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Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:

Después de Los cipreses creen en Dios (época anterior a la guerra) y de Un millón de muertos (época de la guerra), José María Gironella en Ha estallado la paz trata de la posguerra. La familia Alvear sigue siendo el núcleo de la acción del libro y Gerona vuelve a ser la ciudad protagonista. Finalizada la contienda, todos los personajes retornan a sus hogares, excepto los exiliados, que se reparten a voleo por el mundo… La obra abarca los años inmediatamente posteriores a la guerra, con una mezcla de dramatismo, de poesía y de ironía que subyuga desde los primeros capítulos. El clima de aquellos tiempos aparece recreado con singular maestría, de tal modo que para el lector de edad madura constituye la ordenación de sus recuerdos, y para el lector joven un descubrimiento impresionante. En Ha estallado la paz, Gironella alcanza su momento cumbre de novelista nato, gran narrador que consigue fundir la historia con la ficción novelesca.
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Pablito no abandonaba un momento la Geografía y repetía nombres de cordilleras y de lagos rusos. Cuando se dijo que las tropas húngaras habían entrado en acción atravesando los desfiladeros de los Cárpatos se tuvo la impresión de que iba a revelarse pronto el gran secreto. ¡Ah, la resonancia de las palabras! Cárpatos… Y Ucrania, el granero de Rusia… Los alemanes pisaban ya aquel suelo. ¿Cómo serían las espigas de sus campos? ¿Los sabios rusos habrían conseguido trigo mejor y más alto?

– Esto es apasionante -decía el doctor Andújar-. Tengo la impresión de que confirmará mi teoría: que el pueblo ruso es muy simple y que la complejidad es privativa de las clases dirigentes…

– Habrá muchas sorpresas -opinaba mosén Alberto, insólitamente excitado-. No creo yo que les haya dado tiempo a hacer tabla rasa con la religión… Los jóvenes, quizá sí sean ateos. Pero no la gente mayor.

– Ese Stalin debe de ser un tuno -comentaba Raimundo, el barbero-. Habrá puesto en primera línea a los más débiles, a los que tosen y demás. Pero, a lo mejor, Hitler tropieza pronto con los gigantes…

Imposible precisar, por lo menos de momento. La invasión adquiría proporciones enormes y las noticias no podían reducirse a esquemas. El material ruso cogido parecía bueno, pero no era comparable al alemán; excepto, quizás, un tipo de tanque de cuarenta y dos toneladas… La aviación rusa luchaba en condiciones de inferioridad. Los pilotos alemanes perseguían a los soviéticos y los derribaban como en Gerona, los domingos, los oficiales abatían a los pichones. Se hablaba de procedimientos de combate inhumanos y al margen de las leyes de la guerra, como el de abandonar, en la huida, latas de conserva con alimentos envenenados… También se decía que muchos heridos se suicidaban para no caer en manos de los alemanes.

Los informes empezaron a concretarse… Los soviets, desde 1917 -Amanecer lo publicaba en grandes titulares- habían sometido a la población rusa a torturas indescriptibles para imponer su revolución. En Ucrania, la GPU había arrojado familias enteras a los calabozos rociándolas luego con gasolina. El día 6 de julio Alemania publicó una estadística según la cual, desde el asalto de Lenin al poder, los asesinatos en Rusia sumaban once millones, de los cuales nueve millones eran campesinos; un millón eran obreros; setenta y cinco mil, oficiales del Ejército; cuarenta y un mil, intelectuales… "Está visto -comentaron los hermanos Costa- que ser campesino es siempre más peligroso que ser industrial". El Administrador de la Constructora Gerundense, S. A., que tanto entendía de números, se limitó a decir: "No comprendo quién puede haber establecido una estadística así, tan minuciosa".

Las primeras grandes batallas se libraron en Bialystok y en Minsk, donde veinte mil soldados rusos, después de asesinar a sus comisarios políticos, acabaron rindiéndose. Los alemanes llegaron luego al río Dniéper y se dirigían hacia el Duna… Pablito seguía en el mapa, con el índice, el curso de estos ríos. También en otros sectores avanzaban los finlandeses y los rumanos. Y estaba a punto de ser rota la llamada Línea Stalin, en ruta hacia Kiev.

El general Sánchez Bravo prestaba atención especial, como es lógico, a los partes de guerra alemanes, pero también a los informes procedentes de Londres… Por un momento el jefe militar pensó que Inglaterra, en vista de que Hitler atacaba a Rusia, enemigo común, querría hacer las paces con Alemania. Pero pronto se convenció de que no iba a ser así. El día 15 de julio el Imperio Británico se comprometió a no firmar con Alemania una paz por separado… Al mismo tiempo, la aviación inglesa intensificaba sus ataques contra el territorio del Reich ¡y tropas norteamericanas desembarcaban en Islandia! Sin duda Stalin empezaría a recibir, a través del Ártico, envíos de material de los Estados Unidos… Sin duda Churchill le estaría escribiendo a "papaíto Stalin" cartas rubricadas con un abrazo fraternal. ¡Más aún, un corresponsal londinense escribió que la alianza inglesa con Rusia recordaba las palabras del caballero que se casó con la moza del hostal! "Es verdad -había dicho el caballero- que es ligera de cascos, que tiene malos modos y que odia a la gente bien. Pero ¡es tan voluminosa!".

El padre Forteza figuraba entre los gerundenses más desconcertados. Cruzada contra la Rusia Soviética… Aquello le pilló desprevenido, pese a sus intuiciones y a la última carta que había recibido de su hermano, desde el Japón, en la que éste le hablaba de dicha posibilidad.

El jesuíta llamó al profesor Civil y le dijo:

– Prepárese usted a recibir ahora noticias sombrías sobre la suerte de los judíos… A los que hayan sido probolcheviques, los alemanes no los encerrarán en ningún ghetto; los aniquilarán.

A 'La Voz de Alerta' le desconcertó la actitud de Italia.

– ¿Por qué Mussolini ha enviado a Rusia sólo una división? ¿Es que el Eje se ha resquebrajado?

Doña Cecilia, la esposa del general, no hacía más que santiguarse.

– ¡Abandonar latas de conservas envenenadas! ¡Familias rociadas con gasolina! Esos ingleses no tienen perdón de Dios…

CAPÍTULO LVII

Los banderines de enganche abiertos en toda España y los carteles que aparecieron por doquier respondían a una realidad: existían en el país muchos voluntarios dispuestos a luchar contra Rusia. De modo que el Alto Mando tomó el acuerdo de formar una División, la División 250, que, en homenaje al color de la Falange, se llamaría División Azul. Las inscripciones se harían con la mayor rapidez, no fuera a ocurrir que precisamente los españoles, que habían sufrido en su carne el manotazo soviético, llegasen tarde…

Amanecer dio cuenta puntual de la marcha de las inscripciones. Cádiz iba en cabeza. Pero lo cierto es que el movimiento abarcaba la nación entera: Valencia, Barcelona, Sevilla, Madrid, Guipúzcoa… Sucedíanse las noticias emotivas: se habían alistado numerosos obreros de la Constructora Naval del Ferrol; de un pequeño pueblo de Pontevedra habían acudido a la capital de la provincia cuarenta camaradas; muchos jefes y oficiales del Ejército reclamaban también el honor de alistarse… ofrecíanse capellanes castrenses, enfermeras, y alguno de los rusos blancos que formaban parte de aquel Coro que cantó en Gerona, en el Teatro Municipal.

La División, por lo tanto, sería heterogénea. ¡Habría incluso veterinarios! Y algunos aviadores y zapadores y sanitarios y un contingente de fuerzas de la Guardia Civil… Si efectivamente llegaba el invierno y la campaña no había concluido, harían falta esquiadores…

Gerona, por supuesto, no iba a quedarse atrás. El relámpago patriótico había caído también sobre la ciudad antiguamente amurallada, despertando algunas conciencias. La gente se preguntaba: "¿Quiénes se alistarán?". En el Grupo Escolar San Narciso se hablaba del maestro Torrus. En Telégrafos se hablaba de un cartero que coleccionaba sellos de Rusia. Eloy temía que se alistara el capitán Sánchez Bravo, presidente del Gerona Club de Fútbol.

La intuición popular, por una vez, erró el tiro. Ninguno de los citados se presentó en las oficinas del banderín de enganche, abiertas en la plaza de San Agustín.

El primer voluntario de la ciudad que se alistó fue Cacerola. El amigo de Ignacio continuaba a disgusto en la Fiscalía de Tasas. Tan pronto como leyó que Rusia le había robado a España seis mil niños, a los cuales había que rescatar costase lo que costase, decidió responder a la llamada y se presentó en la plaza de San Agustín, dispuesto a estampar su firma. "Necesitarán cocineros, ¿no es así?". No dijo más.

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