Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3) - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
1 ... 177 178 179 180 181 182 183 184 185 ... 293
Перейти на страницу:

— ¿Para qué queréis la cal?

— Acabamos de hacer las paces; no lo estropees todavía. Ya te lo diré cuando todo esté listo. ¿Están preparados los carros?

— Deberían.

— Vamos a comprobarlo. ¿Has enviado ya centinelas y vigías?

— Fue lo primero que hice.

Mientras atravesaban el campamento en dirección a los carros no paraban de abordarla soldados con todo tipo de sugerencias. «Las ruedas de los carros, Madre Confesora. También deberíamos destruir eso», o «¿No creéis que deberíamos quemar sus estandartes de batalla para que no puedan congregar a los hombres a su alrededor?» o «¿Qué os parece si prendemos fuego a su equipaje? De este modo, si el tiempo empeora, morirán congelados», o «Si echáramos estiércol en sus barriles de agua tendrían que perder tiempo fundiendo nieve», y cientos de otras ideas, absurdas algunas y aprovechables otras. Kahlan escuchaba a todo el mundo con atención, daba su sincera opinión y, en algunos casos, impartía las órdenes pertinentes para ponerlas en práctica.

El teniente Hobson se acercó a ella al trote. Sostenía en las manos un cuenco de latón. Eso era la última cosa que necesitaba.

— ¡Madre Confesora! ¡Os he mantenido el estofado caliente como me dijisteis!

El teniente no cabía en sí de gozo mientras le tendía el cuenco. Kahlan, sin detenerse, trató de parecer agradecida. Hobson caminó a su lado, observándola con una sonrisa de oreja a oreja. La mujer se obligó a tomar una cucharada y decirle que era delicioso. Era todo lo que podía hacer para retener en su cuerpo esa única cucharada.

Después de usar su poder lo que una Confesora necesitaba era tiempo para recuperarse; por lo general algunos días, aunque ella sólo necesitaba un par de horas. Lo mejor era reposo, si era posible, y el efecto del par de horas de descanso se había agotado al usar su poder de Confesora. En esos momentos no podía descansar y seguramente tampoco podría dormir esa noche.

La última cosa que una Confesora necesitaba mientras se recuperaba era comer. La digestión de la comida consumía una energía que necesitaba para recuperar las fuerzas. Tenía que pensar en el modo de no comer ese estofado o acabaría por arrojarlo al suelo, lo cual sería muy embarazoso para todos.

Por suerte, llegó donde estaban los carros antes de tener que engullir otra cucharada. Entonces pidió al teniente que fuera a buscar a Chandalen y a los dos hermanos. Cuando Hobson se hubo marchado, dejó el cuenco encima del larguero del pesado carro que debía transportar los barriles de cerveza y se encaramó a él.

Mientras contaba, indicó con una seña al capitán que también subiera.

— Coge a algunos hombres y descargad las hileras superiores para poder acceder a todos los barriles. Enderezad los de la hilera inferior y retirad los tapones. —Mientras el capitán indicaba por gestos a algunos hombres que fueran a ayudarlo, Kahlan preguntó—: ¿Os ha enseñado Chandalen cómo hacer una troga?

Una troga era un sencillo pero resistente pedazo de cuerda o alambre con un mango de madera en cada extremo, y lo suficientemente largo para que, al doblarlo, se formara un lazo del tamaño justo de la cabeza de un hombre. Se aplicaba desde atrás y luego se tiraba de los mangos en direcciones opuestas. Si era de alambre y se colocaba en el lugar correcto, entre las vértebras del cuello, y si el hombre que la manejaba tenía unos brazos fuertes, la troga podía decapitar a la víctima antes de que pudiera emitir ningún sonido. Pero incluso si no era de alambre o si los brazos de quien la manejaba no eran muy fuertes, la víctima moría sin emitir ni un sonido.

El capitán Ryan buscó en su espalda, bajo el abrigo, y sacó una troga de alambre que sostuvo en lo alto para mostrársela.

— Chandalen nos hizo una pequeña demostración. Fue muy suave, pero me alegro de que no la hiciera conmigo. Dice que él, Prindin y Tossidin las usarán para eliminar a los centinelas y los vigías. Seguramente no nos cree capaces de acercarnos a ellos por la espalda tan sigilosamente como los hombres barro, pero muchos de nosotros cazamos desde niños, somos más listos y…

El capitán dio un salto al tiempo que lanzaba un grito. Chandalen se le había acercado por la espalda sin hacer ningún ruido y le había propinado un codazo en las costillas. Mientras se las frotaba, miró al risueño Chandalen con cara de pocos amigos. Prindin y su hermano se encaramaron al carro para ayudar a descargar los barriles.

— ¿Nos has llamado, Madre Confesora? —preguntó Chandalen.

— Dame tu bandu —le ordenó Kahlan, extendiendo una mano—. Tu veneno de los diez pasos.

Chandalen arrugó el entrecejo, pero se llevó una mano a la bolsa que llevaba a la cintura, sacó la cajita de hueso y se la tendió. Los dos hermanos hicieron lo propio.

— ¿Cuántos barriles puedo envenenar con esto? —quiso saber Kahlan.

Chandalen rodeó al capitán Ryan manteniendo el equilibrio sobre los redondos barriles.

— ¿Piensas poner bandu en la bebida? —Kahlan asintió—. Pero entonces nos quedaremos sin nada. Es posible que lo necesitemos.

— Guardaré un poco para emergencias. Cada soldado que logremos envenenar será uno menos con el que luchar.

— Podrían descubrir que hemos envenenado la cerveza —objetó el capitán Ryan—. Y en ese caso ni siquiera se emborracharían.

— Tienen perros. Es por eso por lo que también quiero enviarles comida. Arrojarán a los perros parte de la carne, para asegurarse de que está buena. Espero que al ver que a los perros no les pasa nada, estarán tan sedientos de cerveza que ni siquiera se les pasará por la cabeza la idea de que pueda estar envenenada.

Chandalen contó los barriles silenciosamente, tras lo cual se irguió.

— Treinta y seis. Doce para cada cajita de bandu. —El guerrero se rascó la cabeza, cubierta de cabello azabache, mientras reflexionaba—. No los matará a no ser que beban mucho, pero los pondrá enfermos.

— ¿Cómo de enfermos? ¿Cuáles serán sus efectos?

— Los debilitará. Sentirán náuseas y la cabeza les dará vueltas. Es posible que algunos mueran a los dos o tres días por efecto del veneno.

— Eso ayudaría mucho —comentó Kahlan.

— Pero no hay cerveza suficiente para tantos hombres —objetó el capitán—. Sólo algunos la beberán.

— Una parte se entregará a la unidad que la robe, el resto se dividirá entre los oficiales y, si queda algo, irá a los soldados. Son los hombres de mayor rango los que me interesan.

Los toneles de las hileras superiores ya habían sido descargados y solamente quedaban los de abajo, que ahora eran enderezados para poderles quitar los tapones.

— ¿Por qué hay seis más pequeños?

— Son de ron —contestó Ryan.

— ¿Ron? La bebida de la nobleza. —Kahlan sonrió—. Los oficiales tomarán primero ron. —Después de echar un vistazo al interior de uno de los barriles abiertos, preguntó—: Chandalen, ¿notarán el gusto? ¿Se darán cuenta si pongo bandu en el ron?

El hombre barro sumergió un dedo en el ron para catarlo.

— No —declaró—. Es bastante amargo. El sabor amargo camufla el gusto del bandu.

Con la punta de su cuchillo Kahlan dividió en seis partes el veneno que contenía la cajita de Chandalen. A continuación las vertió en la abertura redonda de cada uno de los barriles de ron, agitando bien con el cuchillo. Chandalen observaba lo que hacía.

— Si pones tanto, seguramente por la mañana estarán muertos. Pero ahora faltará para seis barriles.

Kahlan devolvió a Chandalen su cajita de hueso con restos de bandu en las esquinas y se apeó del pesado carro.

— Seis de los barriles de cerveza no estarán envenenados, para asegurarnos de que el ron mate a quienes lo beban. —La mujer fue metiendo la punta del cuchillo cargada con el veneno que contenía la cajita de Tossidin en cada uno de los siguientes doce barriles.

1 ... 177 178 179 180 181 182 183 184 185 ... 293
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)