Ha estallado la paz
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:
Al término de estas palabras, Ignacio miró a Mateo tal como éste había supuesto: con desprecio. Cabeceó varias veces consecutivas… Por fin, comprendiendo que la suerte estaba echada, se dirigió a Pilar:
– Lo siento, hermana… El padre de tu hijo está deshumanizado… No hay nada que hacer.
Salió de la casa. Y mientras andaba comprendió que le tocaba a él ir al piso de la Rambla y comunicar la noticia a sus padres. En las paredes vio los consabidos carteles: "Para vengar a España. Para estar presentes en la tarea de Europa. Alistaos a los banderines de enganche contra el comunismo". Al pasar delante de Perfumería Diana, por la fuerza de la costumbre miró adentro: Paz había colocado un pequeño espejo en un estante y estaba arreglándose el pelo.
Matías y Carmen Elgazu perdieron el habla. Al enterarse por boca de Ignacio, de la decisión de Mateo, sintieron que envejecían de repente.
– Pero… ¡Esto es horrible!
Carmen Elgazu se acercó a Ignacio y lo asió de los brazos.
– ¿Qué dice Pilar…? ¡Dios mío, pobre hija mía! ¿No hay forma de impedirlo, Ignacio? ¿Y si hablaras con el Gobernador?
Ignacio se encogió de hombros.
– Es de suponer que el Gobernador le dará la enhorabuena… Matías se acercó al balcón que daba al río y musitó:
– Debí haberlo imaginado…
No acertaban a coordinar. Trazaron mil planes en pocos minutos. Pero ¿qué planes? De nada serviría que Matías y Carmen fueran a ver a Mateo y se enfrentaran con él. No podían inmiscuirse en aquello. "Es el marido… Pilar se casó con él".
Los vaticinios de Ignacio se cumplieron. Todos los complots familiares se estrellaron contra la decisión irrevocable de Mateo, quien no encontró sino un aliado: el pequeño Eloy. El pequeño Eloy no se atrevió a manifestarlo en voz alta, pero admiró el gesto de Mateo. Pese al recuerdo de Guernica. Pese a lo mucho que quería a Pilar.
Además también resultó cierto que el Gobernador le dio a Mateo la enhorabuena. Aunque añadió: "Lo lamento por tu mujer… Para ella, claro, es un mal trago".
En cambio, Mateo se encontró con la sorpresa de que Marta se puso en contra suya. Marta, que desde el primer momento había ordenado a las muchachas de la Sección Femenina que se organizaran para atender a los voluntarios, le dijo a Mateo:
– Es un error… Tú deberías quedarte. Mi madre y yo convencimos a José Luis para que se quedara -Marta añadió, apartándose el flequillo de la frente-: Yo perdí a Ignacio… por cosas parecidas a ésta. Y te juro que es doloroso perder a quien se ama…
Mateo rechazó de plano el argumento.
– Te equivocas, Marta. Tú habías perdido a Ignacio el primer día. Vivíais… dos mundos. Lo que me sorprende es que ahora pareces renegar del tuyo…
Marta puso cara triste.
– ¿Qué voy a decirte? No reniego de nada. Pero a veces, cuando estoy sola, me hago preguntas.
Mateo zanjó el asunto.
– ¡Bueno! Lo tuyo es natural. Eres mujer. Pero yo… Y me sorprende que José Luis se haya vuelto atrás.
Manolo y Esther, como es lógico, se abstuvieron de intervenir. Pero le dijeron a Ignacio: "Menudo cuñado te tocó en suerte…" Esther añadió: "Yo me di cuenta de cómo era Mateo en aquel baile que celebramos en el gimnasio de los anarquistas, cuando hizo pedazos los discos de canciones 'rojas' que llevó Alfonso Estrada".
Todo lo demás… euforia. Al margen de aquel drama íntimo, exteriormente todo era euforia en la ciudad, en vísperas de la salida de la expedición. Amanecer publicó efectivamente la fotografía de Mateo, con un pie que decía: "Las jerarquías dan ejemplo". Rodeando la efigie de Mateo, un friso en el que aparecían los capitanes Arias y Sandoval, Alfonso Estrada, Cacerola, los cinco soldados artilleros, Rogelio… y Sólita.
Estos hombres -y esta mujer- fueron, para la gente de la calle, desde aquel momento, héroes. ¡Partir para Rusia! Ahora que llegaba el verano y los árboles en el bosque darían sombra y las olas romperían mansamente en la playa.
Ramón, en el Café Nacional, comentó: "¡Menudo viaje…!". El comisario Diéguez pensó, para sus adentros: "Eso sí tiene mérito… y no interrogar a "rojillos" que rechazan la chapita de Auxilio Social". Con todo, acaso la persona más vivamente afectada fuera el doctor Chaos. El doctor Chaos, al contemplar en la misma página del periódico los rostros de Rogelio y de Sólita, perdió el habla, como anteriormente les ocurriera a Matías y Carmen Elgazu… Lo de Rogelio podía pasar. El doctor Chaos supo oportunamente que el chico había ingresado en la cárcel, que era una vida sin norte. ¡Pero Sólita…! Se sintió responsable, inmensamente responsable. ¡Qué morterazo habría recibido aquella mujer, puesto que había decidido alistarse! Al doctor Chaos le faltaron fuerzas para darle a Goering el terrón de azúcar que el perro, con la lengua fuera, le estaba reclamando.
El general hubiera deseado que su hijo, el capitán Sánchez Bravo, se alistase. Pero el capitán negó con la cabeza. "Si no es una orden, prefiero quedarme…" El general reflexionó; por suerte, intervino en seguida doña Cecilia diciendo: "¡No le hagas caso a tu padre, hijo! ¿No llevas ya tres heridas en el cuerpo?". El general sentenció: "Ordenarte una cosa así… no puedo hacerlo".
Pleito resuelto. Y euforia por doquier en la ciudad. Los divisionarios llegados de fuera para unirse a los gerundenses eran obsequiados en todas partes. Acamparon en la Dehesa, en tiendas de lona, y todos los muchachos y todos los niños de la ciudad, incluyendo a Pablito, a 'El Niño de Jaén' y a los inseparables Eloy y Manuel Alvear, desfilaron por allí para verlos.
Las chicas de la Sección Femenina atendían a esos voluntarios, a los que a última hora se agregaron un par de docenas llegados de los pueblos de la provincia. ¡Claro, Gerona no era solamente la capital! Cada alcalde que podía presentar un voluntario se sentía un tanto justificado ante el Gobernador. La camarada Pascual, de Olot, repartía vasos de café caliente. Gracia Andújar repartía medallas y detentes…, hablaba con Cacerola, su "ahijado", con solicitud especial. Asunción se ocupaba exclusivamente de Alfonso Estrada. Estaba enamorada de él. "Que Dios te acompañe… Y la Virgen". "Te escribiré, Asunción… Si la pólvora me lo permite". Cacerola parecía feliz, bajo los árboles, rodeado de camaradas que, al enterarse de que era cocinero, le decían: "Oye… ¿Qué tal los ingredientes rusos? ¿Sabes si por allí hay garbanzos y si es costumbre adobarlos con caviar?".
Los voluntarios pasaban en un santiamén del misticismo a la picardía, y del "Vamos a armar la de San Quintín" al pánico. Celebróse una misa en la Catedral y todos comulgaron: misticismo, organizado por el voluntario mosén Falcó. Pero he aquí que a la salida, en la mismísima plaza de los Apóstoles, viendo a Marta y a sus subordinadas, rompieron a cantar:
No me marcho por las chicas, que las chicas guapas son, guapas son…
Y a continuación otra tonada que, cruzando los muros del Palacio Episcopal, hizo estremecer los atentos oídos del señor obispo:
Un estudiante a una niña le pidió… ¿qué le pidió? Le pidió una linda cosa y la niña se la dio…
La certeza de armar la de San Quintín la tuvieron en el transcurso del baile que el Gobernador organizó en su honor, en la Piscina, la noche antes de la partida. Mateo no asistió a ese baile. Permaneció en casa empeñado, sin conseguirlo, en que Pilar o don Emilio Santos le dirigieran la palabra. Pero todos los demás divisionarios acudieron a la fiesta, ¡amenizada por la Gerona Jazz! Damián se había ofrecido para tocar aquella noche sin percibir honorarios de ninguna clase. Bello rasgo orquestal en favor de la Nueva Europa. Y ocurrió que los voluntarios, al ver a Paz Alvear agarrada al micrófono, con un traje de escamas plateadas y uno de sus provocadores casquetes verdes en la cabeza, se desbocaron. "¡Viva la madre que te parió!". "¡Si te vienes con nosotros tomamos Moscú el dieciocho de julio!". "¡Oye, maja! ¿Eres cosaca o qué?".