Ha estallado la paz
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:
– O mucho me equivoco -comentó Cosme Vila-, o pronto leeremos en Pravda elogios a Pedro el Grande, a Catalina II, y va a ser eso, patriótica… Guerra rusa contra el germanismo, el eterno enemigo… El "viejo" se las sabe todas…
Otra medida que Cosme Vila alineó en el mismo frente psicológico: la orden dada por Stalin de deportar a Siberia a todos los habitantes de origen alemán, incluyendo a los comunistas, y el anuncio según el cual Hitler atacaría de modo preferente a los semitas -¡el padre Forteza habría acertado, pues!- y desataría una campaña feroz contra los koljoses, es decir, contra las cooperativas agrícolas.
Y otra: su reconciliación con la Iglesia Ortodoxa, que "durante centurias había salvaguardado la unidad nacional contra los mahometanos y contra la Polonia católica". Stalin recibió en el Kremlin, ¡quién pudo predecirlo!, al Metropolitano de Moscú y a siete arzobispos.
Todo ello resultaba apasionante desde el punto de vista estratégico, pero no aminoraba la gravedad de la situación presente. ¿Qué ocurriría? ¿Y si Hitler, contestando a estas artimañas con la fuerza del hierro, continuaba penetrando hacia el interior de Rusia? Decíase que, en el Kremlin, Stalin se estaba construyendo un refugio especial; pero se hablaba también de trasladar el Gobierno a la ciudad de Gorki…
– ¿Y qué será de nosotros, los españoles? ¿De los que estamos en Moscú y de los que trabajan en las fábricas? ¿Qué será de Regina Suárez y de sus alumnos? ¿De todos los niños españoles que andan por ahí?
Cosme Vila temía que en un momento de crisis, cualquier "extranjero" fuera considerado peligroso, como les había ocurrido a los súbditos de origen alemán; y que fueran deportados… o convertidos en carne de cañón.
– Lo más probable -decía Soldevila- es que muchos de nuestros compatriotas se ofrezcan voluntarios para ir a luchar… ¡Las fábricas y las minas son tan aburridas"!
– A mí me parece -opinó Ruano- que si en alguien Stalin puede tener confianza es precisamente en nosotros, los españoles. Quién sabe si nos llamará para custodiar el propio Kremlin, en caso de que la situación empeore…
Una cosa resultaba cierta: Cosme Vila y sus camaradas de la Escuela de Formación Política no se ofrecerían voluntarios para tomar un fusil… Habían cobrado conciencia de élite; se habían, por decirlo así, burocratizado. La demografía rusa, la anónima densidad de la población -aquellas ciento ochenta y tres razas de que les había hablado su primer profesor, el lituano-, era la que debía llevar el peso directo de la batalla. La mujer de Cosme Vila lloriqueaba… Les temía a los bombardeos. "No tenemos ningún refugio cerca de casa… Y si es verdad que los alemanes fusilan a las mujeres y a los niños…" ¡Ah, el eterno miedo de aquella mujer! Menos mal que, si la guerra se prolongaba -si conseguía resistirse hasta el invierno-, sabría hacer milagros en la cocina, con el poco racionamiento que les fuera asignado…
El 20 de julio Cosme Vila y sus amigos tuvieron en sus manos el texto íntegro del discurso que Franco había pronunciado en Madrid el día 18, "aniversario del Alzamiento", ante el Consejo Nacional. Tal discurso les produjo una fuerte impresión, por la rotundidad de las afirmaciones del "Caudillo", que contrastaban con su habitual y comedido lenguaje. "La suerte está echada. En nuestros campos se dieron y se ganaron las primeras batallas. En los diversos escenarios de la guerra de Europa tuvieron lugar las decisivas para nuestro Continente, Y la terrible pesadilla de nuestra generación, la destrucción del comunismo ruso, es ya de todo punto inevitable. No existe fuerza humana capaz de torcer estos destinos…" Más adelante añadió: "Se ha planteado mal la guerra y los aliados la han perdido. Así lo han reconocido, en la propia Francia, todos los pueblos de la Europa Continental. Se confió en la resolución de las diferencias a la suerte de las armas y ésta les ha sido adversa. Nada se espera ya del propio esfuerzo; claro y terminantemente lo declaran los propios gobernantes. Es una nueva guerra la que se pretende, una guerra entre los continentes, que prolongando su agonía les dé una apariencia de vida, y ante esto, los que amamos a América, sentimos la inquietud de los momentos y hacemos votos porque no les alcance el mal que presentimos". "La campaña contra la Rusia de los Soviets, con la que hoy aparece solidarizado el mundo plutocrático, no puede ya desfigurar el resultado. Sus añoradas masas sólo multiplicarán las proporciones de la catástrofe". "La Cruzada emprendida contra la dictadura comunista ha destruido de un golpe la artificiosa campaña contra los países totalitarios. ¡Stalin, el criminal dictador rojo, es ya aliado de las democracias! Nuestro Movimiento alcanza hoy en el mundo justificación insospechada. En estos momentos en que las armas alemanas dirigen la batalla que Europa y el Cristianismo desde hace tantos años anhelaban, y en que la sangre de nuestra juventud va a unirse a la de nuestros camaradas del Eje, como expresión viva de solidaridad, renovemos nuestra fe en los destinos de nuestra Patria, que habrá de velar estrechamente unidos nuestros ejércitos y la Falange".
Cosme Vila comentó:
– La cosa está clara. Franco le teme a la intervención de los Estados Unidos…
Ruano, que echaba de menos el tabaco español -el que fumaba en Rusia le producía carraspera-, añadió:
– De todos modos, también el "gallego" se las sabe todas… ¿Qué pretende con esa División Azul, con esa sangre de la juventud española? No hay más que una explicación: comprar, con unos cuantos muertos, el derecho a participar luego en el reparto del botín…
Soldevila se sulfuró.
– Pero ¿de qué estás hablando? ¿Es que das por perdida la guerra? Ruano miró al techo de aquella casa de la calle de Bujanian, en el que la humedad había trazado unas líneas que remedaban las de un frente de batalla.
– Si los Estados Unidos se limitan a enviarnos unos cuantos tanques y latas de conservas, sí… Necesitamos eso que Franco teme: que declaren la guerra a Hitler. Mi impresión es que, con nuestros propios medios, aquí no tenemos nada que hacer…
Los comunistas españoles residentes fuera de Rusia, repartidos por el mundo entero, vivían también, al igual que Cosme Vila y sus camaradas, horas angustiosas. Sin embargo, no cejaban en su labor. En Hispanoamérica, desde Santo Domingo y Cuba hasta Uruguay, Panamá y la Argentina, habían creado multitud de organizaciones "con el objeto de recoger fondos para ayudar a los pueblos invadidos de Europa", pero que en realidad servían para ampliar sus tentáculos. Dichas organizaciones recibían los más diversos nombres: Frente Nacional Antifascista, Liga de Mutilados de la Guerra de España, Comité de Ayuda a la URSS, etcétera. Y sus miembros procuraban introducirse en los antiguos y tradicionales Centros de emigrantes españoles -gallegos, asturianos…- y en las Universidades. El núcleo de mayor expansión era Méjico, el único país que sostenía relaciones oficiales con los exiliados españoles, y cuyas bellezas naturales y originalidad temperamental habían terminado por subyugar a David y Olga. Aparte de los exiliados españoles comunistas, actuaban también con tesón antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales, muchos de ellos utilizando falsos pasaportes: los que habían pertenecido a los componentes de la Brigada Lincoln, de los Estados Unidos, que había luchado en la guerra de España.
Gorki, en Perpiñán, es decir, en la Francia no ocupada, había perdido alrededor de veinte kilos. Separado de Cosme Vila, siempre con la espada del mariscal Pétain apuntando a su barriga, no sabía qué hacer. No se atrevía a instalar ninguna emisora clandestina ni a editar ningún folleto contra la Virgen de Lourdes. Vagaba por los cafés, en los que a veces coincidía con Canela, la cual estaba furiosa porque el prohombre de Izquierda Republicana que la protegía cuando Ignacio habló con ella, la había abandonado; y porque la disputa pública que sostenían Negrín y Prieto en el exilio -éste en Méjico, y aquél en Londres- sobre los "fondos monetarios pertenecientes a la República Española", ofrecía al mundo un espectáculo lamentable.