente normales, rozados y descoloridos. Se los puso y vio que la forma humana de Clavain revestía el marco básico del servidor. Oyó su voz por el auricular con un timbre y una inflexión humanas.
—Eso está mejor —dijo él.
—¿Quién te dirige, Clavain?
—Ilia me habló un poco de vuestro capitán —dijo el servidor—. No lo he visto ni oído, pero creo que debe de estar usándome. Me conectó cuando Ilia resultó herida y así pude ayudarla. Pero no soy más que una simulación de nivel beta. Tengo la pericia de Clavain y Clavain tiene una preparación médica detallada, claro que me imagino que el capitán debe de ser capaz de recurrir a muchas otras fuentes para ese tipo de cosas, incluidos sus propios recuerdos. Mi única conclusión es que el capitán no desea intervenir de forma directa, así que ha decidido utilizarme a mí como intermediario. Soy su marioneta, más o menos.
Khouri sintió la necesidad de discutir con él, pero no había nada en el comportamiento de Clavain que sugiriera que estaba mintiendo o que fuera consciente de una explicación más plausible. El capitán solo había salido de su aislamiento para orquestar su suicidio, pero ahora que el intento había fracasado y que Ilia había quedado herida en el proceso, él se había abandonado a una psicosis más oscura. Khouri se preguntó si eso convertía a Clavain en la marioneta del capitán o en su arma.
—¿Puedo confiar en que hagas algo, en ese caso? —Khouri desvió los ojos de Clavain para mirar a Volyova—. ¿Podrías matarla?
—No. —El hombre sacudió la cabeza con vigor—. Tu nave, o tu capitán, no me permitirían hacerlo. De eso estoy seguro. Y a mí tampoco se me ocurriría hacerlo, en cualquier caso. Yo no asesino a sangre fría, Ana.
—No eres más que un programa —dijo ella—. Y un programa es capaz de cualquier cosa.
—No la voy a matar, te lo aseguro. Quiero esas armas porque creo en la humanidad. Nunca he creído que los fines justifiquen los medios. Ni en esta guerra ni en ninguna otra puñetera guerra en la que haya servido. Si tengo que matar para conseguir lo que quiero, lo haré. Pero no antes de haber hecho todo lo que puedo para evitarlo. De otro modo no soy mejor que los demás combinados.
Sin previo aviso Ilia Volyova habló desde la cama.
—¿Por qué las quieres, Clavain?
—Yo podría hacerte la misma pregunta.
—Son mis puñeteras armas.
Khouri estudió la figura de Volyova, pero no parecía más despierta que cinco minutos antes.
—Lo cierto es que no te pertenecen —dijo Clavain—. Siguen siendo propiedad combinada.
—Os ha llevado un huevo de tiempo reclamarlas, ¿no?
—No soy yo el que las está reclamando, Ilia. Yo soy el hombre majo que ha venido a quitártelas de las manos antes de que lleguen las personas desagradables de verdad. Entonces serán problema mío, no tuyo. Y cuando digo desagradables, hablo en serio. Trata conmigo y estarás tratando con alguien razonable. Pero los combinados ni siquiera se van a molestar en negociar. Se limitarán a coger las armas sin preguntar.
—La historia de la deserción sigue pareciéndome un poco difícil de creer, Clavain.
—Ilia… —Khouri se inclinó un poco más sobre la cama—. Ilia, por ahora Clavain da igual. Hay algo que necesito saber. ¿Qué has hecho con las armas del alijo? Solo he encontrado trece en la cámara.
Volyova lanzó una risita antes de responder. Khouri pensó que parecía divertirle su propia astucia.
—Las dispersé. He matado dos pájaros de un tiro. Las he puesto fuera del alcance de la mano de Clavain, desperdigadas por el sistema. También dejé que se pusieran en modo autónomo de disparo contra la maquinaria inhibidora. ¿Cómo les va a mis preciosidades, Khouri? ¿Los fuegos artificiales son impresionantes esta noche?